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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Anónimo a Diogneto
El «A Diogneto» es un escrito breve que ha motivado comentarios entusiastas por su elegancia y sencillez lingüística y el arte con que utiliza los recursos de la retórica tradicional. Tiene expresiones muy logradas y afirmaciones capitales sobre el papel de los cristianos en la obra cósmica y en la historia. Más que una carta (añadidura del primer editor) es un discurso o tratado. Su contenido se desarrolla en una apología contra los paganos y judíos, seguida por el famoso pasaje sobre el papel de los cristianos en el mundo y una catequesis somera, como contrapartida positiva de la apología. Culmina en una exhortación. La fecha del documento ha sido muy controvertida; pero los contactos con los otros escritos de los apologistas del s. II permiten colocarlo con mayor probabilidad en el s. II que en el III. Los capítulos apologéticos ofrecen semejanzas con Predicación de Pedro y Arístides. Los capítulos catequéticos y la exhortación muestran más analogías con Hipólito y Clemente Alejandrino. Todo esto permite fechar el documento entre el 190 y el 200. (Trevijano)
Grupo: p. griegos
Año de referencia: 190
Introducción:

La Epístola a Diogneto es una apología del cristianismo compuesta en forma de carta dirigida a Diogneto, eminente personalidad pagana. No se sabe nada más ni del autor ni del destinatario. H. Lietzmann cree que Diogneto podría ser el tutor de Marco Aurelio. La fecha de composición está todavía sujeta a conjeturas. El contenido de la carta ofrece muchos puntos comunes con los escritos de Arístides. No parece, sin embargo, que haya dependencia directa. El autor usó también las obras de San Ireneo. Por otra parte, el capítulo 7,1 al 5 recuerda mucho al Philosophumena 10,33 de Hipólito, y los capítulos 11 y 12 no son más que una reproducción de la conclusión de esta obra. Por eso N. Bonwetsch y R. H. Connolly creyeron que el autor de la epístola fue Hipólito. De ser esta suposición verdadera, la carta sería de principios del siglo III. En favor de esta fecha está también la observación que hace el autor en su obra de que el cristianismo se halla ya extendido por todo el mundo.

Recientemente se ha lanzado una nueva hipótesis sobre el autor de esta epístola. O. Andriessen cree que fue Cuadrato quien la compuso y que la carta no es más que la apología perdida de este autor. Bien es verdad que en la Epístola a Diogneto no se encuentra la única frase de la apología de Cuadrato citada por Eusebio (Hist. eccl. 4,3,2), pero entre los versos 6 y 7 del capítulo 7 existe una laguna, en la cual el fragmentó en cuestión encajaría perfectamente. Por otra parte, lo que sabemos de Cuadrato por Eusebio, Jerónimo, Focio, por el martirologio de Beda y por la carta apócrifa de Santiago dirigida a él, concuerda con el contenido de la Epístola a Diogneto. La impresión que acerca del autor se saca de la lectura de la epístola coincide con lo que sabemos del apologista Cuadrato por la tradición, o sea: que fue discípulo de los Apóstoles, que escribió en estilo clásico y que no solamente luchó contra el paganismo, sino también contra el judaísmo. Sabemos, además, por Eusebio que Cuadrato dirigió su apología a Adriano, y los datos que nos proporciona la obra sobre su destinatario, Diogneto, convendrían perfectamente a este emperador. Finalmente, si suponemos que Cuadrato es el autor de la Epístola a Diogneto, la cuestión de la autenticidad de los dos últimos capítulos (11-12), que forman como el epílogo, hay que plantearla de muy diferente manera. El autor de este epílogo se llama a sí mismo discípulo de los Apóstoles y maestro de los paganos. P. Andriessen es del parecer de que no hay otro autor eclesiástico a quien esto pueda aplicársele mejor. Sin embargo, queda en pie la cuestión de la diferencia de estilo entre el cuerpo de la epístola y los dos últimos capítulos. H. I. Marrou cree que el autor verdadero de la Epístola a Diogneto es Panteno de Alejandría.

Por desgracia, no queda ni un solo manuscrito de la carta. El único que había fue destruido durante la guerra franco-prusiana en el incendio de la biblioteca de Estrasburgo. Este manuscrito, que era del siglo XIII o XIV. había pertenecido antes a la biblioteca del monasterio alsaciano de Maursmuenster. La epístola se encontraba entre las obras de Justino Mártir. Todas las ediciones se basan en este manuscrito.

La epístola fue escrita a requerimientos de Diogneto, que pedía a su amigo cristiano le informara acerca de su religión. Las preguntas de Diogneto pueden deducirse de la introducción de la carta:

«Pues veo, excelentísimo Diogneto, tu extraordinario interés por conocer la religión de los cristianos y que muy puntual y cuidadosamente has preguntado sobre ella: primero, qué Dios es ese en que confían y qué género de culto le tributan para que así desdeñen todos ellos el mundo y desprecien la muerte, sin que, por una parte, crean en los dioses que los griegos tienen por tales y, por otra, no observen tampoco la superstición de los judíos; y luego, qué amor es ese que se tienen unos a otros; y por qué, finalmente, apareció justamente ahora y no antes en el mundo esta nueva raza, o nuevo género de vida»

(Quasten)

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