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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
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id: 62129
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LA CAUSA DE LA CRUZ
por: TALITA KUMI (i) (190.124.168.---) - 26-dic-2013, 20:53:55

Hola a tod@s. Desde hace un tiempo me vengo preguntando una cosa. Yo escuché, me dijeron, que nosotros no merecemos lo que Jesús hizo en la cruz. Es indudable que jamás conseguiremos devolverle lo que hizo por nosotros -darnos salvación y vida eterna-, sin embargo a la vez me persigue una pregunta, que más bien tene que ver con un razonamiento y con mi formación en humanísticas. De hecho yo amo el humanismo y sus logros a través de la historia, sin embargo he oído hablar muy mal de él, como si se opusiera per sé a la naturaleza del cristianismo (más bien cristocentrismo). Lo cual es absolutamente cierto en un punto, aunque en otro ésta puede ser una idea muy peligrosa cuando se impone por un intento de dominación. A la vez creo que es una pregunta muy profunda y no sé si tenga resolución, pero algo me anima a hacerla.

¿Acaso Dios nos daría a su hijo si nosotros no merecíeramos salvación a través de Él? Es decir: ¿qué fue lo que motivó la entrega de Jesús en la cruz? ¿Lo hubiese hecho si no lo mereciéramos? ¿No hay dentro de nosotros algo precioso -la biblia dice que somos preciosos para Dios- que merece ser salvado, algo que ni siquiera nosotros conocemos? ¿No es éste un motivo mayor para ser cada día mejores, a través de la infinita gratitud que esto debería provocar? (en todo cristiano, sea de la denominación que sea).

¿Me pueden recomendar alguna lectura bíblica al respecto?

Un saludo

Para que sean Uno, así como nosotros.

id: 62130
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Re: LA CAUSA DE LA CRUZ
por: Abel (81.203.151.---) - 26-dic-2013, 23:01:25

Lo que pasa, Talita, es que la palabra "merecer" y todas sus relacionadas tienen un sentido completamente específico en la teología.

Como suele ocurrir con los tecnicismos (de cualquier especialidad), cuanto más propia y ajustada a un sentido específico se vuelve una palabra, más se aleja de la comprensión intuitiva y espontánea.

¿Merece el hombre ser salvado? sí, por supuesto, eso hay que afirmarlo sin reservas, y no hay ninguna teología de ninguna confesión (diría que ni cristiana ni no cristiana) que lo niegue.

En ese sentido, toda religión es humanista, del momento en que lo que propone (sea como sea que lo haga) es el retorno del hombre a Dios, la "religación", según la difundida etimología de la palabra.

No hay ninguna teología cristiana que abogue por una especie de estupidez de Dios de salvar a un hombre que no vale lo suficiente como para merecer ser salvado. Hasta ahí lo que es el sentido espontáneo e intuitivo de la palabra "merecer".

Ahora bien, la palabra "merecer" tiene relación con el problema del "mérito", que es un grave problema teológico. La cuestión se formularía así: ¿Está obligado Dios por algún mérito propio del hombre a salvarlo, de tal modo que si no lo salvara resultaría cometer una injusticia? El problema del mérito resulta ser así el problema de la libertad divina, sin la cual no hay libertad humana: ¿Es Dios libre de salvar al hombre, de tal modo que nunca comete injusticia, ni si lo salva ni si no lo salva?

Por supuesto que el judaísmo no formulaba teóricamente que Dios estuviera obligado a salvar a su pueblo, y el AT siempre se ha cuidado bien de poner en el origen de la salvación un acto gracioso de Dios, nunca un mérito humano, pero la insistencia en la teología de la Alianza y en las promesas salvíficas atadas al cumplimiento de la Ley hacían que en la práctica, en la conciencia del creyente, se fuera formando ese callo con el que tanto peleó Jesús: el legalismo, que pretende "obligar" a Dios, el del hermano mayor de la parábola del hijo pródigo: "tanto hace que te sirvo, y nunca me has dado ni un cabrito...".

El mismo callo que se nos forma a los creyentes "viejos", los que ya no recordamos el origen gracioso de nuestra fe: ¿cómo no va a salvar Dios a {mi iglesia, los míos, mi familia, mí mismo}, si di/dimos toda la vida por él... hace tanto que lo servimos...

El creyente siempre se siente atraído por exaltar su mérito frente a Dios, así que viene bien que las lecturas bíblicas, y la teología de cada confesión, en sus propiso términos, nos recuerden que somos creyentes porque Dios nos puso en esto, no porque hicimos algo mejor que los demás para serlo. No lo merecemos.

Merecemos, sí, la salvación en un sentido humanístico: somos seres humanos, y como tales Dios nos ama entrañablemente, pero no la merecemos unos más que otros, no la merece el cristiano cumplidor más que el desastre moral o el adorador de ídolos, no la merece Gandhi más que Hitler.

El mérito humano es igual para todos, es el mérito creatural: Dios nos ha creado por un acto de amor personal, y eso es ya su salvación aplicada a cada uno de nosotros. El mérito religioso ante Dios proviene de su gracia (y por tanto no es mérito en el sentido habitual del término): ha saldado en la cruz toda deuda de justicia, y cuenta el mérito desde ahí, y si volvemos a caer, sólo espera que regresemos, para poner el reloj a cero otra vez, y volver a la cuenta, y no una, ni siete, sino 70 veces 70.


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«Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas a quien se refugia a tu diestra.» (S 17)

id: 62132
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Re: LA CAUSA DE LA CRUZ
por: Invitado (i) (190.124.168.---) - 27-dic-2013, 07:21:16

Una de las primeras cosas que me dijeron en mi iglesia es que no todos somos hijos, sino que todos somos criaturas de Dios. Yo esto no lo entendía. Yo siempre pensé que hijos somos todos, que no hay elegidos ni predestinación (sé que ese es un asunto teológico también). Pero ellos me señalaron la parte de la biblia en que dice que nuestros nombres estaban escritos en el libro de la vida antes de la fundación del mundo. No me dieron ninguna otra explicacion. Luego una tarde, mientras dormía, escuché una vocecilla que me decía claramente al oído: "Hijos de Dios son quienes le reconocen". Y me desperté. Entonces entendí.

Dices que no hay ninguna teología de ninguna confesión que niegue que el hombre no merece ser salvado. Ven a latinoamérica y presta atención lo que dicen en la iglesia evangélica Lo repiten una y otra vez. Nosotros no lo merecemos, así que hay que estar agradecidos. Tal como lo sueltan, no hay teología seria detrás, es sólo un asunto normativo. Yo tampoco tengo acceso a una teología ni nada de eso, supongo que estas limitaciones ayudan a que la gente lo acepte sin más.

Hay mucha contradicción, en plan de que si bien por un lado no lo merecemos, por el otro me dicen que nosotros, por ser cristianos, llevamos una vida de victoria. ¿Qué es una vida de victoria? Esto es porque el diablo es un enemigo vencido (aunque siga campando a sus anchas, está vencido). Entonces yo tengo que hacer un esfuerzo mental supremo para creérmelo, porque ni veo que el diablo esté vencido, ni veo que ellos lleven una vida de victoria, ni me creo que lo que no pasa por Dios pasa necesariamente por el diablo. También está lo que la escritura llama la carne, que es cosa del hombre, ¿o no? Resulta que Dios no creó al diablo, sino que éste se creó solo. Porque Dios no puede crear nada que sea imperfecto, de acuerdo. Entonces surge la pregunta del millón: ¿qué sentido tendría el libro albedrío sin el diablo? ¿Y cómo vamos a subestimar a Dios pensando que el diablo se tentó a si mismo y secuestró al hombre en el jardín del Edén?

Un pastor "rebelde" hace poco escribió lo siguiente:

Al creer que Satanás es el enemigo de Dios, lo estamos situando en la misma clase de ser que es Dios, creándonos un concepto de él de segundo creador que no existe. Por lo tanto, nunca más vuelvas a decir que Satanás es enemigo de Dios. Satanás es creación de Dios y, por lo tanto, está sujeto a su señorío. En todo caso, mientras vivas aquí en la tierra, Satanás puede ser tu adversario, tal como su nombre lo consigna.

Si creemos que Dios creó a Lucero o Lucifer bueno y perfecto, y que después le fue encontrada iniquidad; en realidad estamos diciendo que Dios perdió a un ser creado perfecto que debió haber sido tentado o seducido por otra criatura desconocida.

Si este es nuestro concepto entonces al enemigo lo vemos como a alguien con un poder ilimitado y pervertido (aún en su posición de caída). Muchos de nosotros tendemos inconscientemente a verlo como superior en jerarquía, y esto nos lleva a pensar en medio de toda nuestra práctica de guerra espiritual, que en verdad no podemos destruir sus obras debido a nuestra falta de fe producida por el concepto inconsciente que tenemos de él. Este concepto no es enseñado por nuestra doctrina, pero es producido por ella.

Y ahí me empecé a caer del guindo.

Tienen que haber explicaciones adultas para estas cosas. El problema es que tengo poco acceso, como te decía, a info de calidad porque lamentablemtne vivo en un país u un continente colonizados y maniatados, ni hablar de mi pequeña ciudad. Así que me veo forzada a recurrir a esto.

Y mi decepción es cada día mayor.

id: 62133
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Re: LA CAUSA DE LA CRUZ
por: Abel (81.203.151.---) - 27-dic-2013, 10:43:52

[Resultó un pequeño tratado, pero creo que puede ayudarte y ayudar a otros]

Choque los cinco con el pastor rebelde, ese sabe teológicamente lo que está diciendo. Efectivamente, la teología popular sobre el demonio, ya sea en los grupos cristianos menores, en las iglesias protestantes mayores, o en el catolicismo, es maniqueísmo liso y llano: un co-dios del mal que permite convertir el misterio del mal en problema del mal, para poder resolverlo lógicamente.

La mente se queda tranquila por un tiempo -y a veces para siempre- porque siente que hay lógica en la explicación. Habitualmente pasa de allí a resolver otros problemas, y ya no se vuelve a preguntar, pero si se llega a preguntar de nuevo por la falta de lógica de esa explicación infantil, termina pateando el tablero de la fe.

El tiempo de formación, el tiempo en que una persona se hace preguntas acuciantes y está abierta y receptiva a respuestas no hay que ocuparlo en cuentos de viejas ni en explicaciones absurdas, sino en ayudar a que el catecúmeno aprenda a distinguir entre un problema -que se resuelve-, y un misterio -que se contempla y celebra-.

El problema del mal es un problema del mundo. Para el mundo no hay otra cosa que problema del mal: «¿por qué los hombres mueren y no son felices?» así lo formula un personaje de Camus, un personaje a-teo. Cuando no hay Dios, el mal es un auténtico problema: por qué sufren los inocentes, por qué la naturaleza se ceba con los pobres, por qué los poderosos no son nunca castigados, por qué la felicidad acaba más rápido que la desdicha...

Poéticamente lo dice el salmo 73:

¡Qué bueno es Dios para el justo,

el Señor para los limpios de corazón!

Pero yo por poco doy un mal paso,

casi resbalaron mis pisadas:

porque envidiaba a los perversos,

viendo prosperar a los malvados.

Para ellos no hay sinsabores,

están sanos y orondos;

no pasan las fatigas humanas,

ni sufren como los demás.

Por eso su collar es el orgullo,

y los cubre un vestido de violencia;

de las carnes les rezuma la maldad,

el corazón les rebosa de malas ideas.

Insultan y hablan mal,

y desde lo alto amenazan con la opresión.

Su boca se atreve con el cielo.

Y su lengua recorre la tierra.

Por eso mi pueblo se vuelve a ellos

y se bebe sus palabras.

Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber,

se va a enterar el Altísimo?"

Así son los malvados:

siempre seguros, acumulan riquezas.

Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón

y he lavado en la inocencia mis manos?

¿Para qué aguanto yo todo el día

y me corrijo cada mañana?

Si yo dijera: "Voy a hablar como ellos",

renegaría de la estirpe de tus hijos.

Meditaba yo para entenderlo,

pero me resultaba muy difícil;

hasta que entré en el misterio de Dios,

y comprendí el destino de ellos.

Fíjate, meditaba para entender y no lo conseguía, porque lo que hacía falta era entrar en una comprensión, en una contemplación del misterio divino.

Tampoco el salmo, escrito centurias antes de Cristo, acierta con la contemplación adecuada, porque aun mira la cuestión centrándola en sí mismo, en su propio destino, pero al menos distingue bien qué clase de mirada es inadecuada y cuál es pertinente en este asunto.

Aplaquemos, sin embargo, un poco a la lógica, para que no nos moleste al contemplar: no hay nada en el universo que sea malo, el mal no es una propiedad del ser, de ningún ser: ni las fuerzas ciegas de la naturaleza son malas, ni las fuerzas personales de los hombres malvados son malas, ni la fuerza transpersonal del demonio es mala. El universo está creado para un equilibrio, y no le falta ni le sobra nada, no hay mal en él.

La naturaleza por sí misma realiza un cosmos, una armonía, y no hay ni una acción que la desequilibre. Incluso la extinción de especies es parte de la infinita creatividad de una naturaleza hecha para reproducir a lo largo del tiempo la creatividad y belleza in-temporal de Dios; la extinción de una especie, los movimientos de los mares, la emergencia e inmersión de tierras, multiplicados en todo el universo, no sólo en nuestro planeta, son sólo una minúscula muestra instantánea -siempre en cambio, para poder expresar un nuevo aspecto- de una belleza que es total y simultánea en Dios.

El hombre, sin embargo, no forma parte de ella, no es naturaleza (aunque, por supuesto, es tan material como ella). La infinita creatividad de la naturaleza, es en el hombre infinita creatividad de la acción, del comportamiento. El lugar propio de la naturaleza es la necesidad (Nietzsche lo decía con una fórmula perfecta: "la naturaleza no tiene leyes, sólo necesidad"), todo ocurre como y porque tiene que ocurrir. El lugar propio del hombre es la libertad: emerge de nada, y tiene un tiempo limitado para reproducir en su vida algún aspecto, propio y específico para cada uno, de eso que todos somos: imagen de Dios. En nuestra libertad, con nuestras acciones, lo vamos realizando.

Sin embargo, aquí aparece el primer aspecto del misterio de la libertad: la libertad no es nunca abstracta, es histórica, es algo realizado en el tiempo. No "tenemos" libertad, sino que vamos desplegándonos en relación a ella, conquistando libertad. Si la libertad la tuviéramos, sería mejor no ejercerla, porque con cada elección te determinas, dices "sí" a una cosa, lo que conlleva automáticamente un "no" a todas las que son incompatibles con ese "sí". Quiero mate es no-quiero café, ni té, ni agua, ni zumo, etc... pero en realidad, en tanto que no "tenemos" libertad, sino que la conquistamos, con cada "sí" agregamos a nuestro ser "historia posible", nuestros "sí" abren nuevos campos de realización. "Quiero mate" abre todo lo que venga tras él, lo que venga con él, y que dará lugar a nuevas elecciones, a más libertad, no a menos.

Ahora bien, como todo lo que es, la libertad entraña peligro, porque no decido sólo por mí, sino por todos los hombres. Cuidado, esto puede entenderse en sentido moralista: "haz tus elecciones de modo que puedan ser ley para todos". Ese precepto de la moral kantiana es falso: cada hombre tiene un camino propio a recorrer, no está trazado de antemano, pero es el resultado de cada una de sus microelecciones, así que nunca una elección nuestra puede ser ley para nadie más que para nosotros mismos, que quedamos determinados en ella. Se reprocha a veces la práctica de los consejos evangélicos con ese argumento kantiano: "¿qué pasaría si todos renunciaran a las riquezas {o al amor humano, o a la propia voluntad}?" La respuesta es que Dios no quiere uniformes, no propuso que todos renunciaran a todo, sino que quien siente ese llamado en sí, lo realiza, y agrega un nuevo rostro de Dios en el mundo: "si yo quiero que se quede hasta mi venida, ¿a ti qué? tú sígueme" (Jn 21,22).

El camino de la libertad personal es algo propio y único de cada ser humano, y es por completo irrepetible, además de misterioso e indescifrable en cuanto a su totalidad (porque expresa aspectos de la interioridad misma de Dios); pero sin embargo, en tanto es real, deja huella en la historia de los hombres, los que vienen viven siempre una historia distinta, parados en nuestra libertad. En la historia de la libertad nada se repite, muchas cosas se parecen, pero ninguna es idéntica a otra. Los que vienen viven en una historia que tendrán que realizar, pero que no eligieron.

La libertad puede rebelarse contra Dios. A diferencia de la naturaleza, el hombre es siempre invitado por Dios, y puede decir "no". No es un defecto, sino una propiedad íntima de la libertad: un don y una carga. Cuando nos rebelamos, cuando pronunciamos el "non serviam" (no serviré) no perdemos la libertad, pero esa libertad ya no expresará la belleza y libertad del ser divino, sino nuestra propia nada, queriendo tenerlo todo, nos quedamos con nosotros mismos, con nada, vapor, humo de paja. El pecado es siempre negarle a Dios el servicio que nos pide, servicio único para cada uno y para cada momento.

No hace falta que ya exista el mal en el mundo para que el hombre peque por primera vez, no hace falta ningún malvado tentando al hombre con antelación. Lee bien el diálogo de la serpiente y la mujer en el relato de Adán, y verás que el personaje de la mujer ya miró torcido a las intenciones de Dios, antes de que la serpiente soltara su rollo, sólo sobre la base de un ser humano que está dispuesto e interiormente determinado al "non serviam", la tentación tienta. Quizás por eso pedimos en el Padrenuestro "no nos metas en la tentación" (la versión original es más fuerte que la edulcorada nuestra), porque cuando estamos metidos en ella, es porque ya hemos prounciado el "non serviam"; la tentación sólo determina en qué aspecto manifestaremos nuestra mala acción, pero el pecado es antecedente. Sólo por gracia podemos triunfar en la tentación, porque ese triunfo es de Cristo, no nuestro.

Pero estaba con que cada elección de cada uno elige y erige un nuevo mundo para los demás, así que en tanto el primer hombre pronunció el "non serviam", metió el pecado en el mundo, abrió un surco de caída en la historia, una historia que va empantanándose cada vez más con cada nuevo "non serviam". No podemos salir de ella solos, es una historia de pecado y caída, de hundimiento. No es que no haya entre los hombres verdadera devoción, pero esa devoción humana, ese religamiento es siempre algo nostálgico: suplicamos a Dios una fuerza que no tenemos, para rehacer no sólo nuestra vida, sino toda la historia, la de nuestros antepasados, hasta Adán. Somos responsables de cada pecado, y al mismo tiempo lo sentimos como una fuerza que nos arrastra, que se nos impone: "¿No es cierto que si obras bien podrás alzar tu rostro? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia", le dice Dios a Caín en Gn 4,7, tremenda síntesis del pecado como libertad y como fuerza. Tremendo misterio el del mal, que contagia incluso a la naturaleza, cuya necesidad se vuelve contra la debilidad del hombre.

Sólo nosotros, los cristianos, podemos ver de un pantallazo a la vez el peligro y la grandeza de la libertad. Pero no porque seamos genios, ni más inteligentes que los demás, sino porque podemos mirarlo en el único hombre creado a imagen de Dios que inauguró un nuevo curso de la historia, desde cero: Cristo. El gran signo de su concepción virginal tiene que ver con eso: con la inauguración de una historia nueva.

Cristo no hizo en su vida otra cosa que elegir, elegía una y otra vez servir a Dios, aceptó absolutamente la voluntad de Dios, expresada en las formas más horribles de un mundo caído: en manos de los poderosos, de los legalistas, de los hipócritas, de los falsos creyentes, y en cada una de las situaciones sólo dijo "serviam": "que se haga tu voluntad, no la mía". Incluso invitó a los discípulos a decirlo, aunque ellos estaban durmiendo.

El camino del servicio a Dios lleva a la vida, lo llevó a Cristo a la resurrección, y quedó abierto para cada creyente. Podemos elegir a qué historia pertenecer, porque ahora hay dos; podemos incluso caer temporalmente en la historia de pecado, y volver al camino del servicio; ya no hay sólo una humanidad adánica, hay junto a ella una humanidad crística. Sabemos por el ejemplo de los mártires y de los santos que es posible para el hombre elegir en la elección de Jesús, para ello hay que despojarse del deseo de ser la medida de las cosas, que es lo propio de la historia adánica, y dejar que Cristo sea todo en nosotros, hasta que sea todo en todos.

Me olvidaba del demonio. Sinceramente no soy muy de demonio. No digo que no exista (la palabra existencia aplicada a realidades espirituales no significa nada), sólo digo que es el bufón de la corte divina, el Satán del prólogo de Job. Un personaje oscuro y secundario, como esos asesores de los políticos que cuando necesitas algo se dan importancia: "habla conmigo que yo tengo acceso directo al gran jefe". Quien se cree eso, termina dejando su libertad mucho peor que en sus propias manos, en manos de alguien que por toda la eternidad no ha sabido elegir ni ha sabido decir otra cosa que "non serviam".

El hombre está hecho para el servicio, no para la esclavitud sino para el servicio, y finalmente, quien no sirve a Cristo sirve al demonio, pero no porque el demonio tenga poder, sino porque el hombre se lo delega cuando abandona al verdadero Señor.

El demonio no es nada sin el hombre, ni el hombre es nada sin Cristo, quien "canceló la nota de cargo que había contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, y la suprimió clavándola en la cruz. Y, una vez despojados los Principados y las Potestades, los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal..." (Col 2,14-15).

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«Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas a quien se refugia a tu diestra.» (S 17)

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Re: LA CAUSA DE LA CRUZ
por: Talita Kumi (i) (190.124.168.---) - 27-dic-2013, 21:20:30

Te mataste escribiendo esto

No sé qué hacer, si hacerme chiita o pasarme a la católica. O volver al budismo.

(Tómese como broma todo lo anterior). Punto aparte.

Está muy bueno y me lo guardo para no perderlo, porque siento que viene de alguien que hace un verdadero apostolado. De todas maneras contiene mucha filosofía, lo cual celebro, ya que llevo 2 años viviendo en el limbo, con un libro testimonial a medio escribir lleno de prejuicios en los que en realidad no creo -y otras verdades en las que sí.

Decís:

La mente se queda tranquila por un tiempo -y a veces para siempre- porque siente que hay lógica en la explicación. Habitualmente pasa de allí a resolver otros problemas, y ya no se vuelve a preguntar, pero si se llega a preguntar de nuevo por la falta de lógica de esa explicación infantil, termina pateando el tablero de la fe.

Es exacto lo que me está pasando a mí. Con una salvedad: yo no he perdido la fe. Mi interés hacia Dios es cada vez más grande, pero estoy perdiendo fe en la gente de mi iglesia. Yo tergiversé el mensaje de Dios endilgándoles a ellos la bondad que en realidad siempre viene de Dios. Siento decir esto, pero éste es el gran peligro de la iglesia y de su rutina dentro de países como el mío: atraer a la gente por la desgracia y después dejarla tirada si hacen alguna pregunta incómoda. No sabes cómo siento decirlo. El pastor rebelde que te cité es igualmente fundamentalista (lo cual puede hacerlo todavía más peligroso porque sabe más de teología y es censurador) pero tiene alguna cosita interesante.

La verdad: a mí en lo personal la iglesia católica no me hizo ningún daño. El que me hizo daño fue mi padre, que era católico y fundamentalista. ¿Y por qué te cuento esto? Porque sos católico y me hace sentir rara entrar en un portal y hablar con alguien que no conozco y que no obstante se toma la molestia de escribirme un minitratado por internet, resultando de todo esto la gran paradoja de que sea un católico el que me explique asuntos que no pueden responder en mi iglesia. Dirás: "es lógico, ellos son los bebés del cristianismo". ¿Y pensás que no lo sé? Pero también sé que cuando yo necesité hablar con un hombre de Dios porque acababa de llegar a un país donde nuestra propia familia nos rechazó, el cura estaba ocupado. Que conste que primero fui al cura (estoy bautizada y tomé la comunión). Y después fui al pastor, que no estaba ocupado y se tomó la molestia de llamar a una mujer de la congregación, que apareció a la media hora para llevar mi caso. ¡¡¡Era todo tan perfecto que no me lo podía creer!!! ¡¡¡Ascenso directo al reino de los cielos!!!

El pastor rebelde (es de los que no creen en las congregaciones de iglesia al uso, de la línea de Frank Viola) me dijo hace poco: "Los bautistas tienen un diagrama tratamiento del nuevo hasta que deja de serlo". Yo ya no soy nueva, así que a otro perro con ese hueso, hermanita, chito y a colaborar. Sí que es infantil, sí que es estupidismo llevado sobre todo a las mujeres, que como sabemos vinimos al mundo nada más que para engendrar y traer más cristianitos al mundo. Es horrible que yo esté diciendo esto, ¿verdad? Y en un portal de internet. Pero qué puedo hacer, si ellos me consiguieron vivienda y algo que yo al principio pensé que podía llamar "amigos". La primera pregunta fue: ¿cómo puede ser que amando a Dios no amen las obras de arte que el hombre erigió por inspiración de Dios? ¡Qué ingenua! A veces los humanos nos movemos igual que las plantas: por naturaleza, y por ende, por necesidad. Pero ahora ya estoy instalada, y pienso (para ellos esto es pecado, evidentemente). Entonces me pregunto por qué yo tengo que pedirle permiso a mi pastor para congregarme en otra iglesia. Esto es muy arbitrario, y sí que mueve a mal, porque las personas que se pasan de una congre a otra sin pedir permiso son vistas como "conflictivas". ¿Y esto que tiene que ver con?

Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él

quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.

Como bien decís, Él no nos forzó a seguirlo (esto lo repiten en mi iglesia constantemente, pero se intuyen cosas que si sucedieran yo quedaría expuesta, así que mejor me callo). ¿Estaba Pedro celoso de Juan? A buen entendedor...

Decís:

La libertad puede rebelarse contra Dios. A diferencia de la naturaleza, el hombre es siempre invitado por Dios, y puede decir "no". No es un defecto, sino una propiedad íntima de la libertad: un don y una carga. Cuando nos rebelamos, cuando pronunciamos el "non serviam" (no serviré) no perdemos la libertad, pero esa libertad ya no expresará la belleza y libertad del ser divino, sino nuestra propia nada, queriendo tenerlo todo, nos quedamos con nosotros mismos, con nada, vapor, humo de paja. El pecado es siempre negarle a Dios el servicio que nos pide, servicio único para cada uno y para cada momento.

Esto explicaría por qué el árbol de la ciencia "era bueno para alcanzar la sabiduría".

Luego:

Lee bien el diálogo de la serpiente y la mujer en el relato de Adán, y verás que el personaje de la mujer ya miró torcido a las intenciones de Dios, antes de que la serpiente soltara su rollo, sólo sobre la base de un ser humano que está dispuesto e interiormente determinado al "non serviam", la tentación tienta.

No sé cuándo miró torcido las intenciones de Dios, eso en mi biblia no está Me dijeron que la biblia católica está llena de agregados y que relaciona el pecado original con el sexo (y yo creo que sí, porque la familia de mi padre es fundamentalista a tope y piensan eso). ¿Esto es verdad o es una deformación de la tradición o lo que sea?

Ya no hay sólo una humanidad adánica, hay junto a ella una humanidad crística.

Así es: Adán alma viviente, y Cristo espíritu vivificante... ¡bendito sea!

El hombre está hecho para el servicio, no para la esclavitud sino para el servicio, y finalmente, quien no sirve a Cristo sirve al demonio, pero no porque el demonio tenga poder, sino porque el hombre se lo delega cuando abandona al verdadero Señor.

Qué bueno, así es.

El demonio no es nada sin el hombre, ni el hombre es nada sin Cristo, quien "canceló la nota de cargo que había contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, y la suprimió clavándola en la cruz. Y, una vez despojados los Principados y las Potestades, los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal..." (Col 2,14-15).

A nosotros más bien nos repiten Efesios 6.12, porque da razón a lo que llamamos "guerra espiritual", que viene a ser TODO LO CONTRARIO de lo que vos me estás contando. Y cuando se ora, se "declara" (en unos términos legalistas que ya empiezan a hartarme) que el diablo no prevalecerá. ¿No será más bien que al darle tanta importancia al diablo lo que hacemos en realidad es atraerlo?

Por último: patear el tablero de la fe, no. En todo caso empezaré de nuevo, sin sentirme "culpable", sin miedo al diablo, y volviendo a ser yo, con mi propia voz transformada en un perfume que antes de conocer a Cristo ignoraba. Sin embargo, es un camino de cizaña donde el trigo se recoge con lupa. Por qué Dios permitió que yo llegara a él por esta iglesia es para mí un misterio maravilloso, y lo que lamento es no podérselo hacer entender a ellos. Yo quisiera, siempre soñé -desde chica- con una iglesia sin iglesia, sin estatutos, sin normativas, sin rituales, igualita a la que tenían los doce y después el cristianismo primitivo. Supongo que todos soñamos con eso en el fondo. Ahí es donde estáplantada la semilla del famoso ecumenismo del que tanto se habla y tan poco se practica.

Bendición

Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio (yo la primera).

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Re: LA CAUSA DE LA CRUZ
por: Abel (81.203.151.---) - 27-dic-2013, 22:50:14

Me alegra que lo que escribo te sirva para tu apropiación personal. Como comprenderás, aunque entiendo perfectamente lo que estás contando, no sería correcto que opinara. Me gustaría, sí, que tuvieras claro que no practico ninguna técnica de atracción, simplemente estoy en estos temas y siempre escribo largo.

Respecto de la Biblia: no, no interpolamos textos en ella. Tenemos en común con el protestantismo 66 de los 73 libros bíblicos, los otros 7 sí que los admite el catolicismo y la ortodoxia, pero no el protestantismo, es largo explicar por qué. 7 y algunos fragmentos de Daniel y de Ester, fuera de eso, lo demás es igual, a salvo las diferencias de traducción, cosa lógica (no hay dos traducciones iguales, ni siquiera comparando dos católicas o dos protestantes).

En particular, respecto de Gn 3, si usas Reina-Valera 1995, dice:

La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho, y dijo a la mujer:

–¿Conque Dios os ha dicho: “No comáis de ningún árbol del huerto”?

La mujer respondió a la serpiente: –Del fruto de los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: “No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis”.

Entonces la serpiente dijo a la mujer: –No moriréis. Pero Dios sabe que el día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y el mal.”.

Al ver la mujer que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, el cual comió al igual que ella.

Que es lo mismo que dice cualquier Biblia católica, salvando, como dije, las peculiaridades de traducción.

Y segunda parte: no, ninguna exégesis bíblica oficial afirma que la caída tenga que ver con el sexo, aunque hay que reconocer que es una exégesis popular bastante extendida, que atraviesa catolicismo y protestantismo por igual. Hay una serie de fantasías que surgen con el tema de la desnudez, el pecado, el embarazo, en fin... unas fantasías espurias pero bastante arraigadas, posiblemente el autor mismo estaba jugando un poco con esos conceptos al escribir ese maravilloso relato.

La exégesis del pasaje que te copié es bastante complicada como para desarrollarla en este momento, pero fíjate que es la mujer la que modifica el mandato de Dios -con lo que queda más terrible ("ni lo toquéis")-, sólo después la serpiente arremete con develar las supuestas malas intenciones de Dios.

En fin, un detalle que no hay que pasar por alto. Pero no te preocupes: todos lo pasamos por alto, porque nos conviene mucho más que la responsabilidad de la caída sea del demonio, y no tengamos nosotros, en el fondo, nunca la culpa de nada. La respuesta de Adán es el modelo de toda respuesta humana: "la mujer (ella) qué (tú) me diste por compañera me dio del fruto y comí". Desde aquellos tiempos hacemos lo mismo, la culpa siempre es de otro, y cuando no hay otro, pues el demonio, al que Dios creó, así que: Dios, la culpa de todo la tiene Dios, no hay duda.


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Re: LA CAUSA DE LA CRUZ
por: TK (i) (190.124.168.---) - 27-dic-2013, 23:55:30

bien. y luego me dicen que no lepreste atención a la psicología porque obviamente los psicólogos están todos locos (bueno, algunos sí). En fin.

Gracias por tus reflexiones

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