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El Testigo Fiel
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en Roma

“Hoy el Señor nos pide ser sembradores de esperanza”

22 de mar de 2017
Continuando su ciclo de catequesis sobre la esperanza, el Obispo de Roma dijo que, el Apóstol Pablo nos ayuda a entender mejor en que consiste esta virtud, para ello leyó y explicó Rm 15,1-6

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ya desde hace algunas semanas el Apóstol Pablo nos está ayudando a comprender mejor en qué consiste la esperanza cristiana. Y hemos dicho que no era un optimismo, no: era otra cosa. Y el Apóstol nos ayuda a entender qué es esto. Hoy lo hace uniéndola a dos actitudes aún más importantes para nuestra vida y nuestra experiencia de fe: la «perseverancia» y la «consolación» (vv. 4.5). En el pasaje de la Carta a los Romanos que recién hemos escuchado son citados dos veces: la primera en relación a las Escrituras y luego a Dios mismo. ¿Cuál es su significado más profundo, más verdadero? Y ¿En qué modo iluminan la realidad de la esperanza estas dos actitudes, la perseverancia y la consolación?

La perseverancia podríamos definirla también como paciencia: es la capacidad de soportar, llevar sobre los hombros, “soportar”, de permanecer fieles, incluso cuando el peso parece hacerse demasiado grande, insostenible, y estamos tentados de juzgar negativamente y de abandonar todo y a todos. La consolación, en cambio, es la gracia de saber acoger y mostrar en toda situación, incluso en aquellas marcadas por la desilusión y el sufrimiento, la presencia y la acción compasiva de Dios. Ahora, San Pablo nos recuerda que la perseverancia y la consolación nos son transmitidas de modo particular por las Escrituras (v. 4), es decir, por la Biblia. De hecho, la Palabra de Dios, en primer lugar, nos lleva a dirigir la mirada a Jesús, a conocerlo mejor y a conformarnos a Él, a asemejarnos siempre más a Él. En segundo lugar, la Palabra nos revela que el Señor es de verdad «el Dios de la constancia y del consuelo» (v. 5), que permanece siempre fiel a su amor por nosotros, es decir, que es perseverante en el amor con nosotros, no se cansa de amarnos: ¡no! Es perseverante: ¡siempre nos ama! Y también se preocupa por nosotros, curando nuestras heridas con la caricia de su bondad y de su misericordia, es decir, nos consuela. Tampoco, se cansa de consolarnos.

En esta perspectiva, se comprende también la afirmación inicial del Apóstol: «Nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos» (v. 1). Esta expresión «nosotros, los que somos fuertes» podría parecer arrogante, pero en la lógica del Evangelio sabemos que no es así, es más, es justamente lo contrario porque nuestra fuerza no viene de nosotros, sino del Señor. Quien experimenta en su propia vida el amor fiel de Dios y su consolación está en grado, es más, en el deber de estar cerca de los hermanos más débiles y hacerse cargo de sus fragilidades. Si nosotros estamos cerca al Señor, tendremos esta fortaleza para estar cerca a los más débiles, a los más necesitados y consolarlos y darles fuerza. Esto es lo que significa. Esto nosotros podemos hacerlo sin auto-complacencia, sino sintiéndose simplemente como un “canal” que transmite los dones del Señor; y así se convierte concretamente en un “sembrador” de esperanza. Es esto lo que el Señor nos pide a nosotros, con esa fortaleza y esa capacidad de consolar y ser sembradores de esperanza. Y hoy, se necesita sembrar esperanza, ¿eh? No es fácil.

El fruto de este estilo de vida no es una comunidad en la cual algunos son de “serie A”, es decir, los fuertes, y otros de “serie B”, es decir, los débiles. El fruto en cambio es, como dice Pablo, «tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús» (v. 5). La Palabra de Dios alimenta una esperanza que se traduce concretamente en el compartir, en el servicio recíproco. Porque incluso quien es “fuerte” se encuentra antes o después con la experiencia de la fragilidad y de la necesidad de la consolación de los demás; y viceversa en la debilidad se puede siempre ofrecer una sonrisa o una mano al hermano en dificultad. Y así es una comunidad que «con un solo corazón y una sola voz, glorifica a Dios» (Cfr. v. 6). Pero todo esto es posible si se pone al centro a Cristo, su Palabra, porque Él es el “fuerte”, Él es quien nos da la fortaleza, quien nos da la paciencia, quien nos da la esperanza, quien nos da la consolación. Él es el “hermano fuerte” que cuida de cada uno de nosotros: todos de hecho tenemos necesidad de ser llevados en los hombros del Buen Pastor y de sentirnos acogidos en su mirada tierna y solícita.

Queridos amigos, jamás agradeceremos suficientemente a Dios por el don de su Palabra, que se hace presente en las Escrituras. Es ahí que el Padre de nuestro Señor Jesucristo se revela como «Dios de la perseverancia y de la consolación». Y es ahí que nos hacemos conscientes de como nuestra esperanza no se funda en nuestras capacidades y en nuestras fuerzas, sino en el fundamento de Dios y en la fidelidad de su amor, es decir, en la fuerza de Dios y en la consolación de Dios. Gracias.

en Ecuménicas e interreligiosas

El cardenal Cañizares asegura que cerrar las fronteras por el terrorismo “sería una barbaridad”

En la Oración por la Paz celebrada en Valencia con líderes musulmanes, judíos, budistas, hinduistas y de confesiones cristianas.

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha asegurado esta tarde que “las religiones no separan sino que unen en una plegaria común para que Dios nos conceda la unidad y la paz” y ha añadido que cerrar las fronteras por el terrorismo “sería una barbaridad” ya que “la libertad religiosa es la base de todos los derechos humanos”, en referencia al atentado terrorista ocurrido ayer en Londres.

El terrorismo “no tiene nada que ver con el Islam” y “quien atenta de esta manera no cree en Dios, en absoluto”, ha subrayado el Arzobispo a preguntas de los medios de comunicación, antes del acto interreligioso de Oración por la Paz, celebrado por segundo año en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, junto con líderes en España de la religión judía, musulmana, budista e hinduista y las confesiones adventista, ortodoxa y evangélica protestante.

“Nos unimos para orar por la paz, conscientes de la situación de violencia, y de guerra en algunas partes, y nos duelen todos los atentados terroristas que contravienen la voluntad de Dios”, ha indicado ya en el acto. Por eso, “llorando el atentado de ayer, y tantos otros, nos reunimos para orar por el cese de toda violencia o amenaza contra el hombre, cada uno desde nuestra confesión, algo que haremos, año tras año, mientras dure esta situación de violencia”.

Durante el acto, al que se han sumado representantes de la Generalitat Valenciana y del Ayuntamiento de Valencia, así como de otras instituciones del ámbito religioso, político, social y cultural, se han intercalado momentos de oración de cada uno de los participantes religiosos, con tiempos de música y de oración, en silencio, por la paz.

Intervenciones de los líderes religiosos

Riay Tatary, presidente de la Comisión Islámica de España, ha mostrado su “condena y repulsa” ante el atentado en Londres y ha indicado que “hay un error al llamarlo terrorismo islamista o islámico porque es un terrorismo que no tiene apellido”. Igualmente, ha definido la Oración por la Paz convocada por el cardenal Cañizares en Valencia como “un acto ya consolidado y hay una promesa entre todos de trabajar juntos por la paz y por la convivencia”.

Moisés Bendahan, Gran Rabino de Madrid, en representación de la Federación de Comunidades Judías de España, ha explicado que “el Génesis comienza con la lucha entre hermanos pero al final se produce la reconciliación y todos los hermanos llegan a la paz y ésa es la esperanza que tenemos, para ello lo importante es hacer reinar nuestra naturaleza espiritual cuya dimensión más profunda es el amor altruista, que es el que genera la unión entre hermanos”.

En representación de la Federación Española de Comunidades Budistas de España ha intervenido el Lama Guese Lamsang, quien ha agradecido “de corazón” al Cardenal, al igual que han hecho los demás líderes religiosos, la convocatoria de este acto “especialmente en estos momentos de conflictos, porque es un acto importante para reunirnos y rezar por la paz en el mundo, ya que nuestra oración colabora para que esa paz se pueda llevar a cabo”.

Por parte del Centro Vedántico de España, la reverenda Madhavananda Giri, representante del Hinduismo, ha recalcado que es “un honor asistir a este acto” y ha leído extractos de un texto hinduista del siglo VII que explica cómo se alcanza la paz “erradicando la pasión y el odio”.

En su intervención, Jesús Calvo, presidente de la Unión Adventista Española, que ha felicitado a los participantes y asistentes al acto interreligioso en la Facultad de Teología, ha dicho que “tenemos el gran desafío de imitar los principios por los que Jesús vivió y murió” y ha pedido al Señor “por la libertad, por la paz y por la unidad”.

Demetrio Sáez Carbó, representante de la Iglesia Ortodoxa en España en la Comisión Asesora de Libertad Religiosa del Ministerio de Justicia, ha subrayado que “la paz de Dios no es distinta a la paz del mundo y vale la pena consagrar la vida para buscarla y obtenerla” y “el hombre es responsable de su semejante y protector de su hermano, pero al sentimiento debe seguir la acción, por ello el Evangelio llama bienaventurados a los que trabajan por la paz”.

Además, Manuel Sarrias, vicepresidente de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEDERE), ha rezado una oración por la paz, “que va unida a la libertad, la justicia y el amor”, en la que da las gracias “por estar aquí juntos, con un mismo Espíritu recordando lo que dijo Jesús: Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Ayúdanos a no solamente pedir por la paz, sino a comprometernos por ella”.

Intervención final del cardenal Cañizares y entrega de premios

El cardenal Cañizares ha leído la “Oración por la paz de San Francisco de Asís” y ha rezado, junto con los asistentes, el Padre Nuestro. Por último, ha señalado que “estamos enteramente convencidos de que la fe en Dios expresada en las diversas religiones no separa y menos aún enfrenta, y confiamos que la paz llene al mundo entero y los corazones de tus fieles”.

Al finalizar el acto, el Cardenal ha entregado unas distinciones, instituidas por el propio Arzobispo, como reconocimiento a la contribución de diferentes personas e instituciones por su labor realizada “a favor del Hecho Religioso como factor de integración social”.

Los premiados han sido la Tenzin Choky, maestra de meditación de la Tradición Guelugpa de Lama Tsong Khapa, cuyo máximo representante es Dalai Lama, y maestra del Centro Nagarjuna de Valencia; la Fundación Pluralismo y Convivencia, por la promoción de las confesiones religiosas en España; Riay Tatary, por la representatividad y la unidad de los musulmanes en España; el Ayuntamiento de Oliva, por su proyecto de creación de un centro interreligioso; Manuel Sarrias, por su labor en favor de la unidad de las Iglesias Evangélicas de España; Sadia Cohen, presidente de la Fundación Juan de Borbón, por su labor a favor de la comunidad judía; Sergiy Prosandeev, arcipreste ortodoxo y rector de la parroquia San Jorge, de Valencia, por su labor en favor de la Iglesia Ortodoxa en Valencia; y Swami Rameshwarananda Giri, fundador y presidente del Centro Vedántico de Valencia por su labor a favor de la comunidad hinduista en Valencia.

en Ecuménicas e interreligiosas

El Santo Sepulcro impulsa la unidad de los cristianos

23 de mar de 2017
Se llevó a cabo la ceremonia para agradecer por la restauración del edículo venerado como el lugar de la Resurrección de Jesús. Participaron el Patriarca Bartolomé y el Primer Ministro griego Tzipras. La propuesta de los armenios: «Que también los anglicanos y luteranos puedan celebrar aquí»

«Muchos aquí en Jerusalén no creían que fuera posible. Cuando hablábamos de ello nos preguntaban: “¿Cuándo?”. Y añadían: “No viviremos para verlo…”. En cambio, como dice el ángel a María en la Anunciación, nada es imposible para Dios». Lo explicó en su intervención el administrador apostólico del Patriarcado latino, el arzobispo Pierbattista Pizzaballa, porque el de hoy no es un día como cualquiera para los cristianos de Jerusalén. Lo dijo frente al Patriarca Ecuménico Bartolomé, a los representantes de las demás Iglesias cristianas, a las autoridades, a los diplomáticos, a los mismos arquitectos y profesores que trabajaron para restaurar el edículo durante los últimos diez meses. Pero, sobre todo, lo dijo de espaldas al mármol rosáceo del edículo, que ahora podría incluso hablar por su cuenta. Desde hace dos siglos (desde que a principios del siglo XIX asumió su rostro actual, de estilo barroco-otomano) el lugar venerado por millones de peregrinos como la tumba de Jesús, en el centro de la Basílica, no brillaba con esta luz.

Ahora el edículo está finalmente libre de la jaula metálica que construyeron los ingleses en 1947 para tratar de contener los daños que provocó un terremoto y que se mantuvo durante muchos años sin que las Iglesias lograran ponerse de acuerdo más allá de los acuerdos seculares para afrontar los problemas que tenía la estructura. Despojado (por lo menos por ahora) también de las lámparas votivas, ahora vuelve al primer plano el mármol en el corazón de la Jerusalén cristiana. Piedra como la roca preciosa que el edículo custodia en su interior: la misma que desde los primeros años los cristianos han venerado como el lugar en el que fue depositado el cuerpo de Jesús.

Entraron juntos a la tumba los líderes de las comunidades greco-ortodoxa, latina y armenia, tres confesiones cristianas a las que una historia compleja y a menudo dolorosa ha encomendado la custodia del lugar más importante de la cristiandad. Cantaron cada uno su himno pascual, pero rezaron juntos el Padre Nuestro. Para afirmar, efectivamente, que «nada es imposible para Dios». Porque, claro, las piedras restauradas resplandecen; y entre los que fueron orgullosos a Jerusalén hoy estaban el Primer Ministro griego Alexis Tzipras, en primera fila, para participar en un rito que celebra una operación coordinada por un equipo de la National Technical University de Atenas. Pero el acuerdo entre las tres confesiones cristianas gracias al cual fue posible esta obra de restauración tiene un significado que va mucho más allá del resultado material. «No hemos renovado solamente una estructura –explicó el Patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III. Hemos renovado nuestro común testimonio del Evangelio del Cristo Resucitado. Y es un don no solo para la Tierra Santa, sino para la humanidad entera».

Es un clima nuevo de fraternidad el que se respira entre las Iglesias de Jerusalén. Hace apenas algunos años sorprendieron las imágenes de una pelea entre religiosos armenios y ortodoxos dentro de la Basílica, por una cuestión de horarios y reglas no respetadas en el condominio más complejo de la cristiandad. Ahora, por el contrario, se respira un aire de colaboración: «En estos meses la confianza recíproca nos ha permitido encontrar soluciones adecuadas para no interrumpir las celebraciones ni los peregrinajes durante la restauración», observó el Custodio de la Tierra Santa, el padre Francesco Patton. También recordó que, por una «feliz y providencial coincidencia», la inauguración se da a pocas semanas de una Pascua que este año será celebrada el mismo día por las diferentes Iglesias.

El Patriarca armenio de Jerusalén, Nourian Manougian, fue incluso mucho más allá en este solemne día para Jerusalén, con una propuesta: «Nosotros somos custodios de este lugar –explicó dirigiéndose a los greco-ortodoxos y a los latinos. Pero hay otras tres confesiones cristianas (siríacos, coptos y etíopes) cuya historia ha garantizado solamente algunas prerrogativas dentro de esta Basílica. Y en Jerusalén también están los anglicanos y los luteranos, hasta ahora excluidos de este lugar. ¿Por qué no considerar la posibilidad de garantizar que estas cinco confesiones celebren su liturgia en el edículo del Santo Sepulcro por lo menos una vez al año, durante el tiempo de la Pascua?».

Por ahora es solamente una propuesta, pero significaría mucho para la unidad de los cristianos en Jerusalén. Y sería otro signo de esperanza para todos los cristianos del Medio Oriente. Esos mismos cristianos que, como recordó el cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, en el mensaje que envió en nombre del Papa y que fue leído durante la ceremonia en el Santo Sepulcro por el Nuncio apostólico Giuseppe Lazzarotto, ahora experimentamos muchas heridas, pero de esta tumba restaurada sacan «nueva valentía porque saben que las tensiones y los conflictos nunca tendrán la fuerza para apagar la luz de la Pascua».

en América y España

Lo que podemos aprender de los Pentecostales

23 de mar de 2017
Las propuestas de los obispos de Brasil para hacer frente a la pérdida de fieles y el crecimiento de las comunidades evangélicas

A fines de 2016 el Instituto Datafolha publicó una investigación que hizo sonar un timbre de alarma en la Conferencia nacional de obispos de Brasil (CNBB). El estudio muestra que en los últimos dos años 9 millones de personas abandonaron el catolicismo en el país. En 2014 el porcentaje de la población que declaraba ser católica era del 60%, mientras en diciembre de 2016 bajó al 50%. En el mismo período, los fieles pentecostales o neopentecostales pasaron del 18 al 22%. Si bien la reciente baja en el porcentaje de católicos no estuvo acompañada por una amplia expansión de los fieles pentecostales o neo pentecostales, lo que preocupa a los obispos es otro dato: la mitad de los que declaran ser pentecostales o neopentecostales provienen de la Iglesia Católica donde habían crecido.

Recientemente la CNBB organizó un encuentro para discutir el crecimiento de las iglesias pentecostales y neopentecostales. Las conclusiones identifican diversas causas: los evangélicos cuentan con una estructura más dinámica y pueden llegar hasta las personas de una manera más rápida, en cualquier lugar donde se encuentren; aprovechan la ingenuidad o la mala formación de los católicos – sobre todo los que viven en las zonas rurales o en las periferias de las grandes ciudades – y llevan adelante una intensa propaganda contra el catolicismo; y por último, los evangélicos recurren a una fuerte carga emocional para atraer a las personas.

¿Cómo enfocan estos problemas los obispos? ¿Cómo pueden responder a la realidad? ¿Qué propuestas pueden ser útiles para invertir la situación?

En la CNBB todos están de acuerdo en que las respuestas que ofrecen los pentecostales o neopentecostales a los que tienen problemas de salud, accidentes o situaciones graves son más atractivas que las católicas. “A menudo la razón por la cual las personas dejan la Iglesia Católica es de tipo material: la promesa de una ayuda material que prácticamente compra, adquiere la persona, y después la deja con la sensación de haber sido traicionada y desilusionada”, afirma monseñor Francisco Biasin, presidente de la Comisión de ecumenismo y diálogo interreligioso de la CNBB.

Pero el problema principal es que no hay un punto de encuentro con estas personas que tienen dificultades. “Tenemos que ser más misioneros, encontrar la forma de estar más presentes en las periferias y en el interior, hacer todo lo posible para que haya una figura de referencia en cada comunidad”, afirma el cardenal de San Pablo, dom Odilo Scherer. “Lo importante es ir a buscar los fieles a sus casas, a las escuelas, a las instituciones. Ser una Iglesia proyectada hacia el exterior.

Por eso una de las propuestas de la CNBB es que el obispo elija en cada caso por lo menos dos laicos reconocidos como católicos que sean un punto de referencia para sus vecinos y animen la comunidad. “Que la comunidad perciba que hay alguien que está allí en nombre del obispo, en nombre de la Iglesia, que los anima y que también los ayuda a afrontar las dificultades, los problemas, las discusiones, los alejamientos, que hacen presente la misericordia. Creo que en cierta forma falta este elemento, que falta bastante en realidad”, afirma dom Leonardo Steiner, secretario general de la CNBB. Además, también hay que ofrecer en las mismas comunidades – y no en las parroquias – grupos de oración, grupos juveniles y de otro tipo. Esto podría balancear, a su criterio, el hecho de que los pastores pentecostales están casados, viven en las comunidades y pasan gran parte del tiempo con los fieles, a diferencia de los sacerdotes, que tienen que ocuparse de la parroquia y a veces están alejados de la gente.

Pero si no hay una autonomía real de los laicos católicos, nada puede cambiar. Esa es la opinión de monseñor Enemésio Lazzaris, obispo de Balsas en el Estado de Maranhão, una de las regiones que más resienten el crecimiento de los pentecostales. “Hemos comprendido que uno de los éxitos de las iglesias evangélicas es que cada uno se siente iglesia, con una autonomía casi completa. Nosotros a veces delegamos la autoridad, pero la retenemos, controlamos demasiado. Tenemos que dar mayor libertad, más autonomía a estas personas”.

Otra propuesta importante para la CNBB se refiere a la formación bíblica y la catequesis de los fieles. Se considera que una de las posibles soluciones es proponer en las comunidades cursos más frecuentes y menos extensos, con un lenguaje más sencillo y directo. “Necesitamos una mayor presencia cercana a los católicos, evangelizar más y ayudarlos a profundizar la fe, para que tengan una mayor consciencia de su propia fe y puedan crecer, para evitar confusiones e incertidumbres”, afirma dom Orani Tempesta, cardenal de Río de Janeiro.

Por último, constituye un desafío para la CNBB el fuerte componente emocional que utilizan los pentecostales para atraer a los fieles, lo que a mediano y largo plazo puede ser un problema. Dom Leonardo Steiner recuerda que el Papa Francisco, al cerrar el Año de la Misericordia, dejó en claro que “se necesitan testigos de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales”. El problema de hacer hincapié en el factor emocional es que la experiencia se puede derrumbar. Dom Steiner confirma que “los estudios han demostrado que las personas abandonan las Iglesias tradicionales (católicas y otras), se van a otra Iglesia y después a otra y a otra, y después… a ninguna. Tienen su Dios personal”. De esa manera las personas pierden la relación personal con la Iglesia.

Por eso, dice dom Steiner, la Iglesia no debe responder con la misma moneda. Lo importante es concentrarse en la manera de evangelizar. “A algunos les gusta, por ejemplo, expresar su fe de manera más emocional, y se alejan del compromiso de transformación social. La Iglesia no puede ceder a ese tipo de deseos, porque iría en contra de su misión fundamental, que es anunciar integralmente el Evangelio de Cristo”, explica.

“Creo que podemos aprender algunas cosas de nuestros hermanos pentecostales”, afirma monseñor Biasin. “Hay maneras de tomar en cuenta dentro de la Iglesia algunas reivindicaciones legítimas del pentecostalismo”, y cita como ejemplo el movimiento de Renovación Carismática. O bien ofrecer a los fieles que lo deseen una liturgia más participativa y emocional, con énfasis en los dones del Espíritu Santo, el exorcismo, la lectura de las Sagradas Escrituras y la música. “Concebir el diálogo católico-pentecostal como una manera de compartir dones es algo posible y útil para el futuro de la Iglesia”, concluye dom Biasin.

por Rafael Marcoccia

San Pablo, Brasil

en Roma

Tres aspectos a tener en cuenta para ser buen confesor, según el Papa

18 de mar de 2017
Papa Francisco dintetizó en tres puntos lo esencial a tener en cuenta en la confesión, durante la audiencia a los participantes del XXVIII del Curso para sacerdotes/confesores promovido por la Penitenciaria Apostólica este viernes 17 de marzo en el Aula Pablo VI del Vaticano.

No se convierte en buenos confesores gracias a un curso, porque la del confesional es una ‘larga escuela’ que dura toda la vida. Pero… ¿Quién es el buen confesor y cómo se convierte en buenos confesores? Esta fue la pregunta que el Papa presentó y a la que respondió en tres puntos, en el discurso que dirigió a los participantes en el curso promovido por la Penitenciaría Apostólica.

Tras haber saludado y agradecido a los presentes, en primer lugar, al Cardenal Penitenciario Mayor, el Pontífice hizo una confesión: “el de la Penitenciaría es el tipo de Tribunal que me gusta de verdad”, dijo, porque “es el tipo de tribunal al cual uno se dirige para obtener aquella medicina indispensable que es la Misericordia Divina”, es “un tribunal de la misericordia”.

“Su curso sobre el fuero interno, que contribuye a la formación de buenos confesores, es muy útil, y diría incluso necesario en nuestros días. Por supuesto, no se convierte en buenos confesores gracias a un curso, no: la del confesional es una "escuela larga", que dura toda la vida. Pero, ¿quién es el "buen confesor"? ¿Cómo se convierte en un buen confesor?”

Así pues, el Papa señaló tres de los aspectos que el buen confesor debe tener:

En primer lugar el buen confesor es “un amigo verdadero de Jesús el Buen Pastor”, esto significa principalmente cultivar la oración, tanto la personal como la propia para el ejercicio de la tarea de confesores, y para los fieles que se acercan en busca de la misericordia de Dios. Esto porque un ministerio de la reconciliación, - tal como precisara el Papa - que esté “envuelto con la oración” será reflejo creíble de la misericordia de Dios, y evitará las dificultades y malentendidos que a veces también se podrían generar en el encuentro sacramental.

“Un confesor que reza sabe bien que es él mismo el primer pecador y el primer perdonado. No se puede perdonar en el Sacramento sin la consciencia de haber sido perdonado antes. Así, pues, la oración es la primera garantía para evitar cualquier actitud de dureza, que inútilmente juzga al pecador y no al pecado. En la oración se debe implorar el don de un corazón herido, capaz de comprender las heridas de los demás y de sanarlas con el aceite de la misericordia, lo que el Buen Samaritano derramó sobre las heridas de aquel desventurado, de quien nadie tuvo misericordia (cf. Lc 10,34)”.

Indispensable en este punto es pedir el precioso don de la humildad, para que sea claro que el perdón es un don gratuito y sobrenatural de Dios, del cual los confesores son sólo simples - aunque necesarios- administradores, por voluntad del mismo Jesús.

Además en la oración siempre invocamos al Espíritu Santo, - añadió Francisco- que es Espíritu de discernimiento y de compasión. “El Espíritu permite identificarnos con los sufrimientos de los hermanos y hermanas que se acercan al confesional, y acompañarlos con prudente y maduro discernimiento y con verdadera compasión de sus sufrimientos, causados por la pobreza del pecado”.

En segundo lugar el buen confesor es “un hombre del Espíritu y del discernimiento”. Esto porque el discernimiento permite “distinguir”, es decir, permite “no poner todo en el mismo saco”, otorgando la delicadeza de ánimo necesaria de frente a quien abre el sagrario de la propia conciencia para recibir luz, paz y misericordia. Y es hombre “del” Espíritu, porque no hace su propia voluntad ni enseña una propia doctrina, sino que está llamado a hacer siempre la voluntad de Dios en comunión plena con la Iglesia, de la cual es siervo.

“El discernimiento es también necesario porque, los que se acercan al confesionario, pueden venir de muchas situaciones diferentes; también pueden tener trastornos espirituales, cuya naturaleza debe ser sometida a un cuidadoso discernimiento, teniendo en cuenta todas las circunstancias existenciales, eclesiales, naturales y sobrenaturales. Allí donde el confesor se diera cuenta de la presencia de verdaderos trastornos espirituales - que también pueden ser en gran parte psicológicos, y por ello deben ser verificados a través de una sana colaboración con las ciencias humanas -, no dudarán en referirse a los que, en la diócesis, están a cargo de este delicado y necesario ministerio, a saber, los exorcistas. Pero éstos deberán seleccionarse con gran cuidado y mucha prudencia”.

Y por último, tras aseverar que el confesionario es un verdadero y propio “lugar de evangelización”, porque “no hay evangelización más auténtica que el encuentro con el Dios de la misericordia”, el pontífice señaló que el confesionario es, en consecuencia, un lugar de formación, y por este motivo en el breve diálogo con el penitente, el confesor está llamado a discernir qué cosa sea más útil, e incluso necesaria, en el camino espiritual de aquel hermano o hermana. En definitiva, es una obra “de rápido e inteligente discernimiento que puede hacer mucho bien a los fieles”.

Para los confesores que están llamados cada día a ir a las periferias del mal y del pecado – como él mismo dijo – el Sucesor de Pedro deseó, en definitiva, que sean buenos confesores, es decir, a) inmersos en la relación con Cristo, b) capaces de discernimiento en el Espíritu Santo, y c) listos para aprovechar la oportunidad de evangelizar.

“Confesar es prioridad pastoral. Por favor, que no haya esos carteles 'Se confiesa sólo los lunes y miércoles a partir de tal hora a tal hora'. Se confiesa cada vez que te lo piden. Y si te quedas allí rezando, estás con el confesionario abierto, que es el corazón de Dios abierto”.

en América y España

Argentina: Fin a los mensajes de la Virgen de San Nicolás

20 de mar de 2017
Con aval del Vaticano, el obispo de San Nicolás ordenó el cese definitivo a la difusión de los mensajes atribuidos por una vidente a la Virgen María. ¿El objetivo? Minimizar el impacto de las revelaciones privadas y centrar el foco de atención en el mensaje de Jesús.

Es meta de multitudinarias peregrinaciones. Cada año recibe a católicos de toda Argentina. Es el santuario de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás, dedicado a las apariciones de la Virgen atestiguadas desde hace más de 30 años por Gladys Quiroga de Motta, una humilde madre de familia. El obispo local, Hugo Santiago, acaba de comunicar el cese definitivo a la publicación de los mensajes que esa vidente atribuye a María. El templo seguirá funcionando, se mantendrá intacta la religiosidad popular. Pero la decisión, avalada por el Vaticano, pretende restar fuerza a las revelaciones privadas y centrar el foco en el mensaje de Jesús.

Cuando la diócesis de San Nicolás de los Arroyos comunicó la novedad, se desató un encendido debate. Lo hico el 10 de marzo, en la red social Facebook. Un breve escrito se limitó a informar que, tras una “consulta superior”, se determinó interrumpir la difusión de los mensajes. Pero, para los seguidores de ese santuario la noticia no pasó desapercibida y en masa pidieron explicaciones.

Tres días después, el lunes 13, el obispo Santiago salió a explicar la situación con un video publicado en internet. “Realicé una consulta a Roma sobre la posibilidad de poner fin a la difusión de los mensajes de la señora Gladys de Mota referidos a la Virgen María y el Vaticano me contestó afirmativamente, que eso era lo más conveniente para la fe mariana en Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás”, aseguró.

Agregó una reseña histórica del fenómeno. Recordó que en 1983, esa mujer (que ha mantenido hasta la fecha una postura ejemplar, alejada de la exposición mediática y respetuosa de las autoridades eclesiásticas), comenzó a recibir las palabras de la Virgen. Revelaciones que siguen hasta la fecha. Precisó que el obispo de entonces, Domingo Castaña, hizo un discernimiento y tras una consulta con el Papa Juan Pablo II, consideró dichos mensajes como “dignos de fe”. De ahí su autorización a construir un santuario.

“Sin embargo, después de consultar a teólogos y psicólogos, en 1990 decidió poner fin a la divulgación a los mensajes de la señora Gladys de Motta referidos a la Virgen por considerarlos suficientes y para evitar que dichos mensajes se desvirtúen, es decir que la señora Gladys presente como dichos de la Virgen lo que, en realidad, eran sus propias reflexiones”, siguió.

“Al obispo le habían advertido que esto podía ocurrir con el paso del tiempo, entonces lo que había sido digno de fe en los inicios podría no serlo (después). Hay teólogos y psicólogos que siguen opinando hoy, lo mismo que hace 27 años”, añadió.

Durante todo el video, el obispo Santiago leyó un documento impreso. Se notó su preocupación por respetar, palabra por palabra, el escrito. Por eso llama la atención que nunca atribuyó los mensajes de la vidente a la Virgen, ni siquiera involuntariamente. Siempre hablo de ellos como palabras “referidas a la Virgen”.

Más adelante apuntó: “Para que el acontecimiento mariano siga siendo digno de fe es conveniente poner fin a la divulgación de los mensajes escritos por la señora, que seguiré recibiendo y guardando en los archivos del obispado para que, en el futuro -cuando ni nosotros ni la señora estemos en esta tierra-, sean analizados por la Iglesia, porque la Iglesia no canoniza a nadie en vida”.

Precisó que, ya en 1990, varios teólogos habían recomendado como lo más conveniente el poner el foco “no en los mensajes” sino en el santuario como casa de Dios, en la cual se venera la imagen de Nuestra Señora del Rosario, y en la conversión de los peregrinos que, llegando al santuario, sientan deseos de confesarse como una gracia de la Virgen. Porque las revelaciones privadas “no pueden reemplazar ni perjudicar” a la revelación divina contenida en las escrituras.

Así, el obispo Santiago determinó dejar de publicar los mensajes “para que el acontecimiento mariano de San Nicolás siga siendo digno de fe y nos lleve a seguir a Cristo”. Se trata de mil 800 escritos atribuidos a la aparición, editados en su momento por el obispo Castaña.

Al mismo tiempo, el pastor pidió que la novena mensual realizada en el santuario esté inspirada sólo en las palabras de la Virgen en las bodas de Caná: “Hagan lo que él les diga”, que se rece por las intenciones del Papa para cada mes y se reflexione, únicamente, sobre algún pasaje de la Biblia. “María no se ha callado, sigue hablando en las sagradas escrituras y llevándonos a Jesús”, aclaró.

Resulta sugerente que esta decisión se haya tomado 10 meses después que el anterior obispo de San Nicolás, Héctor Cardelli, declaró “de carácter sobrenatural” las apariciones. Lo hizo con un decreto del 22 de mayo de 2016. Un reconocimiento únicamente diocesano, pero resulta difícil pensar que no haya contado con el visto bueno del Vaticano.

Estas medidas parecen ser parte de una respuesta pastoral amplia, que reconoce la presencia de la Virgen, apunta a atender a los fieles y promover las conversiones, pone el centro en la figura de Jesucristo y minimiza el impacto de las revelaciones privadas, buscando evitar la tentación de los protagonismos personales. O, peor aún, de los negocios al amparo de la fe.

Francisco conoce bien el fenómeno de San Nicolás. Visitó el santuario más de una vez. Pero también tiene muy presente otro caso similar: las supuestas apariciones de la “Virgen del cerro” en Salta, al norte de Argentina. Ese fenómeno no ha sido reconocido por la Iglesia, aunque atrae a miles de personas todos los sábados y cientos de miles cada año.

Siendo arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio fue más bien prudente. No le generó confianza la actitud de la supuesta vidente, María Livia Galliano, quien jamás quiso participar de las pericias necesarias para un reconocimiento. Ella sí tiene protagonismo, a diferencia de Gladys de Motta. “La jornada de oración de los días sábados termina cuando el último de los peregrinos, que así lo desee, ha recibido la oración de intercesión por parte de la señora María Livia”, suelen aclarar en internet los organizadores de las peregrinaciones.

El caso de San Nicolás bien podría dar pistas sobre cómo se podría abordar la situación en otro santuario mariano de gran atractivo: Medjugorje. El Papa acaba de asignar un delegado pontificio para ese caso, justamente con la intención de reforzar la atención pastoral de las multitudes de fieles que cada año peregrinan a ese centro espiritual ubicado en Bosnia- Herzegovina.

en Roma

“Del encuentro con el rostro misericordioso de Jesús, nace la alegría de la esperanza”

15 de mar de 2017
Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza”, el Obispo de Roma señaló que estamos llamados al amor, a la caridad y esta es nuestra vocación más alta, nuestra vocación por excelencia; y a esa está ligada también la alegría de la esperanza cristiana.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Sabemos bien que el gran mandamiento que nos ha dejado el Señor Jesús es el de amar: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente y amar al prójimo como a nosotros mismos (Cfr. Mt 22,37-39). Es decir, estamos llamados al amor, a la caridad y esta es nuestra vocación más alta, nuestra vocación por excelencia; y a esa está ligada también la alegría de la esperanza cristiana. Quien ama tiene la alegría de la esperanza, de llegar a encontrar el gran amor que es el Señor.

El Apóstol Pablo, en el pasaje de la Carta a los Romanos que hemos escuchado recién, nos pone en guardia: existe el riesgo de que nuestra caridad sea hipócrita, que nuestro amor sea hipócrita. Entonces nos debemos preguntar: ¿Cuándo sucede esto, esta hipocresía? Y ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestro amor sea sincero, que nuestra caridad sea auténtica? ¿De no aparentar de hacer caridad o que nuestro amor no sea una telenovela? Amor sincero, fuerte.

La hipocresía puede introducirse en todas partes, también en nuestro modo de amar. Esto se verifica cuando nuestro amor es un amor interesado, motivado por intereses personales; y cuántos amores interesados existen… cuando los servicios caritativos en los cuales parece que nos donamos son realizados para mostrarnos a nosotros mismos o para sentirnos satisfechos: “pero, qué bueno que soy”, ¿no?: esto es hipocresía; o aún más, cuando buscamos cosas que tienen “visibilidad” para hacer alarde de nuestra inteligencia o de nuestras capacidades. Detrás de todo esto existe una idea falsa, engañosa, es decir que, si amamos, es porque nosotros somos buenos; como si la caridad fuera una creación del hombre, un producto de nuestro corazón. La caridad, en cambio, es sobre todo una gracia, un regalo; poder amar es un don de Dios, y debemos pedirlo. Y Él lo da gustoso, si nosotros se lo pedimos. La caridad es una gracia: no consiste en el hacer ver lo que nosotros somos, sino en aquello que el Señor nos da y que nosotros libremente acogemos; y no se puede expresar en el encuentro con los demás si antes no es generada en el encuentro con el rostro humilde y misericordioso de Jesús.

Pablo nos invita a reconocer que somos pecadores, y que también nuestro modo de amar está marcado por el pecado. Al mismo tiempo, sin embargo, se hace mensajero de un anuncio nuevo, un anuncio de esperanza: el Señor abre ante nosotros una vía de liberación, una vía de salvación. Es la posibilidad de vivir también nosotros el gran mandamiento del amor, de convertirnos en instrumentos de la caridad de Dios. Y esto sucede cuando nos dejamos sanar y renovar el corazón por Cristo resucitado. El Señor resucitado que vive entre nosotros, que vive con nosotros es capaz de sanar nuestro corazón: lo hace, si nosotros lo pedimos. Es Él quien nos permite, a pesar de nuestra pequeñez y pobreza, experimentar la compasión del Padre y celebrar las maravillas de su amor. Y entonces se entiende que todo aquello que podemos vivir y hacer por los hermanos no es otra cosa que la respuesta a lo que Dios ha hecho y continúa haciendo por nosotros. Es más, es Dios mismo que, habitando en nuestro corazón y en nuestra vida, continúa a hacerse cercano y a servir a todos aquellos que encontramos cada día en nuestro camino, empezando por los últimos y los más necesitados en los cuales Él en primer lugar se reconoce.

El Apóstol Pablo, entonces, con estas palabras no quiere reprocharnos, sino mejor dicho animarnos y reavivar en nosotros la esperanza. De hecho, todos tenemos la experiencia de no vivir a plenitud o como deberíamos el mandamiento del amor. Pero también esta es una gracia, porque nos hace comprender que por nosotros mismos no somos capaces de amar verdaderamente: tenemos necesidad de que el Señor renueve continuamente este don en nuestro corazón, a través de la experiencia de su infinita misericordia. Y entonces sí que volveremos a apreciar las cosas pequeñas, las cosas sencillas, ordinarias; que volveremos a apreciar todas estas cosas pequeñas de todos los días y seremos capaces de amar a los demás como los ama Dios, queriendo su bien, es decir, que sean santos, amigos de Dios; y estaremos contentos por la posibilidad de hacernos cercanos a quien es pobre y humilde, como Jesús hace con cada uno de nosotros cuando nos alejamos de Él, de inclinarnos a los pies de los hermanos, como Él, Buen Samaritano, hace con cada uno de nosotros, con su compasión y su perdón.

Queridos hermanos, lo que el Apóstol Pablo nos ha recordado es el secreto para estar – uso sus palabras – es el secreto para estar “alegres en la esperanza” (Rom 12,12): alegres en la esperanza. La alegría de la esperanza, para que sepamos que en toda circunstancia, incluso en las más adversa, y también a través de nuestros fracasos, el amor de Dios no disminuye. Y entonces, con el corazón visitado y habitado por su gracia y por su fidelidad, vivamos en la gozosa esperanza de intercambiar con los hermanos, en lo poco que podamos, lo mucho que recibimos cada día de Él. Gracias.

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