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El Testigo Fiel
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Pasión en movimientos

por Abel Della Costa
28 de marzo de 2010
Se hace una pregunta -«¿por qué el Cristo debía padecer y morir?», se ensayan respuestas. Ninguna la agota, ninguna conforma, pero todas dicen algo.

En música se utiliza la palabra «movimiento» para hablar de una sección en una obra que, al mismo tiempo que forma parte del conjunto, tiene una relativa independencia respecto de ella; es verdad que la obra es el total de los movimientos, pero a la vez cada uno de ellos se realiza en sí mismo, dice algo por sí mismo. Así también, según sea que nos coloquemos para contemplar la Pasión, estamos a la vez en expectativa de una mirada total, pero podemos percibir un matiz, una irisación, que sólo esa mirada aporta y que a la vez tiene sentido por sí mismo.

Pero también en otro sentido hablo aquí de «pasión en movimiento»: en el más liso y llano de que se trata de pequeñas escenas cinematográficas, en las que se ha percibido -a mi entender- algún aspecto que ayuda a penetrar en la Pasión, es decir, a responder a la pregunta central que ella nos provoca, pregunta que sin embargo debe ser hecha con delicadeza, con «temor y temblor», porque no es una pregunta que pueda ser respondida en el terreno del conocimiento vulgar, sino que sólo puede ser objeto de poesía y contemplación: ¿por qué el Cristo debía morir?

En el nivel del drama histórico de la Pasión de Jesús hay motivos para todos los gustos: Jesús murió por incompetencia política (Pilato), por celos político-religiosos (Herodes), por hipocresía religiosa (saduceos), por celo religioso mal entendido (fariseos), por ambición (Judas), quizás también por la pusilanimidad de algunos de sus seguirdores ocultos influyentes (Nicodemo)... y en realidad, si conociéramos más detalles concretos del entorno de Jesús, nombres más particulares, si pudiéramos organizar y clasificar los sentimientos de quienes lo rodeaban, encontraríamos que hay muchos más motivos por los cuales Jesús podía morir, y de hecho murió. Sin embargo, frente a todos esos motivos, el Evangelio, en boca de Juan, lanza una interpretación de la Pasión que es a la vez una advertencia a todos aquellos que a lo largo de los siglos la volvemos una y otra vez a contemplar: «nadie me quita la vida, yo la doy por mí mismo» (Jn 10,18), y, por boca de Lucas: «El Hijo del hombre deberá padecer muchas cosas...» (Lc 9,22).

La propuesta, entonces, es situarnos frente a la pregunta central, «¿por qué el Cristo debía padecer y morir para entrar en su gloria?», de la mano de siete poemas visuales que se han preguntado algo de esto. Cada fragmento dura apenas unos minutos, sin embargo en cada uno de ellos se aborda la pregunta desde un aspecto distinto. No todas son «pasiones de Jesús», ni es éste un muestrario sobre distintas estéticas cinematográficas sobre la Pasión de Jesús; no están organizadas de ninguna manera que tenga que ver con la cronología o la historia del cine, ni con la coherencia de los estilos. El enfoque adecuado es disponerse a contemplar la Pasión de la mano de cada uno de estos fragmentos de poesía cinematográfica.

Cada página está armada del siguiente modo: Comienza -si es necesario- con alguna breve explicación sobre el contexto de la escena, sobre todo para ayudar a situarnos en lo que ocurre, para que al mirar la escena no estemos distraídos tratando de adivinar quién es quién o de qué hablan, o a qué película pertenece; esa breve explicación se dirige a la natural curiosidad y debe, por tanto leerse primero, para poder saltar al fragmento de película, que abre a su vez un pequeño texto que ayuda a comprender el fragmento a la luz de la pregunta fundamental, «¿por qué debía morir?»; y finaliza la página con un poema del Antiguo Testamento, que ayuda a reencontrarse con la pregunta en la palabra misma de Dios, ayudándonos a integrar la poesía cinematográfica con la poética bíblica.

 

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