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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Foros: La voz del Espíritu
tema: «Amor al prójimo»
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Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
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Amor al prójimo
por: Abel (81.203.129.---) - 11-feb-2012, 19:24:19

En el libro de Buber que estoy leyendo (y del que cité también un párrafo) -Eclipse de Dios-, me encontré con este párrafo realmente magnífico:

La Biblia sabe que es imposible ordenar el amor a los hombres. Yo soy incapaz de sentir amor hacia todos los hombres, aunque Dios mismo me lo ordene. La Biblia no prescribe directamente el amor a los hombres sino que, empleando el dativo, lo coloca en forma de un acto de amor (Levítico 19,18.34). Debo obrar con amor hacia mi ree, mi "compañero" (traducido generalmente como mi "prójimo"), es decir, hacia todo hombre con quien tengo tratos en el transcurso de mi vida incluyendo el guer, el "extranjero" o "transeúnte"; debo conferirle los favores del amor, debo tratarle con amor como alguien que es "como yo" (Debo amar "a él"; construcción que sólo se encuentra en estos dos versículos de la Biblia).

Es claro que debo amarle no simplemente con gestos superficiales, sino con una relación esencial. Está dentro de mi poder el querer hacerlo, de manera que puedo aceptar el mandamiento. No es mi voluntad la que me da la emoción del amor hacia mi "prójimo", estimulada dentro de mí por mi conducta. Por otra parte, la Torá ordena amar a Dios (Deut. 6:5; 10:12; 11:1) ; sólo a este respecto prescribe el amor sincero hacia el transeúnte que es nuestro "prójimo" (Deut. 10:19): porque Dios ama al viajero. Si yo amo a Dios, en el curso de ese amor llego a amar también a quien Dios ama. Puedo amar a Dios como Dios desde el momento en que le conozco; Israel, a quien se dirige el mandamiento, le conoce. Así puedo aceptar el mandato de amar a mi prójimo.

Aunque aquí se refiere al AT (Buber es judío), no me parece que haya que variar ni un punto ni una coma para aplicar lo que dice al Nuevo: Jesús tomó el texto del Antiguo y lo remarcó, pero no lo cambió. Es verdad que la diferencia gramatical que señala Buber no se da en griego sólo en hebreo, pero eso tiene que ver con las índoles respectivas de los idiomas.

Los sentimientos no obedecen a decisiones, y amar -aunque no se agote allí- implica un sentimiento; ¿cómo puede entonces mandarme Dios que "ame" a mi prójimo?

No creo que sea yo, Abel, el único que se siente frustrado frente a la imposibilidad de cumplir con ese "mandamiento". Y más todavía cuando la I Carta de Juan ata el amor a Dios al amor al prójimo (quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve). Por eso me atrajo enseguida la atención este pequeño matiz exegetico: no es el amor lo que se ordena, sino el gesto del amor: amar "hacia" el prójimo.

De repetir el gesto, quizás va haciéndose hueco en el alma.


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«Mi corazón está vacío de verdadero saber, acógele entre tus brazos.»

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Re: Amor al prójimo
por: Ecazes (190.72.124.---) - 12-feb-2012, 12:35:52

Es el conocido juego bíblico '¿que fue primero...'?

Anoche, mi prójimo tuvo un karaoke a todo volumen que terminó cuando el sol hizo evidente la vergüenza.

Empezaré por ahi...

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Re: Amor al prójimo
por: ewam (i) (186.56.59.---) - 15-feb-2012, 16:43:35

Hace no mucho tiempo tuve oportunidad de leer en las últimas páginas de "El malestar de la cultura" de S Freud un comentario sobre el mandamiento de amar al prójimo, donde se burla de él, como si fuera una idiotez, al comienzo me hizo sentir un idiota a mí, pero luego me ayudo a des-naturalizar la conciencia religiosa y entender como dice Abel cuanto nos cuesta vivir este mandamiento, por ahí estaría bueno agregarlo aquí, verificaré si tengo ese libro o si lo puedo conseguir digitalizado, probablemente puedan sentir lo mismo o algo parecido a lo que sentí primeramente al leerlo...

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Re: Amor al prójimo
por: Laura (190.172.69.---) - 15-feb-2012, 17:07:16

Lo pide, lo tiene. Ya está agregado a la Biblioteca.

"Estamos trabajando para Ud."

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Re: Amor al prójimo
por: Laura (190.172.69.---) - 15-feb-2012, 17:08:07

No obstante, si tenés una edición mejor que la que encontré, avisame.

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Re: Amor al prójimo
por: Ewan (i) (186.56.59.---) - 15-feb-2012, 17:12:35

El texto al que me refiero es este:

Quizá hallemos la pista en uno de los pretendidos ideales postulados por la sociedad civilizada. Es el precepto «Amarás al prójimo como a ti mismo», que goza de universal nombradía y seguramente es más antiguo que el cristianismo, a pesar de que éste lo ostenta como su más encomiable conquista; pero sin duda no es muy antiguo, pues el hombre aún no lo conocía en épocas ya históricas. Adoptemos frente al mismo una actitud ingenua, como si lo oyésemos por vez primera: entonces no podremos contener un sentimiento de asombro y extrañeza. ¿Por qué tendríamos que hacerlo? ¿De qué podría servirnos? Pero, ante todo, ¿cómo llegar a cumplirlo? ¿De qué manera podríamos adoptar semejante actitud? Mi amor es para mí algo muy precioso, que no tengo derecho a derrochar insensatamente. Me impone obligaciones que debo estar dispuesto a cumplir con sacrificios. Si amo a alguien es preciso que éste lo merezca por cualquier título. (Descarto aquí la utilidad que podría reportarme, así como su posible valor como objeto sexual, pues estas dos formas de vinculación nada tienen que ver con el precepto del amor al prójimo.) Merecería mi amor si se me asemejara en aspectos importantes, a punto tal que pudiera amar en él a mí mismo; lo merecería si fuera más perfecto de lo que yo soy, en tal medida que pudiera amar en él al ideal de mi propia persona; debería amarlo si fuera el hijo de mi amigo, pues el dolor de éste, si algún mal le sucediera, también sería mi dolor, yo tendría que compartirlo. En cambio, si me fuera extraño y si no me atrajese ninguno de sus propios valores, ninguna importancia que hubiera adquirido para mi vida afectiva entonces me sería muy difícil amarlo. Hasta sería injusto si lo amara, pues los míos aprecian mi amor como una demostración de preferencia, y les haría injusticia si los equiparase con un extraño. Pero si he de amarlo con ese amor general por todo el Universo, simplemente porque también él es una criatura de este mundo, como el insecto, el gusano y la culebra, entonces me temo que sólo le corresponda una ínfima parte de amor, de ningún modo tanto como la razón me autoriza a guardar para mí mismo. ¿A qué viene entonces tan solemne presentación de un precepto que razonablemente a nadie puede aconsejarse cumplir?

Examinándolo con mayor detenimiento, me encuentro con nuevas dificultades. Este ser extraño no sólo es en general indigno de amor, sino que -para confesarlo sinceramente- merece mucho más mi hostilidad y aun mi odio. No parece alimentar el mínimo amor por mi persona, no me demuestra la menor consideración. Siempre que le sea de alguna utilidad, no vacilará en perjudicarme, y ni siquiera se preguntará si la cuantía de su provecho corresponde a la magnitud del perjuicio que me ocasiona. Más aún: ni siquiera es necesario que de ello derive un provecho; le bastará experimentar el menor placer para que no tenga escrúpulo alguno en denigrarme, en ofenderme, en difamarme, en exhibir su poderío sobre mi persona, y cuanto más seguro se sienta, cuanto más inerme yo me encuentre, tanto más seguramente puedo esperar de él esta actitud para conmigo. Si se condujera de otro modo, si me demostrase consideración y respeto, a pesar de serle yo un extraño, estaría dispuesto por mi parte a retribuírselo de análoga manera, aunque no me obligara a ello precepto alguno. Aún más: si ese grandilocuente mandamiento rezara «Amarás al prójimo como el prójimo te ame a ti», nada tendría yo que objetar. Existe un segundo mandamiento que me parece aún más inconcebible y que despierta en mí una resistencia más violenta: «Amarás a tus enemigos.» Sin embargo, pensándolo bien, veo que estoy errado al rechazarlo como pretensión aun menos admisible, pues, en el fondo, nos dice lo mismo que el primero.

Llegado aquí, creo oír una voz que, llena de solemnidad, me advierte: «Precisamente porque tu prójimo no merece tu amor y es más bien tu enemigo, debes amarlo como a ti mismo.» Comprendo entonces que éste es un caso semejante al Credo quia absurdum.

Ahora bien: es muy probable que el prójimo, si se le invitara a amarme como a mí mismo, respondería exactamente como yo lo hice, repudiándome con idénticas razones, aunque, según espero, no con igual derecho objetivo; pero él, a su vez, esperará lo mismo. Con todo, hay ciertas diferencias en la conducta de los hombres, calificadas por la ética como «buenas» y «malas», sin tener en cuenta para nada sus condiciones de origen. Mientras no hayan sido superadas estas discrepancias innegables, el cumplimiento de los supremos preceptos éticos significará un perjuicio para los fines de la cultura al establecer un premio directo a la maldad. No se puede eludir aquí el recuerdo de un sucedido en el Parlamento francés al debatirse la pena de muerte: un orador había abogado apasionadamente por su abolición y cosechó frenéticos aplausos, hasta que una voz surgida del fondo de la sala pronunció las siguientes palabras: Que messieurs les assassins commencent!

La verdad oculta tras de todo esto, que negaríamos de buen grado, es la de que el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por consiguiente, el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo. Homo homini lupus: ¿quién se atrevería a refutar este refrán, después de todas las experiencias de la vida y de la Historia? Por regla general, esta cruel agresión espera para desencadenarse a que se la provoque, o bien se pone al servicio de otros propósitos, cuyo fin también podría alcanzarse con medios menos violentos. En condiciones que le sean favorables, cuando desaparecen las fuerzas psíquicas antagónicas que por lo general la inhiben, también puede manifestarse espontáneamente, desenmascarando al hombre como una bestia salvaje que no conoce el menor respeto por los seres de su propia especie. Quien recuerde los horrores de las grandes migraciones, de las irrupciones de los hunos, de los mogoles bajo Gengis Khan y Tamerlán, de la conquista de Jerusalén por los píos cruzados y aun las crueldades de la última guerra mundial, tendrá que inclinarse humildemente ante la realidad de esta concepción.

Por supuesto sigue un poco más pero creo que con esto se entiende lo quise decir...

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Re: Amor al prójimo
por: Abel (81.203.129.---) - 15-feb-2012, 18:43:38

Podrá parecer chocante a una primera lectura, pero es como dices, Ewan: nos saca de la modorra de considerar que ese mandato bíblico tan trascendente sea una cosa fácil de comprender y cumplir de suyo, por el solo imperativo de nuestra naturaleza.

Muchos en la actualidad, incluidos muchos cristianos, no quieren ni oír hablar de lo malos que somos, o al menos de cuán impotentes somos para salir de nosotros mismos.


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Re: Amor al prójimo
por: Gerard (46.24.238.---) - 15-feb-2012, 21:08:07

'amarás al prójimo como a ti mismo' es un mandato, un mandamiento, o es una verdad? (una verdad q dice, en otras más imperfectas palabras, q tal como amamos a los demás estaremos amándonos a nosotros, y viceversa)


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El mundo escucha de buen grado a los maestros, cuando son también testigos.
Benedicto XVI.

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Re: Amor al prójimo
por: Gerard (46.24.238.---) - 15-feb-2012, 21:29:15

aparte de lo anterior, vendría una crítica del texto.

si todos asentimos al primer párrafo, tendría q decirnos q estamos como un cencerro.

termina con la pregunta: "¿A qué viene entonces tan solemne presentación de un precepto que razonablemente a nadie puede aconsejarse cumplir?"

no me extraña el ovillo mental q se le va haciendo partiendo de sus consideraciones.

Mi amor es para mí algo muy precioso, que no tengo derecho a derrochar insensatamente.

es un ejemplo claro de como el pensamiento, en su afán de logicalizarlo todo y de ser riguroso es su proceder, cosifica todo, objetiviza todo, racionaliza todo, y reduce la razón.

pero la verdad es que parte de una postura en q la razón ya la tiene reducida: no es capaz de reconocer cuando habla un maestro (en su sentido antiguo), no es capaz de intuir el sentido q da a las palabras quien las habla,...


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Re: Amor al prójimo
por: Pura Alma (201.172.203.---) - 17-feb-2012, 15:00:57

Y pregunto: Si no podemos comprender y llevar a la vida ese mandato... ¿Pretendemos o decimos que queremos conocer a Dios?

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Re: Amor al prójimo
por: Pura Alma (201.172.203.---) - 17-feb-2012, 15:02:41

Un cariñoso saludo Abel, tenía años de no leerles aquí.... con ustedes aprendí mucho... les tengo en mi corazón y en mis oraciones... Dios bendiga esta labor...

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Re: Amor al prójimo
por: Abel (81.203.129.---) - 17-feb-2012, 15:32:50

Muchas gracias, Pura Alma.

Lo que dices es cierto, nuestro "conocimiento de Dios" es muchas veces una sarta de orgullosas pretensiones que no resisten la prueba del amor al prójimo, pero, como dice un poeta «si el lirio da a los precipicios, qué le vamos a hacer...», es decir, no podemos menos que ir arriesgando -una de cal, una de arena- un poco de conocimiento de Dios, con todo el peligro de presunción que ello tenga, porque puede que ese mismo intento nos lleve a descubrir que al lado están los otros, que también buscan a Dios y le conocen, no menos imperfectamente que cada uno de nosotros.


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«Mi corazón está vacío de verdadero saber, acógele entre tus brazos.»

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Re: Amor al prójimo
por: gladys (i) (83.46.46.---) - 26-feb-2012, 21:50:31

REalmente decir que nunca me ha costado sentir el amor al projimo, seria mentir,pero cuando pongo mi alma en disposición a la mañana al levantarme, o cuando a la noche pienso en lo hecho o dicho o no dicho y pido perdon con el corazón, se que estoy tratando de hacer el camino y tratando de amar, no tengo en cuenta tantas otras lecturas no opiniones, aunque no descarto ser uno de lso lirios de los que hablan el

2poeta· y ABEL

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Re: Amor al prójimo
por: mgb (i) (190.191.143.---) - 26-feb-2012, 23:54:08

Hay que sacarse el orgullo de creerse el centro de todo o un dios. Dios nos dio la libertad y no es un mandato el amar al prójimo, lo hacemos voluntariamente por amor a Dios, aunque rechace ese acto. De no hacerlo, como dice Gerard, al racionalizar tanto, se reduce la razón.

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Re: Amor al prójimo
por: Maite (83.59.107.---) - 01-mar-2012, 11:18:30

El amor al prójimo, como esta en el cristianismo claro que es díficil, o, más bien diría que imposible, empezando, porque no es sólo al prójimo, a quien manda amar; prójimo significa “ cercano”; si no que se extiende a los que están lejos, y, no en metros, o, millas, si no en sentimientos.

Además no pide sólo amar al que te hace daño personalmente, que “ ya vale”; si no que va más lejos; y, tienes que amar, al que hace daño a los que quieres, a que hace daño al indefenso; y, eso, sin descuidar el amor al cercano, a la víctima; a ti mismo, en el A. T. la medida del amor al prójimo, que repito era el cercano, era uno mismo;

“ amaras a tu prójimo com a ti mismo”

En el Nuevo, a este matiz, se le añade otro, primero el modelo es el Padre, o, sea Dios, y, el modelo de Amor Jesús, “amar como yo, os he amado”. Claro esta, ese amor no es natural, es sobrenatural, es el Amor del Espíritu Santo, por ello el amor al prójimo en cristiano no es natural, es sobrenatural; sólo Dios puede hacerlo, moviendonos, y, amando desde nuestro interior, y, eso va poco a poco.

Cierro con un ejemplo, el perdón, que no significa que no hallá dolido el daño hecho, y, que no es lo mismo, que una vecina te destiña la colada, que ser víctima en uno de los tuyos de un asesinato; pero en ámbos casos, tan distintos, el perdon no es fácil, no me refiero a decir “ no pasa nada” si no a perdonar de verdad, a tener el perdón dispuesto como regalo, en el segundo caso, tiene que ser casi imposible, que engloba, desde “ perdono porque no quiero vivir con eso, en la mente, quiero olvidarlo, porque si no van a cabar conmigo, hasta llegar al perdón, porque el asesino es tu hermano, a desear, y, procurar su bien”; o sea, algo humanamente imposible. Porque no es natural

Es sobrenatural

Por eso los mártires, que por Dios, con Dios, y, en Dios lo viven asi, son los primeros en el Reino

Un abrazo

Maite

“Ante ti, pongo bendición y maldición”

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Re: Amor al prójimo
por: Abel (81.203.129.---) - 01-mar-2012, 15:05:21

Lo bueno del asunto es que, aunque el listón esté puesto muy alto y solo los grandes santos lleguen a amar al prójimo de esa forma, , cualquier grado inferior en que realicemos el amor al prójimo es ya una conquista. Librados a nosotros mismos no lo haríamos, así que si no conseguimos amar a todos, pero aunque sea comenzamos por desparramar un poco de cuidado, en vez de odio o indiferencia, por los que nos rodean, ya estamos avanzando.


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Re: Amor al prójimo
por: Maite (83.59.107.---) - 03-mar-2012, 12:40:25

Es cierto, como en todo, hay que comenzar " pasito a pasito"; de hecho los heroes, que son los mártires; no empezaron a practicar el Amor, ese día, si no que lo fueron tomando en pequeñas dosis.

Muchas veces podemos en nuestra imaginación, " la loca de la casa" segun Santa Teresa; estar dispuestos a hacer por los demás actos si no heroicos, si que dejen una estela. Amigos dispuestos a criar los hijos de sus amigos si estos mueren, a cuidarlos en un hospital meses si es preciso, son los mismos, que son incapaces de quedarse 1 noche, con los crios de ese mismo amigo, para que él y su señora, puedan tener una segunda luna de miel, aunque sea muy pequeña.

Personas, que en su mente, están dispuestas a dar la sangre, pero que son incapaces de desprenderse de un objeto, que otro necesita, por si se estropea

Gente, que ve facilisimo que las victimas de la violencia, perdonen a los verdugos de sus seres queridos, pero que en el super casi llegan al "asesinato" con la señora, que cometió, el grave crimen de pasar delante, o, con la cajera que se entretuvo, 2 mínutos hablando con otra compañera.

Son pequeños casos, en los que más ó menos todos hemos caído, o casí todos, y, es ahi, precisamente, donde hemos de empezar a practicar, para estar entrenados si llega el momento grande, que mejor que no llegue

Un abrazo

Maite

"Ante, ti, pongo bendición y maldición"

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Re: Amor al prójimo
por: Abel (81.203.129.---) - 03-mar-2012, 14:53:55

Jesús dice que "el que es fiel en lo poco, lo es en lo mucho". La frase, leída suelta, es bastante disparatada, y manifiestamente fuera de la experiencia de cualquier persona: es muy fácil no robar una manzana si nadie me ve, pero esa "honestidad" no es garantía de que no robara un millón de euros si me aseguran de que no voy a ir preso. La mayoría de los corruptos son gente que es fiel en lo poco.

Sin embargo, los contextos en los que Jesús dice esa frase son parabólicos (Mateo) o irónicos (Lucas), por tanto habría que ver, es digno de estudio si a lo que se refiere Jesús es a la experiencia normal con las cosas, es decir, si se refiere a ser fiel con "cosas", o de qué está hablando.

Viendo la aplicación en san Mateo (25), lo "poco" es lo que se nos da como talento en este mundo, y lo "mucho" no es mucha riqueza ni muchas cosas, ni nada "muchamente" mensurable, sino: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor."

¡Lo "mucho" de lo que habla es todo! es entrar en el gozo del Señor.

Creo que la frase, que no tiene aplicación en el mundo cotidiano, ni mucho menos en el mundo económico, sirve muy bien para expresar la economía del amor, que es siempre inversa: lo poco es siempre algo cercano, y lo cercano, lo "prójimo" es siempre lo más difícil de amar. Cualquiera ama "al gran pueblo chino", lo dfícil es amar al chino de enfrente. Eso es "lo poco" en cuyo ejercicio de fidelidad nos vamos preparando para cuando sólo reste el amor, y entonces ya no será ni poco ni mucho, sino todo.


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