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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Foros: Hoy en la Iglesia
tema: «Sor Lucia de Fátima : Perfil»
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Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
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Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Andrea (201.250.37.---) - 03-sep-2005, 21:21:07

Como algunos sabrán tengo dos cuñadas Carmlitas Descalzas que cada tanto me envían algunas cartas de edificacíon. En este caso le ha tocado a ellas recibir noticias de Portual acerca de Sor Lucía. Como es muy extenso, si les parece los copiaré en dos o tres veces.

Hermana María Celina de Jesús Crucificado, OCD.

HERMANA LUCIA, RECUERDOS DE UNA VIDA

Edición Carmelo de Coimbra, secretariado de los pastorcitos

"En todos los monasterios, habrá un libro en el cual se escribirán los nombres y el perfil biográfico de las religiosas difuntas de la casa"

"Al morir una religiosa, se comunicará la noticia al Prepósito General, al propio Ordinario y a los Monasterios, con los cuales se están relacionado" (Const. Nº 101).

Y para cumplir este punto de las Constituciones escribo una breve nota biográfica de la Hermana María Lucía de Jesús y del Corazón Inmaculado, cuyo nombre de Bautismo era Lucía Rosa Santos. Habrá quien, con talento para ello, se propondrá en el futuro escribir su biografía, con el esmero que se merece. Registraré, apenas, la memoria que de ella guardamos, de los años vividos bajo una misma Regla y bajo el mismo techo, compartiendo la belleza al mismo tiempo que la cruz de la vida comunitaria.

Puedo afirmar que vivimos al lado de una Santa-en-camino, como las demás hermanas, en el esfuerzo cotidiano de la búsqueda de la perfección, aceptando con humildad las pequeñas faltas que son inevitables en la vida.

No era una santa canonizada y puesta en el altar. Como María de Nazaret, procuró convertir en gloria todo lo que había recibido por gracia. Y esto es la santidad -hacer rendir al máximo los talentos que Dios confió a cada uno y aceptar con humildad ser frágil y pecador.

La Hermana Lucía recibió el encargo de entregar al mundo un Mensaje del Cielo. Y Dios sabe autentificar los recados que manda, no con la sabiduría y ciencia del mundo, pero sí con la fragilidad y la pequeñez de los instrumentos que usa. De este modo, vino la Señora del Mensaje a hablar a tres niños que ni siquiera sabían leer, ni sabían lo que pasaba por el mundo adelante. ¡Nunca habían oído el nombre de Rusia!... Por eso, al hablar entre sí, intrigados con la rareza de aquél nombre, Francisco dijo : "¿Será la burra de tío Joaquín?..." -¡se llamaba rusa!-, a lo que Lucía, con razonamiento más elevado respondió: "Yo pienso que será una mujer muy mala!..."

Así, con esta pureza de agua manantial, con esta virginidad de elementos humanos, fue recibida y transmitida el Mensaje del Cielo.

No fue fácil su camino. Cuando alguien es escogido por Dios, debe contar siempre con la cruz, que su Sello, Su rúbrica. Nada más comenzar las Apariciones, la pequeña Lucía ve alterado su ritmo de vida. Al oír de la boca del Párroco que aquello era obra del Demonio, decide no volver a la cita fijada, y decía a los primos: "¡No vuelvo allí.!¡Debe ser mismo cosa del Demonio!. Desde entonces nunca más hubo alegría en mi casa!..."! Y Jacinta, para confortarla, le dice: "¡¡¡ Pero el Demonio es muy feo y aquella Señora es tan hermosa!!!..." Jacinta fue el Ángel de Luz, en aquella oscuridad de la prima, que ayudó a vencer las dudas y acudir de nuevo a la cita.

¡Qué distinto era ahora el ambiente familiar, donde antes era la niña mimada por todos, siendo la más pequeña de los siete hijos!... Pasados muchos años, parece que la Hermana Lucía sentía aún en el corazón el sufrimiento que la visitó como consecuencia de las Apariciones.

Todos en casa sintieron las privaciones y las pruebas que ese acontecimiento les acarreó, pero Lucía era señalada como la principal culpable. ¡Lo que más le dolía era que la tuviesen por mentirosa!

A esto se añadió el sufrimiento de la separación de la familia y de la casa paterna. La Madre pensó que, al alejarse la hija del hogar, "aquello" terminaría. Por lo que estaba dispuesta a dejarla ir para la casa de las señoras que se lo pedían. El padre la dejaba ir sólo por unos días: pero no definitivamente.

Al fallecer el padre, la madre permitió que Lucía fuese para Lisboa, donde estuvo por un tiempo en casa de la Señora D. Asunción Avelar, que quiso hacer de ella una niña de ciudad. La entregó al cuidado de una "Mis", para que la educase y le enseñase modales elegantes, bien diferentes de su modo de estar, tan a su aire junto a los niños de Serra d'Aire, o en el seno de la familia tan querida.

Nos contaba, con mucha gracia, el apuro que le hizo pasar la tal "mis", un día que había visitas muy importantes en la casa. Tenía entonces trece años. Su cuerpo, acostumbrado a andar libre de ataduras, se vio de repente en un corsé que la ahogaba. La "Mis" la acicaló con esmero antes de que bajasen para el comedor. Al descender las escaleras, callada, iba pensando lo mismo que David cuando Saúl le vistió su propia armadura: "No podía andar con aquella impedimenta, a la que no estaba acostumbrado." (1Sam. 17, 39).

Terminados los cumplidos de rigor, se sentaron a la mesa. Estaban, entre otros, el Señor Don José Alves, Obispo de Leiría y el Señor Canónigo Formigâo. ¡Sentada, se sentía peor! Aquel corsé no la dejaba respirar y.¿cómo pensar en comer?... Calladita, atenta a la vigilancia de la educadora y de los señores comensales, se fue deslizando por la silla y, disimuladamente, salió de la sala. Nadie la siguió, puesto que suponían que volvería, lo que sucedió.¡Sólo que apareció diferente!

En el cuarto, a don de llegara jadeante, se despojó de aquella ropa elegante y del malhadado corsé y volvió a vestir las ropas que trajera de Fátima. Pues en la cabeza el pequeño sombrero de velludo, con plumas de colores, que su madre le comprara en Lisboa, y así reapareció, radiante, en el comedor. Con naturalidad, fue a sentarse en su sitio, bien dispuesta para comer.

La "Mis", muy sorprendida y un tanto enfadad, le preguntó: "¿Qué fuiste a hacer?...". Respuesta pronta: "Señora mía, así no podía comer.

¡Tan apretada como estaba, sólo vi a madre apretar la silla de la burra!" Estalló una carcajada general. De allí regresó a casa de su madre, puesto que corría el rumor de que la habían hecho desparecer.

Pasado algún tiempo, a petición del Don José, obispo de Leiría, la madre consintió definitivamente que su hija ingresara en el Instituto Van Zeller, en Vilar, en Oporto,como estudiaste. El Instituto estaba regentado por las Hermanas Doroteas. Aquí comenzó a llamarse María de los Dolores, para no ser identificada. La Hermana Lucía hablaba de este período con mucho cariño y guardaba de é gratos recuerdos.

Por aquél entonces, varias alumnas sufrieron la epidemia de gripe, que puso en peligro sus vidas. A tanto llegó la enfermedad, que la Superiora de la Casa aconsejó que las residentes recibieran la Santa Unción, llamada por aquel entonces Extremaunción.

Una de las compañeras de Lucía no quería recibir ese Sacramento. La Superiora, entonces, con mucho cariño, le decía: "Maquelina, ¿tú no quieres ir para el Cielo?" Si así fuere la voluntad de Dios."La pequeña contestó a gritos: "Quiero ir para el Cielo, ¡pero quiero ir viva!".

Y, del grupo, fue ésta la que falleció, mientras las demás mejoraron. Cuando se celebró el funeral, María de los Dolores ya se encontraba casi bien. Al pasar por la portería, se encontró con la madre de Maquelina llorando. Se acercó y procuró consolarla. La pobre madre, después de escuchar las palabras de consuelo, dijo : "Tengo muchas soudades de mi hija. pero ahora lloro porque no tengo dinero para regresar a mi casa".

María de los Dolores, en un rasgo de caridad, quitó de las orejas las grandes argollas (así le llamaba) que había traído de casa y las entregó a la pobre señora, diciéndole: "Vaya a un joyero, véndalas y consiga dinero para el viaje". Sabemos cómo aquella mujer quedó siempre agradecida. Para la Hermana Lucía este hecho significó mucho en sus recuerdos de juventud.

Fue su protectora la Señora Dña. María de la Concepción, persona de total confianza del Señor Obispo de Leiría. En casa de esta Señora, María de los Dolores conoció y trabó una gran amistad, amistad que perduraría a lo largo de toda la vida, con Dña. María Eugenia Pestana de Vasconcelos. Se traban como hermanas. Casi de la misma edad, pasaban juntas mucho tiempo, sobre todo durante las vacaciones en Braga, en la finca de Formigueira. Pasaban allí días de alegre convivencia, junto con otros jóvenes que a ellas se unían, cantando, jugando a las cartas o en amenas conversaciones.

La Hermana Lucía recordaba cómo eran edificantes las conversaciones del entonces joven Bernardo de Vasconcelos, que con ellas pasaba las vacaciones. Más tarde, entró en la Orden de San Benito, donde falleció en olor de santidad.

Nunca olvidó las subidas al Bom Jesús, subidas que hacían a caballo. María Eugenia tenía mucho miedo y escogía el borrico más pequeño, haciéndose acompañar por una criada. María de los Dolores montaba el caballo más fuerte y subía al galope, mientras la amiga quedaba atrás gritando : "¡Cuidado, que caes!" Cuando regresaba, la encontraba casi en el mismo lugar, y la llamaba miedosa, y partía de nuevo para una correría más.

Fue aquí, en la Capilla de la casa, que María de los Dolores recibió la Confirmación, el día 24 de Agosto de 1925, administrado por Don José. Estuvo presente la madre y permaneció con ella unos días. La Hermana Lucía nunca más volvió a Fátima. Fue entonces cuando la madre dio su consentimiento para que ingresara en la vida religiosa, después de una larga conversación con el Sr. Obispo. En Octubre de ese mismo año, María de los Dolores parte para Pontevedra, donde inicia el Postulantado.

Algunas veces nos contó que, sintiéndose muy afín a Santa Teresita del Niño Jesús, deseó como ella ser carmelita. Pero los Carmelos de Portugal habían sido extinguidos a comienzos del siglo XX, junto con otras Órdenes religiosas. Se le ocurrió aún otra solución: aprender francés e ingresar en el Carmelo de Lisieux.

Continuará... Un abrazo, Andrea.

Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

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Re: Sor Lucía de Fátima : Pefil
por: Toñi (83.173.130.---) - 04-sep-2005, 04:49:45

Gracias, Andrea. Sigue...

. Participa en adopciones espirituales en http://.www.adopcionespiritual.org/

id: 20252
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Re: Sor Lucía de Fátima : Pefil
por: Febe (65.33.72.---) - 04-sep-2005, 18:14:38

Querida Andrea: Gracias por este regalo tan hermoso!!. Me das permiso para llevarlo a un grupo ecuménico al cual pertenezco??. Bendiciones, Febe

El Señor es mi Pastor...

id: 20254
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Re: Sor Lucía de Fátima : Pefil
por: Andrea (201.250.33.---) - 05-sep-2005, 03:45:14

Gracias Toñi y Febe por estar tan dispuestas. Por supuesto que te doy permiso!!! Si lo doy ya no me pertenece:-)) Un abrazo,Andrea

Ya hemos visto cómo fué elegida Lucía por el Señor como portadora de un gran mensaje, cómo viene sufriendo por su causa y cómo "la Mis" pretende hacer de ella una "señorita de sociedad". Cómo ingresa en una orden de hermanas religiosas y su deseo de poder ser Carmelita.

Contimuemos:

Se le ocurrió aún otra solución: aprender francés e ingresar en el Carmelo de Lisieux. ¡Pero en esa época no era fácil aprender un idioma! Como las Hermanas de la Congregación de Santa Dorotea se dedicaban a la enseñanza, pudieron permanecer en Portugal como "Maestras".

Fue con ellas con quien María de los Dolores entró en contacto más directo, decidió tomar el Hábito en dicha Congregación , donde Profesó y vivió durante 23 años, de los cuales 21 fueron los que pasó en España.

A España llegó desconociendo el español. Aunque vecinos, la lengua española tiene sus diferencias. Al principio esto dio lugar a confusiones, verdaderas anécdotas que ella contaba, pasado el tiempo, con mucha gracia.

Ya Postulante, la primera vez que fue a confesarse, como pudo fue confesando sus "pecaditos"al sacerdote que no la conocía. Oída la confesión -no sabemos si la entendió bien- le hizo la exhortación oportuna y, después de la absolución, la despidió muy afablemente diciéndole: "Vete en paz. Tus pecados quedan borrados". [1] María de los Dolores salió del confesionario con las manos en la cara, para poder contener la risa. La Madre Maestra que estaba presente en las Capilla, quedó muy sorprendida con la actitud de ella y se acercó a preguntarle la causa de aquella risa, diciendo : "¡Vaya recogimiento después de la Confesión1". La Postulante, con alguna dificultad, explicó por qué se reía, ya que le confesor le había dicho algo muy extraño. La Maestra, entre la inevitable risa, procuró explicarle el significado de aquella última palabra, lo que no evitó que, durante toda la vida, recordase aquel acontecimiento y le provocase la risa.

Cierto día, mientras servía a la mesa, una de las alumnas del colegio le pidió "salsa". Inmediatamente fue a la cocina y volvió trayendo en la mano un ramo de perejil, lo que originó una gran risotada, puesto que lo que la niña había pedido era salsa. [2]

Y como éstas, otras muchas le sucedieron. Darían para escribir un libro.

Mucha gente quería verla y hablar con ella. Pero María de los Dolores evitaba estas ocasiones y se escondía como en tiempo de las Apariciones.

Una vez, mientras iba por una calle, camino del Convento, se encontró con unas personas que le preguntaron dónde quedaba el Convento en el cual vivía la Vidente de Fátima.

Con gran delicadeza, se lo indicó, pero les dijo que, a esa hora, no se encontraba en casa, pues había salido. Dichas personas, con la esperanza de encontrarla en la calle, le preguntaron cómo era: "Así como yo", respondió, y prosiguió el camino con toda naturalidad.

Durante su estancia en España volvió a contraer una grave enfermedad. Pensaron seriamente que no se curaría. La trató el Dr. Marescot, que la operó, haciéndole un drenaje que resultó eficaz. Siempre guardó un grato recuerdo de este médico, conservando hasta el fin de su vida una gran amistad con una hija del Doctor, que la visitaba anualmente."

La Hermana María de los Dolores pasó en España el terrible período de la guerra civil. Permanecieron con ella cuatro Hermanas más. Durante un tiempo vivieron en el sótano, custodiadas por soldados puesto que el Convento había sido ocupado por una guarnición militar. Era ella la que animaba e infundía confianza a sus compañeras. ¡Parecía que le miedo no anidaba en aquel corazón! No podían salir sin ser acompañadas por un soldado.

La Hermana María de los Dolores, sin formalidad alguna, cuando necesitaba ir a la huerta a buscar lo necesario, decía al centinela: "Necesito ir a la huerta. Si quiere venir conmigo, venga, pero yo no tengo miedo". Y allá iba él, para cumplir ordenes.

Un día resolvió ir a Madrid para saber cómo estaban las Hermanas, de las que no tenía noticias. Con otra Hermana, aprovechó el viaje de un camión de soldados. La compañera no estaba muy resuelta a ir, pero ante la intrepidez de la Hermana María de los Dolores, no pudo resistirse.

Ésta, durante el viaje, hizo que todos los soldados cantaran el "Rosario de la Aurora". , hecho que hacía asomar a las ventanas a las personas medrosas y curiosas, para ver de qué se trataba. ¡cosa increíble por aquél entonces!

Aquí, en Pontevedra y en Tuy, recibió nuevas visitas de Nuestra Señora y del Niño Jesús, completando el Mensaje de Fátima.

En 1946 regresó a Portugal, permaneciendo en el Colegio do Sardâo, en Vila Nova de Gaia. Después de todos estos años, hizo por primera vez un viaje a Fátima para identificar algunos lugares de las Apariciones.

Durante los dos años que permaneció allí, colaboró, en el servicio del Colegio, siendo Maestra de Labores, para lo que gozada de mucha ciencia y experiencia. Ayudaba también en la vigilancia durante los recreos.

Nos contaba que, de vez en cuando, acostumbraba a dar un paseo con las alumnas, las cuales iban en formación hasta el Monte de la Virgen. Mientras iban por el camino, las incordiaban un grupo de jóvenes cantando : "Las Hermanas de la Caridad, pum, pum, pum. Viven en la casa amarilla, pum, pum, pum.etc,etc". La Hermana María de los Dolores no cantaba el final, por ser un tanto picante.

Un día, convidó a otra Hermana para que la acompañara, a cruzar a la otra acera, quedando ella más cerca de los jóvencitos. Cuando la pandilla se aproximó, agarró a uno de ellos y le dio unas buenas bofetadas, siguiendo el compás de la canción que ellos cantaban. ¡Ese día se acabó la fiesta! De ahí en adelante, cuando se acercaban para comenzar la canción, e identificaban a la Hermana que les había sacudido el polvo, inmediatamente avisaban , diciendo : "¡No. Estas no son!".

De aquí salió para ingresar en el Carmelo de Santa Teresa, el día 25 de Marzo de 1948. No fue fácil el traslado. Siempre, desde muy joven, este había sido su deseo, pero ahora lo sentía con más fuerza -entrar en el Carmelo, que en Portugal estaba a renacer.

No es fácil para una religiosa de votos perpetuos desvincularse del Instituto en el que profesó para siempre. ¡Y la Hermana María de los Dolores no fue una excepción! No por mala voluntad de los Superiores, sino porque muchas veces no pasa de una tentación y es necesario tener pruebas de que esa es la voluntad de Dios. Y la propia interesada no siempre tiene fácil el descubrirlo.

Después de algunas peticiones sin respuesta, la Hermana María de los Dolores escribió al Papa Pío XII. Su Santidad comisionó al entonces Obispo de Oporto, D. Agustín de Jesús y Sosa, para que la autorizase a entrar en un Carmelo. Fue necesario un segundo recado del Papa para que el Sr. Obispo se decidiese a cumplir el encargo. Surgió la cuestión: "¿Para dónde?" El Obispo de Oporto pensaba que debería quedar en Oporto; el Obispo de Leiría, D. José Alvez Correia da Silva, que debía ir para Fátima.

La Hermana no quería ni un sitio ni el otro -Fátima estaba muy cerca del lugar de las Apariciones; Oporto estaba muy cerca de la casa donde vivió. La decisión quedaba en el aire. Ella se inclinaba por Viana do Castelo, donde había entrado como Hermana Dorotea.

Un día que el Obispo de Coimbra estaba enfermo, los dos eclesiásticos antes referidos, fueron a visitarlo, Coincidió que hablaron sobre el asunto. Y el Obispo de Coimbra, don Antonio Antunes, hizo de juez: "No va ni para Oporto, ni para Fátima. Va para Coimbra que queda en mitad de camino" Se pusieron de acuerdo y la Hermana aceptó la solución.

EN EL CARMELO

Eran las cinco y media de la mañana del día 25 de Marzo de 1948. Ingresa la Hermana María de los Dolores en la clausura del Monasterio de Santa Teresa, habiendo pernoctado en el Hogar Universitario de la Avenida Días da Silva.

Pasó a llamarse, desde ese momento, Hermana María Lucía de Jesús y del Inmaculado Corazón. Y su celda estuvo siempre dedicada al Inmaculado Corazón de María.

Ingresó, tan de madrugada, por dos razones: lo había pedido para evitar indiscreciones y estar presente en la ceremonia de la Profesión solemne de la Hermana María de la Cruz, que tendría lugar a las seis horas de esa misma mañana. En esta época, la Profesión era una ceremonia realizada en la intimidad de la Comunidad, costumbre creada por Santa Teresa de Jesús. Con el Concilio Vaticano II, pasó a ser un acto público celebrado en, la Iglesia conventual.

La Hermana María Lucía, por tener ya emitidos los Votos Perpetuos, no hizo el Postulantado. Fijaron la Toma de Hábito de Carmelita para el 13 de Mayo, ceremonia que fue también celebrada en la intimidad, en su caso, pues era una ceremonia que se celebraba con gran solemnidad en aquella época. Vestía ahora lo mismo que la Señora cuando se le manifestara el día 13 de Octubre de 1917: como Nuestra Señora del Carmen. Siempre manifestó un gran amor a este hábito.

La Hermana María Lucía hizo un año de Noviciado canónico, terminado el cual, el día 31 de Mayo de 1949 hizo su Profesión de Votos Solemnes, permaneciendo un año más en el Noviciado, a fin de completar su formación de carmelita. Finalizado este período, pasó a ocupar, en la Comunidad, la misma celda siempre, hasta que voló para el Cielo.

Cuando vino para el Carmelo, el Santo Padre Pío XII pidió a la Señora Marquesa de Cadaval, Doña Olga María Ricolis di Robilant Álvares Pereira de Melo, que visitase con frecuencia a la Hermana María Lucía y comprobase si algo necesitaba.

A dicha Señora se le había concedido permiso para entrar en Clausura y visitar la celda de la Hermana, permiso que, por delicadeza, no usó de modo habitual.

Esta petición de Pío XII tuvo su raíz en un rumor que decía que la Hermana Lucía pasaba privaciones de pobreza.

La Señora Marquesa profesó a Sor Lucía siempre una amistad grande y delicada. Era Servita y todos los días 13, terminado su servicio en Fátima, venía a visitar a Sor Lucía, trayéndole flores del anda de Nuestra, junto con correspondencia del extranjero que se encargaba de traducir.

Este trabajo, fallecida la Señora Marquesa, pasó a ser desempeñado por la nieta, Doña Teresa Schönborn, con idéntica dedicación.

Esta Señora y amiga, Doña Teresa, fue la última persona que recibió en el Locutorio. Dicha Señora vino sólo a interesarse por su salud. No quería que Sor Lucía se cansase. Mas ésta, con profundo agradecimiento, dijo : "¡Es un deber de gratitud! ¡Yo voy allá!"

Continuará .... Cariños, Andrea.

Se´ la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

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Re: Sor Lucía de Fátima : Pefil
por: Alex (80.103.1.---) - 05-sep-2005, 19:45:08

Continuará .... Cariños, Andrea.
Por favor¡¡¡ , mas cariños para tí y los tuyos. Alex

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Re: Sor Lucía de Fátima : Pefil
por: Andrea (201.250.45.---) - 06-sep-2005, 15:05:44

Gracias Alex. Cointinúo.

Sor Lucía en el Carmelo!! Cómo era su personalidad? Qué decía y hacía? ...

Cuando la Hermana Lucía ingresó, este Carmelo renacía. La Hermanas habían vuelto a habitarlo en 1947. Los trabajos de restauración discurrían lentamente, pues era grande su deterioro. Con su carácter emprendedor, y valiéndose de los conocimientos y amistades que tenía, la Hermana Lucía consiguió muchas ayudas con este fin.

Como resultaba difícil encontrar solución para la reconstrucción de los muros que cerraban el Convento, pues habían sido destruidos, pidió ayuda a Nuestra Señora para encontrar la solución, prometiendo erigir una imagen del Inmaculado Corazón de María en el jardín. Los muros fueron construidos y la imagen del Corazón Inmaculado de María está allí, con sus dos metros de altura, recibiendo nuestras visitas, con su sonrisa maternal.

También recibió las de Sor Lucía, mientras pudo, a pie, rezando el rosario o cantando; después, en silla de ruedas, ya con las manos desocupadas de la muleta, levantándolas para la Señora, en actitud de oración. En el pedestal de esta imagen, está ahora un azulejo que reproduce una fotografía de los tres Pastorcitos, sacada en tiempo de las Apariciones. Es el recuerdo de las Bodas de Oro de la Hermana Lucía, 31 de Mayo de 1999. Fue una sorpresa que le agradó mucho. Esta imagen es obra del escultor José Thedim, y es regalo de la Señora Marquesa de Cadaval.

Volviendo a la restauración de este Monasterio, las obras fueron coparticipadas por el Estado. Para ese fin, venía un arquitecto y un ingeniero, para dirigir la restauración. La Madre Priora se hacía acompañar por la Hermana Lucía, para señalar los lugares que necesitaban reparación.

La escalera principal tenía grandes agujeros. Consecuencia de ello, las Hermanas sufrían frecuentes caídas. Estando en lo alto de dicha escalera, la Hermana Lucía indicó que necesitaban ser reparadas, porque representaban un serio peligro. El Señor arquitecto pensó que todavía podían servir., dio el primer paso, para bajar y. ¡bajó más aprisa de lo que quería! Al terminar el descenso, en posición horizontal, se levantó y concluyó: "¡¡¡Ciertamente lo necesitan!!!" La Hermana Lucía repetía no saber cómo contener la risa y mostrar pena por el accidente.

Como Carmelita, vivió una vida normal -una entre las demás- poniendo en práctica el lema "Por fuera como todas, por dentro como ninguna". No era de salud robusta, siempre la acompañó una anemia, pero como era de virtud fuerte, no se quejaba, ni dramatizaba la situación. Hasta el final, encaró estas deficiencias sin dramatismos y con buen humor. Con frecuencia, sufría mareos, pero sabía relativizar, diciendo que "la cabeza no tenía juicio." O "las piernas están tontas."

Fue Médico de ella y de toda la Comunidad, casi desde el comienzo de la restauración del Monasterio, el Doctor Miguel Barata, de grata memoria. La Hermana Lucía lo apreciaba mucho. Siempre estaba dispuesto ante cualquier llamada que le hicieran. Se decía padrino de la Hermana Lucía, porque una vez que estuvo en el Sanatorio de Sofía, le puso el nombre de Clara (¡un nombre más!), a fin de que no la reconociesen.

La asistió hasta que, siendo ya mayor, dejó este trabajo en manos de "nuestra" atentísima médica de familia, Doctora Branca Paúl.

Llegó al Carmelo con 41 años, en lo mejor de la vida. Pasó por varios oficios, los cuales desempeñó con perfección. Fue Consejera desde 1954 hasta el año 2000, excepto un trienio. Varios años se ocupó de dirigir los trabajos de la huerta; cuidó con todo interés y hasta con mimo, las colmenas, teniendo al mismo tiempo el encargo de la despensa y de la ropería.

Conseguía abarcar todos estos trabajos, por su gran capacidad de trabajo y mucho orden, por fuera y por dentro.

Era edificante ver cómo acudía en socorro de alguna Hermana cuando se lo pedían. Con toda paz y sin mostrarse contrariada, dejaba lo que tenía entre manos y seguía a la Hermana para ayudarla en lo que le pedía. Esto lo hizo siempre mientras pudo caminar: Si estando en su celda escribiendo, le pedían algo de la oficina, inmediatamente se disponía a satisfacer el pedido que le había sido hecho.

Mostró siempre una gran perfección en todo y no perdía el tiempo. Era exigente, cuando era necesario.

Mientras estuvo encargada de la despensa, y tenía que determinar las comidas con las cocineras, éstas se ponían nerviosas al recibir su visita en la cocina, pues exigía no hubiese ningún descuido en la preparación de los alimentos, como aconseja nuestra Madre Santa Teresa.

Disfrutaba enseñando, y tenía para ello una habilidad especial. Ponía en práctica el versículo del libro de la Sabiduría: "Lo aprendí sin engaño y lo comunico sin envidia."(Sap 7, 13).

Comprobé con qué gusto se disponía a enseñar a bordar en oro, trabajo en el que era eximia. En este sector, realizó trabajos maravillosos, arte que exige grandes dosis de paciencia y atención. Cuando supervisaba lo que otro hacía, sin desanimar nunca, llamaba la atención para lo que podía ser mejorado.

Fue ella quien nos enseñó a confeccionar rosarios y no era fácil que nos diese un aprobado a nuestro trabajo. Cuando comenzábamos, se los llevábamos para su aprobación.

Y repasábamos la labor hasta que nos daba el "diploma". Este trabajo que ella hacía con tanto cariño, fue en el que quiso permanecer hasta el fin de sus días. Desde el mes de Marzo de 2004 hasta que falleció, ¡consiguió hacer tres misterios!... A veces nos metíamos con ella diciendo : "¡Hermana, ahí parada y sin trabajar!" Ella respondía: "No estoy faltando, puesto que la Santa Madre dice que, en el recreo, se tenga el trabajo entre manos"

Cierto día, era sábado por la noche, la Hermana Lucía pidió a nuestra Madre que le diese carta blanca para preparar al día siguiente un pic-nic. En el verano, a veces, hacemos la comida en el jardín, como diversión. Nuestra Madre le dio permiso y Sor Lucía dijo que no quería con ella a ninguna novicia. Yo era novicia y, con otra compañera, pedimos a la Madre que nos prestara velos negros para introducirnos, disfrazadas, en la tarea.

Pero nos descubrió la muy pilla y nos echó esgrimiendo una cuchara de palo. Era el día 14 de septiembre de 1981, ¡Qué feliz se la veía porque iba a dar una sorpresa y llenar de contento a sus Hermanas!. Fue su despedida. No volvió a ocuparse de la cocina.

Así vivió, metida con toda naturalidad en la vida en común, fiel al horario integral de la comunidad, mientras las fuerza se lo permitieron, participando con toda el alma de las alegrías sencillas, de las preocupaciones o problemas que visitaban la Comunidad. Apenas gozaba de una excepción: cuando la Comunidad era llamada al Locutorio, por medio de las acostumbradas nueve campanadas y el repique de una pequeña campana, la Hermana Lucía no estaba obligada a comparecer, como todas las demás.

Ella era la que decidía si debía acudir o no. Con ocasión de otras visitas, como cualquier otra Hermana, recibía a la familia y a las personas amigas o más íntimas. Ajenas a esta proximidad, quien pretendiera visitarla debía alcanzar permiso de la Santa Sede. Apreciaba mucho las visitas familiares y se interesaba por todos con mucho cariño.

Muy larga sería la lista de todos cuantos, a lo largo de casi 57 años de su vida, visitaron este Carmelo por su causa. La Hermana Lucía siempre daba una explicación: "Es a causa de Nuestra Señora". Con la misma sencillez y sin nerviosismos, hablaba con un Cardenal, con un Príncipe o con nuestro jardinero, cuando, para suerte del mismo, se cruzaban en el jardín.

Para ella todos eran hermanos, amados por el mismo Padre común. Si no estaba dispuesta a recibir a todos los que la reclamaban, era porque debía salvaguardar su vida contemplativa, que requiere soledad y silencio, vida de recogimiento, para estar a solas con Dios, intercediendo por todos los hermanos que, acaso sin saberlo, necesitan esa ayuda.

Volviendo a sus oficios, cuando era sacristana tenía el encargo de adornar y limpiar el oratorio interior, donde está reservado el Santísimo Sacramento. Para que no le faltasen flores, las cultivaba ella misma en tarros, que cuidaba en el pequeño claustro de la sacristía (nombre pomposo que ella daba a aquel reducido espacio).

La recuerdo con un delantal a cuadros, toda desenvuelta, renovando la tierra de los tarros de los cíclames, que ella mimaba mucho. Se sentía muy feliz cuando le regalaban flores. Dejado este oficio, pedía para que se las colocasen a Nuestra Señora. Durante bastante tiempo, cuando ya no tenía obligaciones en la Comunidad, se encargó de adornar el pequeño nicho de la entrada de la enfermería, donde estaba colocada una imagen blanca de Nuestra Señora. Con qué amor y esmero hacía este trabajo, siempre llevando flores frescas. Ahora, cuando la llevamos en la silla de ruedas, siempre llevaba una flor en la mano para dársela e la Madre.

Cumplía su deber con mucha precisión y diligencia. Podría pensarse que, adornada con tantas y tan altas experiencias sobrenaturales que le fueron concedidas por el Cielo, viviese fuera de la vida corriente, fuera de nuestra órbita. no.

Como carmelita vivía lo nuclear de la Regla, que nos manda "vivir entregadas a Jesucristo" y "meditar día y noche en la Ley del Señor", pero no por ello se dispensaba ni era menos diligente en hacer lo que tenía encargado. Cuando trabajaba, andaba recogida, en oración continua, con el corazón en Dios.

Terminada su obligación, se retiraba a su celda, donde se entregaba a su muy personal Memorias .Cuando le regalaron la máquina de escribir electrónica, pasados ya los 70 años, no tuvo problema alguno en aprender a manejarla. Es una máquina computerizada, pero nunca estuvo conectada a Internet. Contrariamente a lo que se ha dicho, la Hermana Lucía nunca trabajó con ordenador, ni visitó ningún "site".

Un día la llevamos a ver trabajar un ordenador. Estuvo muy atenta, hizo preguntas, pero al final concluyó: "Mi máquina es mejor que todo esto". Ya había cumplido los 94 años.

A los 80 fue operada de cataratas por los oftalmólogos Doctor Moreira Pires y Doctor Elías Cravo, médicos que siempre la atendieron con gran desvelo y mucho cariño. Ella los recordó siempre con mucha gratitud. A la muerte del Doctor Cravo, pasó a cuidar de sus ojos la Señora Doctora Isabel Cravo. A la que queremos también manifestar nuestro reconocimiento por la total disponibilidad que manifestaba siempre, sin reparar en sacrificios para cuidarla, lo mismo que a las demás Hermanas de esta Comunidad.

Todos los días desde hace años, por prescripción médica, daba un paseo por el jardín, siempre que el tiempo lo permitía. Con este paseo cumplía dos obligaciones y una devoción: obedecía al médico, rezaba el rosario y hacía una visita a Nuestra Señora, que estaba al fondo del jardín. Y aún hacía otra cosa más, daba de comer a los pececitos, a los que llamaba "¡Lindos, lindos!". Y venían a la superficie del estanque a comer lo que les daba.

Continuará...Andrea.

Se´ la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Andrea (201.250.59.---) - 12-sep-2005, 10:40:35

Sí ya se, este relato es un poco largo, pero así son las edificaciones, y eso que he recortado. Pero en esta entrega la vemos a Lucía siendo ella misma.

Un aspecto de su personalidad es la alegría que emana de Sor Lucía, en las fotos de niña se la veía muy seria, claro que era propio de la época y los pastorcitos no estaban acostumbrados a esas cosas de fotos...etc.

Me impreciona su humildad y entrega en la vida ordinaria del carmelo, siendo una más entre todas. Un beso, Andrea.

Siempre sabía restar importancia a las incomodidades o sufrimientos. Tenia, para esto un gran sentido del humor. En los últimos adquirió una gran indiferencia, a medida que su cuerpo se tornaba más torpe por la falta de fuerzas. Parecía que los asuntos de esta vida ya no le importaban y, sin embargo, se interesaba por todo. Quería participar en todas las conversaciones durante el recreo o en las reuniones de Comunidad. Limitada por la pérdida de audición, quería estar siempre al lado de la Priora, para estar lo más cerca posible de la fuente de información.

Por esta época, comenzó a perder la memoria. Algo comprensible.

Pero era curioso constatar que, en lo referente al Mensaje recibido del Cielo, su memoria permanecía fresca.

Podía confundirse en algunas historias tantas veces contadas y que seguíamos oyendo con el mismo interés, gracias a la vivacidad que imprimía en el relato; pero acerca del Mensaje, nuca se confundía.

Con ocasión de las polémicas suscitadas por ciertos grupos descontentos con el texto de la tercera parte de Secreto, revelado en el año 2000, vino un enviado especial de la Santa Sede, para escuchar, de nuevo, de labios de la Hermana Lucía la confirmación de nada más había que revelar.

El enviado hizo una pregunta, cuya respuesta la Hermana Lucía no consideró necesaria para el momento y respondió: "¡No estoy para confesarme!"Esto revela una gran lucidez y libertad y desmiente a quien afirma que la Hermana Lucía "estaba comprada por el Santo Padre". ¡No! ¡La Hermana Lucía tenía un carácter tan libre, que no se dejaba "comprar" por nadie, inclusive el Papa!

Le producía mucha pena toda la especulación que se hacía en torno al Secreto.

Antes de ser revelado, acostumbra a decir con cierta tristeza: "Si viviesen lo más importante, que ya se ha dicho.! sólo les importa lo que está por revelar, en lugar de cumplir lo que ya fue pedido, oración y penitencia." Revelado el secreto, comenzó la desconfianza sobre la veracidad del texto.

Un día le dije: "Hermana Lucía, dicen por ahí que hay otro secreto" Ella me respondió:"Si lo saben que lo digan. Yo no sé ninguno más. Hay personas que nunca están contentas. No se hace caso".

La Beatificación de los Pastorcitos marcó una etapa importante en la vida de la Hermana Lucía. Fue un día de fiesta para su corazón.

A partir de esa fecha, comenzó a debilitarse, a hacerse más dependiente, evitando no molestar, haciendo lo que podía.

Se despidió del Papa y de Fátima. Y parece que ambos acariciaban el sueño de volver. Era conmovedor, ya en el lecho de muerte, cuando pronunciábamos el nombre de Fátima, parecía revivir. ¡¡¡Este nombre le traía a la memoria tantos recuerdos!!!...

En 2001, comencé a abrirle las cartas, para ahorrarle trabajo. ¡Eran tantas! Poco después, comenzó a decir que tenía mucha pereza. Entonces, ella leía las cartas, decidía las que deberían ser contestadas y me las entregaba para que respondiese en un tarjetón suyo.

Y así sucedió hasta el 21 de noviembre de 2004. A partir de esta fecha ya no se ocupó más de este trabajo. Comencé a leerle las cartas y ella me indicaba las que debía responder.

En la última semana, ya ni las leía, le decía las intenciones al oído y ella asentía con la cabeza, gesto que manifestaba que todo lo ponía en manos del Señor.

LOS ÚLTIMOS ONCE MESESP

Precisamente en la semana de su aniversario, cuando iba a cumplir los 97 años, la Hermana Lucía comenzó a quejarse de dolores muy fuertes en las piernas. A causa de esos dolores y porque no aguantaba mucho tiempo sentada, no era capaz de comer....

A partir de ahí permanecía más o menos igual, y cada vez más agarrada a la cama, donde no sentí dolor. Por broma, le llamábamos "dorminhoca", a lo que ella respondía que las "minhocas" andan bajo tierra. [3]

El día de Pascua, 11 de Abril, estuvo muy bien. Pasamos el recreo del mediodía, muy alegres, en el jardín junto a la imagen de Nuestra Señora. Ese día la Hermana Lucía se encontraba muy ágil, comunicando a todas una gran alegría.

Continuaron los dolores.

Se procuró poner los medios para aliviarla. Se hicieron radiografías, pero no se encontró la causa de los mismos.

Tenía, ciertamente, la columna muy deformada y esa podía ser la causa del sufrimiento. ..

En Junio empeoró. Celebrábamos, por esos días, los 260 años de este Monasterio y la Hermana Lucía ya no aguantaba casi nada sentada. Decidimos hacer la celebración en su celda.

El día 17 de Junio, por la tarde, vino el Sr. Obispo de Coimbra, Su Excelencia Reverendísima el Seño Don Albino Cleto, quien celebró a Eucaristía en su celda. Coincidía con el aniversario de su salida de Fátima, 83 años antes. A la Hermana Lucía le agradó la "fiesta" y lo agradeció.

A partir del día 15 de este mes, decidimos acompañarla durante las 24 horas de día. Para no molestar y, como aún se fiaba de sus piernas, no llamaba. Y, por tres veces, cayó.

Por lo que decidimos permanecer junto a ella. Al principio, no le gustó nada la idea, sobre todo por la noche. Organizamos un calendario semanal, dividiendo las noches al medio, a fin de que cada Hermana tuviera unas horas de descanso.

Si había algún sacrificio por parte de quien la acompañaba, quedaba recompensado por la buena disposición que siempre manifestaba la Hermana Lucía. Y nos la contagiaba. Alguna noche necesité levantarme para imponer silencio, pues ella provocaba la risa sobretodo de las más jóvenes.

Siempre que se levantaba pedía agua, pero había de ser fría. Pero, cuando la temperatura comenzó a bajar, para que no la bebiese tan fría, intentábamos engañarla, mezclando la fría con un poco de agua caliente. Nada más probarla, devolvía el vaso y aplicaba la Sagrada Escritura: "Porque no eres frío ni caliente, estoy para vomitarte de mi boca" (Ap. 3, 16). "Todo lo estropean". Decía esto con cara de pillería, pero con gran seriedad.

Y no teníamos más remedio que darle el agua fría.

Al finalizar el recreo de la noche, al volver a la celda, preguntaba a la Hermana enfermera: "¿Quién queda esta noche?" Ante la respuesta, siempre hacía un pequeño comentario con cierto aire de malicia: "¡Mal servida voy!" Aún resuena en nuestros oídos su voz, ya un tanto ronca de los últimos meses: "¿Hay alguien por ahí?" Y acudíamos a socorrerla. Era como un niño pequeño que extiende los brazos, llenos de confianza, hacia la madre para que la saque de la cuna. Guardamos esa imagen llena de ternura, de su rostro sonriente, sin dientes, recordando la niña que fue hace muchos años.

Sí, esa la sencillez que descubríamos en ella. No era infantilismo, pero sí hacerse de nuevo niña -"Si no volvéis a ser como niños." (Mt 18, 3)- evangélicamente.

Al final de sus días vivía en un total abandono en las manos de Dios. No se lamentaba por estar impedida. Lo hallaba normal. Decía: "¡Nadie quiere morir, pero cuesta mucho ser vieja!" Algunas veces, sentada en la cama, o cuando la llevábamos al jardín delante del azulejo que representaba a los Pastorcitos, decía:"¡Mira los perillanes, se fueron al cielo y nunca más quisieron saber nada más de mi!" Y en Octubre se desahogó conmigo : " Nuestra Señora me dijo que yo me quedaría aquí por más tiempo.¡pero ya está siendo demasiado!"

Era la nostalgia de aquello que ya había sido dado ver y escuchar. Realmente ese "más tiempo" esta agotándose.

Sí ya se, este relato es un poco largo, pero así son las edificaciones, y eso que he recortado. Un aspecto de su personalidad es la alegría que emana de Sor Lucía, en las estampitas de niña se la ve tan seria, pero en las fotos que de ella se tienen de su estapa de Carmelita pareciera ser otra persona.

Me impreciona su humildad y entrega en la vida ordinaria del carmelo, siendo

Cuanto más buscarlo quiese con tanto menos me hallé

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Ecazes (201.249.159.---) - 12-sep-2005, 11:16:06

Andrea, podrias ir pegando las referencias, que me imagino son traducciones, a medida que aprarecen?, para ir comprendiendolas en su contexto:

afablemente diciéndole: "Vete en paz. Tus pecados quedan borrados". [1]

cocina y volvió trayendo en la mano un ramo de perejil, lo que originó una gran risotada, puesto que lo que la niña había pedido era salsa. [2]

le llamábamos "dorminhoca", a lo que ella respondía que las "minhocas" andan bajo tierra. [3]

Gracias

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Alex (80.103.38.---) - 12-sep-2005, 12:07:24

Sí ya se, este relato es un poco largo

Pero edificante y comparto lo que dice Ecazes.

Un abrazo

Alex

Le he suscitado del norte, y viene, del sol naciente le he llamado por su nombre. Is 41,25

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Andrea (201.250.59.---) - 12-sep-2005, 16:14:06

Aquí van las referencias:

1) En portugués: ¡Vai em paz. Os teus pecados ficam todos apagados!

2)En portugués "salsa" es perejil. Y "salsa" en portugués se dice "molho". De ahí la confusión.

3)Juego de palabras que, traducidas, pierden su sentido. "Dorminhoca" se traduce por dormilona. Y "minhoca" por miñoca. Por esos conservamos las palabras originales entrecomilladas.

Cuanto más buscarlo quiese con tanto menos me hallé

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Andrea (201.250.59.---) - 12-sep-2005, 17:19:06

El relato llega a su fin con muchos cortes, porque realmente es muy muy largo.

La noche del 7 para el 8 fue extremadamente difícil. Debía sentirse con falta de aire. Durante toda la noche quería ver a la Hermana que le hacía compañía. Si se recostaba un momento para descansar y ella no la veía, se lamentaba diciendo : "¡Me abandonaron!" La Hermana se levantaba y, al verla, sonreía y le apretaba la mano con mucha fuerza. Después decía espaciadamente: ¡Nuestra Señora!...¡Nuestra Señora!... ¡Angelitos!...¡Angelitos!... ¡Corazón de Jesús!...¡Corazón de Jesús!..."

En ese día la visitó el Confesor. Con las manos en oración y muy sonriente, recibió la absolución y se santiguó. No habló. .... A la noche se desmayó. Toda la Comunidad se reunió a rezar, mientras la médica la asistía con cariño casi maternal. Mejoró y la Comunidad comenzó a retirarse.

En este momento, la Hermana Lucía, que permanecía con los ojos cerrados, los abrió y sonrió a las Hermanas. Fue una sonrisa llena de gratitud y cariño para con esta familia a la que le unía una estrecha y profunda amistad. , amistad que nace de la fe y que se recibe de Dios. ¡Los Hermanos son siempre un DON de Dios!

Cierto día hablando con la Hermana Lucía sobre el hecho de ser yo la encargada de llevarle la Comunión, le decía: "Hermana Lucía, ya comulgó de manos de un ángel, y ahora soy yo quien le traigo la Comunión". Y ella, dándome una lección maravillosa, me respondió: "Deje. De las manos de un Ángel o de las manos de un pecador, es siempre el mismo Señor".

De vez en cuando, le recordábamos la enfermedad del Santo Padre Juan Pablo II. Ella levantaba las manos y repetía: "¡Por el Santo Padre!". ¡Era tan grande su amor por el Papa! Era visible su estremecimiento ante el recuerdo de ese nombre para ella tan querido. Amor que le fue inculcado en el corazón por la Señora que, bajando del Cielo, un día se le había aparecido en Cova da Íria.

-"¿Sufre mucho por estar así?"-

-"Sufro"

-¿Ofrece ese sufrimiento por el Santo Padre?"

-Lo ofrezco por el Santo Padre.por el Santo Padre.por el Santo Padre.

No volvió a hablar. Alguna vez quiso decirnos algo, pero no lo consiguió.

El día 11, acarició con mucha ternura el Crucifijo que habitualmente usaba en el hábito.

El sábado, día 1, estuvo muy postrada. El corazón comenzó a dar síntomas de arritmia. Lentamente iba "diciendo" que estaba cansado y quería "partir...!". Viéndome llorar, levantó los brazos e hizo un gesto que nunca pude imaginar en ella, me empujó para junto a sí y me dio un beso. En seguida sonrió...

DÍA TRECE DE FEBRERO

Finalizada La Misa, por consejo médico, le retiramos el suero que parecía no fluir. Quedó con las manos libres. En estos días se santiguaba con mucha frecuencia. Era un hábito que tenía muy arraigado. Aunque fuese al beber un vaso de agua, nunca lo hacía sin santiguarse.

Coloqué mi Crucifijo a una distancia de unos 30 centímetros de sus ojos.

La Hermana Lucía lo miró fijamente, muy fijamente, haciendo gestos con las cejas, como quien habla con calma. En seguida, llevó el dedo índice a la boca, mirando para mí, pidiéndome que le acercara el Crucifijo. Así lo hice. Ya no consiguió dar el beso, pero cómo habrá sido el beso del corazón.

Me avisaron que estaba el Señor Obispo. Bajé al Locutorio. El Señor Don Albino venía para entregarme un mensaje y la bendición del Santo Padre para la Hermana Lucía. ... Nos despedimos y subí a la celda, donde se consumaba el sacrificio de aquella vida tan preciosa, centro de atención de toda la Comunidad.

Mantenía los ojos abiertos, como hacía tiempo que no sucedía. Le leí el texto al oído. Pero ella extendió la mano y quiso coger la hoja que apoyó en la ropa de la cama que tenía recogida a la altura de la cintura. Le puse las gafas y vi cómo fijaba el texto, no con mirada parada, sino siguiendo cada línea.

En este momento obtuve una bella fotografía -testimonio de esta lectura. Fue ella misma quien, pasado el tiempo necesario para leerla, me devolvió la hoja con el texto. Hasta medio día se mantuvo así bien dispuesta. Intentó hablar, pero sin lograrlo.

A partir del mediodía, comenzó a "marcharse". Cada vez más postrada; la respiración más difícil, pareciendo que los pulmones ya no querían recibir más oxígeno. Esta situación se fue agravando y, cuando llegó la Doctora, un poco antes de las cinco de la tarde, pidió que no la clavase más.

La Señora Doctora me respondió: "¡Yo tengo la obligación de hacer todo hasta el final!" Estuve de acuerdo, pero le pedí que dejase esa responsabilidad a mi conciencia.

Llegó la Señora Enfermera y en seguida -todos puntuales a las cinco de la tarde- llegó el Señor Obispo. Al entrar, le comuniqué que nuestra Hermana estaba a punto de partir. ¡No tenía la menor duda! Se llamó a la Comunidad.

Todas reunidas en la pequeña celda, el Señor Obispo después de asegurarse por la Médica que estábamos en la agonía -agonía serena- comenzó las oraciones del Ritual. La emoción fue creciendo, al ver que nos separábamos de aquel Tesoro.

Terminadas las oraciones del Ritual, el Señor Obispo comenzó a rezar jaculatorias espontáneas, que nosotros repetíamos:

-Recíbate Jesucristo a quien entregaste tu vida.

-Recíbate la Señora más brillante que el sol, que se te apareció.

-Recíbate el Ángel de Portugal, que se te apareció.

-Recíbate el Beato Francisco, que contigo vio a la Virgen María.

-Recíbate la Beata Jacinta, que contigo vio a la Virgen María.

-etc.etc.etc.

Imposible describir la atmósfera de paz que se vivía en aquella hora. Si, en aquel momento, su mirada se cerraba para esta vida, se abría para la Luz Eterna de Dios. En un determinado momento, inesperadamente, aquellos ojos que tantas veces contemplaran lo Invisible, se abrieron. Miró a todas las Hermanas. Después se volvió a la derecha y fijó los míos.

¡No consigo describir la profundidad de esa mirada! Fue impresionante. Coloqué el crucifijo en esa dirección y enseguida volvió a cerrarlos. Fue la despedida. La Hermana Lucía dejó sus despojo mortal para, con la agilidad de la eterna juventud, "seguir al Cordero a donde quiera que el vaya, cantando el Cántico Nuevo" Se reunieron en el Cielo los Tres Pastorcitos.

Eran las 17 horas y 25 minutos de la tarde del día 13 de Febrero.

Apetecía quedar allí en oración, en aquella celda que durante ocho meses paso a ser la celda de todas, aquella celda que fue testigo de una vida entregada, de sacrificio, de oblación por el mundo. Aquella celda fue el pequeño santuario de sus intimidades con la Madre, con el Esposo. La celda de una carmelita guarda secretos que sólo en el Cielo sabremos.

Quien veía a la Hermana Lucía, en su gran sencillez, no imaginaba el fuego que ardía dentro de aquel cuerpo pequeño y débil. Nunca se exhibió como Vidente. Y, por su voluntad, nunca hubiera dicho nada. Decía que fue Jacinta quien habló... ¿Cuántas veces la Señora pasó por ahí?... Nada sabemos aún. Pero un día fui testigo de algo que me hizo ver con la sencillez que ella tocaba lo sobrenatural y la vida normal. Fue en 2003, el día 26 de mayo. Fui con ella al coro bajo, para sacarle una fotografía, con la Imagen del Inmaculado Corazón de María, que poco hacía nos habían regalado. Esa fotografía es la que aparece en la Portada e este folleto.

Una vez acabado de sacar la fotografía, la Hermana Lucía permaneció con la mirada fija en la Imagen. No la perturbé. Volviéndose para mi, dijo con angustia: "¡¡¡Nuestra Señora está llorando!!!". Es de una sencilla pureza su ingenuidad en este momento. Ella que fue beneficiada con tantas visiones que nadie más veía, juzgaba que yo también lo estaba viendo. Y yo, pensando que la afirmación fuese una pregunta, respondí que no. Noté que quedó como sorprendida in fraganti, con la confusión de quien es sorprendido por la madre con las manos en la masa. Respeté el momento.

Me pareció oportuno no hacer preguntas. Guardé este secreto conmigo hasta ahora. Y quise que esa imagen velase, con su mirada materna, los restos mortales hasta que fuesen trasladados a la Catedral de Coimbra.

La hermana Lucía nació un Jueves Santo después de que la madre había comulgado. (solía decir que había hecho la primera Comunión antes de nacer).

Falleció en el año de la Eucaristía y reposa a pocos metros de nuestro Sagrario interno, bajo la mirada de la imagen de Nuestra Señora de Fátima y de los Beatos Francisco y Jacinta. Ocupa la sepultura nº 3 -una sepultura nueva como la de Jesús.

Cuanto más buscarlo quiese con tanto menos me hallé

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Ecazes (201.249.156.---) - 13-sep-2005, 08:56:10

Sor Lucia, ruega por nosotros, para que perseveremos hasta el fin.

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Maite (80.58.8.---) - 16-sep-2005, 10:12:05

Gracias Andrea: Esperemos que pronto, la tengamos en los altares, no por ella, por nosotros

Me ha gustado, que respondiese al enviado papal " no yo, ahora no me confieso" además de la libertad que tu señalas, demuestra que en su conciencia sabía sólo mandaba ella, y que no jugaba con los Sacramentos.

Un abrazo

Maite

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Gustavo Adolfo Insua Izquierdo (i) (200.127.225.---) - 07-feb-2006, 23:44:56

Resulta extraordinario haber encontrado este documento biografico que desconocia, es de un valor incalculable para afirmar la fe. Andrea no se quien eres pero te adoro con todo mi corazón,por haberlo puesto al alcance de las manos. Gracias...

El día 14 de febrero del presente año 2006 serán trasladados los restos de Ir. María Lucía do Coração Imaculado, Lucia de Jesús dos Santos, de Coimbra al Santuario de Fátima, en donde descansan también los cuerpos de sus primos, es un acotencimiento que no puede pasar por alto en la memoria de ningún católico, de manera que reciban mi especial participación acompañandolos desde aquí hasta su última morada, con la siguiente reflexión:

Qué importante acto de reconocimiento realiza el Papa Benedicto XVI, cuando rinde tributo a la obra evangelizadora de la mujer. Cuántos millones se habrán convertido como fervientes católicos por la presencia -VIVA- de la Inmaculada Virgen María, que se aparece y nos toca suavemente como si no existiera el tiempo para llenarnos de abundantes gracias.

Qué importante tarea evangelizadora se le encomendó a Ir. María Lucía do Coração Inmaculado, Lucia de Jesús dos Santos, que todavía sigue vigente, afirmando la presencia -VIVA- de la Madre de Nuestro Señor, que ha aceptado no apartar sus ojos de todos nosotros sus hijos adoptivos, aún cuando no merecazmos serlo, aún así, la Santa Virgen se niega a rechazarnos.

Es tan bueno comprenderlo. Entonces, no puedo dejar pasar un instante sin compartirlo con todos los Marianos, por eso éste 13 de febrero será un día especial para tener presente a todas las Hermanas Carmelitas de Coimbra y de Fatima, que junto a Sor Lucia cuidaron este extraordinario mensaje de amor y de Paz.

Gracias Sor Lucia por tu ejemplar valentía desde el primer momento, toda tu humildad y fidelidad sirvió para que se acrecentaran maravillosas esperanzas de fe.

Entenderlo es la inmensa tarea que está en cada uno de nosotros.

Descansa en Paz Sor Lucia.

PN. Gustavo Adolfo Insua Izquierdo

República Argentina

Editado por seguridad

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Andrea (201.250.44.---) - 08-feb-2006, 04:05:14

Bienvenido Gustavo !! Oye te he quitado tu dirección de mail. Si entras como invitado todos pueden verla y no queremos que tu casilla de correo colapse por algún desubicado. Si deseas puedes participar como miembro !!! Me alegro mucho que te hayas recreado con el perfil de Sor Lucía. Realmente un alma llena de simplicidad y humildad.

Ea!! Que somos muchos los argentinos por acá. !!! Bienvenido. Un saludo, Andrea.

Cuando vengas Señor en tu gloria, que podamos acudir a tu encuentro

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Elena (i) (46.24.35.---) - 19-ene-2015, 18:42:47

Porque circula por Internet sor lucia murio en 1949. Y que la sustituyo otra monja que se hizo pasar por ella?

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Re: Sor Lucia de Fátima : Perfil
por: Abel (81.203.151.---) - 21-ene-2015, 11:35:29

Nunca escuché eso, pero no hace falta creer todas las tonterías que circulan por internet.


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