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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Clemente de Alejandría
Clemente de Alejandría nació probablemente en Atenas hacia el año 150, de padres paganos. Recibió una buena educación literaria y filosófica al gusto de la época. No tenemos información alguna acerca de su conversión al cristianismo; sólo sabemos que su aceptación de la fe no disminuyó en nada su infatigable curiosidad intelectual, y que, siendo ya cristiano, viajó por Italia, Siria y Palestina, para instruirse de los maestros cristianos más renombrados. Finalmente pasó a Alejandría donde encontró al maestro que deseaba en la persona del filósofo cristiano Panteno, de quien dice Clemente que “como abeja recogía el néctar de las flores que esmaltan el campo de los profetas y los apóstoles, engendrando en el alma de sus oyentes una ciencia inmortal.” De discípulo pasó pronto a ser asociado y colaborador de Panteno, a quien sucedió en su muerte como mentor intelectual de los círculos cristianos cultos de Alejandría. Murió en 215/16. (J. Vives)
Grupo: p. griegos
Año de referencia: 215
Introducción:

Aunque sabemos muy poco de la vida de Clemente, podemos obtener un vivo retrato de su personalidad a través de sus escritos. Revelan estos la mano de un gran maestro. En ellos, además, la doctrina cristiana se enfrenta por primera vez con las ideas y realizaciones de la época. Por esta razón, Clemente se merece el título de “pionero” de la ciencia eclesiástica. Su obra literaria demuestra que fue hombre de vasta erudición, que conocía la filosofía, la poesía, la arqueología, la mitología y la literatura. No siempre recurría a las obras originales, sino que se servía a menudo de antologías y florilegios. Sin embargo, tenía un conocimiento completo de la literatura cristiana primitiva, tanto de la Biblia como de todas las obras post-apostólicas y heréticas. Cita 1.500 veces el Antiguo Testamento y 2.000 el Nuevo. También conoce bastante bien a los clásicos, a los que cita no menos de 360 veces.

Clemente se daba perfecta cuenta de que la Iglesia tenía que enfrentarse necesariamente con la filosofía y la literatura paganas, si quería cumplir sus deberes para con la humanidad y estar a la altura de su misión de educadora de las naciones. Su formación helenística le capacitó para hacer de la fe cristiana un sistema de pensamiento con base científica. Si el pensamiento y la investigación de tipo científico tienen hoy derecho de ciudadanía en la Iglesia, se lo debemos principalmente a él. Demostró que la fe y la filosofía, el Evangelio y el saber profano no se oponen, sino que se completan mutuamente. Toda ciencia humana sirve a la teología. El cristianismo es la corona y la gloria de todas las verdades contenidas en las diferentes doctrinas filosóficas.

Tres de sus escritos forman una especie de trilogía y nos dan base suficiente para formarnos una idea de su postura y sistema teológicos. Son el Protréptico, el Pedagogo y el Stromata. (Quasten)

Obras:
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