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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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La luminosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo
¡Cristo vive!: ¡Ha resucitado!
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De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.

Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve.

Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. (Mt 28,2-4)


Cristo resucitó como había dicho, «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» (I Cor 15-55)

Cristo ha resucitado por nosotros, nos ha librado del dolor de la muerte, .. aquella muerte de la que pedía ser librado en Getsemaní, como nos dice Hebreos: «El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente» (Heb 5,7). Jesucristo fue escuchado por su escucha al Padre, por eso Dios lo exaltó y lo libró del poder aniquilador de la muerte; y no sólo a él, sino que lo hizo causa de salvación, lo hizo nuestra salvación. He ahí la gloria de nuestro Dios, que se despoja de todo para salvarnos, por puro amor... por darnos la vida en abundancia, esa vida en la que no es la muerte la que tiene la última palabra, si no que espera la eternidad, espera la compañía eterna de los que se aman.

No está aquí, ha resucitado, como lo había dicho (Mt 28, 6).

Antes de comenzar la oración, hacemos la señal de la cruz, mientras decimos:
V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme
 
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre
y por los siglos de los siglos. Amén.
 
Rezamos un acto penitencial. Puede utilizarse ésta u otra fórmula semejante:
V/. Señor, ten misericordia de nosotros
R/. porque hemos pecado contra ti.
V/. Muéstranos, Señor, tu misericordia
R/. y danos tu salvación.
 
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados, y nos lleve a la vida eterna. Amén.
Señor Jesús, enséñanos a seguirte en la escucha de tu palabra, a verte entre las encrucijadas de la vida que nos crucifican y nos causan dolor, para que aprendamos a esperar en el Padre como tú esperaste en él, esperar en la fidelidad de sus promesas y en la seguridad de que a pesar de que muchas veces no comprendamos sus planes, todo lo que sale de su boca y corazón no puede ser otra cosa que su amor salvador, que nos buscará y acompañará por toda la vida, hasta que por tus meritos y tu obediencia nos resucite a nosotros también, para poder vivir siempre en compañía de los que amamos. Amén.
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