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El Testigo Fiel
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en El Papa en viaje

Con la oración de intercesión ejercitamos el poder de Dios, dijo el Papa en la misa en Génova

28 de may de 2017
En el marco de la Visita Pastoral del Papa Francisco a Génova, la XVII Visita del Pontífice en Italia, el Santo Padre almorzó con los pobres, refugiados, sin techo y detenidos de esta ciudad, en el Santuario de Nuestra Señora de la Guardia. Reproducimos la homilía de la misa al fin de la visita, ya con la liturgia de Ascensión.

Hemos escuchado aquello que Jesús Resucitado dice a los discípulos antes de su ascensión: “se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt.28,18). El poder de Jesús, la fuerza de Dios. Este tema atraviesa las lecturas de hoy: en la primera Jesús dice que no les corresponde a los discípulos conocer “tiempos o momentos que el Padre ha reservado a su poder”, pero les promete la “fuerza del Espíritu Santo” (Hechos 1,7-8); en la segunda san Pablo habla de la “extraordinaria grandeza de su potencia con nosotros” y “de la eficacia de su fuerza” (Ef.1,19). Pero ¿en qué consiste esta fuerza, este poder de Dios?

Jesús afirma que es un poder “en el cielo y sobre la tierra”. Es sobre todo el poder de conectar el cielo con la tierra. Hoy celebramos este misterio, porque cuando Jesús ha subido al Padre nuestra carne humana ha atravesado el umbral del cielo: nuestra humanidad está ahí, en Dios, para siempre. Ahí está nuestra confianza, porque Dios no se separará más del hombre. Y nos consuela saber que en Dios, con Jesús, hay preparado para cada uno de nosotros un lugar: un destino de hijos resucitados nos espera y por esto vale la pena vivir aquí abajo buscando las cosas de allá arriba, donde se encuentra nuestro Señor (CFr.Col.3,1-2). Esto es lo que hizo Jesús, con su poder de unir la tierra con el cielo.

Pero este poder suyo no ha terminado una vez que subió al cielo, continúa también ahora y dura para siempre. De hecho, propiamente antes de subir al Padre Jesús ha dicho: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt.28,20). No es un modo de decir, una simple reaseguración, como cuando antes de partir para un largo viaje se dice a los amigos: “Los recordaré”. No, Jesús esta verdaderamente con nosotros y para nosotros: en el cielo muestra siempre al Padre su humanidad, nuestra humanidad, y así “está siempre vivo para interceder” (Heb.7,25) a nuestro favor. He aquí la palabra clave del poder de Jesús: intercesión. Jesús ante el Padre intercede cada día, cada momento por nosotros. En cada oración, en cada uno de nuestros pedidos de perdón, sobre todo en cada misa, Jesús interviene: muestra al Padre los signos de su vida ofrecida, sus llagas, e intercede, obteniendo misericordia para nosotros. El es nuestro “abogado” (Cfr.1Jn.2,1) y, cuando tenemos alguna “causa” importante hacemos bien a confiársela, a decirle: “Señor Jesús, intercede por mí, por nosotros, por aquella persona, por aquella situación”.

Esta capacidad de interceder Jesús la ha dado también nosotros, a su Iglesia, que tiene el poder y también el deber de interceder, de rezar por todos. Podemos preguntarnos: “¿Yo rezo?” nosotros como Iglesia, como cristianos ¿ejercitamos este poder llevando a Dios las personas y las situaciones?”. El mundo tiene necesidad. Nosotros mismos tenemos necesidad. En nuestras jornadas corremos y trabajamos tanto, nos empeñamos en muchas cosas; pero corremos el riesgo de llegar a la tarde cansados y con el alma cargada, iguales a una nave cargada de mercadería que después de un viaje fatigoso entra en el puerto con el deseo solamente de atracar y apagar la luz. Viviendo siempre corriendo y tantas cosas por hacer, nos podemos perder, cerrarnos en nosotros mismos y convertirnos en inquietos por algo sin sentido. Para no quedar sumergidos en este “malestar existencial”, recordemos cada día “tirar el ancla a Dios”: llevemos a él los pesos, las personas y las situaciones, confiémosle todo. Es esta la fuerza de la oración, que une el cielo con la tierra, que permite que Dios entre en nuestro tiempo.

La oración cristiana no es un modo para estar más en paz consigo mismos o encontrar alguna armonía interior; nosotros rezamos para llevar todo a Dios, para confiarle el mundo: la oración es intercesión. No es tranquilidad, es caridad. Es pedir, buscar, llamar (cfr. Mt 7,7). Es ponerse en juego para interceder, insistiendo asiduamente con Dios los unos por los otros (cfr. Hechos 1,14). Interceder sin cansarse: es nuestra primera responsabilidad, porque la oración es la fuerza que hace ir adelante el mundo; es nuestra misión, una misión que al mismo tiempo cuesta fatiga y da paz. Este es nuestro poder: no prevalecer o gritar más fuerte, según la lógica de este mundo, sino ejercitar la fuerza humilde de la oración, con la cual se pueden también detener la guerras y obtener la paz. Como Jesús intercede siempre por nosotros ante el Padre, así nosotros sus discípulos, no nos cansemos jamás de rezar para acercar la tierra al cielo.

Después de la intercesión emerge, del Evangelio de hoy, una segunda palabra clave que revela el poder de Jesús: el anuncio. El señor envía a los suyos a anunciarlo con la sola fuerza del Espíritu Santo: “Vayan por todas partes y hagan discípulos míos en todos los pueblos” (Mt 28,19). Es un acto de extrema confianza en los suyos: Jesús confía en nosotros, ¡cree en nosotros más de cuanto nosotros creemos en nosotros mismos! Nos envía a pesar de nuestros límites; sabe que no somos perfectos y que, si esperamos convertirnos en mejores para evangelizar, no comenzaremos jamás.

Para Jesús es muy importante que pronto superemos una gran imperfección: la cerrazón. Porque el Evangelio no puede ser encerrado y sellado, porque el amor de Dios es dinámico y quiere alcanzar a todos. Para anunciar todavía es necesario andar, salir de sí mismo. Con el Señor no se puede estar quietos, acomodados en el propio mundo o en los recuerdos nostálgicos del pasado; con él está prohibido mantenerse calmo en las seguridades adquiridas. La seguridad para Jesús está en el andar con confianza: allí se revela su fuerza. Porque el señor no aprecia la comodidad, pero incomoda y relanza siempre. Nos quiere en salida, libres de la tentación de contentarse cuando estamos bien y tenemos todo bajo control. Vayan nos dice también hoy Jesús, que en el bautismo ha conferido a cada uno de nosotros el poder del anuncio. Por eso andar en el mundo con el Señor pertenece a la identidad del cristiano. No es solo para sacerdotes, monjas y consagrados. El cristiano no está detenido, sino en camino: con el Señor hacia los otros. Pero el cristiano no es un corredor que corre como loco o un conquistador que tiene que llegar antes que los otros. Es un peregrino, un misionero, un “maratonista esperanzado”. Suave, pero decidido en el caminar; confiado y al mismo tiempo activo; creativo pero siempre respetuoso; emprendedor y abierto; laborioso y solidario. ¡Con este estilo recorremos los caminos del mundo!

Como para los discípulos de los orígenes, nuestros lugares de anuncio son las calles del mundo: y sobre todo allí que el Señor espera ser conocido hoy. Como en los orígenes desea que el anuncio sea llevado con su fuerza: no con la fuerza del mundo, sino con la fuerza límpida y suave del testimonio alegre. Esto es urgente. Pidamos al Señor la gracia de no fosilizarse sobre cuestiones no centrales, sino de dedicarse plenamente a la urgencia de la misión. Dejemos a otros las murmuraciones y las fingidas discusiones de quien se escucha solo a sí mismo y trabajemos concretamente por el bien común y la paz; pongamos en juego con coraje, convencidos que hay más alegría en el dar que en el recibir (cfr. Hechos 20,35). El Señor resucitado y vivo, que siempre intercede por nosotros sea la fuerza de nuestro andar, el coraje de nuestro caminar.

en Espiritualidad y Cultura

No es xenofobia, es rechazo al pobre

29 de may de 2017
La catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, Adela Cortina, defiende en su nuevo libro ‘Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia’ que no todos los extranjeros son tratados por igual ya que se recibe “con alegría” la llegada de turistas pero “parece que molestan los refugiados e inmigrantes”.

“Observé que la xenofobia, el rechazo a los extranjeros, ocupaba el centro del discurso político, pero era evidente que no todos los extranjeros molestaban por igual. A los que llegaban cargados de petrodólares, por muy diferentes que fueran, se les ponía alfombra roja, igual que a los turistas”. Los extranjeros comenzaron a molestar cuando llegaron los inmigrantes económicos, a los que más tarde se sumaron los refugiados. “Luego vino Trump prometiendo levantar un muro y qué casualidad, era para impedir la llegada de los mexicanos, no de los canadienses”, explica.

La profesora afirma que le sorprende que el discurso xenófobo haya crecido tanto y tan rápidamente, cuando hace apenas unos años Europa vivía sus mejores años gracias a unas políticas públicas basadas en el principio de solidaridad. “El cerebro es muy plástico y podemos modificarlo —lo cual es muy buena noticia— pero tanto en un sentido como en otro. Se puede ahondar en la tendencia a la aporofobia si hay un discurso público que la favorece, una ideología predominante, la neoliberal, que es una reacción frente al Estado de bienestar y sostiene que el pobre es el único culpable de su pobreza”.

La “educación” de la sociedad

“El problema es que también la sociedad educa, y a veces, hay una contradicción flagrante entre lo que dicen los libros y lo que la sociedad transmite con el ejemplo”. “No quiero ponerme apocalíptica”, prosigue, “porque soy de los que creen que en la sociedad hay de todo y que hemos mejorado mucho, pero si los jóvenes estudian unos valores y luego ven que viven en una sociedad sin compasión por los que vienen de fuera, sin compasión con los pobres, sin solidaridad con los necesitados, no debe sorprendernos que aumente la xenofobia y la aporofobia”.

en Roma

Donald Trump cara a cara con el Papa que quiere derribar muros

24 de may de 2017
Detallada crónica del esperado encuentro. El coloquio privado con el presidente de Estados Unidos duró 28 minutos. Tensión al principio y clima relajado al final. Bergoglio pidió al inquilino de la Casa Blanca un compromiso por la paz

A las 8.17 hrs. de hoy, 24 de mayo de 2017, Donald Trump entró al estado más pequeño del mundo. Atravesó la Puerta del Perugino y desde allí se dirigió al Patio de San Dámaso, a donde llegó tres minutos después. Sobre el arco de entrada del Palacio Apostólico estaba la bandera de los Estados Unidos, como sucede en cada visita de estado. La Primera Dama llevaba un vestido negro con el velo, como indica el protocolo tradicional, que se sigue cada vez menos (a excepción de las reinas católicas, que pueden vestir de blanco). El Prefecto de la Casa Pontificia, el arzobispo Georg Gänswein recibió al presidente y su séquito. Después Trump estrechó la mano de los Gentilhombres de Su Santidad, formados en el tapete rojo. El presidente y su séquito subieron con el elevador y después se dirigieron a las salas del Palacio Apostólico. Trump levantó en varias veces los ojos para ver los frescos del techo.

Fuera del estudio privado, el primer encuentro entre Francisco y Trump. El Papa salió de la Biblioteca para recibir al huésped, a quien dio la mano. Era evidente una cierta tensión entre ambos. Dentro del estudio, los dos líderes juntos se sometieron a las fotos de rito. Trump sonrió y Bergoglio un poco menos. «Muchas gracias, este es un gran honor», dijo el presidente al Papa.

«Es el protocolo», dijo Francisco a su huésped, casi queriendo pedir disculpas, para quien el ritual de las fotos no es ninguna novedad.

El Papa y Trump después se sentaron uno frente al otro, separados por el gran escritorio de madera oscura. A las 8.33 el coloquio comenzó. «You are welcome», dijo el Papa. «I speak spanish», advirtió Bergoglio al principio del encuentro, mientras se sentaba a su lado el intérprete, monseñor Mark Miles. El cara a cara a puertas cerradas concluyó un minuto después de las nueve, y duró 28 minutos. La audiencia, con el intercambio de regalos y el saludo de la delegación, duró, en conjunto, 40 minutos.

Entre los temas afrontados, según indicó una nota de la Sala de Prensa vaticana, «las buenas relaciones bilaterales que existen entre la Santa Sede y Estados Unidos de América, además del común compromiso a favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia». Ambas partes expresaron el deseo de «una serena colaboración entre el Estado y la Iglesia católica en Estados Unidos, comprometida al servicio de las poblaciones en los campos de la salud, de la educación y de la asistencia a los migrantes».

La nota informó que después el Papa y Trump «se permitieron un intercambio de visiones sobre algunos temas de actualidad internacional y sobre la promoción de la paz en el mundo mediante la negociación política y el diálogo interreligioso, con particular referencia a la situación en el Medio Oriente y a la tutela de las comunidades cristianas».

La Primera Dama, Melania, fue la primera en ser presentada al Papa. Le pidió que bendijera un objeto que llevaba en las manos. Durante el intercambio de regalos, Francisco le dio a Trump un bajorelieve en bronce que representa el símbolo del olivo, y le explicó su significado: hay una fractura que indica «la división de la guerra», dijo Bergoglio, y toda la imagen representa «mi deseo por la paz». Después le pidió al presidente que contribuyera en la construcción de un mundo de paz. El Papa después le regaló a Trump el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017 («La firmé personalmente para usted», dijo Bergoglio), además de los tres principales documentos de su Pontificado, encuadernados en cuero rojo: la exhortación apostólica «Evangelii gaudium», la encíclica «Laudato si’» dedicada a la defensa de la creación, y la exhortación sobre el matrimonio y la familia «Amoris laetitia». Francisco le explicó de qué trataban los tres volúmenes y el presidente estadounidense dijo: «Bien, los leeré». Donald Trump, en cambio, le regaló al Papa los libros de Marthin Luther King, y dijo: «Espero que los disfrute». El clima un poco tenso del principio desapareció, y, como sucede a menudo en el momento final del encuentro, hubo sonrisas y algunas bromas.

Cuando se despidieron, Melania le dijo al Papa: «Gracias, voy a visitar el hospital». La Primera Dama, de hecho, fue a las 11.15 al Bambino Gesù. Trump, por su parte, afirmó: «Good luck. Buena suerte, gracias y no olvidaré lo que dijo».

en Roma

Donald Trump cara a cara con el Papa que quiere derribar muros

24 de may de 2017
Detallada crónica del esperado encuentro. El coloquio privado con el presidente de Estados Unidos duró 28 minutos. Tensión al principio y clima relajado al final. Bergoglio pidió al inquilino de la Casa Blanca un compromiso por la paz

A las 8.17 hrs. de hoy, 24 de mayo de 2017, Donald Trump entró al estado más pequeño del mundo. Atravesó la Puerta del Perugino y desde allí se dirigió al Patio de San Dámaso, a donde llegó tres minutos después. Sobre el arco de entrada del Palacio Apostólico estaba la bandera de los Estados Unidos, como sucede en cada visita de estado. La Primera Dama llevaba un vestido negro con el velo, como indica el protocolo tradicional, que se sigue cada vez menos (a excepción de las reinas católicas, que pueden vestir de blanco). El Prefecto de la Casa Pontificia, el arzobispo Georg Gänswein recibió al presidente y su séquito. Después Trump estrechó la mano de los Gentilhombres de Su Santidad, formados en el tapete rojo. El presidente y su séquito subieron con el elevador y después se dirigieron a las salas del Palacio Apostólico. Trump levantó en varias veces los ojos para ver los frescos del techo.

Fuera del estudio privado, el primer encuentro entre Francisco y Trump. El Papa salió de la Biblioteca para recibir al huésped, a quien dio la mano. Era evidente una cierta tensión entre ambos. Dentro del estudio, los dos líderes juntos se sometieron a las fotos de rito. Trump sonrió y Bergoglio un poco menos. «Muchas gracias, este es un gran honor», dijo el presidente al Papa.

«Es el protocolo», dijo Francisco a su huésped, casi queriendo pedir disculpas, para quien el ritual de las fotos no es ninguna novedad.

El Papa y Trump después se sentaron uno frente al otro, separados por el gran escritorio de madera oscura. A las 8.33 el coloquio comenzó. «You are welcome», dijo el Papa. «I speak spanish», advirtió Bergoglio al principio del encuentro, mientras se sentaba a su lado el intérprete, monseñor Mark Miles. El cara a cara a puertas cerradas concluyó un minuto después de las nueve, y duró 28 minutos. La audiencia, con el intercambio de regalos y el saludo de la delegación, duró, en conjunto, 40 minutos.

Entre los temas afrontados, según indicó una nota de la Sala de Prensa vaticana, «las buenas relaciones bilaterales que existen entre la Santa Sede y Estados Unidos de América, además del común compromiso a favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia». Ambas partes expresaron el deseo de «una serena colaboración entre el Estado y la Iglesia católica en Estados Unidos, comprometida al servicio de las poblaciones en los campos de la salud, de la educación y de la asistencia a los migrantes».

La nota informó que después el Papa y Trump «se permitieron un intercambio de visiones sobre algunos temas de actualidad internacional y sobre la promoción de la paz en el mundo mediante la negociación política y el diálogo interreligioso, con particular referencia a la situación en el Medio Oriente y a la tutela de las comunidades cristianas».

La Primera Dama, Melania, fue la primera en ser presentada al Papa. Le pidió que bendijera un objeto que llevaba en las manos. Durante el intercambio de regalos, Francisco le dio a Trump un bajorelieve en bronce que representa el símbolo del olivo, y le explicó su significado: hay una fractura que indica «la división de la guerra», dijo Bergoglio, y toda la imagen representa «mi deseo por la paz». Después le pidió al presidente que contribuyera en la construcción de un mundo de paz. El Papa después le regaló a Trump el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2017 («La firmé personalmente para usted», dijo Bergoglio), además de los tres principales documentos de su Pontificado, encuadernados en cuero rojo: la exhortación apostólica «Evangelii gaudium», la encíclica «Laudato si’» dedicada a la defensa de la creación, y la exhortación sobre el matrimonio y la familia «Amoris laetitia». Francisco le explicó de qué trataban los tres volúmenes y el presidente estadounidense dijo: «Bien, los leeré». Donald Trump, en cambio, le regaló al Papa los libros de Marthin Luther King, y dijo: «Espero que los disfrute». El clima un poco tenso del principio desapareció, y, como sucede a menudo en el momento final del encuentro, hubo sonrisas y algunas bromas.

Cuando se despidieron, Melania le dijo al Papa: «Gracias, voy a visitar el hospital». La Primera Dama, de hecho, fue a las 11.15 al Bambino Gesù. Trump, por su parte, afirmó: «Good luck. Buena suerte, gracias y no olvidaré lo que dijo».

en Roma

El Papa: “¿La misión cristiana? Es dar alegría a la gente”

19 de may de 2017
Francisco en Santa Marta: para lograrlo hay que «permanecer en el amor de Jesús», que es el centro de la vida de un creyente, y no es como esos mundanos que buscan el poder

El amor de Jesús no tiene límites. Además, no es como los amores mundanos, que apuestan por el poder y por la vanidad. Es el núcleo de la vida de un cristiano, que de esta manera puede llevar a cabo la misión que se le ha encomendado: “Dar alegría a la gente”. Es lo que dijo el Papa el jueves 18 de mayo de 2017, durante la misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta.

Según indicó la Radio Vaticana, el Pontífice desarrolló su reflexión a partir de la afirmación del Señor que subraya que su amor es infinito. Y observó que Jesús nos pide que permanezcamos en su amor “porque es el amor del Padre”, a la vez que nos invita a poner en práctica sus Mandamientos.

Ciertamente, dijo el obispo de Roma, los Diez Mandamientos son la base, el fundamento, pero es necesario seguir “todas las cosas que Jesús nos ha enseñado, estos mandamientos de la vida cotidiana”, que representan “un modo de vivir cristiano”.

El Pontífice también afirmó que es muy amplia la lista de los mandamientos de Jesús, si bien puso de manifiesto “que el núcleo es uno”, a saber: “el amor del Padre hacia Él y el amor de Él hacia nosotros”.

“Existen otros amores. También el mundo nos propone otros amores: el amor al dinero, por ejemplo, el amor a la vanidad, pavonearse, el amor al orgullo, el amor al poder, y también haciendo tantas cosas injustas para tener más poder… Son otros amores, éstos no son de Jesús, ni son del Padre. Él nos pide que permanezcamos en su amor, que es el amor del Padre. Pensemos también en estos otros amores que nos alejan del amor de Jesús. Además, hay otras medidas para amar: amar a medias, y esto no es amar. Una cosa es querer y otra cosa es amar”.

“Amar – reafirmó el Sucesor de Pedro – es más que querer”. Y se preguntó: ¿“Cuál es la medida del amor?”. “La medida del amor – dijo Francisco – es amar sin medida”.

“Y así, cumpliendo estos mandamientos que Jesús nos ha dado, permaneceremos en el amor de Jesús que es el amor del Padre, es el mismo. Sin medida. Sin este amor tibio o interesado. ‘Pero, ¿por qué Señor, tú nos recuerdas estas cosas?’, podemos decirle. ‘Para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena’. Si el amor del Padre va a Jesús, Jesús nos enseña el camino del amor: el corazón abierto, amar sin medida, dejando de lado otros amores”.

“El gran amor a Él – dijo Papa al concluir su homilía – es permanecer en este amor “, donde está “la alegría”. Y añadió que el “amor y la alegría son un don”. Dones que debemos pedir al Señor.

“Hace poco tiempo un sacerdote fue nombrado obispo. Fue a ver a su papá, a su anciano papá para darle la noticia. Este hombre anciano, ya jubilado, un hombre humilde, que fue obrero toda su vida, que no había ido a la universidad, pero que tenía la sabiduría de la vida, le aconsejó a su hijo sólo dos cosas: ‘Obedece y da alegría a la gente’. Este hombre había comprendido esto: obedece al amor del Padre, sin otros amores, obedece a este don, y después, da alegría a la gente. Y nosotros, los cristianos, laicos, sacerdotes, consagrados, obispos, debemos dar alegría a la gente. Pero, ¿por qué? Por esto. Debemos ir por el camino del amor, sin intereses, sólo por el camino del amor. Nuestra misión cristiana es dar alegría a la gente”.

Tal como hemos pedido en la oración – terminó diciendo Francisco – “que el Señor custodie este don de permanecer en el amor de Jesús para poder dar alegría a la gente”.

en Roma

El Papa Francisco recibió al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

24 de may de 2017
El Papa Francisco recibió la mañana del 24 de mayo en la Biblioteca del Palacio Apostólico al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y séquito.

El Papa Francisco recibió la mañana del 24 de mayo en la Biblioteca del Palacio Apostólico al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y séquito.

La Audiencia al Jefe de Estado estadounidense inició a las 8.30 de mañana. Tras encontrar al Pontífice, el Presidente Trump se dirigió al Palacio del Quirinal para reunirse con Presidente del Estado Italiano Sergio Mattarella, y más tarde, con el Primer Ministro Gentiloni.

Desde muy temprano la ciudad de Roma se presentó blindada: los helicópteros sobrevolaban el Vaticano y más de 1.000 agentes fueron desplegados en tierra, en colaboración con la CIA.

La entrada en procesión del coche blindado del Presidente de los EE.UU. en el Vaticano ocurrió aproximadamente a las 08:20 y se dirigió al atrio de san Damaso, en donde el Jefe de Estado y su séquito, conformado por once personas, fueron recibidos por la Guardia Suiza y por el Prefecto de la Casa Pontificia, Mons. George Ganswein.

De allí el ingreso al Palazo Apostólico Vaticano para tomar el ascensor que lo llevó a la biblioteca privada del Pontífice, en donde fue recibido por el Papa Francisco. Mientras tanto, fieles y peregrinos llenaban la plaza de San Pedro para la tradicional Audiencia General de los días miércoles.

Tras el encuentro con el Santo Padre, el Presidente Trump mantuvo un coloquio con el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin y con S.E. Mons.Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados.

Al finalizar, la visita del Presidente y la Primera Dama a la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro.

La Oficina de Prensa del Vaticano informó en un comunicado que "durante las cordiales conversaciones, se ha expresado la satisfacción por las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y los Estados Unidos de América, así como por el compromiso común en favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia". Asimismo "se ha manifestado el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia Católica en los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, la educación y la asistencia a los inmigrantes. Las conversaciones también han permitido un intercambio de puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso, con especial referencia a la situación en Oriente Medio y a la tutela de las comunidades cristianas".

en América y España

«Las exequias cristianas», encuentro de estudios de la Sociedad Argentina de Liturgia

24 de may de 2017
“Las exequias cristianas”, será el tema a desarrollar en el XXX Encuentro de Estudios de la Sociedad Argentina de Liturgia (SAL), que se realizará del 19 al 22 de junio en la casa de ejercicios El Cenáculo-La Montonera, en el partido bonaerense de Pilar.

“Las exequias cristianas”, será el tema a desarrollar en el XXX Encuentro de Estudios de la Sociedad Argentina de Liturgia (SAL), que se realizará del 19 al 22 de junio en la casa de ejercicios espirituales El Cenáculo-La Montonera en el partido bonaerense de Pilar.

Las disertaciones estarán a cargo del presbítero José Antonio Goñi Beásoain, el liturgista que dirige la revista Phase y profesor en el pontificio Ateneo San Anselmo, de Roma.

En la convocatoria se citan las palabras del papa Francisco en la exhortación apostólica Misericordia et misera: “Nosotros vivimos la experiencia de las exequias como una plegaria llena de esperanza por el alma del difunto y como una ocasión para ofrecer consuelo a cuantos sufren por la ausencia de la persona amada”.

Inscripciones: sociedadargentinadeliturgia@gmail.com

y en el blog de la SAL sociedadargentinadeliturgia.blogspot.com.ar

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