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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Taciano
Taciano, de origen sirio, se convirtió, al parecer, en Roma, y fue discípulo de san Justino. Se conserva de él un Discurso contra los griegos en el que se lanza a atacar el politeísmo y la filosofía pagana de una manera vehemente y extremosa que muestra bien su radicalismo y virulencia de carácter. Llevado de este radicalismo llegó a abandonar la doctrina común de la Iglesia y fundó una especie de secta puritana de tendencias gnósticas, que fue llamada de los encratitas o continentes, en la que se practicaba una total abstención de carnes, y de bebidas alcohólicas, se condenaba absolutamente el matrimonio y hasta se llegó a sustituir el vino por el agua en la celebración de la eucaristía. Son de particular interés, para el desarrollo teológico, sus ideas acerca de la generación del Verbo — que preanuncian los desarrollos ulteriores de Tertuliano y san Agustín — así como su elaboración de la doctrina de la inmortalidad y de la resurrección. (J. Vives)
Grupo: p. griegos
Año de referencia: 172
Introducción:

Taciano nació en Siria de una familia pagana. Fue discípulo de Justino. Tiene de común con su maestro el que, después de mucho vagar y discutir, encontró que la doctrina cristiana era la única filosofía verdadera. Sobre los motivos de su conversión él mismo nos da la siguiente información:

«Habiendo, pues, visto todo eso, después, además que me hube iniciado en los misterios y examinado las religiones de todos los hombres, instituidas por afeminados eunucos, hallando que entre los romanos el que ellos llaman Júpiter Laciar se complace en sacrificios humanos y en sangre de los ejecutados; que Diana, no lejos de la gran ciudad, exigía la misma clase de sacrificios: en fin, que en una parte un demon y en otra otro se entregaban a perpetrar iniquidades por el estilo; entrando en mí mismo, empecé a preguntarme de qué modo me sería posible encontrar la verdad. En medio de mis graves reflexiones, vinieron casualmente a mis manos unas escrituras bárbaras, más antiguas que las doctrinas de los griegos y, si a los errores de éstos se mira, realmente divinas. Y hube de creerlas por la sencillez de su dicción, por la naturalidad de los que hablan, por la fácil comprensión de la creación del universo, por la previsión de lo futuro, por la excelencia de los preceptos y por la unicidad de mando en el universo. Y enseñada mi alma por Dios mismo, comprendí que la doctrina helénica me llevaba a la condenación; la bárbara, en cambio, me libraba de la esclavitud del mundo y me apartaba de muchos señores y de tiranos infinitos. Ella nos da no lo que no habíamos recibido, sino lo que, una vez recibido, el error nos impedía poseer» (Discurso 29: BAC 116.612-613).

La conversión de Taciano ocurrió, a lo que parece, en Roma. Allí acudió a la escuela de Justino. A pesar de que Justino fue maestro de Taciano, se advierten vivos contrastes entre ambos al comparar sus escritos. Esto se echa de ver, sobre todo, en la manera particular de cada uno de valorar la cultura y la filosofía no cristianas. Porque, mientras Justino trata de encontrar en los escritos de los pensadores griegos al menos ciertos elementos de verdad, Taciano propugna por principio el repudio total de la filosofía griega. En su defensa del cristianismo, Justino dio muestras de gran respeto por la filosofía cristiana. Taciano, en cambio, manifiesta un odio decidido contra todo lo que pertenece a la civilización griega, a su arte, ciencia y lengua. Su temperamento era tan dado a extremos, que, a su juicio, el cristianismo no había procedido aún con suficiente energía a rechazar la educación y la cultura contemporáneas. A su vuelta al Oriente, hacia el año 172, fundó la secta de los encratitas, es decir, de los abstinentes, que pertenece al grupo de los gnósticos cristianos. Esta herejía rechazaba el matrimonio como adulterio, condenaba el uso de carnes en todas sus formas y llegó a sustituir el vino por agua en la Eucaristía. Por eso a sus secuaces se les llamaba aquarii. No sabemos nada sobre la muerte de Taciano. El año 172 es la última fecha que poseemos constatable de su vida.

Solamente se conservan dos obras, de Taciano, el Discurso contra los griegos y el Diatessaron. Son aún objeto de controversia la fecha de composición del Discurso contra los griegos y la finalidad del mismo. Probablemente lo escribió después de la muerte de Justino y, según parece, fuera de Roma. La obra más importante de Taciano es su «Diatessaron». Es, en realidad, una concordancia de los evangelios. Taciano lo llamó “(sacado) de los cuatro” (dia-tessaron) porque dispone textos tomados de los cuatro evangelios en forma de una historia evangélica continua. (Quasten)

Obras:
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