Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +
estoy registrado  |  ¿registrarme?
rápido, gratis y seguro
El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Noticias
apuntar mi email al Boletín semanal de noticias por email
(puedes cancelar tu suscripción cuando lo desees)
El archivo solicitado no existe,
quizás fue eliminado, o cambiado a otra sección.
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
Noticias de los últimos 15 días
Roma
El Papa Francisco presidió la Liturgia de la Palabra en ... no leida
Interesante lectura crítica de un artículo de crítica progresista a ... no leida
Palabras del Papa antes del rezo del Regina Coeli en ... no leida
Cerveza, dulces y los tradicionales Schuetzen para la celebración bávara ... no leida
El cristianismo «no es tanto nuestra búsqueda en relación con ... no leida
Homilía del Papa en la vigilia pascual. ... no leida
Durante la Misa Pascual 2017 celebrada en la Plaza de ... no leida
Palabras antes y después de la bendición "Urbi et orbi" ... no leida
La disminución de la fuerza física de Benedicto XVI, que ... no leida
Una vez más el Papa ha escogido una cárcel como ... no leida
Francisco invitó a los sacerdotes a hacer homilías breves «si ... no leida
Continuando su ciclo de catequesis sobre la esperanza, el Obispo ... no leida
El Papa en viaje
El análisis sobre la situación, en vista de la visita ... (1 coms.) no leida
Ecuménicas e interreligiosas
Basta ver sin superficialidad la historia de los coptos y ... no leida
Los atentados del pasado Domingo de Ramos en dos catedrales ... (1 coms.) no leida
Pocos días después de Pascua, la comunidad acogerá una visita ... no leida
Del 26 de septiembre al 1 de octubre de 2017, ... no leida
Familia y Vida
Primer encuentro para preparar el Sínodo de los obispos y ... (1 coms.) no leida
Iglesia en el Mundo
Se confirma el 13 de mayo la canonización de los ... no leida
Celebración de la Vigilia Pascual en la Custodia de Tierra ... no leida
El presidente palestino escribe a Francisco: «Paso valiente» que «anima ... no leida
América y España
25-04/17 - Es una dictadura
Dura toma de posición de los jesuitas de Venezuela, que ... (1 coms.) no leida
En septiembre el Papa visitará Colombia y rezará delante del ... no leida
La Policía Nacional de España desmantela la mayor red pedófila ... no leida
Hoy en día, casi 300.000 personas hablan tzeltal como su ... no leida
El país se debate entre escándalos de corrupción, violencia, inseguridad ... no leida
Espiritualidad y Cultura
Tres viñetas sobre Cristo y la cruz nos transportan al ... no leida
Se está preparando una nueva película sobre la aparición mexicana, ... no leida
Solidaridad
Coincidiendo este año con la celebración de la Pascua de ... no leida
El arzobispo de Manila y presidente de Cáritas Internationalis, cardenal ... no leida
Una imagen...
   
en América y España

Es una dictadura

25 de abr de 2017
Dura toma de posición de los jesuitas de Venezuela, que invitan a “accionar como ciudadanos a través de la protesta pacífica, sin armas, sin violencia y en resistencia al abuso del poder”

Las decisiones asumidas por el Tribunal Supremo de Justicia en Sala Constitucional de fecha 28 y 29 de marzo del presente año (Sentencias 155 y 156) suponen un claro golpe de Estado y un desenmascaramiento definitivo del gobierno como una dictadura. La revista SIC y el Centro Gumilla, fieles a su condición de instancias defensoras de la democracia como sistema de convivencia de los venezolanos y como sistema que, con sus defectos (muchas veces señalados por nosotros), es garantía de la protección de los derechos humanos, nos oponemos como ciudadanos a este abuso por parte de un grupo de militares y civiles que, con la única intención de proteger sus intereses particulares y ambición de poder, han sometido a toda la sociedad venezolana.

Hemos venido señalando en diversos editoriales el proceso de degradación del actual gobierno y de la política en general en Venezuela. Las situaciones de hambre, represión, falta de atención e insumos médicos básicos, que hemos definido como crisis humanitaria en un país en el cual tales circunstancias resultan inexplicables, en el fondo pueden ser leídas como una política expresa de sometimiento de la población, cuyo objeto fue y es evitar el levantamiento popular frente a un auto golpe.

En esa misma medida, las continuas detenciones de diversos políticos venezolanos, que incluyó recientemente a un diputado suplente del parlamento, fueron signos de las decisiones que ya estaban asumidas. Las libertades se fueron conculcando cada vez con mayor fortaleza, lo que incluyó el cierre de varios medios, entre los cuales vale recordar la clausura de CNN y las amenazas nuevamente de cierre a Globovisión. También el desprecio con el cual se ha tratado a la comunidad internacional, comenzando con el mismo Vaticano en la persona del Secretario de Estado Cardenal Pietro Parolin, cuando le envió una carta al gobierno venezolano señalando sus incumplimientos en los acuerdos alcanzados en el malogrado diálogo de finales del año 2016. Este mismo tratamiento recibió Mercosur, la OEA y es de esperar que continúe en otros foros.

Ambas sentencias del TSJ no son más que un colofón a la actitud asumida por el Gobierno frente a la derrota electoral sufrida en diciembre de 2015 y que consistió en el mero desconocimiento de los efectos del resultado, la negación de la voluntad popular y el no sometimiento a las reglas democráticas. Desde el principio se usó como ariete al Poder Judicial (por cierto nombrado de forma ilegítima) para intentar darle una apariencia de legalidad a los actos, pero en el transcurso del tiempo la máscara se fue degradando hasta llegar a esta necesidad de emitir una decisión que supone una clara violación a la Constitución que supuestamente pretende proteger. Es evidente que la fuerza de esas decisiones están sustentadas en las armas que posee el grupo que ejerce la actual dictadura, tanto desde el sector castrense como en los grupos civiles armados, y con el apoyo de Cuba como Estado que ha prestado su muy eficiente sistema de vigilancia y control.

Nos enfrentamos a una dictadura como ciudadanos y como cristianos. Tenemos presente lo dispuesto en los artículos 333 y 350 de la Constitución que nos exigen hacer todo lo que de nosotros dependa para la restitución de las libertades. Se trata de accionar como ciudadanos a través de la protesta pacífica, sin armas, sin violencia y en resistencia al abuso del poder. Se trata de usar la palabra y la razón a pesar de que a la misma en tiempos de turbulencia le cuesta encontrar su camino. Se trata de no caer en el chantaje de la fuerza y alegar nuestros derechos y el derecho de una solución democrática y electoral.

Como cristianos nos corresponde acompañar este ya largo viernes santo que ha vivido nuestro pueblo. El hambre sigue presente, la falta de medicinas, las operaciones violentas de la OLP (Operación Liberación y Protección del Pueblo lanzada por el gobierno para militarizar algunos sectores de Caracas), los malos servicios públicos o su desaparición, la inseguridad, que se suman y agravan otros males que tienen larga data. Pero somos conscientes que este paso dado por el TSJ supone una nueva estación en este via crucis del pueblo venezolano, un despojo más, una nueva espina, otro golpe en este camino tortuoso en el cual llevamos varios años.

En los contextos de viacrucis son vitales las presencia de Cirineos que ayudan a llevar la cruz, de Verónicas que limpian el rostro, de Marías que dan fortaleza en el caminar y de guardias que reconocen en medio del dolor la presencia de Dios. Pero no queremos quedarnos en la pasión, pues esto no es cristiano, sino que aun siendo conscientes de la pasión y que quizás nos toque sufrir por seguimiento de la verdad lo mismo que a Cristo, a la vez, buscamos la resurrección que es el triunfo al final de la Verdad y la Vida.

Queremos caminar hacia la verdadera libertad que supone reconocernos todos como miembros de una comunidad política que respeta los derechos de todos, que permite verdaderos caminos de desarrollo, que propicia una auténtica solidaridad. Esto requiere de la democracia formal como un elemento que aunque insuficiente es imprescindible. Respeto al Estado de Derecho, separación de poderes, legitimidad del parlamento como instancia de control y decisión democrática.

por Centro Gumilla, Revista SIC, Compañía de Jesús en Venezuela

El Centro Gumilla es un instituto de investigación y acción social de la Compañía de Jesús, fundado en 1968. Publica la revista SIC desde hace 70 años, dedicada al análisis económico, social, político y cultural de Venezuela.

en Iglesia en el Mundo

Los Santos niños de México a Fátima, “testigos de verdad”

25 de abr de 2017
Se confirma el 13 de mayo la canonización de los dos “pastorinhos”. El 15 de octubre serán santos tres indígenas adolescentes mexicanos y 30 mártires brasileños. El cardenal Amato: «Un signo para los niños y adolescentes objeto de explotación y cosificación»

A los 11 y a los 9 años, Francisco y Jacinta Marto, los dos “pastorinhos” analfabetas de Fátima a los que se les apareció la “Señora”, la Virgen María, en la Cova da Iria, probablemente no habrían imaginado que un día la Iglesia los proclamaría santos. Papa Francisco los canonizará el próximo 13 de mayo de 2017, en el centenario de las apariciones, en el que será el evento clave de su viaje a la pequeña ciudad portuguesa durante la gran misa en el Santuario.

El anuncio fue dado hace unos días por el Pontífice en un consistorio ordinario público, durante el que fueron comunicadas oficialmente las fechas de canonización de otros beatos. Además de Francisco y Jacinta, serán otros tres niños: los mexicanos Cristóbal, Antonio y Juan, que durante la primera evangelización de América se sumaron sin reservas a la fe cristiana y fueron martirizados por este motivo. El primero falleció en 1527 en manos de su padre, los otros dos en 1529, azotados por sus compatriotas de Tlaxcala. Desde hace siglos, los historiadores de la Iglesia mexicana los celebran como los “protomártires” no solo de México, sino de toda América Latina, “semillas” que hicieron que floreciera el cristianismo en el Nuevo Mundo.

Al recordar su luminoso testimonio, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, quiso dedicar un pensamiento, durante el Consistorio, a todos los jóvenes que en la actualidad pagan su fe con la sangre.

«No sin una particular conmoción recordamos que cinco de los Beatos son niños y adolescentes», esto es muy significativo «en la historia de nuestros días, en los que los pequeños no raramente se convierten en objeto de explotación y de cosificación», subrayó el purpurado. Y afirmó que estos pequeños futuros santos son «testimonios de verdad y libertad, mensajeros de paz de una humanidad reconciliada en el amor».

La ceremonia de canonización de Cristóbal, Antonio y Juan se llevará a cabo el 15 de octubre en la Plaza San Pedro, junto con las de los sacerdotes Andrea de Soveral y Ambrogio Francesco Ferro, del laico Matteo Moreira y de 27 compañeros, todos martirizados en Brasil durante la bárbara represión calvinista perpetrada por los holandeses en contra de la fe católica en 1645. Ese día serán proclamados santos (como se anunció hoy en el Consistorio) también el escolapio español Faustino Míguez, que fundó el Instituto Calasanciano de las Hijas de la Divina Pastora para educar a niñas pobres, y Angelo da Acri (Luca Antonio Falcone), profeso de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, que vivió a caballo entre los siglos XVII y XVIII en el Reino de Nápoles, que se puso de parte de los débiles contra los abusos y las prepotencias de los poderosos, castigando la corrupción y las injusticias sociales de su tiempo.

Se conocen diferentes detalles sobre las vidas de los dos “pastorcillos” y de su largo proceso que comenzó en 1952 y terminó en 1979, sobre todo gracias a los textos que escribió su prima Lucía dos Santos, consagrada dorotea que murió en 2005 a los 98 años y que pudo presenciar la beatificación de los dos hermanitos que presidió Juan Pablo II en el Santuario de Fátima el 13 de mayo de 2000, durante el gran Jubileo. En cambio, se sabe poco sobre las historias de los tres indígenas martirizados “in odium fidei”.

Los tres vivieron durante los primeros años del siglo XVI, cuando llegaron los misioneros franciscanos y dominicos a México, en el que dominaba el imperio azteca, con sus cultos y sacrificios practicados por una casta de sacerdotes que adoraba ídolos. Los evangelizadores condenaron estas costumbres paganas, a veces utilizando métodos drásticos, como la destrucción de templos e ídolos, y al mismo tiempo trabajaron para la promoción y la defensa de los indígenas. Esto fue uno de los factores que favorecieron el rápido desarrollo del cristianismo entre las poblaciones locales y esta también fue una de las causas que desencadenaron la persecución de los fieles paganos contra los evangelizadores.

La oleada de sangre y violencia que siguió arrolló a los tres jóvenes, educados en la escuela franciscana de Tlaxcala y asesinados en momentos y lugares diferentes por sus compatriotas. El primero fue “Cristobalito”, de 13 años, hijo predilecto del heredero del principal cacique Acxotécatl, quien, siguiendo el ejemplo de sus tres hermanos, pidió espontáneamente el bautismo, eligiendo el nombre de Cristóbal. Se propuso convertir a su padre y lo exhortaba a cambiar de costumbres, a veces rompía los ídolos que había en su casa y trataba de llevar el Evangelio a sus familiares y conocidos. El hombre le rompió las articulaciones a su hijo con un bastón, pero él seguía rezando hasta que fue arrojado a una hoguera. El cuerpo, incorrupto, fue sepultado primero en una habitación de la casa y un año más tarde fue llevado por los franciscanos al convento de Tlaxcala, y al final a la iglesia de Santa María.

También en Tlaxcala nacieron Antonio y Juan. El primero era nieto y heredero del cacique local, mientras que Juan, de condición humilde, era su siervo. Ambos fueron a la escuela de los franciscanos. En 1529 los dominicos decidieron fundar una misión en Oaxaca, por lo que le pidieron al director de la escuela que les indicara algunos chicos para que los acompañaran como intérpretes. Antonio y Juan, de 13 años, se propusieron inmediatamente. El grupo llegó a Tepeaca y los chicos ayudaron a los misioneros a recoger los ídolos. Después Antonio y Juan se trasladaron solos a Cuauhtinchán. Antonio entraba a las casas y Juan se quedaba en el umbral. Durante una de estas acciones, los indígenas los atacaron y golpearon a Juan tan fuerte que lo mataron en el acto. Antonio trató de ayudarlo pero los agresores también lo agredieron. Los frailes recobraron sus cadáveres y los sepultaron en Tepeaca, en una capilla. Juan Pablo II los proclamó beatos el 6 de mayo de 1990 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de la Ciudad de México, durante la ceremonia en la que también fue beatificado Juan Diego, el “mensajero” de la Virgen Morena.

También fue violento el fin que tuvo el jesuita brasileño Andre Soveral, martirizado a los 73 años en julio de 1645 en la capilla de la Virgen de las Velas en Cunhau (una de las dos únicas parroquias que existían en esa época en el Río Grande del Norte). Al final de una misa, una tropa de soldados holandeses calvinistas irrumpieron en la Iglesia, cerraron las puertas, torturaron al párroco y a los fieles inocentes, que eran principalmente obreros y campesinos. Unos meses después, el 3 de octubre, le tocó la misma suerte al padre Ambrosio Francisco Ferro, arrollado con sus parroquianos por el odio de los soldados holandeses y 200 indígenas en la Parroquia de la Virgen de la Presentación. Juan Pablo II los elevó a los altares el 5 de marzo de 2000.

Salvatore Cernuzio

en Roma

Memoria de los Testigos de la fe de los siglos XX y XXI

25 de abr de 2017
El Papa Francisco presidió la Liturgia de la Palabra en la Basílica romana de San Bartolomé, con la Comunidad de San Egidio, el cuarto sábado de abril, en memoria de los mártires antiguos y modernos. Texto completo de la homilía.

Hemos venido como peregrinos a esta Basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, donde la historia antigua del martirio se une a la memoria de los nuevos mártires, de tantos cristianos asesinados por las desequilibradas ideologías de siglo pasado, y asesinados sólo porque eran discípulos de Jesús.

El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes nos confirma en la conciencia que la Iglesia es una Iglesia de mártires. Y los mártires son aquellos que, como nos lo ha recordado el Libro del Apocalipsis, «vienen de la gran tribulación y han lavado sus vestiduras, haciéndolas cándidas en la sangre del Cordero» (7,17). Ellos han tenido la gracia de confesar a Jesús hasta el final, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos donan la vida, y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio. Y existen también tantos mártires escondidos, esos hombres y esas mujeres fieles a la fuerza humilde del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día buscan ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas.

Si miramos bien, la causa de toda persecución es el odio del príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús con su muerte y con su resurrección. En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Cfr. Jn 15,12-19) Jesús usa una palabra fuerte y escandalosa: la palabra “odio”. Él, que es el maestro del amor, a quien gustaba mucho hablar de amor, habla de odio. Pero Él quería siempre llamar las cosas por su nombre. Y nos dice: “No se asusten. El mundo los odiará; pero sepan que antes de ustedes, me ha odiado a mí”.

Jesús nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. Y el origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. ¡Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución! ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo.

Cuántas veces, en momentos difíciles de la historia, se ha escuchado decir: “Hoy la patria necesita héroes”. Los mártires pueden ser pensados como héroes pero lo fundamental del mártir es que es uno que ha recibido una gracia. Existe la gracia de Dios, no el coraje, no la valentía, ésto es lo que lo hace mártir.

Hoy, del mismo modo, nos podemos preguntar: “¿Qué necesita hoy la Iglesia?” Mártires, testimonios, es decir, Santos, los de la vida ordinaria, porque son los Santos los que llevan adelante a la Iglesia. ¡Los Santos!, sin ellos la Iglesia no puede ir adelante. La Iglesia necesita de los Santos de todos los días, de la vida ordinaria llevada adelante con coherencia; pero también de los que tienen la valentía de aceptar la gracia de ser testigos hasta el final, hasta la muerte. Todos ellos son la sangre viva de la Iglesia. Son los testimonios que llevan adelante la Iglesia; aquellos que atestiguan que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo, y lo testifican con la coherencia de vida y con la fuerza del Espíritu Santo que han recibido como don.

Yo querría hoy añadir un ícono más en esta Iglesia: una mujer. No sé su nombre, pero ella nos mira desde el Cielo. Cuando estaba en Lesbos, saludaba a los refugiados y encontré a un hombre de 30 años con tres niños que me ha dicho: "Padre yo soy musulmán, pero mi esposa era cristiana. A nuestro país han venido los terroristas, nos han visto y nos han preguntado cuál era la religión que practicábamos. Han visto el crucifijo, y nos han pedido tirarlo al piso. Mi mujer no lo hizo y la han degollado delante de mí. Nos amábamos mucho".

Este es el ícono que hoy les traigo como regalo aquí. No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huir de ese campo de concentración porque los campos de refugiados... muchos de ellos son campos de concentración, son abandonados ahí, a los pueblos generosos que los acogen, que tienen que llevar adelante este peso porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los Derechos Humanos. Y este hombre no tenía rencor. Y él siendo musulmán llevaba adelante esta cruz sin rencor, se refugiaba en el amor de su mujer, que ha recibido la gracia del martirio.

Recordar estos testimonios de la fe y orar en este lugar es un gran don. Es un don para la Comunidad de San Egidio, para la Iglesia de Roma, para todas las Comunidades cristianas de esta ciudad, y para tantos peregrinos. La herencia viva de los mártires nos da hoy a nosotros paz y unidad. Ellos nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz. Y entonces podemos orar así: «Oh Señor, haznos dignos testimonios del Evangelio y de tu amor; infunde tu misericordia sobre la humanidad; renueva tu Iglesia, protege a los cristianos perseguidos, concede pronto la paz al mundo entero. A ti Señor la Gloria y a nosotros la vergüenza».

en Roma

Nunca olvidemos que la misericordia es la clave en la vida de fe

23 de abr de 2017
Palabras del Papa antes del rezo del Regina Coeli en este segundo domingo de Pascua, Domingo de la Divina MIsericordia.

«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

Sabemos que cada domingo hacemos memoria de la resurrección del Señor Jesús, pero en este periodo después de la Pascua, el domingo se reviste de un significado aún más iluminante. En la tradición de la Iglesia, este domingo, el primero después de la Pascua, se denominaba ‘in albis’. ¿Qué significa esto? Esta expresión se proponía evocar el rito que cumplían cuantos habían recibido el bautismo en la Vigilia de Pascua. A cada uno de ellos se les entregaba una túnica blanca – ‘alba’ – ‘blanca’, para indicar la nueva dignidad de los hijos de Dios. Aún hoy se sigue haciendo, a los recién nacidos se les ofrece una pequeña túnica simbólica, al tiempo que los adultos visten una verdadera, como vimos en la Vigilia Pascual. Y aquella túnica blanca, en el pasado, se llevaba puesta durante una semana, hasta este domingo y de ello deriva el nombre ‘in albis deponendis’, que significa el domingo en el que se quita la túnica blanca. Y así, cuando se quitaban la túnica blanca, los neófitos comenzaban una vida nueva en Cristo y en la Iglesia.

Hay otra cosa. En el Jubileo del año 2000, San Juan Pablo II estableció que este domingo se dedicara a la Divina Misericordia. ¡Es verdad, fue una bella intuición: fue el Espíritu Santo el que lo inspiró en esto! Desde hace pocos meses hemos concluido el Jubileo extraordinario de la Misericordia y este domingo nos invita a retomar con fuerza la gracia que proviene de la misericordia de Dios. El Evangelio de hoy es la narración de la aparición de Cristo resucitado a los discípulos reunidos en el cenáculo (cfr Jn 20, 19-31). Escribe San Juan que Jesús, después de haber saludado a sus discípulos, les dijo: «Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen» ( 21- 23). He aquí el sentido de la misericordia que se presenta justo el día de la resurrección de Jesús como perdón de los pecados. Jesús Resucitado ha transmitido a su Iglesia, como primera tarea, su misma misión de llevar a todos el anuncio concreto del perdón. Ésta es la primera tarea: anunciar el perdón. Este signo visible de su misericordia lleva consigo la paz del corazón y la alegría del encuentro renovado con el Señor.

La misericordia en la luz de la Pascua se deja percibir como una verdadera forma de conocimiento. Y esto es importante: la misericordia es una verdadera forma de conocimiento. Sabemos que se conoce a través de tantas formas. Se conoce a través de los sentidos, se conoce a través de la intuición, la razón y otras más. Pues bien, ¡se puede conocer también a través de la experiencia de la misericordia. Porque la misericordia abre la puerta de la mente para comprender mejor el misterio de Dios y de nuestra existencia personal. La misericordia nos hace comprender que la violencia, el rencor, la venganza no tienen sentido alguno y que la primera víctima es la que vive con estos sentimientos, porque se priva de su propia dignidad. La misericordia abre también la puerta del corazón y permite expresar cercanía, sobre todo a cuantos están solos y marginados, porque los hace sentir hermanos e hijos de un solo Padre. Ella favorece el reconocimiento de cuantos tienen necesidad de consolación y hace encontrar palabras adecuadas para dar consuelo.

Hermanos y hermanas, la misericordia calienta el corazón y lo vuelve sensible a las necesidades de los hermanos con el compartir y la participación. La misericordia, en resumen, nos compromete a todos a ser instrumentos de justicia, de reconciliación y de paz. Nunca olvidemos que la misericordia es la clave en la vida de fe y la forma concreta con la que damos visibilidad a la resurrección de Jesús.

Que María, Madre de la Misericordia, nos ayude a creer y a vivir con alegría todo esto»

en Ecuménicas e interreligiosas

El tesoro de los Coptos

25 de abr de 2017
Basta ver sin superficialidad la historia de los coptos y su condición del presente para intuir que Papa Francisco no va a Egipto como «defensor de los cristianos perseguidos», sino como un mendigo. Uno que busca reposo en los rostros y en las historias de los mártires y de los santos.

Papa Francisco no va a Egipto a «defender a los cristianos». La superficialidad y las distorsiones con las que se ve desde el Occidente a los cristianos de Oriente asedian también la inminente y difícil visita del Obispo de Roma a El Cairo. Dan a entender que el líder cristiano más seguido por el sistema mediático global saldrá de Roma para ofrecer un poco de visibilidad efímera a los bautizados un poco desafortunados de las Iglesias orientales, diseminados en tierras musulmanas. Pero sería suficiente ver precisamente a los coptos, su historia y su condición presente, para intuir que tal vez el Sucesor de Pedro vuela a El Cairo movido por el espíritu del mendigo. Como un peregrino que busca reposo en los rostros y en las palabras de los mártires y de los santos, porque son ellos quienes ofrecen testimonio de que «Cristo está vivo» (homilía de Papa Francisco en la Basílica de San Bartolomé en la Isla tiberina, durante la liturgia en memoria de los Nuevos Mártires).

Una Iglesia que no se oculta

Los coptos no piden ser «defendidos» y tampoco han buscado protectores extranjeros. Reivindican, a veces incluso de manera exasperada la propia fisionomía de cristiandad autóctona. Dicen que son los «verdaderos» egipcios, que se hicieron cristianos durante la época de la predicación apostólica, mucho antes de que llegaran los conquistadores musulmanes. Desde entonces, siempre han mantenido la propia propensión a arreglárselas solos. Su misma historia los aleja de cualquier tentación de imaginarse como representantes del Occidente cristiano «in partibus infidelium».

Durante las controversias cristológicas del siglo V, incluso la adhesión a las fórmulas monofisitas (que rechazaban una distinción demasiado neta entre la naturaleza humana y la naturaleza divina de Cristo) y el rechazo del Concilio de Calcedonia fueron adoptadas por los coptos como factor de distinción y contraposición con respecto a los «calcedonios» ocupantes bizantinos. Cuando llegaron los conquistadores musulmanes, los coptos los recibieron como liberadores.

La fuerte huella autóctona de los coptos volvió a surgir con fuerza cuando nació el Egipto moderno, con la masiva participación en los diferentes pasajes del proceso de emancipación nacional. La gran parte de ellos, con la bendición del Patriarca Cirilo V, se involucraron en el movimiento nacionalista en contra de la dominación británica, entrando en masa (después de la Primera Guerra Mundial) al Wafd, el bloque nacionalista que llevaría a Egipto a su independencia. Su lucha común con los musulmanes en contra de los extranjeros fue sincera y convencida: los coptos no veían ningún beneficio en la perpetuación del protectorado británico, que les parecía parte del juego del proselitismo protestante y de las Iglesias occidentales. En esa época, el obispo Sergio incitaba a la revuelta desde la catedral de El Cairo, y la abría a los musulmanes, después de que el gobierno, bajo el ala británica, hubiera cerrado la mezquita de al Azhar.

Convencidos también de la consistencia numérica (en la actualidad se estima que son alrededor de 10 millones, pero ellos afirman ser muchos más), los coptos nunca se han sometido dócilmente a la condición de minoría apartada, esa que el derecho musulmán reserva a los «dimes», los que creen en las demás religiones abrahamíticas. Su visibilidad social, alimentada por el «despertar espiritual» de matriz monástica que se verificó durante el siglo pasado se expresa en manifestaciones exuberantes. Su devoción no se ha quedado encerrada en sus corazones ni en el silencio de sus iglesias: los peregrinajes, los ayunos comunitarios, las conferencias, las catequesis para jóvenes en las iglesias que pronuncian hábiles predicadores son expresión ordinaria de su vida comunitaria.

En la era Mubarak, con su compañía eclesial estructurada, los coptos representaron (con la Hermandad Musulmana) la única realidad popular capaz de ofrecer redes de tutela social, sanitaria y educativa a los propios fieles. Y el perfil no marginable de la comunidad copta siempre ha tenido un peso, incluso en las últimas décadas, en la compleja partida de sus relaciones con el poder político y con la mayoría musulmana.

Ningún descuento de los Rais

En otros países árabes, como Irak y Siria, los regímenes autoritarios «panarabistas» han representado puertos de supervivencia para las comunidades cristianas locales. Pero para los «estorbosos» coptos egipcios nunca ha sido así. Después de la revolución de 1952, justamente el régimen de Nasser, al insistir en la identidad arábigo-musulmana, trató de relegarlos a la condición marginal de entidad «extranjera», asimilándolos con otras comunidades cristianas no autóctonas. Durante los años setenta, para encontrar consensos en su marcha para alejarse del socialismo nasseriano filo-soviético, el presidente Sadat abrió al islam conservador, anunciando la intención de islamizar la legislación. La movilización de los coptos de 1980 en contra de una propuesta de ley que preveía la condena a muerte en el caso de apostasía inauguró una estación de tensiones que acentuaron el surco de mutuo resentimiento entre la comunidad copta y el régimen, con Sadat, que hizo arrestar a ocho obispos y obligó al Patriarca Shenouda III a exiliarse durante años al monasterio de Anba Bishoy.

Incluso en la formal proclamación de los principios del laicismo, bajo Sadat y después bajo Mubarak, prosiguió la marginación de los cristianos por los cuadros de las instituciones públicas. En 1910, entre los funcionarios públicos, los coptos representaban el 45%, mientras que en el parlamento de principios de los noventa, los coptos eran solamente 7 de 454. Después de las llamadas Primaveras árabes y el paréntesis islamista de Mohamed Mursi, el nuevo hombre fuerte de Egipto, el presidente ex-general Abdel Fattah al Sisi, demuestra signos inéditos de atención y consideración hacia la Iglesia copta. Que se ha convertido durante los últimos años en el objetivo de la violencia sectaria de los grupos islamistas y de las masacres perpetradas por el terror yihadista.

Las «geometrías variables» con el islam

En las relaciones más que milenarias entre los coptos y los musulmanes egipcios ha sucedido de todo. Los primeros gobernadores musulmanes garantizaron a los coptos un sitio nada marginal dentro del nuevo orden islámico. Después, con los soberanos mamelucos comenzaron las violencias, y bajo el dominio de los sultanes turcos los coptos fueron reducidos al estatus de minoría étnico-religiosa tolerada y sometida, según el sistema otomano de las Millet.

En el Egipto moderno, el crecimiento de la Hermandad Musulmana y del islam político dio una contribución a la marginación política de los coptos. Frente al incremento de la violencia en contra de los cristianos durante las últimas décadas (con un saldo aproximado de más de 1800 cristianos asesinados en los últimos 35 años), los coptos nunca han ocultado o minimizado las persecuciones sufridas, sino que han denunciado claramente la falta de protección por parte de los omnipresentes aparatos policiales. Pero los líderes laicos y eclesiásticos de la Iglesia copta siempre ha evitado reaccionar a la violencia con acusaciones genéricas e indiferenciadas hacia la comunidad musulmana.

En sus intervenciones oficiales, los líderes coptos siempre han llamado a la concordia interreligiosa como garantía de la unidad del país, reivindicando la propia comunidad de destino con los musulmanes. Y siempre han evitado identificarse excesivamente con el Occidente. Con los musulmanes, muchos coptos comparten también la desconfianza frente a los modelos de la modernidad occidental, considerados como factores de ateísmo práctico y de pérdida de la identidad comunitaria. Durante las últimas décadas, esta línea «realista» ha sido contradicha y puesta en dificultades solo por el activismo de algunos sectores de la diáspora copta en Estados Unidos, Canadá y Australia.

Las redes del terror

Las redes del terror tienen muy claro cuál es el camino para desestabilizar Egipto y saben que pasa por la deliberada instigación a enfrentamientos confesionales entre los coptos y los musulmanes. Pero ya en 1981, cuando los ataques contra cristianos provocaron 17 muertos en Zawiya-el-Hamra, el Consejo comunitario de la Iglesia copta se refería a un Egipto en el que «los minaretes y los campanarios se abrazan», y en donde la unidad nacional había nacido con las batallas en las que «la sangre del musulmán se mezcló con la sangre del cristiano».

Así, los cristianos coptos se alejan de las trampas del sectarismo. Y, sobre todo, siguen teniendo una mirada cristiana frente a los casos martiriales que viven en carne y hueso, evitando protestas y recriminaciones «persecucionistas». Frente a las últimas masacres de coptos, perpetradas por los terroristas en dos iglesias el Domingo de Ramos, el Patriarca Tawadros II consoló a los hermanos invitándolos a considerar que las víctimas, justamente por haber muerto ese día, han llevado «los ramos de la palma y del olivo a Cristo mismo», y en el momento del martirio, pasando a través del dolor, llegaron «a la alegría gloriosa de la Resurrección».

Si esta es la historia pasada y reciente de la Iglesia copta, tal vez deberían tenerla en cuenta ciertos auto-elegidos «protectores» trasnochados, que con sus furias militantes mortifican e insultan a los cristianos de Oriente, tratándolos como agentes secuestrados en tierras extranjeras.

Por Gianni Valente

en Roma

Jesús está vivo. Este es el núcleo del mensaje cristiano

19 de abr de 2017
El cristianismo «no es tanto nuestra búsqueda en relación con Dios – una búsqueda, en verdad, casi incierta – sino mejor dicho la búsqueda de Dios en relación con nosotros». Lo dijo Papa Francisco durante la Audiencia general de este miércoles, en la que subrayó que «no es una ideología, no es un sistema filosófico, sino un camino de fe que parte de un evento, atestiguado por los primeros discípulos de Jesús». Texto completo de la catequesis.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Nos encontramos hoy, en la luz de la Pascua, que hemos celebrado y continuamos celebrándola en la Liturgia. Por esto, en nuestro itinerario de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy deseo hablarles de Cristo Resucitado, nuestra esperanza, así como lo presenta San Pablo en la Primera Carta a los Corintios (Cfr. cap. 15).

El apóstol quiere resolver una problemática que seguramente en la comunidad de Corinto estaba al centro de las discusiones. La resurrección es el último argumento afrontado en la Carta, pero probablemente, en orden de importancia, es el primero: de hecho todo se apoya en este presupuesto.

Hablando a los cristianos, Pablo parte de un dato indudable, que no es el éxito de una reflexión de algún hombre sabio, sino un hecho, un simple hecho que ha intervenido en la vida de algunas personas. El cristianismo nace de aquí. No es una ideología, no es un sistema filosófico, sino es un camino de fe que parte de un advenimiento, testimoniado por los primeros discípulos de Jesús. Pablo lo resume de este modo: Jesús murió por nuestros pecados, fue sepultado, resucitó al tercer día y se apareció a Pedro y a los Doce (Cfr. 1 Cor 15,3-5). Este es el hecho. Ha muerto, fue sepultado, ha resucitado, se ha aparecido. Es decir: Jesús está vivo. Este es el núcleo del mensaje cristiano.

Anunciando este advenimiento, que es el núcleo central de la fe, Pablo insiste sobre todo en el último elemento del misterio pascual, es decir, en el hecho de que Jesús ha resucitado. Si de hecho, todo hubiese terminado con la muerte, en Él tendríamos un ejemplo de entrega suprema, pero esto no podría generar nuestra fe. Ha sido un héroe. ¡No! Ha muerto, pero ha resucitado. Porque la fe nace de la resurrección. Aceptar que Cristo ha muerto, y ha muerto crucificado, no es un acto de fe, es un hecho histórico. En cambio, creer que ha resucitado sí. Nuestra fe nace en la mañana de Pascua. Pablo hace una lista de las personas a las cuales Jesús resucitado se les aparece (Cfr. vv. 5-7). Tenemos aquí una pequeña síntesis de todas las narraciones pascuales y de todas las personas que han entrado en contacto con el Resucitado. Al inicio de la lista están Cefas, es decir, Pedro, y el grupo de los Doce, luego “quinientos hermanos” muchos de los cuales podían dar todavía sus testimonios, luego es citado Santiago. El último de la lista – como el menos digno de todos – es él mismo, Pablo dice de sí mismo: “como un aborto” (Cfr. v. 8).

Pablo usa esta expresión porque su historia personal es dramática: pero él no era un monaguillo, ¿eh? Él era un perseguidor de la Iglesia, orgulloso de sus propias convicciones; se sentía un hombre realizado, con una idea muy clara de cómo es la vida con sus deberes. Pero, en este cuadro perfecto – todo era perfecto en Pablo, sabía todo – en este cuadro perfecto de vida, un día sucedió lo que era absolutamente imprevisible: el encuentro con Jesús Resucitado, en el camino a Damasco. Allí no había sólo un hombre que cayó en la tierra: había una persona atrapada por un advenimiento que le habría cambiado el sentido de la vida. Y el perseguidor se convierte en apóstol, ¿Por qué? ¡Porque yo he visto a Jesús vivo! ¡Yo he visto a Jesús resucitado! Este es el fundamento de la fe de Pablo, como de la fe de los demás apóstoles, como de la fe de la Iglesia, como de nuestra fe.

¡Qué bello es pensar que el cristianismo, esencialmente, es esto! No es tanto nuestra búsqueda en relación a Dios – una búsqueda, en verdad, casi incierta – sino mejor dicho la búsqueda de Dios en relación con nosotros. Jesús nos ha tomado, nos ha atrapado, nos ha conquistado para no dejarnos más. El cristianismo es gracia, es sorpresa, y por este motivo presupone un corazón capaz de maravillarse. Un corazón cerrado, un corazón racionalista es incapaz de la maravilla, y no puede entender que cosa es el cristianismo. Porque el cristianismo es gracia, y la gracia solamente se percibe, más: se encuentra en la maravilla del encuentro.

Y entonces, también si somos pecadores – pero todos lo somos – si nuestros propósitos de bien se han quedado en el papel, o quizás sí, mirando nuestra vida, nos damos cuenta de haber sumado tantos fracasos. En la mañana de Pascua podemos hacer como aquellas personas de las cuales nos habla el Evangelio: ir al sepulcro de Cristo, ver la gran piedra removida y pensar que Dios está realizando para mí, para todos nosotros, un futuro inesperado. Ir a nuestro sepulcro: todos tenemos un poco dentro. Ir ahí, y ver como Dios es capaz de resucitar de ahí. Aquí hay felicidad, aquí hay alegría, vida, donde todos pensaban que había sólo tristeza, derrota y tinieblas. Dios hace crecer sus flores más bellas en medio de las piedras más áridas.

Ser cristianos significa no partir de la muerte, sino del amor de Dios por nosotros, que ha derrotado a nuestra acérrima enemiga. Dios es más grande de la nada, y basta sólo una luz encendida para vencer la más oscura de las noches. Pablo grita, evocando a los profetas: «¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» (v. 55). En estos días de Pascua, llevemos este grito en el corazón. Y si nos preguntaran por qué damos nuestra sonrisa y nuestro paciente compartir, entonces podremos responder que Jesús está todavía aquí, que continúa estando vivo entre nosotros, que Jesús está aquí, en la Plaza, con nosotros: vivo y resucitado.

en Ecuménicas e interreligiosas

Los coptos abarrotan las iglesias de Egipto pese a la amenaza islamista

22 de abr de 2017
Los atentados del pasado Domingo de Ramos en dos catedrales del norte de Egipto, que causaron 46 muertos, no han espantado a los fieles de las iglesias, sino que les han alentado a participar “más que antes” en las misas de Semana Santa.

En la Iglesia de San Pedro, en el complejo de la catedral de El Cairo, en el barrio de Al Abasiya, cientos de cristianos se han acercado a participar en las oraciones, a pesar de que ese mismo templo fue blanco de otro ataque terrorista el pasado diciembre, que dejó una treintena de muertos, la mayoría mujeres y niñas. “El número de fieles se ha duplicado tras los atentados”, dice Antonius Munir, el cura de esa iglesia, donde han sido colocadas numerosas sillas supletorias fuera del edifico para dar cabida a todos los que han acudido a participar en los rituales.

Munir asegura que el ataque de diciembre en San Pedro y los de esta semana en las catedrales de San Jorge, en la ciudad de Tanta (delta del Nilo), y San Marcos de Alejandría -costa mediterránea-, “animan a la gente a ir” a las iglesias. “El hecho de que hubo mártires -en referencia a los víctimas- no evita que los fieles acudan a rezar, sino que aumenta su número”, explica, antes de destacar que nunca había visto tanta afluencia en los días de la Semana Santa como este año.

Los coptos egipcios, que representan entre el 10 y el 12 por ciento de la población, tienen siempre presente la persecución que sufrieron los cristianos durante el Imperio Romano y su caída en desgracia con el advenimiento del islam en el siglo VII, que supuso el fin del cristianismo como religión mayoritaria en Egipto. “El principal pilar de la iglesia copta es el martirio, forma parte de nuestra historia”, dice Munir, que sostiene que para los coptos egipcios -muchos de los cuales han emigrado a EEUU, Canadá y Europa en los pasados años- “la persecución no es algo nuevo”.

Wadie, un fiel de 42 años, cuenta que a pesar de los ataques del domingo, reivindicados por el grupo terrorista Estado Islámico (EI), no ha tenido miedo de ir a la iglesia para los ritos de Semana Santa. “Sentí que tenía que asistir más que nunca”, explica este padre de tres hijos, que perdió a su hermano Nabil en el atentado de diciembre en la misma iglesia donde acaba de rezar. Asegura que esta Semana Santa acude a misa todos los días con su familia e insiste en que no tiene miedo, aunque reconoce: “Estoy lleno de ira por dentro”.

El gran número de cristianos en los templos está acompañado de una destacada presencia de policías y soldados, desplegados en las cercanías de las iglesias por orden del presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, que declaró el estado de emergencia en todo el país horas después de los atentados del Domingo de Ramos.

Los militares y los agentes revisan los documentos de identidad de los feligreses, en el cual se indica la religión que profesa cada ciudadano egipcio, y les hacen pasar por un detector de metales antes de acceder a la iglesia.

Tras superar este primer control de seguridad en los accesos principales, los “boy scouts” son los encargados de comprobar de nuevo los carnets de los fieles en el interior de la iglesia y de organizar a la muchedumbre en las bancadas. Uno de estos voluntarios de nombre Albair, de 33 años, ha sido “boy scout” en la catedral de San Marcos en los pasados 15 años.

Explica que estos días los jóvenes con uniforme caqui y un pañuelo en el cuello están atentos a cualquier cosa que ocurra tanto dentro como fuera del templo, después de los últimos atentados. “Estamos haciendo un trabajo que no nos corresponde: no sólo nos encargamos de la organización, sino que también tenemos que garantizar la seguridad”, subraya.

Albair se queja de que las fuerzas de seguridad no quieren asumir toda la responsabilidad y que los voluntarios tienen que apoyar su labor, especialmente estos días ante el gran número de personas que acude a las misas de Semana Santa. Sin embargo, el joven asegura que los fieles colaboran y nadie se queja por los controles de seguridad: “A pesar de que la gente está rabiosa -por lo sucedido-, nos muestran sus carnets y bolsos inmediatamente para que los veamos”.

© El Testigo Fiel - 2003-2016 - todos los contenidos del portal pueden reproducirse libremente, mencionando la fuente.
Sitio realizado por Abel Della Costa