Vamos por partes.
La pregunta surge de lo siguiente... un las ultimas lecturas
que recuerdo de misa hablan de las bienaventuranzas, de las cuales
se me quedo grabado (parafraseando) la frase que dice 'sus padres hicieron lo mismo con los profetas'
'sus padres hicieron lo mismo con los falsos profetas'
Me pregunto yo... quien escribio la biblia? QUE SALTO alcoholizado das Carlos !!!
de donde saco tal pregunta ante tal frase?
Si el pueblo de Israel no quería a los profetas... por que conservaron sus escritos, sus dichos, sus advertencias?
por que los fariseos quisieran conservar unos libros que advertían de la dureza de corazón y de cuidarse de falsas apariencias
de cumplir la ley en su profundidad no en su superficie?
por que un pueblo que odiaba a los romanos y a todos los que no fueran Israelitas conservarían profecías acerca de una universalidad de culto?
por que no le hicieron como nosotros modernos y barrieron sus miserias debajo del tapete para que nadie los viera?
Otra pregunta que se desprende de esta es si existía algún grupo intelectual que se dedicara a la escritura de los libros bíblicos?
En otras civilizaciones el pueblo es el pueblo y la casta mas alta (sacerdotal, reinante, guerrera) tenia todo el poder intelectual y de dirección del pueblo, ellos contenían la ciencia, la religión y el poder.
Estos individuos utilizaban ese poder e influencia para manipular los pueblos a veces a su antojo, a veces lo que creian los dioses querian
quien fue el grupo de dementes en israel que permitió que los relatos de su pueblo dejara en tan mal a las clases mas altas y dirigentes como las sacerdotales, los profetas.. y exaltara lo pequeño?
Es como si la constitución dijera que el presidente es un inepto para gobernar
No se, me parecio un poco interesante el tema..
La pregunta es interesantísima y bien planteada. Habría que comenzar por desarmar una extrema simplificación, no de tu pregunta sino, en general, de nuestro modo de mirar a la sociedad:
En otras civilizaciones el pueblo es el pueblo y la casta mas alta (sacerdotal, reinante, guerrera) tenia todo el poder intelectual y de dirección del pueblo, ellos contenían la ciencia, la religión y el poder.Estos individuos utilizaban ese poder e influencia para manipular los pueblos a veces a su antojo, a veces lo que creian los dioses querian
Eso no es del todo así... hay algo de cierto, pero no es del todo así.
-Por un lado, puede afirmarse que las élites intelectuales siguen existiendo tanto ahora como las había antes. Pueden cambiar (y cambian, continuamente) los modos como esas élites toman conciencia de sí mismas y de su papel, puede cambiar quién y cómo les "inviste" de su misión en la sociedad, pero la formación de los valores dominantes en una época está siempre en manos de grupos, que son una mezcla de poder, presión, amistad, identidad, etc...
-Eso mismo hace que siempre, y en toda sociedad, haya "pensamientos marginales", más o menos reconocidos y reconocibles.
Entre las famosas ruinas de Pompeya, ciudad célebre entre otras cosas por su frivolidad, "bon-vivre" e inmoralidad, se conservan restos de una casa, llamada "casa del moralista", que lleva ese nombre porque tenía tallada en la entrada una serie de invectivas contra los inmorales.... imagínate el caso que le harían los vecinos!
Es verdad, en lo que dices, que en general el oficio de ser la élite intelectual la constituía, en muchos pueblos antiguos, la casta sacerdotal, aunque tampoco siempre era así.
Yo he hablado algunas veces de lo que creo que es uno de los pilares de la transmisión humana del saber y que es la "secuencia del cotilleo", es decir, que algo deviene "verdad socialmente compartida" por un procedimiento de múltiples etapas destinado a generalizar ese saber y alejarlo de la opinión. Lo llamo "secuencia del cotilleo" porque lo descubrí escuchando a la gente en las panaderías y verdulerías, pero en realidad es lo que me permitió entender cómo se transmite todo el saber humano, el que sirve y el que no sirve, incluyendo el cómo se ha transmitido la Biblia.
La "secuencia del cotilleo" tiene de particular que requiere varias etapas donde se va depurando la relación del narrador con lo narrado, y la relación de lo narrado con la verificación de eso que se narra. Un fragmento típico sería:
María ve a Lola, que es sotera, con una barriga que puede ser de embarazo <--- ese es el hecho a narrar
Comeienza la narración:
María 1: vi a Lola embarazada
María 2: María 1 vio a Lola embarazada
María 3: Dicen que Lola está embarazada
maría 4: Parece que Lola está embarazada
María 5: Lola está embarazada.
cada una de estas etapas es dialógica, supone que A transmite a B un contenido "objetivo", pero en realidad lo que transmite es una nueva perspectiva sobre la validez de ese saber. Por supuesto, pueden ser 3 o 10 etapas, es lo mismo, lo que interesa constatar es que hay una clase de saber que debe identificarse con la apropiación progresiva y dialógica, no intuitiva e individual, que es como identificamos habitualmente el saber.
Lo esencial de este saber es que no depende de la verificación personal sino del prestigio de la cadena de transmisión. A los efectos de la esquematización, las etapas fundamentales son: 2, 3 y 5.
Parece que esto tuviera poco que ver con la Biblia, pero en realidad me atrevería a decir que el 99% de las cosas que sabemos no pueden rastrearse hasta su fuente, sino que han sido adquiridas en seccuencias dialógicas y gozan de solidez gracias al prestigio de las etapas intermedias de la transmisión. Ahora bien: si gran parte de lo que conocemos lo conocemos así, será que éste es un modo vñalido de conocer... no es científico, es verdad, pero es humano. La verdad científica es una parte d ela verdad que es capaz de conocer el hombre, y no al revés.
Para poder entender qué tiene que ver esto con el tema que planteas, me gustaría detenerme en el paso que va de María 2 a María 3, que es el paso esencial para entender cópmo se nos han conservado como sagrados textos que en realidad eran "pensamiento marginal" respecto de la "sacralidad oficial" en el momento de su origen. Tomemos el caso de un profeta crítico, por ejemplo lo que leímos ayer "rasgad los corazones, no las vestiduras" (Joel)
Tradicionalmente se explica la anomalía porque se dice que como la doctrina oficial en Israel era que las profecías debían validarse por su cumplimiento, cuando se cumplían las palabras profeticas (de un Isaías, de un Jeremías, etc) entonces la religión "oficial" comprendía que había hecho mal en oponerse a ellos, y los rehabilitaban.
Pero esta explicación es falsa, artificiosa y anacrónica. Anacrónica porque eso supone una interpretación del profetismo basado en la futurología, cuando en realidad la referencia a los hechos futuros es sólo una pequeña parte del profetismo, cuyo centro está en la denuncia del presente. Es falso además, porque la mayoría de las "profecías claras", es decir, anuncios previos a los hechos que se refieren inequívocamente a tales hechos y no a otros, son "ex-eventu", es decir, "pseudo futurologías" añadidas por las escuelas proféticas al libro originario una vez que los hechos pasaron, para mostrar en qué sentido debe entenderse lo dicho por el profeta, que es habitualmente lo suficientemente oscuro como para que pueda aplicarse a un sinnúmero de eventos. Por ejemplo, si uno toma los "cánticos del siervo sufriente" de Isaías, sólo algunas pocas frases pueden referirse a la Pasión de Jesús (en realidad a la pasión de cualquiera que sufre injustamente, ni siquiera tiene por qué ser Jesús): el cristianismo post pascual recogió esas frases y las elevó a la categoría de "lo esencial de los cánticos del siervo", e identificó estrechamente a Jesús con el Siervo Isaiano y por tanto parece que clarísimamente está anunciada la Pasión de Jesús en ellos; pero esos mismos cánticos los usa la comunidad judía para explicarse proféticamente su "shoá" (el holocausto nazi), con toda legitimidad, ya que también está contenido en ellos el pueblo como "siervo sufirente", y también es esencial. Asimismo, cualquier perseguido injustamente en nombre de la justicia está en figura en el Siervo Sufriente, y podría usar esos textos para explicarse su propio sufrimiento.
Entonces cabe preguntarse: ¿por qué se incorporaron como sagrados" los escritos "antisagrados" (se entiende: críticos de la sacralidad oficial) de los profetas? Evidentemente, se conservaron antes de "validarse por su cumplimiento".
La respuesta hay que buscarla en principio en la coexistencia en cada época de un pensamiento "oficial" junto a uno o varios (más bien varios) "pensamientos marginales": los profetas, pertenecerían al "pensamiento crítico marginal" de su momento. Pero esto no basta: se "convierten" en oficiales cuando, pasadas algunas generaciones, se pierde, como en el paso de María 2 a María 3, la referencia a la autoría individual de ese pensamiento crítico; de allí que aunque el pensamiento se conserva, la atribución suele ser, o anónima, o a un personaje que represente el pensamiento "oficial" (Moises, David, Salomón, etc). La nueva época ve en esa crítica no una crítica a la religión oficial sino una exigencia de profundización que la propìa religión oficial hace a sus miembros.
Bueno, esto da para mucho, y ya me pongo pesao, pero creo que con esto te puede servir como un primer esquema para abordar el asunto.
El que he citado tantas veces a propósito de Juan, «La Comunidad del Discípulo Amado» de Brown, aunque no habla de esta secuencia de manera explícita, en la práctica la elabora a las mil maravillas al mostrar las etapas de constitución de la comunidad, y cómo se va relacionando cada etapa con la "Iglesia oficial" (es decir, la que reconocemos en relación a Pedro y los demás apóstoles): la fresa de la tarta, el momento en el que se termina de cumplir el proceso, es cuando el "Discípulo Amado" es identificado por la tradición posterior con un apóstol en concreto: Juan o Andrés; de este modo, al mismo tiempo que el Evangelio de Juan adquiere carta de ciudadanía oficial, se vacía de contenido crítico a la expresión "discípulo amado" una de cuyas funciones era precisamente "oponer" la "iglesia de los discípulos" (que viven ya la parusía, sarmientos en la vid, etc.) a la "iglesia de lso apóstoles" (portadora de autoridad, pero lenta y pesada para alcanzar la resurrección, como Pedro, que entra primero al sepulcro, pero llegó después).
Esto debe entenderse como funciones críticas dentro de la misma iglesia, no que se trate de iglesias separadas ni mucho menos.
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«Cristo dijo en el Evangelio: Yo soy la verdad, y no dijo: Yo soy la costumbre» (San Libosio, obispo y mártir)
Entonces el "Pueblo" los pobres, la muchedumbre de Israel no era pasivo en la creación de la Biblia???
Supongo que no sabían ni leer ni escribir, por lo que todo lo que sabían de las escrituras sagradas era lo que escuchaban en la sinagoga??
no era pasivo en la creación de la Biblia?
Personalmente no lo creo, no lo ha sido nunca ni lo es ahora. En nuestra «Teología fundamental» se habla de la «lex orandi» (la "ley de la oración") como uno de los elementos que expresan, pero también impulsan y hacen avanzar, a la fe.
Uno puede entender formalistamente que la expresión "lex orandi, lex credendi" (la ley de la oración es la ley de lo que debe creerse) como si quisiera simplemente decir que lo que aparece en los manuales oficiales de oración de la Iglesia (liturgia) es expresión de la fe, o bien de una manera un poco más profunda (y también más realista) que la oración que "circula" en la Iglesia, escrita sin duda de manera eminente en la liturgia, pero también vivida en cada uno de los rincones de la Iglesia, incluso de aquella oración escondida que sólo ve el Padre, se está "ejecutando" la fe, se le da realidad a la fe, y por tanto, en ella también la fe adquiere su lenguaje y crece.
El pueblo creyente, inspirado continuamente por el mismo Espíritu que inspiró a Israel, está continuamente encontrando (y por tanto recreando) el lenguaje de la fe. Lamentablemente hemos especializado la terminología relativa al lenguaje de la fe sólo a los concilios y a los obispos, y de unos pocos siglos a esta parte, sólo al Papa. Pero cuando el Papa proclama un nuevo punto de llegada en el permanente crecimiento de la fe -es decir,un nuevo dogma- a lo que apela es a la fe creída de manera continua por la Iglesia, por el pueblo creyente, orada en su oración, y expresada en sus indagaciones teológicas, pueblo que está compuesto por diversas funciones y diversos miembros, pero que no son compartimientos aislados.
La Biblia se formó exactamente por el mismo proceso encarnatorio por el que luego continuó tomando cuerpo nuestra fe. No es otra cosa distinta que una parte de la fe, y nació del mismo modo como hoy sigue naciendo el lenguaje de la fe, porque es parte de él.
A veces, al presentar el trípode de Biblia-Tradición-Magisterio tendemos a oponer uno al otro, como si algo fuera Biblia cuando no es Tradición ni Magisterio, Magisterio cuando no es Biblia ni Tradición, y Tradición cuando no es Biblia ni Magisterio.
La realidad de nuestra fe exige comprender estos tres elementos como caras, como ángulos de aproximación de un mismo fenómeno: el fenómeno de encarnación de la fe en un lenguaje concreto, que comenzó con la Biblia; así que si se ve con claridad que el pueblo creyente está incluido en la noción misma y en el proceso de la Tradición (si la entendemos bien, y no museísticamente o peor aun lefebvrísticamente), se puede ampliar esa claridad hasta ver que está incluido también en la Biblia y en el Magisterio.
Consiguientemente, claro, si negamos esa presencia del pueblo creyente en uno de los tres, lo estamos quitando de los tres, aunque creamos que no.
El grado de alfabetización de cada uno de los miembros del pueblo creyente es sólo un aspecto circunstancial: la Biblia no la han escrito ni los cultos ni los incultos de Israel y luego de la Iglesia, sino todos ellos. De hecho, la recitación pública de la Biblia a la que aludes, recién comienza formalmente en el siglo V aC, cuando ya la fe bíblica lleva varios siglos de vida.
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«Cristo dijo en el Evangelio: Yo soy la verdad, y no dijo: Yo soy la costumbre» (San Libosio, obispo y mártir)