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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
San Teófilo de Antioquía: Tres libros a Autólico
Básicamente, Reproducimos la versión publicada en la colección "Fuentes Patrísticas": Teófilo de Antioquía. A Autólico. Introducción, texto griego, traducción y notas de José Pablo Martín, Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 2004, pp. 60 ss. (Fuentes Patrísticas 16). Cf. Padres Apostólicos y Apologistas Griegos (S. II). Introducción, notas y versión española por Daniel Ruiz Bueno, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2002, pp. 1433 ss. (BAC 629); Théophile d'Antioche. Trois livres a Autolycus. Texte grec établie par G. Bardy. Traduction de Jean Sender. Introduction et notes de Gustave Bardy, Paris, Eds. du Cerf, 1948, pp. 58 ss. (Sources Chrétiennes 20).
La versión que publicamos proviene del sitio del Monasterio Benedictino de Santa María de los Toldos (ver link)

De sus obras se han conservado únicamente los tres libros Ad Autolycum. Debió de componerlos poco después del año 180, porque el libro tercero da una cronología de la historia del mundo que llega hasta la muerte de Marco Aurelio (17 de marzo de 180). El autor defiende el cristianismo contra las objeciones de su amigo Autólico.
En el primer libro habla de la esencia de Dios, a quien solo pueden ver los ojos del alma. El primer libro trata, además, de las contradicciones internas de la idolatría y de la diferencia que hay entre el honor tributado al emperador y la adoración debida a Dios.
El segundo libro opone las enseñanzas de los profetas, inspirados por el Espíritu Santo, a la necedad de la religión pagana y a las doctrinas contradictorias de los poetas griegos, como Homero y Hesíodo, en lo que atañe a Dios y al origen del mundo. El relato del Génesis sobre la creación del mundo y del hombre, el paraíso y la caída, lo analiza con detalle y lo interpreta alegóricamente. Al final, el autor cita algunas instrucciones de los profetas sobre la manera recta de honrar a Dios y encauzar la vida. Es interesante advertir que, entre estas instrucciones, Teófilo no duda en aducir también la autoridad de la Sibila. De esta manera nos ha conservado dos largos fragmentos de sus oráculos, que no se hallan en ningún otro manuscrito de los Oracula Sibyllina. Estos dos fragmentos constan de ochenta y cuatro versos, y ensalzan en términos sublimes la fe en un solo Dios.
El tercer libro demuestra la superioridad del cristianismo desde el punto de vista moral. Refuta las calumnias de los paganos y las acusaciones de inmoralidad hechas contra los cristianos. Prueba, por otra parte, la inmoralidad de la religión pagana fundándose en la maldad que atribuyen a los dioses los escritores paganos. Finalmente, para demostrar que la doctrina cristiana es más antigua que todas las demás religiones, Teófilo echa mano de una cronología del mundo y prueba que Moisés y los profetas son más antiguos que todos los filósofos. (Quasten)

LIBRO PRIMERO

Introducción

1.1. Boca ingeniosa y hablar elegante traen placer y alabanza, para gloria vana, a los hombres despreciables que tienen el entendimiento corrompido (cf. 2 Tm 3,8). El que ama la verdad, en cambio, no atiende a palabras adornadas sino que examina la realidad del discurso, qué es y de qué clase es. 2. Y ya que tú, amigo mío, me increpaste con palabras vacías vanagloriándote de tus dioses de piedra y de madera, forjados y fundidos, modelados y pintados, que ni ven ni oyen, pues son ídolos, obra de manos de hombre (Sal 113,12; 134,15-17), y además me llamas cristiano como si llevara un nombre malvado, entonces yo confieso que soy cristiano, llevo este nombre amado por Dios con la esperanza de ser útil para Dios (cf. Flm 11). 3. Porque no ocurre en realidad cerno tú piensas, que sea difícil el nombre de Dios, sino que, quizá por ser tú inútil para Dios, piensas de Dios de esta manera.

Condiciones morales para el conocimiento de Dios

2.1. Porque si me dices: "muéstrame a tu Dios", yo te respondería: "muéstrame a tu hombre y yo te mostraré a mi Dios". Enséñame, en efecto, los ojos de tu alma que vean y los oídos de tu corazón que oigan. 2. Porque así como los que ven con los ojos del cuerpo reconocen las cosas de la vida y de la tierra, y disciernen juntamente sus diferencias, por ejemplo, entre luz y oscuridad, entre blanco y negro, entre lo deforme y lo bello, entre lo rítmico y medido y lo arrítmico y fuera de compás, entre lo desmesurado y lo truncado, y lo mismo respecto de lo audible, cuales los sonidos agudos, bajos y suaves, de la misma manera ocurre con los oídos del corazón y los ojos del alma en cuanto a su capacidad de ver a Dios. 3. Dios, en efecto, es visto por quienes son capaces de mirarle en cuanto tienen abiertos los ojos del alma. Porque todos tienen ojos, pero algunos los tienen con cataratas y no ven la luz del sol. Y no porque los ciegos no vean deja de brillar la luz del sol, más bien, que los ciegos busquen la causa en sí mismos y en sus ojos. También tú, hombre, tienes los ojos de tu alma con cataratas por tus pecados y por tus malas obras.
4. Como espejo brillante, así debe el hombre tener pura su alma; apenas el orín cubre el espejo, ya no se puede ver en él el rostro del hombre. De la misma manera, apenas el pecado entra en el hombre ya no puede éste contemplar a Dios. 5. Muéstrate, pues, a ti mismo, si no eres adúltero, si no eres fornicador, sí no eres ladrón, si no eres fraudulento, si no eres rapaz, si no eres homosexual, si no eres insolente, si no eres agresivo, si no eres irascible, si no eres envidioso, si no eres arrogante, si no eres altanero, si no eres pendenciero, si no eres avaro, si no desobedeces a tus padres, si no vendes a tus hijos. Porque Dios no se manifiesta a quienes realizan estas acciones si antes no se purifican por completo de toda mancha (cf. 2 Co 7,1).
6. Porque todas estas cosas te ensombrecen como cuando una astilla se mete en tus ojos y ellos no pueden fijarse en la luz del sol. De la misma manera, hombre, las impiedades te ensombrecen y así no puedes mirar a Dios.

Trascendencia de Dios

3.1. Me dirás entonces: "tú que ves, explícame la forma de Dios". Escúchame hombre: la forma de Dios es inefable e inexpresable y no puede ser vista por los ojos carnales. Por gloria, es inabarcable; por grandeza, es incomprensible; por altura, es inconcebible; por fuerza, es incomparable; por sabiduría, nadie le enseña; por su bondad, es inimitable; por su beneficencia, es inenarrable. 2. Si le llamo luz, me refiero a su obra; si le llamo verbo, nombro su principio; si le llamo intelecto, nombro su pensamiento; si le llamo espíritu, nombro su hálito; si le llamo sabiduría, nombro su generación; si le llamo fuerza, nombro su poder; si le llamo potencia, nombro su actividad; si le llamo providencia, nombro su bondad; si le llamo reino, nombro su gloria; si le llamo señor, le digo juez; si le llamo juez, le digo justo; si le llamo padre, le digo todo; si le llamo fuego, nombro su ira.
3. Me dirás ¿es que Dios se encoleriza?, sin duda. Se aíra contra los que obran mal, y es bueno, amable y misericordioso con los que le aman y temen. Él es educador de los piadosos y padre de los justos; él es juez y el que castiga a los impíos.

El soberano dominio de Dios

4.1. No tiene principio, porque es increado; inmutable, porque es inmortal. Se llama Dios por haber dispuesto todas las cosas sobre su propia firmeza, y del verbo theein, que significa correr, es decir mover, producir, alimentar, proveer, conducir y vivificar todas las cosas. 2. Es señor, porque señorea sobre todas las cosas; padre, porque es antes que todas las cosas; artífice y hacedor, porque él es el creador y hacedor de todas las cosas; altísimo, porque él está sobre todas las cosas; omnipotente, porque él domina todas las cosas y las abarca. 3. Porque las alturas de los cielos y las profundidades de los abismos y los confines de la tierra habitada están en sus manos y no hay lugar de su descanso (Is 66,1). 4. Los cielos son obra suya, la tierra es su hechura, el mar es su criatura, el hombre es su formación y su imagen; el sol, la luna y las estrellas son elementos suyos, producidos para ser signos de los tiempos, de los días y de los años (Gn 1,14), para ayuda y servicio de los hombres. 5. Así Dios hizo todo del no ser al ser, a fin de que por sus obras se conozca y comprenda su grandeza.

El conocimiento de Dios por sus obras


5.1. Como el alma no se ve en el hombre por ser ella invisible para los hombres, aunque el alma se conoce por el movimiento del cuerpo, así también Dios, que no puede ser visto por los ojos humanos, se ve y se conoce por su providencia y por sus obras. 2. De la misma manera que cuando uno ve en el mar un barco que se prepara, se marcha y retorna al puerto, evidentemente piensa que hay a bordo un piloto que lo conduce, así también hay que pensar que existe el Dios piloto de todas las cosas, aunque no se lo contemple con los ojos carnales, dado que él es inabarcable. 3. Si el sol, que es el último de los elementos, no puede ser mirado directamente por el hombre a causa de su extraordinario calor y potencia, ¿con cuánta más razón no le será imposible al hombre mortal contemplar cara a cara la gloria inexpresable de Dios? 4. De la misma manera que una granada, que contiene una corteza que la rodea y dentro muchas cavidades y compartimientos separados por membranas, y muchos granos que habitan dentro de ella, así también toda la creación está envuelta por el espíritu de Dios, y el espíritu que envuelve, junto con la creación, está envuelto por la mano de Dios. Ahora bien, como el grano de la granada que habita en su interior no puede ver lo que está fuera del envoltorio, porque está adentro, lo mismo ningún hombre puede ver a Dios, pues está recubierto por la mano de Dios juntamente con toda la creación. 5. Así también, aunque no todos vean a un rey terreno, se cree que existe porque se conocen sus leyes, y ordenanzas, sus ministros, sus oficiales y sus imágenes. ¿Y tú no quieres conocer a Dios por sus obras y sus poderes?

El conocimiento de Dios en su creación

6.1. Considera, hombre, sus obras: la sucesión de las estaciones según los tiempos, los cambios de los aires, el ordenado curso de los elementos, la ordenada carrera de los días y las noches, de los meses y los años, la diferenciada hermosura de las semillas, plantas y frutos, la variadísima producción de animales cuadrúpedos, aves, reptiles y peces ya de río ya de mar, 2. el sentido dado a los mismos anímales para engendrar y nutrirse, no para provecho propio sino para provisión del hombre, la providencia con que Dios prepara alimento para toda carne, la sumisión que él ordenó para que todas las cosas estuvieran sometidas a la humanidad, 3. las corrientes de las fuentes dulces y de los ríos perennes, la provisión de rocíos, lluvias y tormentas según las estaciones, el variadísimo movimiento de los cielos, el lucero de la mañana, que sale para anunciar la venida del luminar perfecto, la conjunción de Pléyade y Orión, Arturo y el coro de los otros astros que marchan en el círculo del cielo, a todos los cuales puso nombres propios la multiforme sabiduría de Dios.
4. Este es el Dios solo que hizo de las tinieblas luz (Jb 37,15), que extrae luz de sus tesoros, despensas del viento cálido, tesoros del abismo, y las costas de los mares, los tesoros de nieve y granizo; el que junta las aguas en los tesoros del abismo y que junta la tiniebla en sus tesoros y extrae de sus tesoros la luz dulce, deseable y grata; 5. que conduce nubes desde las extremidades de la tierra, y que multiplica relámpagos para la lluvia; que envía el trueno para asustar anunciando de antemano el estruendo del trueno con el relámpago, para que no expire al alma repentinamente turbada; 6. y también modera la fuerza desatada del relámpago, que baja de los cielos, para que no abrase la tierra, pues si el relámpago desarrollara todo su poder, abrasaría la tierra, y lo mismo el trueno, destruiría cuanto hay en ella.

Dios ha creado el mundo por su Verbo y su Sabiduría

7.1. Este Dios mío es el señor de todas las cosas, el que solo tendió el cielo (Jb 9,38) y estableció la extensión de lo que está bajo el cielo, el que conturba la profundidad del mar y hace resonar sus olas (Sal 64,8), el que domina su fuerza y calma la agitación de sus olas (Sal 88,10), el que fundó la tierra sobre las aguas y dio su espíritu que la alimenta, cuyo soplo vivifica todo, y si él retuviera el espíritu cabe sí, todo desfallecería.
2. Por él hablas, hombre, de este espíritu respiras, y tú lo ignoras. Esto te acontece por la ceguera de tu alma y la obstinación de tu corazón. Pero si quieres, puedes curarte. Encomiéndate al médico y él punzará los ojos de tu alma y de tu corazón. 3. ¿Quién es el médico? El Dios que cura y vivifica por el Verbo y la Sabiduría. Dios hizo todas las cosas por su Verbo y Sabiduría. En su verbo fueron afirmados los cielos y en su espíritu toda la fuerza de ellos (Sal 32,6). Poderosísima es su sabiduría. Dios afirmó la tierra en la sabiduría, preparó los cielos en su pensamiento, en su sentido se rasgaron los abismos, las nubes derramaron rocío (Pr 3,19-20).
4. Si entiendes estas cosas, hombre, viviendo en pureza, santidad y justicia, puedes ver a Dios. Antes que nada, antepón en tu corazón la fe y el temor de Dios, y entonces comprenderás estas cosas. Cuando depongas lo mortal y vistas la incorrupción, entonces verás dignamente a Dios. Pues Dios resucitará tu carne mortal junto al alma; y entonces, hecho inmortal, verás al inmortal, si es que ahora crees en él; y entonces, reconocerás que hablaste de él injustamente.

La resurrección. La fe

8.1. Pero tú no crees que los muertos resuciten. Cuando suceda, entonces creerás, quieras o no quieras. Y tu fe se contará como incredulidad si no crees ahora. 2. Pero ¿por qué no crees? ¿O es que no sabes que la fe precede a todas las cosas? ¿Qué agricultor puede cosechar si antes no confiara la semilla a la tierra? ¿Quién puede atravesar el mar si antes no se confiara a la nave y al piloto? ¿Qué enfermo puede curarse si antes no se confía al médico? ¿Qué arte o ciencia puede alguien aprender si antes no se entrega y confía al maestro? Entonces, si el agricultor cree en la tierra, el navegante en el navío y el enfermo en el médico, ¿tú no quieres confiarte a ti mismo a Dios, de quien tienes tantas prendas? 3. Primeramente, porque te hizo del no ser al ser. Pues si ni tu padre ni tu madre existían antes, mucho menos existías tú, entonces. Y te plasmó de una substancia húmeda, de una gota mínima y pequeña que tampoco existía antes. Y así te introdujo Dios en esta vida. 4. Además, crees que son dioses las estatuas hechas por hombres y que hacen maravillas ¿y no crees en el Dios que te hizo y que puede hacerte otra vez?

Los dioses de los paganos son hombres deificados

9.1. Los nombres de los dioses que dices venerar son nombres de hombres muertos. 2. Y aun estos, ¿quiénes y qué tales fueron? ¿No se ve que Crono come niños y devora a sus propios hijos? 3. Y si incluso hablaras de su hijo Zeus, aprende cuáles fueron sus propias acciones y conducta. En primer lugar, en el Ida fue alimentado por una cabra y, según los mitos, la mató y despellejó para hacerse un vestido. 4. En cuanto a sus otras acciones, como su unión con la hermana, adulterios y pederastía, mejor lo cuentan Homero y los demás poetas. 5. Para qué además ponerme yo a hacer el catálogo de sus hijos, Heracles, que se quema a sí mismo, Dionisio, borracho y loco, Apolo, que teme y huye de Aquiles, enamora a Dafne y no se entera del destino de Jacinto. También está Afrodita, que fue herida, y Ares, estrago para los mortales, y, en fin, el suero que mana de estos pretendidos dioses (cf. Homero, Ilíada, 5,336-342 y 455).
6. Decir estas cosas es todavía moderado frente al encuentro de un dios desmembrado, el llamado Osiris, del que cada año se celebran misterios como si se perdiera y se encontrara, buscado miembro a miembro, pero ni se sabe si se pierde ni se muestra que se encuentre. 7. Tampoco voy a hablar de Atis castrado, o de Adonis errante por la selva, herido por un jabalí mientras cazaba, ni de Asclepio fulminado, ni de Serapis, que llega a Alejandría huyendo de Sínope, ni de la escita Artemisa, también ella fugitiva, asesina, cazadora, enamorada de Endimión. Pues bien, no somos nosotros los que decimos estas cosas sino que las proclaman sus escritores y poetas.

Los egipcios adoran animales y los griegos estatuas

10.1. ¿Para qué además ponerme a catalogar la multitud de animales que veneran los egipcios: reptiles, animales domésticos y salvajes, aves, peces de río y hasta la vasija de los pies y los ruidos vergonzosos? 2. Y si también mencionaras a los griegos y a las demás naciones, ellos veneran piedras, leños y otros materiales, representaciones, como ya dijimos, de hombres muertos. En Pisa encontramos a Fidias, que hace el Zeus Olímpico para los eleos, y para los atenienses la Atenea Acropolitana.
3. Ahora, yo te preguntaré a ti, hombre, cuántos Zeus existen. Porque, en primer lugar, se le llama Zeus al Olímpico, luego Zeus Latino, Zeus Casio, Zeus Fulmíneo, Zeus Propátor, Zeus Nocturno, Zeus Cívico, Zeus Capitolino. 4. Y también Zeus hijo de Crono, que fuera rey de los cretenses, que tiene su sepulcro en Creta. A los otros quizás no se los consideró dignos de sepultura. 5. Y si también nombraras a la madre de los llamados dioses, que se aparte de mi boca la mención de sus acciones (no nos es permitido nombrar siquiera tales cosas) como también las acciones con que sus fieles la veneran, como los tributos e impuestos que ellos y sus hijos pagan al emperador.
6. No son dioses sino ídolos, como anteriormente hemos dicho, obras de manos de hombres y demonios impuros. Que terminen siendo como ellos los que los fabrican (Sal 113,16) y los que en ellos ponen su esperanza.

La actitud hacia el emperador

11.1. Por ello, más bien honraré yo al emperador, no adorándole, sino rogando por él. Adoro al dios que es Dios existente y verdadero, sabiendo que el emperador ha sido hecho por él. 2. Me dirás entonces, ¿por qué no adoras al emperador? Porque no ha sido hecho para ser adorado sino para que se lo honre con el honor legítimo. Pues, en efecto, no es dios sino hombre, establecido por Dios, no para ser adorado sino para juzgar justamente. 3. De alguna manera Dios le ha confiado una administración; y así como él mismo no quiere que se llamen emperadores a quienes son sus subordinados, pues el nombre de emperador es suyo propio y a ningún otro le corresponde llamarse tal, de la misma manera a nadie corresponde ser adorado sino a solo Dios.
4. Por lo tanto, hombre, estás completamente errado. Honra al emperador con afecto hacia él, subordinándote a él, orando por él. 5. Haciendo esto haces la voluntad de Dios. Pues la ley de Dios dice: "Honra hijo mío a Dios y al rey, y a ninguno de ellos seas desobediente, pues repentinamente harán pagar a sus enemigos" (Pr 24,21-22).

El nombre de cristiano

12.1, En cuanto a burlarte de mí llamándome cristiano, no sabes lo que dices. Primero, porque ungido significa agradable y provechoso y no digno de burla. 2. ¿Qué nave puede ser provechosa y salvarse si no se la unge primero? ¿Qué torre o casa está bien construida y es provechosa si no se la unta? ¿Qué hombre al ingresar a esta vida o al convertirse en atleta no se unge con óleo? ¿Qué producto o qué ornato puede tener buena forma si no se lo unge y se lo lustra? 3. Además, el aire como toda la tierra que está bajo el cielo, de alguna manera es ungido con luz y espíritu. ¿Y tú no quieres ser ungido por el óleo de Dios? Por ello nosotros nos llamamos cristianos, porque somos ungidos con el óleo de Dios.

Imágenes de la resurrección en la naturaleza

13.1. Pero en cuanto a tu negación de la resurrección de los muertos, tú dices: "muéstrame al menos uno que haya regresado de los muertos y viéndolo, creeré". Primero, ¿qué importancia tiene el que creas lo que has visto suceder? 2. Además, crees que Heracles vive después de quemarse a sí mismo y que Asclepio resucitó después de haber sido fulminado. ¿Y no crees lo que Dios te dice? Tal vez, aun mostrándote un muerto resucitado y viviente tampoco lo creas. 3. Dios te muestra numerosos indicios para que le creas. Si quieres, considera la terminación de las estaciones, días y noches, cómo mueren y cómo resurgen. 4. ¿Y no ocurre acaso una resurrección con las semillas y frutos, y ello para utilidad de los hombres? Toma el ejemplo del grano de trigo o de las otras semillas, una vez que se le echa en tierra, primero muere y se disuelve, luego resucita y se convierte en espiga (cf. Jn 12,24; 1 Co 15,36). 5. Y la naturaleza de los árboles y plantas ¿no es así que según la ordenación de Dios produce sus frutos desde lo oculto o invisible según las estaciones? 6. Es más, hay veces que un gorrión u otro pájaro traga una semilla de manzano o de higuera o de otra clase, va hacia alguna altura rocosa o sepulcro y defeca la semilla que había sido tragada y había pasado por tanto calor, prende y echa raíces como un árbol. 7. Todo esto hace la sabiduría de Dios para demostrar a través de estas cosas que Dios es poderoso para realizar la resurrección universal de todos los hombres65.
8. Y si quieres contemplar una maravilla más admirable aun, que sucede para demostración de la resurrección, no solamente de las cosas terrenas sino de las del cielo, considera la resurrección de la luna que ocurre cada mes, cómo se consume, muere y resurge nuevamente. 9. Escucha además la obra de la resurrección que acontece en ti mismo, aunque tú, hombre, la ignores. Quizás alguna vez, cayendo enfermo, has perdido tus carnes, la fuerza y la forma, pero, alcanzado por la misericordia de Dios y curado, nuevamente recuperaste tu cuerpo, tu forma y tu fuerza. 10. Y así como no supiste a dónde se fueron tus carnes al desvanecerse, tampoco conoces de dónde vinieron cuando regresaron. Pero dirás: "de los alimentos y líquidos convertidos en sangre" (cf. Alejandro de Afrodisia, Problemata, 1,118,14-16). Bien, pero también esto es obra de Dios: así lo ha producido y ningún otro.

La experiencia personal de Teófilo

14.1. No seas incrédulo, pues, sino cree (cf. Jn 20,27). Tampoco yo creía que esto habría de suceder, pero ahora, tras haberlo considerado, lo creo; y porque al mismo tiempo accedí a las escrituras sagradas de los santos profetas, quienes, por el espíritu de Dios predijeron las cosas que ya pasaron del modo en que pasaron, las cosas presentes del modo en que suceden y las cosas futuras en el mismo orden en que se consumirán. Teniendo, pues, prueba de las cosas sucedidas después de haber sido preanunciadas, no soy incrédulo sino creo, obedeciendo a Dios. Si quieres, sométete a Él también tú, creyendo en Él; no sea que por no creerle ahora, seas persuadido entonces con pena entre tormentos eternos.
2. Habiendo sido predichos estos tormentos por los profetas, los poetas y filósofos que vinieron después robaron esto de las escrituras santas con el fin de otorgarle autoridad a sus doctrinas. De cualquier manera también ellos predijeron los castigos que habrían de venir contra los impíos e incrédulos, de modo que todos quedaron atestiguados y así nadie pudiera decir: "no lo oímos ni lo sabíamos".
3. Si quieres, lee tú también con respeto las escrituras proféticas y ellas te guiarán con más claridad para escapar a los castigos eternos y alcanzar los bienes eternos de Dios. 4. Pues el que dio boca para hablar y formó oídos para oír e hizo ojos para ver, examinará todas las cosas y juzgará con justicia, retribuyendo a cada uno según su mérito. 5. A los que por perseverancia en las buenas obras busquen la incorrupción, les regalará vida eterna, alegría, paz, descanso y plenitud de bienes, que ni ojo vio ni oído oyó ni llegó a corazón de hombre (cf. Is 64,3; Jr 3,16; 1 Co 2,9). 6. A los incrédulos y burlones, a los que desobedecen a la verdad y obedecen a la injusticia, después de involucrarse en adulterios, fornicaciones, actos de homosexualidad, avaricia y sacrílegas idolatrías, para éstos habrá ira e indignación, tribulación y angustia, y por fin, el fuego eterno se apoderará de ellos.
7. Ya que me replicaste, amigo, "muéstrame tu dios", este es mi Dios y te aconsejo que le temas y le creas.


LIBRO SEGUNDO

Introducción

1.1. Hace unos días tuvimos una conversación, óptimo Autólico, en la que, preguntándome tú cuál era mi Dios, yo expuse sobre mí religión, prestando tú a veces oído a nuestro diálogo. Al despedirnos regresamos cada uno a nuestra casa en la mejor amistad, a pesar de que en un primer momento habías mostrado intransigencia hacia nosotros. En efecto, sabes y recuerdas que tomabas nuestra doctrina como locura. 2. Pero como posteriormente tú me has invitado, y a pesar de ser yo inexperto en el discurso, quiero también ahora por medio de este escrito demostrarte de la manera más estricta lo vano de tu esfuerzo y lo vacío del culto en el que estás atrapado, y al mismo tiempo, te haré patente lo verdadero a través de algunas historias que tú lees, aunque quizás no entiendes.

Las aberraciones del paganismo: la idolatría

2.1. Así pues, me parece ridículo que escultores, alfareros, pintores o fundidores modelen, pinten, esculpan, fundan y fabriquen dioses que no merecen ningún aprecio mientras los artistas los están haciendo, pero que, apenas han sido comprados por algunos y colocados en lo que llaman templo o en alguna casa, entonces no solamente quienes los compraron les ofrecen sacrificios, sino que los mismos fabricantes y vendedores acuden con devoción portando instrumental de sacrificios y libaciones para adorarlos y los tienen por dioses, sin tener en cuenta que son los mismos que cuando eran hechos por ellos, es decir, piedra, bronce, madera, color y otros tipos de materia. 2. En efecto, esto mismo les sucede a los que leen las historias y genealogías de los llamados dioses. Mientras leen sus nacimientos los consideran como hombres, pero luego los llaman dioses y les rinden culto, sin saber ni comprender que cuales leyeron que nacieron así es como fueron engendrados.

El antropomorfismo de los dioses paganos

3.1. Ahora bien, antes se encontraba numerosa descendencia de los dioses, si es que realmente nacían. Pero hasta ahora ¿dónde está la descendencia de los dioses? Pues, sí antes engendraban y nacían, es evidente que también ahora tendrían que nacer dioses engendrados. Si no es así, habría que admitir debilidad en ellos, pues, o envejecieron y por eso no engendran, o murieron y entonces ya no existen. 2. Porque si hubo dioses que engendraban, también tendrían que engendrar hasta ahora así como los hombres engendran. Es más, los dioses tendrían que ser más numerosos que los hombres, como dice la Sibila: "Si los dioses engendran y permanecen inmortales los dioses nacidos serían más que los hombres no habría lugar donde estar para los mortales" (Oráculos Sibilinos, fragmento 2).
3. Porque si los hijos engendrados por los hombres, que son mortales y efímeros, se muestran hasta hoy y no cesan de ser engendrados hombres por lo cual se llenen las ciudades y aldeas y hasta los campos son habitados, ¿cuánto más no tendrían que engendrar y ser engendrados dioses que no mueren, según los poetas, de acuerdo con lo que dicen de la generación y nacimiento de dioses? 4. ¿Cómo es que antes el monte llamado Olimpo era habitado por dioses y ahora se encuentra desierto? ¿Por cuál motivo entonces moraba Zeus en el Ida y se sabía de su morada por Homero y los demás poetas, y ahora se ignora? 5. ¿Cómo es que no estaba en todas partes sino que se encontraba en un punto de la tierra? Porque, o bien descuidaba las otras partes, o bien era incapaz de estar en todas partes y proveer todas las cosas. Porque, por ejemplo, si estaba en Oriente no estaba en Occidente; si estaba de nuevo en Occidente no estaba en Oriente. 6. Es propio de Dios altísimo, omnipotente y existente Dios, no solo estar en todas partes, sino verlo todo y oírlo todo (cf. Homero, Odisea, 11,109), 7, y también no estar contenido en ningún lugar. Si no, el lugar que lo contuviera llegaría a ser más grande que él. Pues el continente es mayor que lo contenido. Dios, entonces, no es contenido sino que él mismo es el lugar de todas las cosas.
8. ¿Por qué Zeus abandonó el Ida? Quizás se murió o no le gustaba ya aquel monte? ¿A dónde se fue? ¿A los cielos? Seguro que no. ¿Dirás entonces que fue a Creta? Sí. Su tumba se muestra allí hasta hoy. También dirás que se fue a Pisa, donde hasta hoy es famoso por las manos de Fidias. Pasemos ahora a los escritos de los filósofos y poetas.

Las contradicciones de los escritores paganos

4.1. Algunos estoicos niegan absolutamente que exista dios, o, si existe, dicen que el dios no se ocupa de nadie fuera de él mismo. En esto se puso totalmente de manifiesto la insensatez de Epicuro y de Crisipo. 2. Otros dicen que el azar está en todas las cosas, que el mundo es ingenerado y la naturaleza eterna, y aun se atrevieron a decir que no hay en absoluto providencia de dios, sino que el único dios es la conciencia de cada uno (cf. Menandro, Sentencias, 81). 3. Otros, a su vez, enseñan que es dios el espíritu que se extiende por todas las cosas. 4. Platón y los de su escuela reconocen que Dios es ingenerado, padre, hacedor de todas las cosas (cf. Platón, Timeo, 28 c 3; 27 d-c). También suponen que son ingenerados tanto Dios como la materia (cf. Plutarco, De animae procr., 1014 a-b; Albino [Alcinoo], Disdaskalikos, 9; Apuleyo, Dogmatae, 5,191), y afirman que ésta es coetánea de Dios. 5. Pero si Dios y también la materia son ingenerados, entonces según los platónicos Dios no es hacedor de todas las cosas, ni por cierto se manifiesta, de seguirlos, la monarquía de Dios. 6. Además, como Dios por ser ingenerado es también inalterable, de la misma manera la materia, si fuese ingenerada sería inalterable e igual a Dios. Porque lo generado es mutable y alterable y lo ingenerado es inmutable e inalterable.
7. ¿Qué grandeza habría si Dios hiciera el mundo de materia preexistente? Pues también un hombre artesano, tomando una materia cualquiera hace de ella lo que quiere. Pero el poder de Dios se manifiesta en esto: el hacer lo que quiere del no ser, de modo que ningún otro sino Dios puede dar alma y movimiento. 8. En efecto, un hombre hace una imagen pero no puede dar palabra ni aliento ni sentido a lo hecho por él. Dios en cambio, más allá de lo que puede el hombre, hace un ser racional con aliento y sensibilidad. 9. Ahora bien, como en todas las cosas Dios es más poderoso que el hombre, así también lo es en hacer las cosas de lo que no es, en producir los entes que él quiere y como quiere.

Discordia de los filósofos y escritores paganos

5.1. Es discorde la opinión de filósofos y escritores. Pues mientras aquellos dicen tales cosas, se encuentra el poeta Homero que introduce con otro supuesto la génesis no solamente del mundo sino también de los dioses. Dice en efecto en algún lugar: "Al Océano, la génesis de los dioses y a la madre Tetis de donde son todos los ríos y la mar toda" (Homero, Ilíada, 14,201 [cf. 302] y 21,196).
2. Pero hablando así no presenta a ningún dios. ¿Quién no sabe que el Océano es agua? Y si es agua, luego no es dios. Y Dios, si es el hacedor de todas las cosas como lo es, es por tanto creador del agua y de los mares.
3. El mismo Hesíodo, no solamente explicó la génesis de los dioses sino del mismo mundo. Y habiendo dicho que el mundo es generado no tuvo fuerza para decir por quién. 4. Dijo además que son dioses Crono y, a partir de él, Zeus, Posidón y Plutón, y nos encontramos con que éstos fueron generados después del mundo. 5. Narra también que Crono fue combatido por su propio hijo Zeus, pues dice así: "Por la fuerza venciendo a su padre Crono, recto orden puso entre los inmortales y distribuyó los honores" Hesíodo, Teogonía, 73-74).
6. Luego continúa hablando de las hijas de Zeus, a las que llama Musas; de quienes se presenta como suplicante, queriendo aprender de ellas de qué modo fueron generadas todas las cosas. Dice: "Salve hijas de Zeus, dénme el delicioso canto. Celebren el género de los bienaventurados inmortales que existen para siempre, los oriundos de la tierra, los del cielo estrellado, los de la noche oscura, o los criados por el salobre mar. Díganme cómo nacieron primero dioses y tierra y ríos, el mar infinito que hierve de olas, los astros brillantes y el cielo tendido por encima, cómo repartieron riqueza y distribuyeron honores y cómo ocuparon primero el Olimpo lleno de valles. Cuéntenme estas cosas, Musas, dueñas de moradas olímpicas desde el principio, díganme cuál de ellas existió primero" (Hesíodo, Teogonía, 104-110; 112-115).
7. ¿Cómo sabían todo esto las Musas, habiendo sido engendradas después del mundo? ¿Cómo podían contarle a Hesíodo acontecimientos anteriores al nacimiento de su padre?

¿Quién produjo la materia y modeló el caos?

6.1. (Hesíodo) de alguna manera supone la materia y la hechura del mundo cuando dice: "Primero fue Caos y luego la tierra de ancho pecho; firme y perpetua sede de todos los inmortales que ocupan las cumbres del nevado Olimpo, el tenebroso Tártaro, profundidad de la tierra de anchos caminos, y también Eros, el más bello de los dioses inmortales, aliviador, que en el interior de todos los dioses y de todos los hombres domina la mente y el prudente consejo. Del Caos nacieron el Erebo y la negra Noche. 2. La Tierra primero engendró igual a sí al Cielo estrellado, para que la envolviera completamente, para que fuera por siempre firme sede de los beatos dioses. Engendró luego las altas montañas, agradables moradas de las divinas Ninfas, que habitan las quebradas de los montes. Y parió también al mar infecundo hinchado de olas, al Ponto, sin pasión amorosa; mas luego, acostada con el Cielo, parió al Océano de hondos torbellinos" (Hesíodo, Teogonía, 116-123; 126-133).
3. Al decir todo esto, ni aun así declaró por quién fueron engendradas las cosas. Porque si en el comienzo fue Caos y preexistía cierta materia increada ¿quién entonces fue el que la dispuso, la organizó y la transformó? ¿O acaso la misma materia se estructuró y se ordenó a sí misma? Porque Zeus es engendrado mucho tiempo después, no solamente después de la materia sino del mundo y de multitud de hombres. Al igual que Crono, su padre. ¿O quien la hizo no fue más bien algo principal, digo Dios, el que también la puso en orden?
4. Además se ve que en todos los casos habla tonterías y se contradice a sí mismo. Porque habiendo hablado de tierra, cielo y mar, quiere que de ellos hayan nacido los dioses, y de éstos, anuncia unos hombres terribles, parientes de los dioses, género de Titanes, Cíclopes y multitud de Gigantes (cf. Hesíodo, Teogonía, 139, 185, 207), dáimones (demonios o dioses) según los egipcios o vanos hombres como recuerda Apolónides, el que es apodado Horapio, en el libro "Semenuthi", y en las demás historias suyas sobre el culto de los egipcios y sobre sus reyes.

Los dioses no pueden fundar familias humanas

7.1. ¿Para qué me voy a poner a hablar de los mitos de los griegos y de su inanidad? Plutón, que reina sobre la oscuridad, Poseidón, que se mete bajo el mar, se abraza con Melanipa y engendra un hijo antropófago. ¿Y qué de las tragedias que los escritores compusieron sobre los hijos de Zeus? Los mismos catalogan sus generaciones porque no nacieron dioses sino hombres. 2. Y el cómico Aristófanes en su escrito "Aves", poniéndose a contar la creación del mundo, dijo que en los comienzos nació un huevo que era la constitución del mundo, al decir: "Lo primero la de alas negras poniendo un huevo" (Aristófanes, Aves, 695).
3. Es más, Sátiro, al historiar las familias de los alejandrinos, comenzando por Filopátor llamado también Tolomeo, reporta a Dióniso como su progenitor; de ahí que Tolomeo establezca la primera tribu. 4. Así, pues, dice Sátiro: "De Dióniso y Altea, hija de Testio, nació Deianira; de ésta y de Heracles, hijo de Zeus, Hilo; de éste, Cleodemo; de este, Aristómaco; de éste, Témeno; de éste, Ciso; de éste, Marón; de este, Testio; de éste, Acoo; de éste Aristodamida; de éste, Cárano; de éste, Ceno; de éste, Tirimas; de éste, Perdicas; de éste, Filipo; de éste, Aéropo; de éste, Alcetas; de éste, Amintas; de éste, Bocro; de éste, Meleagro; de éste, Arsínoe; de ésta y de Lago, Tolomeo Soter; de éste y de Berenice, Tolomeo Filadelfo; de éste y de Arcínoe, Tolomeo Evergetes; de éste y de Berenice, hija de Magas, rey de Cirene, Tolomeo Filopátor. 5. Así consta el parentesco de los reyes de Alejandría con Dióniso. De ahí la tribu dionisíaca toma su división en familias: la altaida, de Altea, que fue mujer de Dióniso e hija de Testio; la deianírida, de la hija de Dióniso y Altea, y mujer de Heracles. De allí tienen también sus nombres las familias que descienden de ellos: la ariádnida, de la hija de Minos, mujer de Dióniso, hija enamorada de su padre, que se unió con Dióniso bajo <...>, de Primnio; la téstida, de Testio, el padre de Altea; la toántida, de Toante, hijo de Dióniso; la estafilia, de Estáfilo, hijo de Dióniso; la evénida, de Eunoo, hijo de Dióniso; la marónida, hijo de Marón, hijo de Ariadna y de Dióniso. Pues todos estos son hijos de Dióniso" (Fragmentos de los historiadores griegos, 3,631; ed. F. Jacoby, Berlin 1923-1930. El texto está corrompido).
6. Todavía hay otras muchas denominaciones y se conservan hasta el presente, por ejemplo, los heraclidas, llamados así por Heracles, los apolónidas por Apolo, los posidonios por Poseidón, los diones y diógenes por Zeus.

Los poetas griegos se contradicen respecto de la providencia

8.1. ¿Para qué además voy a enumerar otras cuantiosas listas de sus nombres y genealogías? Pues de manera absoluta se engañan todos los escritores y poetas y los llamados filósofos, como también los que les prestan atención. No han compuesto sino mitos o, más bien, locuras sobre sus dioses; tampoco han demostrado que esos sean dioses y no hombres, unos borrachos, otros fornicadores, otros asesinos.
2. En cuanto a la cosmogonía, expresaron cosas discordantes entre ellos y perversas. Primero, porque algunos declararon que el mundo es ingenerado, como anteriormente mostramos (cf. II,4,4-7), y los que dijeron que es ingenerado y que la naturaleza es eterna no siguen a quienes sostienen la doctrina de que ha sido hecho. Proclamaron estas cosas por conjetura y por concepciones humanas, no según la verdad.
3. Algunos dijeron que hay providencia, otros disolvieron las doctrinas de éstos. Por ejemplo Arato dice: "Empecemos por Zeus a quien los varones nunca dejamos sin nombrar. Todas las calles están llenas de Zeus, y todas las plazas de los hombres, lleno está el mar y los puertos. Todos nos valemos de Zeus por doquier. Y es que somos generación suya. Propicio para los hombres señala la diestra favorable, despierta a los pueblos para el trabajo recordándoles la vida. Él nos dice cuándo el terrón es mejor para bueyes y asadas, nos dice cuándo las horas son oportunas ora para segar las plantas ora para lanzar cualquier semilla" (Arato, Phaenomena, 1-9).
Ahora bien, ¿a quién vamos a creer, a Arato o a Sófocles que dice: "No existe para nada providencia, lo mejor es vivir al azar como cada uno pueda" (Sófocles,Edipo Rey, 878-879)?
4. Homero, por su parte, no concuerda con él, pues dice: "Zeus ya aumenta ya disminuye la virtud para los hombres" (Homero, Ilíada, 20,242).
Y Simónides: "Nadie sin dioses recibió virtud, ni ciudad ni mortal. Dios pleno de saber. Nada sin defecto hay en aquellos" (cf. Estobeo, Antología, 1,1,10).
Igualmente Eurípides: "No hay nada para los hombres fuera de dios" (Eurípides, Fragmentos, 391).
Y Menandro: "Luego nadie cuida de nosotros sino solo dios" (Menandro, Epitrepontes, 1092).
Y otra vez Eurípides: "Cuando al dios le place salvarnos, nos da muchas ocasiones para la salvación" (Eurípides, Fragmentos, 1089).
Y Testio: "Si el dios quiere te salvarías aunque navegues sobre una estera" (Eurípides, Fragmentos, 397).
5. Diciendo millares de estas cosas se expresaron en contradicción con ellos mismos. Por lo menos Sófocles, que habla de improvidencia, en otro lugar dice: "El mortal no esquiva el golpe del dios" (Sófocles, Fragmento, 876).
6. Además, por una parte introdujeron una multitud y por otra hablaron de monarquía; y ante ellos, quienes dicen que hay providencia, se contradicen afirmando la improvidencia. De aquí que Eurípides confiesa diciendo: "Nos esforzamos en muchas cosas por nuestras esperanzas, vanamente trabajando, sin saber nada" (Eurípides, Fragmentos, 391).
7. Aun sin querer, admiten que no conocen lo verdadero. Dijeron lo que dijeron a través de demonios, inspirados e hinchados por ellos. Poetas tales, como Hornero y Hesíodo, inspirados según se dice por las Musas, hablaron por su imaginación y extravío: no por espíritu puro sino por uno embustero. 8. Esto se muestra con claridad en lo siguiente: hasta el presente, los endemoniados exorcizados en el nombre del Dios existente, confiesan que los espíritus mentirosos son demonios, los mismos que entonces influyeron sobre los poetas. 9. Sólo que, en cierta ocasión, algunos de éstos, recobrando la fuerza de su propia alma, dijeron cosas acordes con los profetas, como testimonio para ellos y para todos los hombres, acerca de la monarquía de Dios, del juicio y de las otras cosas que dijeron.

Los autores inspirados por Dios

9.1. Por su parte, los hombres de Dios, portadores de santo espíritu y hechos profetas, recibieron del mismo Dios inspiración y sabiduría, se hicieron discípulos de Dios, santos y justos. Por eso fueron considerados dignos de recibir la recompensa de convertirse en instrumento de Dios y poseedores de su propia sabiduría. Por esa sabiduría hablaron sobre la creación del mundo y sobre todas las otras cosas, y predijeron también pestes, hambres y guerras. 2. No fueron uno o dos sino muchos, según tiempos y oportunidades, tanto entre los hebreos como también entre los griegos la Sibila, y todos dijeron cosas armónicas y concordes entre sí, ya cosas acontecidas antes de ellos, ya acontecidas durante su tiempo, ya las que se están cumpliendo entre nosotros al presente. Por eso estamos persuadidos de que seguirá lo porvenir del mismo modo como se consumaron las cosas anteriores.

Las enseñanzas de los autores inspirados por Dios

10.1. En primer lugar nos enseñaron concordantemente que Él hizo todas las cosas del no ser. No hubo nada contemporáneo de Dios, sino que, siendo Él lugar para sí mismo, no teniendo necesidad alguna y existiendo antes de los siglos (cf. Sal 54,20), quiso hacer al hombre, por quien fuera conocido. Para éste pues preparó el mundo. Pues el que ha sido hecho es también indigente, mas el inengendrado de nada necesita.
2. Teniendo, pues, Dios a su propio Verbo inmanente en sus propias entrañas, lo engendró con su propia sabiduría, emitiéndolo antes de todas las cosas (cf. Sal 44,2). 3. A este Verbo tuvo por ministro para lo que fuera hecho por él, y a través de él fueron creadas todas las cosas. 4. Éste se llama principio, porque gobierna y señorea sobre todas las cosas fabricadas a través de Él. 5. Éste, entonces, que es espíritu de Dios, principio y sabiduría y fuerza del altísimo (cf. Gn 1,1; Is 11,2-3; Lc 1,35; Jn 1,1; 1 Co 1,24; 2 Co 3,18), descendió sobre los profetas y habló por medio de ellos lo referente a la creación del mundo y a todas las demás cosas. 6. Porque no existían los profetas cuando el mundo se hacía, pero sí la Sabiduría de Dios que en él estaba y su santo Verbo que siempre le asistía. De ahí que diga Él por medio del profeta Salomón: "Cuando preparó los cielos yo le asistía y cuando afirmaba la tierra yo estaba a su lado disponiéndolos" (Pr 8,27a. 29-30). 7. Y Moisés, que vivió muchos años antes de Salomón, o mejor el Verbo de Dios que dijo a través de él como por un instrumento: "En el principio hizo Dios el cielo y la tierra" (Gn 1,1). Primero nombró el principio y la creación, luego presenta al mismo Dios, porque no hay que nombrar a Dios sin necesidad o en vano. Preveía la divina sabiduría el futuro, que algunos dirían tonterías y nombrarían multitudes de dioses que no existen. 8. Así pues, para que el Dios existente fuera conocido por sus obras, y que en su Verbo hizo Dios el cielo, la tierra y cuanto hay en ellos, dijo: 9. "En el principio hizo Dios el cielo y la tierra". Luego, habiendo dicho su creación, nos manifestó: "La tierra era invisible e informe, tinieblas por sobre el abismo y el espíritu de Dios se cernía por sobre el agua" (Gn 1,2). 10. AI comienzo, la divina escritura enseña, de algún modo, que la materia fue hecha, hecha por Dios, de la que Dios hizo y fabricó el mundo.

Narración bíblica de "los seis días"

11.1. El principio de la creación es luz, por ser la luz la que hace manifiestas las cosas ordenadas. Por eso dice: "Dios dijo: "Hágase la luz", " (Gn 1,3-4a). Evidentemente hecha buena para el hombre. 2. "Y puso separación entre la luz y las tinieblas. Llamó Dios día a la luz y llamó noche a las tinieblas. Y fue tarde y fue mañana, día uno. 3. Dijo Dios: "Hágase el firmamento en medio del agua, y sea el separador entre agua y agua". Y así se hizo. E hizo Dios el firmamento y separó el agua que estaba encima del firmamento y el agua que estaba abajo del firmamento. Y llamó Dios al firmamento cielo y vio Dios que era bueno. Y hubo tarde y hubo mañana, día segundo. 4. Dijo Dios: "Reúnase el agua que está sobre el cielo en una sola reunión y aparezca la seca". Y así se hizo. Se reunió el agua en sus reuniones y apareció la seca. A los conjuntos de agua llamó mares. Y vio Dios que era bueno. 5. Dijo Dios: "Brote la tierra hierba verde que esparce semilla según especie y según semejanza, y árboles frutales que producen fruto, cuya semilla está en ellos para semejanza. Y así se hizo. Y produjo la tierra hierba verde que esparce su semilla según especie y árboles frutales que dan fruto, cuya semilla está en ellos según especie, sobre la tierra. Y vio Dios que era bueno. Y hubo tarde y hubo mañana, día tercero. 6. Dijo Dios: "Háganse lumbreras en el firmamento del cielo, para alumbrar sobre la tierra y separar el día y la noche, y sirvan de señales para las estaciones, para los días y para los años, y sean para alumbrar en el firmamento del cielo, para brillar sobre la tierra". Y así se hizo. 7. E hizo Dios los dos luminares grandes, el luminar mayor para presidir el día, y el luminar menor para presidir la noche y las estrellas. Dios los puso en el firmamento del cielo, para brillar sobre la tierra, y presidir el día y presidir la noche, y separar la luz y las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y se hizo tarde y se hizo mañana, día cuarto. 8. Dijo Dios: "Produzcan las aguas reptiles de almas vivientes y aves que vuelan sobre la tierra bajo del firmamento del cielo". Y así se hizo. E hizo Dios los grandes cetáceos y toda alma de los animales que se arrastran, que produjeron las aguas según sus especies, y todo volátil alado según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y los bendijo Dios diciendo: "Crezcan y multiplíquense y llenen las aguas del mar, y las aves multiplíquense sobre la tierra". Y se hizo tarde y se hizo mañana, día quinto. 9. Dijo Dios: "Produzca la tierra alma viviente según su especie, cuadrúpedos y reptiles y fieras de la tierra según su especie". Y así se hizo. E hizo las fieras de la tierra según su especie y las bestias según su especie, y todos los reptiles de la tierra. Y vio Dios que era bueno. 10. Y dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, y mande sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo y sobre las bestias y sobre toda la tierra y sobre todos los reptiles que reptan sobre la tierra". E hizo Dios al hombre, a imagen de Dios lo hizo, varón y hembra los hizo. Y los bendijo Dios diciendo: "Crezcan y multiplíquense, llenen la tierra y dominen sobre ella, y manden sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo y sobre todas las bestias y sobre toda la tierra y sobre todos los reptiles que reptan sobre la tierra". 11. Y dijo Dios: "Miren que les he dado toda la hierba de semilla que esparce su simiente que está sobre toda la tierra, y todo árbol que tiene en sí su fruto de simiente, para que les sirvan de alimento, y a todas las bestias de la tierra y a todas las aves del cielo y a todo reptil que repta sobre la tierra, que tiene en sí aliento de vida, toda hierva verde para alimento". Y así se hizo. Y vio Dios todo lo que había hecho y, mira, era por extremo bueno. Y se hizo tarde y se hizo mañana, día sexto. 12. Y fueron acabados el cielo y la tierra y todo el ornato de ellos. Y acabó Dios en el día sexto las obras que hiciera y descansó en el día séptimo de todas las obras que hiciera. Bendijo Dios el día séptimo y lo, santificó, porque en él descansó de todas las obras que Dios comenzara a hacer" (Gn 1,4b-2,3).

La cosmología bíblica

12.1. Ahora bien, ningún hombre tiene el poder de desarrollar adecuadamente la exégesis y toda la disposición de los seis días (Hexamerón), ni siquiera por tener mil bocas y mil lenguas, ni por vivir mil años en esta pasajera vida (cf. Homero, Ilíada, 2,489). Ni siquiera así fuera capaz de decir algo digno de tales cosas, a causa de la soberana grandeza y la riqueza de la sabiduría de Dios que hay en esta descripción de los seis días. 2. Cierto que muchos escritores la han imitado y han querido hacer una narración sobre estas cosas; pero aunque tomaron su punto de partida de aquí, ya sobre la creación del mundo, ya sobre la naturaleza del hombre, no expresaron algo que tuviera una chispa digna de la verdad. 3. Las cosas dichas por los filósofos, narradores y poetas parecen dignas de crédito por el estilo embellecido; sin embargo, su discurso se muestra demente y vacío, porque está saturado de múltiples tonterías y ni por casualidad se encuentra en ellos algo de verdad. 4. Y sí parece que verbalizaron algo verdadero, se halla mezclado con el extravío. Así, como un veneno deletéreo mezclado con miel, con vino o con otra cosa hace que el conjunto sea dañoso e inútil, así se ve que la verborragia de ellos es inanidad y más bien daño para quienes se dejaran persuadir por ella. 5. Hablemos ahora sobre el día séptimo, como le llaman todos los hombres aunque la mayoría ignora el motivo. Porque lo que los hebreos llaman sábado, en griego se traduce hebdómada, como es llamada por todo el género de los hombres, sin que sepan la causa de llamarse así.
6. Con respecto a lo que dice el poeta Hesíodo, que del Caos nació Erebo y la tierra y el Amor que, según él, domina a los dioses y hombres, su sentencia se manifiesta vana, fría y ajena a toda verdad. Un dios no puede dejarse vencer por el placer, cuando hasta los hombres templados se abstienen de todo placer vergonzoso y de toda concupiscencia.

Hesíodo comienza la narración por lo inferior; Moisés por lo superior

13.1. Además, por comenzar a describir la producción de las cosas por las realidades terrestres de aquí abajo, su concepción es humana, pobre y completamente débil para referirse a Dios. El hombre, pues, siendo de abajo empieza a edificar desde la tierra, y no puede alterar el orden haciendo el techo sin haber puesto los cimientos. Pero el poder de Dios se muestra en esto, en que primero hace lo que produce del no ser, y según quiere. Porque lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios (Lc 18,27). 2. Por eso el profeta dijo haber sido primero la creación del cielo a modo de techo, con estas palabras: "En el principio hizo Dios el cielo" (Gn 1,1), es decir, el cielo fue hecho por el principio, como explicamos anteriormente. 3. Llama tierra a lo que tiene función de base y fundamento, abismo a la multitud de las aguas y habla de oscuridad en cuanto el cielo creado por Dios cubría como una tapa las aguas con la tierra; espíritu, llama al que se cernía sobre el agua y que Dios dio para vivificar la creación, como el alma del hombre, templando lo delicado con lo delicado (pues el espíritu es delicado y el agua es delicada), de modo que el espíritu alimente el agua, y el agua con el espíritu alimente la creación penetrándola por todas partes. 4. El único espíritu, ocupando el lugar de la luz, estaba en el medio del agua y del cielo, para que de esa manera no se comunicara la tiniebla con el cielo que está más cercano a Dios, antes de que Dios dijera: "Hágase la luz" (Gn 1,3). 5. Entonces el cielo, como una bóveda, contenía la materia en forma de bola. En efecto, otro profeta de nombre Isaías, ha hablado sobre el cielo diciendo: "Este es Dios que hizo el cielo como bóveda y lo tendió como tienda para ser habitada" (Is 40,22).
6. Así pues, la ordenación de Dios, es decir su verbo, brillando como lámpara en habitación cerrada, iluminó la tierra bajo el cielo, mediante una creación fuera del mundo. Y a la luz, Dios le llamó día, a la oscuridad noche (Gn 1,5), porque ciertamente el hombre no hubiera sabido llamar día a la luz ni noche a la oscuridad ni a ninguna otra cosa, si no hubiera recibido los nombres del Dios que las hizo.
7. Ahora bien, en los comienzos de la historia sobre la génesis del mundo, la escritura santa no ha hablado sobre este firmamento, sino sobre otro cielo que es invisible para nosotros, según el cual este cielo visible nuestro se llama firmamento. En él está recogida la mitad del agua, con la finalidad de que haya lluvia, tormentas y rocíos para la humanidad. La mitad del agua fue dejada en la tierra para los ríos, fuentes y mares. 8. Así pues, cuando el agua cubría la tierra, especialmente los lugares profundos, hizo Dios por su mismo verbo que el agua se congregara en un único lugar, y que se hiciera visible la seca, habiendo sido antes invisible. 9. Hecha la tierra visible, todavía era informe. Entonces Dios le dio forma y la adornó con toda clase de hierbas, semillas y plantas.

Las semillas, símbolo de la resurrección

14.1. Por lo demás, observa la diversidad, la variada hermosura y la cantidad que hay en estas cosas, y cómo por ellas se muestra la resurrección, para prueba de la futura resurrección de todos los hombres. Porque ¿quién no se maravillará al considerar cómo de una pepita de higo nace una higuera, o que de las demás semillas minúsculas crezcan árboles inmensos?
2. Nos decimos también que el mundo tiene semejanza con el mar. Como el mar, si no fuera por la afluencia de los ríos y fuentes que le suministran alimento ya se hubiera secado hace tiempo por causa de su propia salinidad, de la misma manera el mundo ya hubiera fenecido a causa del mal y pecado que en él se multiplican, si no hubiera recibido la ley de Dios y los profetas, que hacen correr fuentes de dulzura, de misericordia, de justicia, y la enseñanza de los santos mandamientos de Dios.
3. Y como en el mar hay islas que son habitables, regadas y fértiles, que tienen bahías y puertos para que tengan refugio los alcanzados por tormentas, de la misma manera Dios, al mundo atormentado y agitado por olas de pecado, le dio las congregaciones, llamadas iglesias santas, en las cuales, como en los puertos acogedores de las islas, están las enseñanzas de la verdad, en las que se refugian los que se quieren salvar, convertidos en amantes de la verdad y decididos a huir de la cólera y juicio de Dios. 4. Como a su vez hay otras islas que son rocosas, secas, estériles, con animales salvajes e inhabitables, para daño de navegantes y náufragos, en las que encallan las naves y en las que perecen los que allí descienden, de la misma manera existe la enseñanza del error, me refiero a la de las sectas (lit.: herejías), que destruyen a los que ingresan en ellas. 5. No se conducen según la palabra de la verdad, sino que, como piratas, una vez llenas las naves las encallan en los lugares mencionados para destruirlas, así ocurre con los que se extravían de la verdad y son destruidos por el error.

En el cuarto día, Dios creó las luminarias

15.1. En el cuarto día se hicieron las luminarias (cf. Gn 1,14). Como Dios sabe las cosas de antemano, conocía las tonterías de los vanos filósofos que habrían de decir, para eliminar a Dios, que las cosas de la tierra se producen a partir de los elementos. Entonces, para que la verdad quedara en evidencia, fueron creadas las plantas y semillas antes que los elementos, pues lo hecho posteriormente no puede producir lo que es hecho con anterioridad. 2. Estas cosas contienen la prueba y el símbolo de un gran misterio. En efecto, el sol es símbolo de Dios y la luna del hombre. Y como el sol difiere mucho de la luna en poder y gloria, así mucho difiere Dios de la humanidad; 3. y como el sol permanece lleno todo el tiempo sin padecer disminución, así Dios permanece perfecto todo el tiempo, lleno de todo poder y de saber, de sabiduría y de inmortalidad y de todos los bienes. La luna, en cambio, símbolo del hombre, perece cada mes y a su manera muere, y después vuelve a nacer y crece como prueba de la futura resurrección.
4. Igualmente, los tres días que preceden a la producción de las luminarias son símbolo de la tríada de Dios y su Verbo y su Sabiduría. En cuarto lugar está el hombre, que necesita de la luz, de modo que hay Dios, Verbo, Sabiduría, Hombre. Por eso las luminarias fueron creadas en el cuarto día.
5. La disposición de los astros refleja la economía y el orden de los justos y piadosos y de los que guardan la ley y los mandamientos de Dios. Los astros visibles y brillantes están para representación de los profetas, por eso permanecen sin desviación y no cambian de un lugar a otro. Los que están en segundo lugar en el brillo son símbolos del pueblo de justos. 6. Los que cambian y huyen de un lugar a otro, llamados también planetas, son también símbolo de los hombres que se apartan de Dios, abandonando la ley y sus disposiciones.

El quinto día

16.1. En el quinto día fueron hechos los animales de las aguas (cf. Gn 1,20-21), por los cuales y en los cuales se muestra la multiforme sabiduría de Dios. Porque ¿quién sería capaz de enumerar su cantidad y la inmensa variedad de sus especies? 2. Además, lo que fue hecho de las aguas fue bendecido por Dios, para que ello sirviera de prueba de la futura recepción, por parte de los hombres, del arrepentimiento y remisión los pecados por el agua y el baño de regeneración (cf. Tt 3,5), para todos los que se acercan a la verdad, renacen y reciben la bendición de Dios.
3. Por otra parte, también los cetáceos y las aves carnívoras tienen semejanza con los avaros y transgresores. Así también, entre los anímales acuáticos y las aves que provienen de la misma naturaleza, algunos permanecen en lo que es conforme a la naturaleza, sin injuriar a los más débiles, y, por el contrario, guardan la ley de Dios y comen de las semillas de la tierra, otros de entre ellos transgreden la ley de Dios comiendo carne e injurian a los más débiles. De la misma manera los justos que guardan la ley de Dios no muerden ni injurian a nadie y viven santa y dignamente, mientras que los fraudulentos, asesinos y ateos se parecen a los cetáceos, fieras y aves carnívoras: a su manera se tragan a los más débiles.
4. Por otra parte, la especie de los acuáticos y reptiles no posee nada propio, si bien participan de la bendición de Dios.

El sexto día

17.1. En el sexto día, aún haciendo Dios los cuadrúpedos, las fieras y los reptiles de tierra (cf. Gn 1,24-25), calla la bendición para ellos y reserva la bendición para el hombre, que había de hacer en el sexto día. 2. Al mismo tiempo los cuadrúpedos y fieras se convirtieron en símbolos de algunos hombres que desconocen a Dios y son impíos, que piensan cosas terrestres y no se convierten. 3. Porque los que se apartan de sus faltas y viven justamente, vuelan con el alma como aves pensando en las cosas de arriba y agradando a la voluntad de Dios (cf. Platón, Fedro, 246 b 7). 4. Los impíos, que desconocen a Dios, son semejantes a las aves que teniendo alas no pueden volar ni pueden remontarse a lo alto de la divinidad. Así, éstos se llaman hombres pero piensan cosas bajas y terrestres, cargados por sus pecados.
5. En cuanto a las fieras, son animales llamados así porque son cazados, no porque desde el principio fueran hechos malos o venenosos, pues nada malo desde el principio es hecho por Dios, sino todas las cosas bellas y muy bellas (Gn 1,31), las mismas cosas que fueron llevadas al mal por el pecado del hombre. Siendo transgresor el hombre, ellas también transgredieron con él. 6. Como cuando el señor de la casa se porta bien, necesariamente los domésticos viven ordenadamente, pero si el señor peca, también los sirvientes pecan con él; de la misma manera, al pecar el hombre, que es el señor, también sus sirvientes pecaron con él. 7. Y cuando el hombre retorne, como antes, al acuerdo con la naturaleza y no obre el mal, también aquellos serán restablecidos en la mansedumbre del principio (cf. Is 65,25).

La enseñanza antropológica de los autores sagrados

18.1. En cuanto a la creación del hombre, su formación es inexpresable al modo humano, si bien la escritura sagrada contiene un sumario de su narración. Porque el hecho de que Dios diga: "Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra" (Gn 1,26), da a entender ante todo la dignidad del hombre. Pues habiendo hecho por su Verbo todas las cosas (cf. Jn 1,3), las consideró Dios accesorias y solo consideró que la creación del hombre era obra digna de sus propias manos. 2. Además, se encuentra Dios como si necesitara de ayuda al decir hagamos al hombre a imagen y semejanza. Pero a ningún otro dijo hagamos sino a su propio Verbo y a su propia Sabiduría. 3. Habiéndolo hecho y bendecido para que se multiplicara y llenara la tierra, sometió todas las cosas bajo su mano y servidumbre, y le ordenó se alimentara desde el principio de los frutos de la tierra, de las semillas, hierbas y plantas, y al mismo tiempo ordenó que los animales fueran comensales del hombre, de modo que ellos se alimenten de todas las semillas de la tierra.

El séptimo día

19.1. Así, acabado que hubo Dios en el día sexto el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, descansó el día séptimo de todas las obras suyas que hiciera (Gn 2,1-2). 2. Seguidamente recapitula así la escritura sagrada: "Este es el libro del origen del cielo y de la tierra, cuando fue el día en que Dios hizo el cielo y la tierra, y toda verdura del campo antes de nacer y toda hierba del campo antes de germinar, pues no había hecho llover Dios sobre la tierra, ni existía el hombre para trabajar la tierra" (Gn 2,4-5). 3. Con esto nos dio a entender que toda la tierra era regada en aquella ocasión por una fuente divina y no tenía el hombre necesidad de trabajarla, sino que la tierra brotaba todas las cosas espontáneamente según el mandato de Dios, para que no se fatigara el hombre trabajándola.
4. Para mostrarnos la formación y que no pareciera un problema insoluble a los hombres haber dicho Dios "hagamos al hombre" (Gn 1,26) sin que su creación se hubiera manifestado, la escritura nos enseña diciendo: "Una fuente ascendía de la tierra y regaba toda la faz de la tierra, y formó Dios al hombre del polvo de la tierra y le insufló en su rostro aliento de vida y fue hecho el hombre alma viviente" (Gn 2,6-7). Por eso el alma es llamada inmortal por la mayoría (cf. Platón, Fedro, 245 c). 5. Y después de haber formado al hombre, Dios le escogió un lugar en las regiones orientales, distinguido por su luz, brillante por el aire más resplandeciente, con las plantas más hermosas, en el que puso al hombre.

Narración bíblica de la plantación del jardín

20.1. La escritura hace el relato de la sagrada historia de la siguiente manera: "Plantó Dios un jardín en Edén, al Oriente, y puso allí al hombre que formara. E hizo Dios brotar todavía de la tierra todo árbol, hermoso para ver y bueno para comer, y el árbol de la vida en medio del jardín y el árbol de la ciencia del bien y del mal. 2. Y de Edén salía un río para regar el jardín y de allí se dividía en cuatro brazos. El uno se llama Pisón, éste es el que rodea toda la tierra de Evilat, donde se da el oro. El oro de aquella tierra es bueno, y allí se da también la piedra negra y la piedra ónix. El nombre del segundo río es Geón. Éste rodea toda la tierra de Etiopía. Y el tercer río es el Tigris, que corre frente a los asirios. Y el cuarto río es el Eufrates. 3. Tomó el Señor Dios al hombre a quien formara y le puso en el jardín para trabajarlo y guardarlo. Y le dio Dios mandato a Adán diciendo: "De todo árbol del jardín comerás; pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres, de muerte morirás". 4. Y dijo el Señor Dios: "No es bueno que el hombre esté solo, hagámosle una ayuda como él". Dios plasmó todavía de la tierra todas las fieras del campo y todas las aves del cielo, y las presentó a Adán. El nombre con que Adán llamó a toda alma viviente, éste es su nombre. Adán les puso nombres a todas las bestias a todas las aves del cielo y a todas las fieras del campo; pero para Adán no se halló ayuda semejante a él 5. Echó Dios sobre Adán éxtasis y sueño, tomó una de sus costillas y rellenó el hueco de carne; y construyó el señor Dios la costilla, que tomara de Adán, en mujer, y se la presentó a Adán. Y dijo Adán: "Esto sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne"; esta, se llama mujer, porque del hombre fue tomada. Por eso, abandonará el hombre a su padre y a su madre y se juntará a su mujer y serán los dos una sola carne. Estaban los dos desnudos, Adán y su mujer, y no sentían vergüenza" (Gn 2,8-25).

La desobediencia del hombre

21.1. "Pero la serpiente era la más astuta de las fieras todas sobre la tierra, que el señor Dios hiciera. Y le dijo la serpiente a la mujer: "¿Cómo es que Dios dijo no coman de todo árbol del jardín?". Dijo la mujer a la serpiente: "De todo árbol del jardín comemos, pero del fruto del árbol que está en medio del jardín, nos dijo Dios: No coman de él ni le toquen, para que no mueran". Y dijo la serpiente a la mujer: "No morirán de muerte. Es que sabía Dios que el día en que comieren de él se les abrirán los ojos, y serán como dioses, conociendo el bien y el mal". 2. La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos para ver y hermoso para entender, y tomando de su fruto, comió y dio a su hombre con ella, comieron y se les abrieron a los dos los ojos, se dieron cuenta de que estaban desnudos, tomaron hojas de higuera y se hicieron cinturones. 3. Y oyeron la voz del señor Dios, que se paseaba por el jardín después de mediodía, y Adán y su mujer se escondieron de la faz de Dios en medio del árbol del jardín. Llamó el señor Dios a Adán y le dijo: "¿Dónde estás?". Le respondió Adán: "Oí tu voz en el jardín y temí, pues estaba desnudo y me escondí". Dios le dijo: "¿Quién te anunció que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del único árbol que te mandé no comieras?". Dijo Adán: "La mujer que me diste, ella me dio del árbol y comí". Dijo Dios a la mujer: "¿Por qué hiciste eso?". Y respondió la mujer: "La serpiente me engañó y comí". 4. Dijo el señor Dios a la serpiente: "Porque hiciste eso, maldita tú entre todas las fieras de la tierra. Sobre tu pecho y sobre tu vientre caminarás, comerás tierra todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu semilla y la semilla suya. Esta te acechará a tu cabeza y tú le acecharás a su talón". 5. Y dijo a la mujer: "Multiplicando multiplicaré tus tristezas y tu gemido; en tristeza darás a luz tus hijos, retornarás a tu hombre y él te dominará". A Adán le dijo: "Porque oíste la voz de tu mujer y comiste del único árbol que te mandé no comieras, maldita la tierra en tus trabajos, en tristeza la comerás todos los días de tu vida, espinas y cardos te producirá y comerás la hierba del campo. En el sudor de tu rostro comerás tu pan hasta que vuelvas a la tierra donde fuiste tomado, porque tierra eres y a la tierra volverás"" (Gn 3,1-19).
6. De esta manera se cierra el relato de la escritura santa sobre la historia del hombre y del jardín.

Dios no camina en el jardín, ni habla con voz humana

22.1. Ahora, pues, me dirás: "Tú dices que no se debe circunscribir a Dios en un lugar, y ¿cómo entonces dices que él caminaba en el jardín?", escucha mi respuesta. 2. En efecto, el Dios y Padre de todas las cosas es inabarcable y no se encuentra en ningún lugar. Pues, no hay lugar de su descanso (Is 66,1). Pero su Verbo, por el que hizo todas las cosas, que es potencia y sabiduría suya, tomando el rostro del Padre y Señor del universo, fue Él que se presentó en el jardín en rostro de Dios y conversa con Adán. 3. Así pues la misma escritura divina nos enseña que Adán dijo haber oído la voz. ¿Qué otra voz es esta sino el Verbo de Dios, que es también su hijo? Y no como dicen los poetas y mitógrafos, que nacen hijos de un dios por copulación, sino como la verdad explica que el Verbo está siempre inmanente en el corazón de Dios. Pues antes de que algo se creara, a Éste tenía por consejero, como mente y pensamiento suyo que era. 4. Y cuando Dios quiso hacer cuanto había deliberado, engendró a este Verbo proferido, primogénito de toda creación (cf. Col 1,15), no vaciándose de su Verbo sino engendrando el Verbo, y conversando siempre con el Verbo. 5. De aquí que nos enseñan las sagradas escrituras y todos los inspirados por el espíritu, de entre los cuales Juan dice: "En el principio era el Verbo y el Verbo era ante Dios" (Jn 1,1a-b), mostrando que en los comienzos era Dios solo y en Él el Verbo. 6. Dice después: "Dios era el Verbo: todas las cosas fueron hechas por él y sin él nada se hizo" (Jn 1,1c-3). Siendo entonces el Verbo Dios y nacido de Dios, cuando el Padre de todas las cosas quiere lo envía a algún lugar, Él se hace presente, es escuchado y visto, enviado por el mismo, y se encuentra en un lugar.

Las consecuencias de la desobediencia para el hombre y la mujer

23.1. Así pues Dios hizo al hombre en el sexto día, pero manifestó su formación después del séptimo día, cuando hizo también el jardín, para que estuviera en un lugar mejor y en un sitio especial. Que esto sea verdad, lo muestran los mismos hechos. 2. Pues, ¿cómo no considerar los dolores que las mujeres sufren en el parto, y cómo después dejan el trabajo en el olvido, para que se cumpla el mandato de Dios que el género de los hombres crezca y se multiplique (Gn 3,16 y 1,28)? 3. ¿Cómo no considerar la condena de la serpiente, que nos resulta odiosa por su reptar sobre el vientre y comer tierra, para que también esto sea demostración de lo dicho anteriormente?

El hombre fue hecho ni del todo mortal ni completamente inmortal, sino capaz de ambas cosas

24.1. "Dios hizo brotar todavía de la tierra todo árbol, hermoso para ver y bueno para comer" (Gn 2,9). Porque en los comienzos sólo había lo que fue creado en el día tercero: plantas, semillas y hierbas. Pero lo del jardín nació con especial belleza y hermosura, como que se llama plantación plantada por Dios. 2. En cuanto al resto de las plantas, son semejantes a las que tiene el mundo. Pero los dos árboles, el de la vida y el de la ciencia, no los tiene otra tierra sino que están solamente en el jardín. 3. Que el jardín es tierra y que está plantado en la tierra, lo dice la escritura: "Plantó Dios un jardín en Edén al Oriente, y puso allí al hombre e hizo Dios brotar todavía de la tierra todo árbol hermoso para ver y bueno para comer" (Gn 2,8-9). Ahora bien, "con todavía de la tierra y al Oriente" la divina escritura nos enseña claramente que el jardín está bajo este cielo, bajo el que se hallan el Oriente y la tierra. El término Edén, en hebreo significa "delicia".
4. También indica que de Edén salía un río para regar el jardín, y que desde allí se dividía en cuatro brazos (Gn 2,10-14). Dos de ellos, llamados Pisón y Geón, riegan las partes orientales, especialmente el Geón que riega toda la tierra de Etiopía, y que dicen que aparecen en Egipto con el nombre de Nilo (cf. Jr 2,18 [LXX]; Si 24,27). Los otros dos ríos, llamados Tigris y Eufrates, son bien conocidos por nosotros, pues se avecinan hasta nuestras regiones.
5. Una vez que Dios puso al hombre en el jardín para que lo trabajara y guardara, como ya dijimos, le mandó comer de todos los frutos (cf. Gn 2,10-14), evidentemente también del árbol de la vida, y sólo del árbol de la ciencia le ordenó que no gustara (Gn 2,15-16). 6. Dios lo trasladó al jardín desde la tierra de la que había sido hecho, otorgándole una tendencia de progreso, para que, creciendo y llegando a ser perfecto y hasta declarado dios, subiera así al cielo, teniendo eternidad.
7. Pues el hombre fue hecho intermedio, ni del todo mortal ni completamente inmortal, capaz de ambas cosas; así como su lugar el jardín, en cuanto a su belleza, fue hecho intermedio entre el mundo y el cielo. 8. Al decir "trabajar" no señala otro trabajo sino el de guardar el mandato de Dios, para no perderse a sí mismo al desobedecerlo, como en efecto se perdió por el pecado.

La desobediencia produce la muerte

25.1. El mismo árbol de la ciencia era bueno, y bueno era su fruto. Porque no fue el árbol el que trajo muerte, como algunos piensan, sino la desobediencia. Porque en el fruto no había otra cosa más que ciencia, y la ciencia es buena si se la usa apropiadamente. 2. Y es que por su edad, este Adán era todavía un niño y por eso no podía recibir de modo digno la ciencia. 3. Aun ahora, cuando nace un niño, no puede comer pan inmediatamente, sino que primero se alimenta de leche y después, conforme adelanta en edad, pasa al alimento sólido. De la misma manera ocurrió con Adán. Pues no fue por envidia, como piensan algunos, que Dios le prohibió comer de la ciencia. 4. Además quería probarlo, si era obediente a su mandato. Al mismo tiempo quería que el hombre permaneciera el mayor tiempo posible en su infancia, simple e inocente. Porque es cosa santa, no solamente ante Dios sino también ante los hombres, someterse a los padres en simplicidad y sin malicia. Y si los hijos deben someterse a los padres, ¿cuánto más al Dios y Padre del Universo? 5. Además, es indecoroso que los hijos pequeños tengan pensamientos por encima de su edad. Pues así como cada uno crece en la edad según un orden, así en el modo de pensar. 6. Por otra parte, si una ley manda abstenerse de algo y alguien no obedece, es evidente que no es la ley la que trae el castigo, sino la transgresión y la desobediencia. 7. Si un padre ordena a su propio hijo que se abstenga de ciertas cosas y no obedece al mandato paterno, es azotado y recibe castigos por causa de la desobediencia. Pero la cuestión aquí no son los golpes, sino que es la desobediencia la que se gana maltratos para el desobediente. 8. Así la desobediencia ganó para el primer formado que él fuera expulsado del jardín. No porque el árbol de la ciencia tuviera algo malo, sino porque el hombre, por la desobediencia, hizo proliferar el trabajo, el dolor, la tristeza, y al fin cayó bajo la muerte.

El hombre será puesto nuevamente en el jardín en la resurrección

26.1. También Dios otorgó un gran beneficio al hombre, el que no permaneciera para siempre en pecado, sino que lo expulsó del jardín, a semejanza en cierto modo de un destierro, para que en un tiempo determinado pagara el pecado mediante el castigo, y así, educado, fuera otra vez llamado. 2. De ahí que formado el hombre en este mundo, a modo de misterio se escribe en el Génesis (cf. Gn 2,8 y 2,15), como si hubiera sido puesto dos veces en el jardín. Para que esto se cumpliera, una vez fue puesto allí; la segunda se cumpliría con la resurrección y el juicio. 3. Y no sólo esto sino que, como un vaso después de formado, si tuviere un defecto se lo vuelve a fundir o a modelar para que resulte nuevo e íntegro, así sucede también con el hombre por la muerte, virtualmente se lo hace pedazos para que se encuentre sano en la resurrección, es decir, limpio, justo e inmortal. 4. En cuanto a que Dios llame y diga: "Adán, ¿dónde estás?" (Gn 3,9), no lo hacía Dios porque ignorara, sino por ser magnánimo le daba oportunidad de arrepentimiento y de confesión.

Dios hace al hombre capaz de mortalidad e inmortalidad

27.1. Pero .se nos dirá: ¿No fue hecho el hombre mortal por naturaleza? De ninguna manera. Entonces, ¿inmortal? 2. Tampoco decimos eso. Pero se dirá, ¿entonces no fue hecho nada? Tampoco decimos eso. Porque por naturaleza no fue hecho ni mortal ni inmortal. Si desde el principio le hubiera creado inmortal, le hubiera creado dios. Por otra parte, si le hubiera creado mortal, hubiera parecido ser Dios causa de su muerte. 3. Entonces no lo creó inmortal ni mortal, sino, como anteriormente dijimos, capaz de ambas cosas: si se desplaza hacia las cosas de la inmortalidad guardando el mandamiento de Dios, recibirá de él la inmortalidad como premio y llegaría a ser dios; pero si se inclina hacia las cosas de la muerte desobedeciendo a Dios, sería él mismo la causa de la muerte. 4. Pues Dios creó al hombre libre y dueño de sí. 5. Así pues, lo que el hombre se ganó por su negligencia y desobediencia, Dios se lo regala ahora por su propia filantropía y misericordia, cuando el hombre le obedece. 6. Así como desobedeciendo se atrajo el hombre la muerte, de la misma manera, obedeciendo a la voluntad de Dios, el que quiera puede ganarse para sí la vida eterna. 7. Pues Dios nos dio la ley y mandamientos santos, y todo el que los cumpla puede salvarse y alcanzada la resurrección heredar la incorrupción (cf. 1 Co 15,50).

Dios creó a Adán y a Eva contemporáneamente

28.1. Expulsado Adán del jardín, así fue como conoció a Eva su mujer, que Dios había creado de su costilla, para ser su mujer. Y esto no porque no pudiera formar a su mujer individualmente, sino porque Dios sabía de antemano que los hombres habrían de nombrar multitud de dioses. 2. Presciente como es, y viendo que el error nombraría, a través de la serpiente, multitud de dioses inexistentes -porque aunque hay un único Dios, ya desde entonces el error meditaba en diseminar multitud de dioses al decir: "Serán como dioses" (Gn 3,5)-, y para que no se supusiera que un dios creó al varón y otro a la mujer, hizo a los dos justamente. 3. Más aún, para mostrar el misterio de la monarquía que corresponde a Dios, hizo Dios a la mujer al mismo tiempo, para que se diera mayor benevolencia hacia ella.
4. Ahora bien, después que Adán dijera a Eva: "Esto si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Gn 2,23), profetizó además diciendo: "Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una carne" (Gn 2,24). 5. Lo mismo que efectivamente se muestra cumplirse en nosotros mismos. Porque ¿quién casado legítimamente no desprecia a su madre y a su padre, a toda la parentela y a todos los familiares, unido y atado a su mujer, a la que favorece por encima de todo? De ahí que con frecuencia algunos han padecido hasta la muerte por sus propias esposas.
6. A esta Eva, por haberse extraviado desde el principio por la serpiente y haberse convertido en introductora del pecado, el demonio maléfico, llamado también Satanás, que fuera el que le había hablado a través de la serpiente, le invoca llamándola; "¡Eva!", cuando actúa hasta el presente en los hombres poseídos por él. 7. El demonio es llamado también dragón, por haberse escapado de Dios, habiendo sido un ángel en los comienzos. 8. Mucho habría para decir sobre éste; de ahí que ahora pasemos por alto su explicación, y más habiendo tratado el tema en otro lugar.

Caín y Abel

29.1. "Al conocer Adán a su mujer Eva, esta concibió y parió un hijo, por nombre Caín. Y dijo: "He tenido un hombre por Dios". Dio a luz por segunda vez un hijo, por nombre Abel, que comenzó a ser pastor de ovejas, mientras Caín cultivaba la tierra" (Gn 4,1-2). 2. Ahora bien, la historia de ellos es extensa, y también la disposición de la exégesis. Por ello, el mismo libro titulado "Génesis del Mundo", puede ilustrar a los estudiosos de la historia más rigurosamente.
3. Como Satanás viera que Adán y Eva no sólo vivían sino que también engendraban hijos, llevado de la envidia por no haber sido capaz de darles muerte y como viera que Abel era agradable a Dios (Gn 4,4-5), obrando sobre su hermano llamado Caín hizo que este hermano matara a Abel (Gn 4,8). 4. De este modo tuvo principio la muerte en este mundo, abriéndose camino hasta el presente en todo el género humano.
5. Mas Dios, misericordioso como es y queriendo ofrecer a Caín, como antes a Adán, una oportunidad de arrepentimiento y confesión, dijo: ""Abel, ¿dónde está tu hermano?". Y Caín, en rebeldía contra Dios respondió diciendo: "No sé. ¿Acaso soy yo guardián de mi hermano?"". 6. Entonces irritado Dios contra él dijo: "¿Por qué has hecho esto? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Y ahora, maldito tú de la tierra, que se abrió para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Gimiendo y temblando estarás en la tierra" (Gn 4,9-11. 12b). 7. Por eso desde entonces temerosa la tierra no recibe sangre de ningún hombre, ni de animal alguno. Así se hace evidente que no es ella la culpable, sino el hombre transgresor.

Descendencia de Set y origen de las ciudades

30.1. El mismo Caín tuvo entonces un hijo de nombre Enoc. Y edificó una ciudad a la que llamó con el nombre de su hijo Enoc (Gn 4,17). 2. Desde entonces tuvo principio la edificación de ciudades, y esto antes del diluvio, no como miente Homero diciendo: "No se había construido todavía ciudad de míseros hombres" (Homero, Ilíada, 20,216-217).
3. A Enoc le nació un hijo de nombre Gaidad. Que engendró al llamado Meel, y Meel a Matusala, y Matusala a Lamec. Lamec tomó para sí dos mujeres, cuyos nombres eran Ada y Sela (Gn 4,18-19). Desde entonces tuvo principio la poligamia y también la música. 4. A Lamec le nacieron tres hijos, Obel, Jubal, Tobel. Entonces Obcl se convirtió en varón que vive en tiendas pastando animales, Juval es el que inventó el salterio y la cítara, Tobel se hizo herrero, forjador de bronce y de hierro (Gn 4,20-22). 5. Hasta aquí llega el catálogo de la descendencia de Caín; por lo demás la semilla de su genealogía queda en el olvido, por haber matado a su propio hermano.
6. En lugar de Abel concedió Dios a Eva concebir y parir un hijo, que fue llamado Set (Gn 4,25), de quien viene el resto del género humano hasta el presente. 7. A los interesados y estudiosos sobre la totalidad de las generaciones, es fácil mostrárselas por las santas escrituras. También, como hemos dicho anteriormente (II,28,8), en parte hemos tratado en otra obra el orden de las genealogías, en el libro primero "Sobre las historias".
8. Todas estas cosas nos las enseña el santo Espíritu, el que viene a través de Moisés y de los demás profetas, de tal manera que en lo que respecta a los escritos de nosotros, adoradores de Dios, se muestra que no solamente son más antiguos sino también más verdaderos que los de todos los escritores y poetas. 9. Así, algunos sostienen la tontería de que fue Apolo el inventor de la música, otros que Orfeo inventó la música tomándola del canto de las aves. Pero es evidente que su discurso es vacío y vano. En efecto, ellos existieron muchos años después del diluvio. 10. En lo referente a Noé, que por algunos es llamado Deucalión (cf. Filón de Alejandría, Sobre los premios y castigos, 23; Legum allegoriae, 3,77; Sobre Abraham, 27; Quaestiones et solutiones in Genesim, 1,87; Justino, 2 Apología, 6,2), lo hemos tratado en el libro que hemos mencionado, y si te place, tú mismo puedes tenerlo.

Ciudades que se edificaron después del diluvio

31.1. Después del diluvio se dio nuevamente principio a las ciudades y reyes del modo siguiente. La primera ciudad fue Babilonia, después Orec, Arcat y Calana en la tierra de Senaar. Tuvieron un rey por nombre Nehrod. De ellos salió uno por nombre Asur, de donde toman el nombre los asirios. Nehrod edificó las ciudades de Nínive, Roboón, Calac y Dasén, ésta entre Nínive y Calac. Nínive fue en los comienzos una gran ciudad. 2. Otro hijo de Sem, hijo de Noé, por nombre Mestrain, engendró a los Luduim, a los llamados Enemiguim, a los Labieim, a los Neftalim, a los Patrosonim y a los Caslonim, de donde salió Filistiim (Gn 10,10-14). 3. De los tres hijos de Noé, de sus realizaciones y genealogía, hicimos un catálogo en el libro previamente citado (cf. II,28,8). Ahora recordaremos las cosas omitidas sobre ciudades y reyes, así como los sucesos de cuando había un solo labio y una sola lengua. Antes de que se dividieran las lenguas, existieron las ciudades antes mencionadas. 4. Y cuando estaban por dividirse, por propia por cuenta y no según Dios, decidieron edificar una ciudad y una torre cuya cúspide llegara hasta el cielo, y así darse a sí mismos un nombre de gloria (Gn 11,4). 5. Como se atrevieron hacer una obra tan grande contra la decisión de Dios, Dios les derrumbó la ciudad y arrasó la torre. Desde entonces separó las lenguas de los hombres dándole a cada uno un dialecto diverso (Gn 11,7-8).
6. Así lo indicó la Sibila, al anunciar la ira que habría de venir al mundo (Oráculos Sibilinos, 8,1). Dijo: "Cuando del Dios grande se cumplan las amenazas, que fulminó contra los mortales que construían la torre, en la región de Asiria. De una voz eran todos, y quisieron subir al cielo estrellado. Al punto el inmortal impuso gran necesidad a los aires. Entonces los vientos la gran torre elevada derribaron y produjeron contienda entre mortales. Apenas caída la torre, las lenguas de los hombres se dividieron en muchos dialectos de mortales..." (Oráculos Sibilinos, 3,97-103; 3,105; 8,5). Y lo que sigue.
7. Esto sucedió en tierra de Caldeos (Gn 11,31). En la tierra de Canaán hubo una ciudad por nombre Carrán. En estos tiempos, el primer rey de Egipto fue Faraón, que se llamó también Necaot, según los egipcios. Y así fueron los demás reyes en adelante. 8. En la tierra de Senaar, entre los llamados caldeos, el primer rey fue Arioc. Después de éste, otro fue Elasar (cf. Gn 14,1) y después de éste Codolagomor, rey de Elam, y después de este Targal, rey de los pueblos que se llaman asirios (Gn 14,1). 9. Otras cinco ciudades hubo en la parte de Cam, hijo de Noé. La primera, la llamada Sodoma, luego Gomorra, Adama, Sebón y Balac, llamada también Segor. 10. Los nombres de sus reyes son estos: "Balas rey de Sodoma, Himor rey de Seboín, Balac rey de Segor, la que también se llama Balac" (Gn 14,2). 11. Estos estuvieron sometidos a Codolagomor, rey de los asirios, durante doce años, y en el año trece se separaron de Codolagomor. Y así sucedió que los cuatro reyes de los asirios hicieron la guerra contra los cinco reyes (Gn 14,3-4). Este fue el principio de las guerras sobre la tierra. 12. "Y derrotaron a los gigantes Caranaín y juntamente con ellos a naciones fuertes, a los Ommeos en la misma ciudad y a los Correos en los montes llamados Seir, hasta la ciudad llamada Terebinto de Farán, que está en el desierto" (Gn 14,5-6).
13. En aquel mismo tiempo había un rey justo, de nombre Melquisedec, en la ciudad de Salem, la que se llama ahora Hierosólima. Este fue el primero de todos los sacerdotes de Dios altísimo, y de este tomó el nombre la ciudad de Jerusalén (Gn 14,18), la que antes hemos llamado Hierosólima. Después de éste, se ve que hubo sacerdotes por toda la tierra. 14. Después de él reinó Abimelec en Gerara, luego otro Abimelec. Luego reinó Efrón, apodado también Queteo (Gn 20,2; 26,1).
15. Estos son los nombres de los que por primero llegaron a ser reyes. Los demás reyes de los asirios, que vinieron muchos años después, quedaron en silencio en los registros. De los tiempos más recientes respecto de nosotros se recuerdan los que fueron reyes, de los asirios, Teglafasar, después de éste Salamanasar, después Senacarim. Triarca de éste fue Adramalec el Etíope (cf. 2 R 17,4 [LXX]), que reinó también en Egipto. Si bien estas cosas, en comparación con nuestros libros, son del todo recientes.

La población de la tierra

32.1. De aquí pues pueden juzgar las historias los estudiosos y amantes de la antigüedad, a ver si es reciente lo que decimos nosotros con los santos profetas. Porque en los comienzos eran pocos los hombres que existían en la tierra de Arabia y de Caldea, y después de la división de sus lenguas comenzaron paulatinamente a multiplicarse y crecer sobre toda la tierra. 2. Así, algunos se inclinaron a habitar el Oriente, otros las partes del gran continente (Europa; cf. Estrabón,Geographica, 4,42,5) y las del norte, de modo que se extendieron hasta la Bretaña en las regiones árticas, otros hacia la tierra de Canaán, llamada también Judea y Fenicia, y a las partes de Etiopía, Egipto y Libia, y a las partes llamadas tórridas y también hasta las regiones que se extienden al Occidente; los restantes habitaron los lugares desde la costa y de Pamfilia, el Asia, la Hélade, la Macedonia, y más allá Italia, y las llamadas Galias, Españas y Germanias, de modo que ahora la misma tierra está toda ocupada por habitantes. 3. Así pues, como desde el principio el poblamiento de la tierra por los hombres se había hecho de modo triple, en el Oriente, en el Mediodía y en Occidente, las restantes partes de la tierra fueron habitadas posteriormente en cuanto aumentaba el número de los hombres.
4. Sin considerar estas cosas, los escritores quieren afirmar que el mundo es esférico y comparable con un cubo (cf. Aristóteles, De caelo, 285 a 32; Empédocles, B, 96; ed. H. Diels - W. Kranz, Zürich 71972). Pero ¿cómo pueden decir verdad en esto, cuando ignoran la creación del mundo y su poblamiento? 5. Aumentando y creciendo paulatinamente los hombres sobre la tierra, como hemos dicho, del mismo modo fueron también habitadas las islas del mar y las demás regiones.

Comparación de las dos historias

33.1. Ahora bien, ¿quién de los llamados sabios o poetas o historiadores fue capaz de decir la verdad en estas cosas, cuando son ellos muy posteriores e introducen una multitud de dioses, los cuales nacieron también después de muchos años de que existieran las ciudades, que son posteriores a los reyes, a los pueblos y a las guerras? 2. Deberían, por tanto, haber recordado todo, aun lo sucedido antes del diluvio, y tanto los profetas de los egipcios y caldeos como los otros escritores deberían haberse expresado con precisión sobre el origen del mundo, la creación del hombre y sobre los acontecimientos que siguieron, si es que hablaban por espíritu divino y puro, y si es que era verdad lo que ellos anunciaban. Deberían preanunciar no solamente lo ya pasado o lo presente, sino también las cosas que han de ocurrir en el mundo. 3. En ello se muestra que todos los demás están en el error y que solo los cristianos poseemos verdad, como que somos enseñados por el Espíritu santo, que nos ha hablado por los santos profetas y que nos anuncia todo de antemano.

Dios dio a la humanidad una ley y los profetas de la verdad para salvarla

34.1. Por lo demás, trata de escrutar con devoción las cosas de Dios, es decir, lo que ha sido dicho por los profetas, a fin de que, comparando lo que nosotros decimos y lo que dicen los otros, puedas encontrar la verdad. 2. Que ante ellos mismos los nombres de los llamados dioses aparecen como nombres de hombres, como señalamos más arriba (cf. I,9,1), lo demostramos con las mismas historias que escribieron. 3. Las imágenes de aquellos, que hasta el día de hoy son continuamente modeladas, son ídolos, obra de manos de hombre (Sal 113,12; cf. I,1,2). A tales adora la multitud de hombres vanos, mientras rechazan al hacedor y artífice del universo que nutre todo aliento, dejándose convencer por las vanas doctrinas que les vienen del error trasmitido por la insensata opinión de los padres. 4. En cambio, Dios padre y creador del universo no abandonó la humanidad, sino que le dio una ley y envió santos profetas para anunciar y enseñar al género humano, a fin de que cada uno de nosotros fuera temperante y reconociera que hay un solo Dios. 5. Ellos nos enseñaron también a abstenernos de la ilícita idolatría, del adulterio, del asesinato, de la fornicación, del robo, de la avaricia, del falso juramento, de la ira y de toda lascivia e impureza, y que todo lo que el hombre quiere que no le hagan a él, no se lo haga él a nadie (cf. Mt 7,12; Tb 4,15), y así, el que practique la justicia escape a los castigos eternos y se haga digno de la vida eterna que viene de Dios.

La enseñanza moral de los profetas

35.1. Ahora bien, la ley divina no solo prohíbe adorar a los ídolos sino también a los elementos, al sol, a la luna y a los demás astros; y rendir culto al cielo o a la tierra, al mar o a las fuentes o a los ríos (cf. Ex 20,5; Dt 4,19; 5,9). Se debe adorar al único Dios existente y hacedor del universo, en santidad de corazón y sincero pensar. 2. Por eso dice la ley santa: "No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no darás falso testimonio, no desearás la mujer de tu prójimo" (cf. Dt 5,17-20; Ex 20,13-17). Y lo mismo, los profetas. 3. Salomón nos enseñó que no pequemos ni por señas, diciendo: "Que tus ojos miren recto y que tus párpados guiñen lo justo" (Pr 4,25).
4. Oseas, que es también profeta, dice sobre la monarquía de Dios: "Este es el Dios de ustedes, el que afirmó el cielo y fundó la tierra, cuyas manos mostraron todo el ejército del cielo, y no los mostró para que ustedes marcharán tras ellos" (Os 13,14 [LXX]).
5. El mismo Isaías dice: "Así dice el Señor Dios, el que afirmó el cielo y puso los fundamentos de la tierra y de lo que hay en ella, dio el aliento al pueblo que está en ella y espíritu a los que la pisan: este es el Señor su Dios" (Is 42,5-6a). 6. Y nuevamente por el mismo: "Yo, dice, hice la tierra y al hombre sobre ella, yo con mi mano afirmé el cielo" Is 45,12). 7. Y en otro capítulo: "Este es su Dios, el que preparó las cimas de la tierra, no tendrá hambre ni se fatigará, ni hay investigación de su pensamiento" (Is 40,28). 8. De igual modo Jeremías dice: "El que hizo la tierra por su fuerza, levantó el orbe con su sabiduría, y en su pensamiento tendió el cielo y multitud de agua en el cielo, reunió las nubes del extremo de la tierra, hizo relámpagos para la, lluvia y sacó vientos de sus tesoros" (Jr 10,12-13).
9. Es evidente cuántas cosas armónicas y concordes dijeron todos los profetas, al expresarse con único y mismo espíritu sobre la monarquía de Dios, la génesis del mundo y la creación del hombre. 10. Más aun, también sufrieron dolores de parto, llorando por el género ateo de los hombres y humillaron a los que se creen sabios por sus errores y el endurecimiento de su corazón. 11. Así dice Jeremías: "Todo hombre se hizo necio por su ciencia, se avergonzó todo fundidor de oro por sus obras de orfebrería, en vano el batidor de plata bate moneda, no hay aliento en ellos, en el día de la visitación perecerán" (Jr 10,14-15; 6, 29). 12. Lo mismo dice David: "Se corrompieron y se hicieron abominables en sus ocupaciones; no hay quien obre benignidad, no hay ni uno solo. Todos se han desviado, todos a una se han vuelto inútiles" (Sal 13,1. 3). 13. Igualmente Habacuc: "¿De qué le sirve al hombre lo que graba, pues grabó una imaginación engañosa? ¡Ay del que dice a la piedra "levántate" y a la madera "ponte derecha"" (Ha 2,18-19). Del mismo modo hablaron los otros profetas de la verdad.
14. ¿Para qué hacer la enumeración de la multitud de profetas, que fueron muchos y dijeron infinitas cosas armónicas y concordantes? Porque los que quieran pueden encontrarse con lo que ellos han dicho, para conocer con precisión lo verdadero y no extraviarse por el razonamiento y el intento vanos. 15. Estos fueron pues los profetas de los hebreos, de que hemos hablado, hombres sin letras, pastores e ignorantes.

Concordancia con la Sibila

36.1. La Sibila, que fue profetisa entre los griegos y entre las demás naciones, al principio de su profecía increpa al género humano diciendo: "Hombres mortales y de carne, que son nada, ¿cómo tan aprisa se exaltan, sin mirar el término de la vida y no tiemblan, ni temen a Dios que los vigila, altísimo conocedor que todo lo mira, testigo de todo, creador que todo alimenta, que dulce espíritu en todo infundió y lo hizo guía de todos los mortales? 2. Un Dios impera solo, inconmensurable, increado, omnipotente, invisible, y el que solo todo lo mira, mientras él no es visto por carne mortal alguna. Pues ¿qué carne puede al celestial y verdadero Dios inmortal mirar con los ojos, que mora en lo alto? Ni ante los rayos del sol frente a frente pueden pararse los hombres nacidos mortales, varones que están en sus huesos, venas y carnes. 3. Reverencien al que es realmente uno, al guía del mundo, el único que ha sido para lo eterno y desde lo eterno. Autogénito, increado, que todo por siempre domina, que distribuye juicio a todos los mortales en luz común. 4. De su mal querer recibirán la justa paga, porque dejando de glorificar al Dios verdadero, eterno, y de sacrificarle las sacras hecatombres, hicieron sacrificios a los demonios del Hades. 5. En orgullo y locura caminan y, la senda derecha y recta dejando, se han desviado y por espinas y por estacadas andan errantes. Cesen ya, mortales vanos, de errar entre sombras por entre la negra noche oscura, y abandonen la sombra de la noche y aferren ya la luz. Éste es el que a todos aparece claro, el que no yerra. Vengan, no sigan la sombra y las tinieblas por siempre. 6. Miren que sobre todo brilla la dulce luz del sol. Sepan poniendo sabiduría en sus pechos: Dios es uno, el que envía lluvias, vientos y temblores, relámpagos, hambrunas, pestes y fúnebres lutos, nevadas y hielos. ¿Para qué narrar cada cosa? Guía el cielo y domina la tierra: Él existe" (Oráculos Sibilinos, fragmento 1; cf.Apócrifos del Antiguo Testamento, tomo III; ed. A. Diez Macho, Madrid 1982, pp. 393-394).
7. Contra los nacidos que se llaman , dijo: "Y si en absoluto lo que ha nacido se corrompe, no puede de muslos de varón y de matriz ser formado un dios. Sino solo el único Dios está sobre todas las cosas, el que hizo el cielo y el sol, las estrellas y la luna, la tierra fértil y las olas hinchadas del Ponto, las altas montañas y las perennes corrientes de las fuentes, 8. Él engendró la incontable multitud de peces fluviales, Él alimenta la vida de los reptiles que se mueven por la tierra, y las variadas aves, de gorjeos y sonora voz, de dorado plumaje, de canto claro, que turban con sus alas el aire. 9. En las selvas del monte puso el género de las fieras, y sometió todas las bestias a nosotros, mortales, y de todas ellas estableció un conductor por Dios creado, pues al hombre sometió inmensa variedad de cosas que no pueden apreciarse. 10. Pues ¿qué carne mortal puede comprender todas estas cosas? Sólo puede saber quien al principio las hizo, el inmortal, el creador y eterno, que el éter habita, el que a los buenos buena paga les ofrece y con creces, y a los malos e injustos les reserva amargura y furia, guerra y pestes, dolores y lágrimas. 11. Hombres, ¿por qué engreídos en vano se desarraigan? Avergüéncense por hacer dioses a comadrejas e insectos. ¿No es locura y rabia que quita el sentido, si dioses hay que roban los platos y se llevan las ollas? En lugar de morar en el cielo, dorado y florido, comido se ve de polilla y cubierto de espesas telas de araña. 12. Adoran, insensatos, a serpientes, gatos y perros, y dan culto a las aves, a reptiles y fieras del campo, y a estatuas de piedra y a imágenes hechas a mano, y montones de piedra en los caminos, a todo esto dan culto y a mil vanidades más, que solo nombrar es vergonzoso. Son dioses que conducen al engaño a hombres sin consejo, de cuya boca veneno mortal se derrama. 13. Pero el que es vida y perenne luz incorruptible, a los hombres felicidad más dulce que la dulce miel derrama. Ante éste solo debe inclinarse la frente, y entrar en la senda de los signos piadosos. 14. Abandonando todo esto, la copa llena de castigo puro, abundante, cargado, sin mezcla ninguna, cayeron todos en demencia y espíritu loco, y aun no quieren despertar y venir a una mente sensata, y conocer a Dios rey, el que codo lo mira. Por ello una llama de fuego abrasador ha de venirles, y en su ardor serán abrasados por continua eternidad avergonzados de sus falsos e inútiles ídolos. 15. Pero los que honren al Dios verdadero y perenne, heredarán vida el tiempo eterno habitando el jardín como huerto agradable, y comiendo el dulce pan que viene del cielo estrellado" (Oráculos Sibilinas, fragmento 3; cf. ed. A. Diez Macho, pp. 394-395).
16. Ahora bien, es evidente que esto es verdadero, provechoso, justo y digno de amarse por todos los hombres, y que quienes obran mal necesariamente recibirán los castigos según merezcan sus obras.


Concordancia con los textos poéticos

37.1. También algunos de los poetas, como dándose oráculos a sí mismos, dijeron estas mismas cosas, dando testimonio de que serán castigados los que obren injustamente. 2. Esquilo dijo: "El que causa el sufrimiento tiene que padecerlo también" (fragmento dudoso, citado por Estobeo, Antología, 1,3,24; Orión,Florilegio, 6,6).
3. Y el mismo Píndaro dijo: "El que actúa conviene que también padezca" (Píndaro, Nemea, 4,31-32).
4. Así también Eurípides: "Soporta cuando sufres, pues obrando gozaste. 5. Es ley tratar mal al enemigo apenas lo capturas" (Eurípides, Fragmentos, 1090 y 1091).
6. Y de nuevo el mismo: "Tratar mal a los enemigos, creo, es tarea de varón" (Eurípides, Fragmentos, 1092).
7. De la misma manera Arquíloco: "Una cosa grande entiendo, al que me trató mal responderle con males terribles" (Arquíloco, Fragmentos, 126).
8. Sobre que Dios ve todas las cosas y que nada se le oculta, que siendo magnánimo aguarda hasta que deba juzgar, sobre esto dijo Dionisio: "El ojo de la Justicia mira como a través de un rostro afable pero ve todo siempre" (Dionisio Trágico, Fragmentos, 5).
9. Que ha de venir el juicio de Dios y que los males han de tomar repentinamente a los malvados, eso lo señaló Esquilo diciendo: "El mal llega a los mortales con paso ligero, según el pecado que transgrede lo lícito. 10. Ves a la Justicia muda, y no la ves; si duermes, si marchas o si te sientas. Ladera sigue de cerca, a veces de lejos. 11. No oculta la noche al que obra mal. Si algo terrible haces piensa que alguien lo ve" (Esquilo, Fragmentos, 22; cf. Estobeo, Antología, 1,3,26-27. 28. 29).
12. ¿Acaso no habla así también Simónides? "No hay mal inesperado para el hombre; en poco tiempo dios todo lo transforma" (autor desconocido).
13. De nuevo Eurípides: "Nunca fortuna de hombre malo ni riqueza excesiva se debe darlos por firme, ni el género de los injustos, pues el tiempo, que de nadie ha nacido, hace patentes las maldades de los hombres"(Eurípides, Fragmentos, 303).
14. Y también Eurípides: "No falta inteligencia a la divinidad, sino que tiene entendimiento de los juramentos mal hechos y de quienes quedaron obligados" (Eurípides,Ifigenia en Áulide, 394-395).
15. Y Sófocles: "Si cosas terribles hiciste, cosas terribles debes padecer" (Sófocles, Fragmento, 877).
16. Ahora, sea sobre un juramento injusto, sea sobre otra desviación cualquiera, que Dios ha de tomar examen, de alguna manera lo dijeron con antelación ellos mismos; también sobre la conflagración del mundo, queriendo o sin querer, dijeron cosas consecuentes con los profetas, a pesar de ser muy posteriores y de haber robado estas cosas de la ley y los profetas.

El juicio y el castigo. Exhortación final

38.1. ¿Qué importa si fueron posteriores o anteriores? Al fin y al cabo dijeron cosas consecuentes con los profetas. Sobre la conflagración, el profeta Malaquías predijo: "He aquí que viene el día del Señor como horno ardiente y abrasará a todos los impíos" (Ml 3,19); 2. e Isaías: "Vendrá la ira del Señor como granizo que cae con violencia y como agua que arrastra hacia el valle" (Is 30,27. 30. 28).
3. Así pues la Sibila, los demás profetas y hasta los poetas y los mismos filósofos hablaron manifiestamente sobre la justicia, el juicio y el castigo. También sobre la providencia, que Dios cuida de nosotros no sólo mientras estamos vivos sino también al estar muertos, si bien lo dijeron contra su voluntad, convencidos por la verdad. 4. Entre los profetas, Salomón dijo sobre los muertos: "Habrá cura para la carne y cuidado para los huesos" (Pr 3,22a). 5. Lo mismo también David: "Se regocijarán los huesos humillados" (Sal 50,10b). 6. De acuerdo con ellos habló también Timocles, diciendo: "Para los muertos, el dios benigno es misericordia" (Timocles, Fragmento, 31).
7. Así los escritores que hablaron de multitud de dioses retornaron a la monarquía, los que sostuvieron que no hay providencia, afirmaron la providencia, los que dijeron que no hay juicio, reconocieron que habrá juicio, y los que negaron que haya sensación después de la muerte, lo confesaron después. 8. Homero que afirma: "El alma como sueño se marchó volando" (Homero, Odisea, 11,222), dice en otro lugar: "El alma, volando desde los miembros, descendió al Hades" (Homero,Ilíada, 16,856; 22,362). Y además: "Entiérrame cuanto antes para cruzar las puertas del Hades" (Homero, Ilíada, 23,71).
9. En cuanto a los otros, que tú has leído, pienso que conoces perfectamente de qué modo hablaron. Todas estas cosas las entenderá todo el que busca la sabiduría de Dios y que a Él agrada mediante fe, justicia y buenas obras. 10. Dijo pues uno de los profetas antes mencionados, de nombre Oseas: "Quién será sabio y sabrá estas cosas, quién sapiente y conocerá? Porque los caminos del Señor son rectos y los justos ingresarán en ellos; los impíos desfallecerán en ellos" (Os 14,10). 11. Es pues necesario que el que quiere saber aprenda. Procura entonces que nos encontremos más asiduamente y así, oyendo de viva voz, aprendas con exactitud lo verdadero.


LIBRO TERCERO

Introducción

1.1. Teófilo a Autólico, salud.
Puesto que los escritores gustan escribir multitud de libros por vanagloria, unos sobre dioses, guerras y cronologías, otros sobre mitos inútiles y demás esfuerzos vanos, en los que tú te has ejercitado hasta hoy sin vacilar en soportar dicha carga, y como, aunque conversas con nosotros, todavía sigues sosteniendo que es insensata la palabra de la verdad, pensando que nuestras escrituras son recientes y nuevas; por esto yo tampoco vacilaré, Dios mediante, en recapitular para ti la antigüedad de nuestros escritos, presentándote una breve memoria, de tal manera que no vaciles en leerla y reconozcas así la tontería de los demás autores.

Vanidad de los autores griegos

2.1. Los escritores deberían haber sido testigos oculares de los acontecimientos narrados o haber sido informados con exactitud por quienes los vieron. Porque los que escriben cosas infundadas de alguna manera golpean el aire.
2. ¿Qué le aprovechó a Homero haber escrito sobre la guerra de Troya y haber engañado a muchos, o a Hesíodo el catálogo de la "Teogonía" de los que él llama dioses? ¿Y qué de los trescientos sesenta y cinco dioses de Orfeo, a los que al fin de su vida rechaza al decir en sus "Testamentos" que existe un solo dios? 3. ¿Qué le aprovechó a Arato la esferografía del círculo cósmico, como a los que dijeron cosas semejantes a las suyas, que no sea haber alcanzado ante los hombres una gloria del todo injusta? ¿Qué cosa verdadera han dicho? 4. ¿Qué le aprovecharon sus tragedias a Eurípides, a Sófocles y a los demás compositores de tragedias? ¿O las comedias a Menandro, a Aristófanes y a los demás cómicos? ¿Qué a Herodoto y Tucídides sus historias? ¿Qué a Pitágoras sus templos y las columnas de Hércules? ¿Qué a Diógenes la filosofía cínica? ¿Qué a Epicuro su doctrina de que no hay providencia? ¿Qué a Empédocles enseñar el ateísmo? ¿Qué a Sócrates jurar por el perro, por el ganso, por el plátano y por el fulminado Asclepio, y por los demonios que invocaba? 5. ¿Para qué murió voluntariamente y qué premio esperaba recibir después de la muerte? 6. ¿Qué le aprovechó a Platón la educación según su propuesta o a los demás filósofos sus doctrinas de cuyo enorme número no voy a presentar ahora un inventario? Esto decimos para demostrar lo inútil y ateo de su pensamiento.

Las inmoralidades de los dioses

3.1. Todos éstos, amantes de una gloria vacía y vana, ni conocieron ellos mismos lo verdadero ni exhortaron a otros hacia la verdad. Las mismas cosas que dijeron los acusan, pues han hablado contradictoriamente y la mayoría de ellos disolvieron sus propias doctrinas. No sólo se refutaron entre ellos, sino que algunos a veces invalidaron las doctrinas propias, por lo que su fama terminó en el deshonor y la locura, pues son condenados por los inteligentes.
2. En efecto, si antes hablaron de dioses, después enseñaron el ateísmo; si sobre la génesis del mundo, al último dijeron que todo es por el azar, y si antes se referían a la providencia, después dogmatizaron que el mundo no tiene providencia. 3. ¿Qué más? ¿Acaso cuando intentaron escribir sobre la santidad, no terminaron enseñando a practicar la impureza, la fornicación y el adulterio, y hasta introdujeron las impudicias más abominables? Ellos proclaman que son sus dioses los primeros que practicaron las uniones inconfesables y las comidas sacrílegas. 4. ¿Quién no canta a Crono como devorador de sus hijos, a Zeus, hijo suyo, como el que se traga a Metis (cf. Hesíodo, Teogonía, 889-890 y 899-900) y el que prepara abominables comidas para los dioses, en las que dicen que les sirve un tal Hefesto, un herrero rengo? (cf. Homero, Ilíada, 1,570-600. 607). ¿Y también a Hera, su propia hermana, que no solamente se casa con Zeus, sino que comete obscenidades con boca impura?. Supongo que tú conoces las demás gestas que de él cantan los poetas. 5. ¿Para qué además enumerar lo referente a Poseidón, a Apolo, a Dionisio y a Heracles, o lo referente a Atenea, amante del seno, y a la desvergonzada Afrodita, habiendo tratado de ello más específicamente en otro libro? (cf. I,9-10?).

Las calumnias contra los cristianos

4.1. Tampoco habría necesidad de que nosotros refutáramos todas estas cosas si no te viera ahora dudando sobre la palabra de la verdad. Y es que siendo prudente, soportas con gusto a los tontos. Si así no fuera, no te hubieras dejado influenciar por los discursos vacíos de hombres ignorantes ni persuadir por rumores prejuiciosos cuando bocas ateas que falsamente nos calumnian, a nosotros que somos religiosos y que nos llamamos cristianos, dicen que tenemos a nuestras mujeres como propiedad común a todos, que nos unimos promiscuamente, más aún, que mantenemos uniones carnales con nuestras propias hermanas, y, lo más ateo y salvaje de todo, que nos alimentamos de carnes humanas. 2. Ellos dicen también que nuestra palabra ha sido anunciada recientemente, y que no tenemos nada para decir para demostración de nuestra verdad y enseñanza, dicen que nuestra palabra es locura. 3. Yo me maravillo especialmente por ti, que eres tan diligente en otras cosas e investigas todos los asuntos, a nosotros nos escuchas con descuido. Tú, que cuando puedes, no vacilas en pasar la noche en bibliotecas.

Son los griegos quienes enseñan el canibalismo

5.1. Ahora bien, ya que has leído tanto, ¿qué te parecieron las cosas que contienen los libros de Zenón, de Diógenes y de Cleantes, que enseñan la antropofagia, que los padres sean cocinados por sus propios hijos y que se los coman, y que si alguno se niega a comer o rechaza alguna parte de la abominable comida, hay que comerse al que no come? 2. Más aun, se ha encontrado la expresión más atea, la de Diógenes, que enseña que los hijos deben llevar a sus propios padres para ser sacrificados y comérselos (cf. Diógenes Laercio, Vitae, 6,73). 3. ¿Y qué más? ¿No narra el historiador Herodoto cómo Cambises degolló a los hijos de Harpago y cocidos los sirvió a su padre para que los comiera (cf. Herodoto, Historias, 1,119)? 4. Cuenta además que entre los hindúes los padres son comidos por sus hijos (cf. Herodoto, Historias, 3,99).
5. ¡Qué enseñanzas ateas, de los que estas cosas transcriben o más bien las enseñan! ¡Qué impiedad y ateísmo! ¡Qué inteligencia la de aquellos que filosofan tan escrupulosamente y que profesan la filosofía! Porque los que han propalado estas doctrinas llenaron el mundo de impiedad.

La pederastia y la promiscuidad es recomendada por los griegos

6.1. También respecto de acciones impúdicas hay acuerdo casi completo entre los que se extraviaron en el coro de la filosofía. 2. En primer lugar Platón, que según parece es el que ha filosofado con mayor seriedad entre ellos, expresamente legisla, por así decir, en el primer libro de "República" (cf. Platón, República, 457 c-d; se trata del libro V), que las mujeres han de ser comunes para todos, utilizando el modelo del hijo de Zeus (cf. Homero, Ilíada, 13,450; Odisea, 19,178), legislador de los cretenses, de modo que, con este pretexto, los nacimientos de ellos sean numerosos y los que estuvieren tristes fueren consolados con estos tratos (cf. Platón,República, 460 b). 3. El mismo Epicuro, juntamente con su enseñanza de ateísmo, recomienda copular con madres y hermanas, sin considerar las leyes que lo prohíben. 4. Porque Solón legisló sobre este asunto con claridad, que los hijos sean engendrados legalmente del esposo y que no nazcan de adulterio, no sea que se honre como padre al que no es padre y se deshonre al que es padre no sabiéndose que es padre. 5. Tales prácticas así están prohibidas por otras leyes de romanos y griegos.
6. ¿Por qué motivo, entonces, Epicuro y los estoicos proponen las ideas de las uniones de hermanos y de pederastia, enseñanzas de las que han llenado bibliotecas, para que desde niño se aprenda la unión ilegítima? 7. ¿Por qué además he de detenerme tratando estos asuntos, cuando ellos mismos han atribuido cosas semejantes a los que llaman dioses?

Las contradicciones de los escritores griegos

7.1. Después de decir que existen dioses, los mismos los reducen a nada. Porque algunos dijeron que se componen de átomos, o que vuelven a los átomos, o dicen que los dioses no tienen un poder superior al de los hombres. 2. Platón, después de decir que los dioses existen, quiere que estén compuestos de materia (cf. Aecio,Placita, 1,17,31; Platón, Timeo, 41 a). 3. Pitágoras, que tanto sudó sobre la cuestión de los dioses llevándola para arriba y para abajo (cf. Sexto Empírico, Contra los matemáticos, 9,367), en última instancia define la naturaleza y afirma que todas las cosas existen por azar (cf. Aecio, Placita, 1,17,18). Que los dioses no cuidan para nada de los hombres. 4. ¡Cuántas cosas adujo Clitómaco, el académico, sobre el ateísmo! 5. Y qué no dijeron Critias y Protágoras de Abdera, el cual sentencia: "No puedo decir nada sobre ellos, ni si los dioses existen ni explicar cómo son, pues hay muchas cosas que me lo impiden" (cf. Sexto Empírico, Contra los matemáticos, 9,51). 6. Sería excesivo para nosotros mentar las cosas de Evhémero, el más ateo (cf. Sexto Empírico, Contra los matemáticos, 9,17; Aecio,Placita, 1,7,1). Porque, después de haberse atrevido a decir muchas cosas sobre los dioses, termina negando en absoluto que existan dioses, y más bien quiere que todas las cosas sean administradas por el azar. 7. Acaso Platón, que tantas cosas expresó sobre la monarquía de Dios y sobre el alma del hombre, diciendo que el alma es inmortal, ¿no se encuentra luego en contradicción consigo mismo al afirmar que las almas transmigran a otros hombres y que las de algunos hasta pasan a animales irracionales (cf. Platón, Fedón, 106 b 1-2; Fedro, 82 a-b; 248 c-249 b)? 8. ¿Cómo no ha de aparecer terrible y sacrílega esta doctrina a los que tienen inteligencia, que el que antes era hombre sea después lobo, perro, asno u otro animal irracional? 9. Consta que Pitágoras dijo tonterías semejantes a éstas, además de rechazar la providencia.
10. Ahora bien, ¿a cuál de ellos vamos a creer? ¿Al cómico Filemón que dijo: "Los que honran al dios tienen bellas esperanzas de salvación" (cf. Fragmento 181; ed. T. Koch, Leipzig Teubner 1884), o a los antes citados Evhémero, Epicuro, Pitágoras y a los demás que niegan que exista religión y que destruyen la providencia? 11. Porque sobre dios y la providencia dijo Aristón: "Ánimo, pues, que el ayudar a todos los justos es costumbre del dios, y a éstos especialmente. Porque si no hubiera una retribución preparada para los que viven como se debe, ¿para qué ser piadoso? 12. Así debiera ser; pero veo con claridad que los que eligen vivir piadosamente experimentan adversidades, y que los que no buscan sino su propio interés tienen un pasar más honorable que nosotros. 13. En el presente. Pero hay que mirar más lejos y aguardar a la transmutación de todas las cosas. No es como aquella opinión maligna entre algunos enraizada, inútil para la vida, que si hay cambio es por azar o que domina lo fortuito. Así creen que tienen todas estas cosas a favor de su propia suerte los malvados. Pero hay un premio para los que viven santamente. Y para los malos un condigno castigo. Porque nada ocurre fuera de providencia" (Fragmenta comicorum graecorum, 1,IX-X; ed. A. Meineke, Berlin 1839).
14. Las cosas que dijeron los otros, de algún modo la mayoría, sobre dios y la providencia, puede verse cuan discorde entre ellos es lo que dijeron. Pues algunos rechazaron por completo a dios y a la providencia, otros en cambio pusieron a dios y reconocieron que todo lo ordena por providencia. 15. El oyente y lector inteligente, pues, debe atender con cuidado a lo expresado conforme a Similo, cuando dice: "Es costumbre llamar poetas por igual a los exagerados por naturaleza y a los buenos, y es preciso diferenciar" (Comicorum Graecorum Fragmenta, 2,444; ed. G. Kaibel, Berlin 1899).
16. De la misma manera también Filemón, en algún lugar: "Es malo un oyente necio sentado, pues por su ignorancia no se reprende a sí mismo" (Fragmento, 143; ed. cit.).
17. Es necesario, entonces, atender y comprender lo que se dice, examinando críticamente lo dicho por los filósofos y demás poetas.

Aberraciones de los dioses paganos

8.1. Porque habiendo negando la existencia de los dioses los mismos después la reconocen, y afirman que realizan abominables acciones (cf. III,3,6). En primer lugar de Zeus, los poetas cantan con versos melodiosos sus acciones indecentes. 2. ¿Y no indica Crisipo, el gran propalador de tonterías, que Hera se unió a Zeus por su impura boca (cf. III,3,4)? 3. ¿Para qué he de enumerar las impudicias de la llamada madre de dioses, o de Zeus Lacial, sediento de sangre humana, o de Atis el mutilado, o de Zeus llamado Trágico, que según dicen se quemó su propia mano y ahora es venerado como dios por los romanos? 4. Hago silencio sobre los templos de Antínoo y los de los otros así llamados dioses. Tales historias producen la risa de los inteligentes. 5. Los que filosofan de esta manera son convictos de ateísmo por sus propias doctrinas, y también de promiscuidad y de uniones ilícitas. Es más, en sus escritos se encuentra antropofagia, y son los dioses que ellos veneran los primeros que realizaron tales acciones.

El credo de los cristianos

9.1. Nosotros también confesamos a Dios, pero uno, el creador, hacedor y artífice de todo este mundo, sabemos que todo se gobierna por providencia, pero de la suya sólo, y hemos aprendido una ley santa, pero tenemos como legislador al Dios existente, que nos enseña la práctica de la justicia, la piedad y la obra del bien.
2, Sobre la piedad dice: "No habrá para ti otros dioses fuera de mí. No te fabricarás ídolo ni imagen alguna de cuanto hay arriba en el cielo ni abajo en la tierra, ni cuanto en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás, porque yo soy el señor Dios tuyo" (Ex 20,3-5).
3. Sobre obrar el bien, dijo: "Honra a tu padre y a tu madre, para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra que te doy, yo el señor tu Dios" (Ex 20,12).
4. Y sobre la justicia: "No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no levantarás falso testimonio contra tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni codiciarás su casa, ni su campo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni bestia alguna suya, ni cuanto sea de tu prójimo" (Ex 20,13-17). 5. "No torcerás el juicio del pobre al juzgarle, te apartarás de toda palabra injusta, no matarás al inocente y justo, no justificarás al impío ni aceptarás dones, pues los dones ciegan los ojos de los que ven y destruyen las palabras justas" (Ex 23,6-8).
6. Ahora bien, Moisés, servidor de Dios, fue ministro de esta divina ley, para todo el mundo pero principalmente para los hebreos, que se llaman también judíos, a los que al principio había reducido a servidumbre el rey de Egipto, siendo ellos simiente justa de hombres piadosos y santos, Abrahán, Isaac y Jacob. 7. Acordándose Dios de ellos, por medio de Moisés obró maravillas y milagrosos prodigios; los libró y sacó de la tierra de Egipto, conduciéndolos a través del llamado desierto. A ellos estableció en tierra de Canaán, posteriormente llamada Judea, les dio la ley y les enseñó todo esto. 8. Ahora bien, los diez capítulos de esta ley grande y admirable (cf. Dt 4,13), válida para toda justicia (cf. Mt 3,15), son éstos que arriba hemos mencionado.

Los judíos residentes en Egipto recibieron la Ley

10.1. Los judíos se hicieron residentes en la tierra de Egipto, siendo por estirpe hebreos de la tierra de Caldea -pues por aquél tiempo se produjo un hambre que los obligó a emigrar a Egipto para comprar granos, donde con el tiempo se establecieron, cosa que les ocurrió según la predicción de Dios- habiendo entonces habitado en Egipto durante cuatrocientos treinta años, y cuando Moisés se aprestaba a sacarlos al desierto (cf. Gn 15,13), Dios les enseñó por medio de la ley, diciendo: "No atribularás al extranjero, porque ustedes conocen el alma del extranjero, porque extranjeros fueron en la tierra de Egipto" (Ex 23,9).

Dios mandó profetas para exhortar a la conversión

11.1. Habiendo sido desobedecida por el pueblo la ley que Dios le había dado, y por ser Dios bueno y misericordioso, no queriendo que perecieran, además de darles la ley después les envió profetas de entre sus hermanos para que les enseñaran y recordaran las cosas de la ley, y para llevarlos al arrepentimiento y que no pecaran más. 2. Pero si se obstinaban en su malas acciones, les predijeron que serían sometidos a todos los reinos de la tierra (cf. Ba 2,4), y que así les ha sucedido es ya evidente.
3. Sobre el arrepentimiento dice el profeta Isaías, a todos en general pero especialmente al pueblo: "Busquen al Señor y al encontrarle invóquenlo Y cuando se haya acercado a ustedes, el impío abandone sus caminos y el varón inicuo sus consejos, y regrese hacia el Señor su Dios, y tendrá misericordia porque largamente cancelará sus pecados" (Is 55,6-7). 4. Otro profeta, Ezequiel, dice: "Si el inicuo se convierte de todas las iniquidades que hizo y guarda mis mandamientos y hace mis justificaciones, vivirá con vida, no morirá y no habrá memoria de cuantas iniquidades hizo, sino que por la justicia que hizo vivirá, porque no quiero la muerte del inicuo, dice el Señor, sino que regrese de su mal camino y que viva" (Ez 18,21-23). 5. También Isaías: "Conviértanse los que deliberan consejo profundo e inicuo, para que sean salvados" (Is 31,6; 45,22). 6. Y otro, Jeremías: "Retornen al Señor su Dios, como el vendimiador a su cesta, y recibirán misericordia" (Jr 6,9).
7. Muchas cosas, o mejor infinitas, se dicen sobre el arrepentimiento en las santas escrituras, pues siempre quiere Dios que el género de los hombres retorne de todos sus pecados.

La justicia

12.1. Además también sobre la justicia, de la que ha hablado la ley, se ve que tanto los profetas como los evangelios dicen cosas consecuentes, porque todos ellos inspirados por el espíritu han hablado con un único espíritu de Dios. 2. Isaías, pues, dice así: "Quiten las maldades de sus almas, aprendan a hacer el bien, busquen el juicio, liberen al ofendido, juzguen para el huérfano y hagan justicia a la viuda" (Is 1,16-17). 3. Y el mismo todavía: "Desata, dice, toda atadura de injusticia, rompe los lazos de los contratos violentos, envía a los heridos con perdón, destruye toda escritura injusta, parte con el hambriento tu pan y deja entrar en tu casa a los pobres sin techo. Si ves a un desnudo, vístele, y no desprecies a los de tu propia sangre. Entonces se alzará tu luz matinal y tus curaciones se levantarán con premura y tu justicia caminará precediéndote" (Is 58,6-8). 4. De la misma manera Jeremías: "Deténganse, dice, en los caminos, miren y pregunten cuál es el camino bueno del Señor nuestro, y caminen por él, y encontrarán descanso para sus almas" (Jr 6,16); "juzguen justo juicio, porque en esto está la voluntad del Señor su Dios" (Za 7,9 y Jr 9,24). 5. De modo semejante dice también Oseas: "Guarden el juicio y acérquense al Señor su Dios, el que afirmó el cielo y fundó la tierra" (Os [LXX] 12,7; 13,4). 6. Y otro, Joel, dijo acorde con ellos: "Reúnan al pueblo, santifiquen la congregación, reciban a los ancianos, junten a los niños que maman de los pechos. Salga el esposo de su cámara nupcial y la esposa de su lecho, rueguen con instancia al Señor su Dios, a fin de que se compadezca de ustedes, y él cancelará sus pecados" (Jl 2,16; 1,14; cf. Is 43,25). 7. Y otro, Zacarías, de la misma manera: "Esto dice el Señor omnipotente: juzguen juicio de verdad y hagan cada uno misericordia y compasión con su prójimo, no opriman a la viuda, al huérfano y al extranjero, no guarden rencor en sus corazones contra su hermano, dice el Señor omnipotente" (Za 7,9-10).

La pureza

13.1. En cuanto a la pureza, no sólo nos enseña la palabra santa a no pecar de obra, sino tampoco de pensamiento, a no concebir en el corazón ningún mal para otro, ni desear la mujer de otro al mirarla con los ojos. 2. En efecto, Salomón que fue rey y profeta, dice: "Que tus ojos miren recto y que tus párpados guiñen lo justo; haz sendas rectas para tus pies" (Pr 4,25-26; cf. II,35,3). 3. Más estrictamente la voz evangélica enseña sobre la castidad diciendo: "Todo el que mira a la mujer ajena para desearla ya adulteró con ella en su corazón" (Mt 5,28). 4. "Y el que se casa", dice, "con la que fue repudiada por su esposo, comete adulterio, y el que repudia a la mujer, fuera del caso de fornicación, le hace cometer adulterio" (Mt 5,32). 5. Salomón dice además: "¿Echará alguien fuego en su vestido y su vestido no arderá? ¿Caminará alguien sobre brasas encendidas y no se quemará los pies? Así, el que se acerque a una mujer casada no será inocente" (Pr 6,27-29).

Amor al prójimo

14.1. En cuanto a que nosotros seamos benevolentes, y no sólo, como algunos suponen, con los de nuestro propio pueblo, el profeta Isaías dijo: "Digan a los que los odian y los abominan: "Son nuestros hermanos". Así será glorificado el nombre del Señor, y sea visto en la alegría de ellos" (Is 66,5). 2. Y el Evangelio: "Amen", dice, "a sus enemigos y rueguen por los que los calumnian. Pues si aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? Eso también lo hacen los bandidos y los cobradores de tributo" (Mt 5,44. 46).
3. A los que hacen el bien les enseña a no gloriarse, para no buscar el agrado de los hombres. "No sepa", dice, "tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha" (Mt 6,3). 4. También nos manda la divina palabra someternos a los magistrados y autoridades, y orar por ellos (cf. Rm 13,1), a fin de llevar una vida quieta y tranquila (cf. 1 Tm 2,1-2). 5. Y enseña a dar todo a todos: a quien honor, honor; a. quien temor, temor; a quien tributo, tributo; no deber nada a nadie, sino sólo amar a todos (cf. Rm 13,7-8).

Virtudes cristianas

15.1. Considera, pues, si quienes tales enseñanzas reciben pueden vivir promiscuamente y practicar uniones ilegítimas, o, lo más ateo de todo, comer carne humana, cuando tenemos prohibido hasta contemplar los combates de gladiadores para no ser partícipes ni cómplices de muertes. 2. Tampoco hay que ver los demás espectáculos para no manchar nuestros ojos y nuestros oídos, si nos hacemos partícipes de los versos que allí se entonan. 3. Pues si de antropofagia se trata, allí se comen los hijos de Tiestes y Teseo; si de adulterio, y no sólo de hombres sino también de dioses, allí se representan tragedias que lo pregonan con melodiosos versos, con honores y premios. 4. Muy lejos está de los cristianos el pensamiento de hacer cosas semejantes: entre ellos está presente la templanza, se ejercita la continencia, se respeta la monogamia, se guarda la castidad, 5. se expulsa la injusticia, se erradica el pecado, se medita la justicia, tiene vigencia la ley, se practica la religión, se confiesa a Dios, la verdad domina, la gracia guarda, la paz protege, la palabra santa conduce, la sabiduría enseña, la vida domina, Dios reina.
6. Mucho más pudiéramos decir sobre nuestra institución, sobre las disposiciones del Dios y artífice de toda la creación, pero por ahora pensamos que es suficiente recordar lo dicho para que tú lo sepas, y más si lees lo establecido hasta ahora, a fin de que si has sido hasta el presente amante del saber, seas amante del saber en adelante (cf. II,38,9; III,4,3).

No es Platón quien dice la verdad sobre el origen del mundo

16.1. Ahora quiero demostrarte con más precisión, Dios mediante, lo referente a los tiempos, para que reconozcas que nuestra palabra no es reciente ni mítica, sino más antigua y más verdadera que la de todos los poetas y escritores, que escribieron sobre lo incierto. 2. Pues algunos diciendo que el mundo es ingénito terminaron en lo infinito, otros, diciendo que era producido, dijeron que tiene ya quince miríadas tres mil setenta y cinco años. Esto lo narra Apolonio el egipcio (cf. Fragmentos de los Historiadores Griegos, 661, frag. 3; ed. F. Jacoby, Berlin 1923-1930).
3. Platón, que se cree ha sido el más sabio de los griegos, ¡a cuántas tonterías fue a terminar! Porque en las "Repúblicas" escritas por él se encuentra que dice literalmente: Si las cosas han permanecido todo el tiempo como están dispuestas ahora, ¿acaso pudo inventarse absolutamente nada nuevo? Y es que durante una miríada de miríadas de años les pasó inadvertido el tiempo a las gentes de entonces y sólo hace mil o dos mil años que se pusieron de manifiesto los primeros descubrimientos, ya de Dédalo, ya de Orfeo, ya de Palamedes" (Platón, Leyes, 677 c-d).
4. Al decir que así sucedió, establece que del diluvio a Dédalo pasaron una miríada de miríadas de años (cf. Platón, Leyes, 677 a). Y después de hablar mucho sobre ciudades, colonias, poblaciones y naciones, admite que todo esto lo dijo por conjetura. Dice así: Si pues, extranjero, algún dios nos prometiera emprender otra vez nuestro examen sobre las leyes, de las palabras dichas ahora..." (Platón, Leyes, 683 a-c).
Es evidente que habla por conjetura. Y sí por conjetura, no son entonces verdaderas las cosas que él dijo.

Los profetas recibieron su sabiduría del Espíritu de Dios

17.1. Más vale, pues, hacerse discípulo de la legislación divina, como el mismo reconoce: que no puede aprenderse de otra manera lo exacto, si no lo enseña Dios a través de la ley (cf. Platón, Menón, 99 e-100 a 1). 2. ¿Pues qué? ¿Acaso los poetas Homero, Hesíodo y Orfeo no dijeron que ellos mismos habían sido enseñados por la providencia divina? 3. Más aún, dicen que con los escritores hubo adivinos y videntes, y que de ellos aprendieron a escribir con exactitud. 4. ¿Cuánto más no hemos de saber nosotros la verdad, que aprendimos de los santos profetas llenos del santo Espíritu de Dios (cf. III,2,1)? Por ello todos los profetas dijeron cosas concordes y armónicas entre sí, y anunciaron de antemano lo que habría de suceder a todo el mundo. 5. El mismo cumplimiento de las cosas previamente anunciadas y ya acontecidas puede enseñar a los amantes del estudio o, mejor dicho, a los amantes de la verdad, que es realmente verdadero lo que fue anunciado por ellos sobre los tiempos y épocas anteriores al diluvio, y cómo se cuentan los años desde la creación del mundo hasta hoy, para mostrar así la tontería de la falsedad de los escritores, y que no es verdadero lo dicho por ellos (cf. II,9,2; III,28.1-7; III,1,1).

La historia del diluvio

18.1. Platón, como ya hemos dicho, mostrando que hubo un diluvio, dijo que no alcanzó toda la tierra sino solamente las llanuras y que los que huyeron a los montes más altos se salvaron (cf. Platón, Timeo, 22 d 5-8; Leyes, 677 a-b). 2. Otros dicen que existieron Deucalión y Pirra, y que éstos se salvaron en un arca, y que Deucalión, después de salir del arca, arrojaba piedras para atrás y que de las piedras nacían hombres. De allí dicen que a una multitud de hombres se le llama pueblo (cf. Píndaro, Olimpia, 9,43. 45-46; Homero, Ilíada, 23,611). 3. Otros a su vez dijeron que en el segundo diluvio existió Climeno.
4. Ahora bien, por lo que ya se ha dicho es evidente que quienes tales cosas escribieron y tan vanamente filosofaron resultan despreciables, del todo impíos y tontos. 5. Moisés, nuestro profeta y siervo de Dios (cf. Ex 14,31; Nm 11,11; Hb 3,5), por otra parte, al historiar la creación del mundo explicó de qué manera sucedió el diluvio sobre la tierra, y no se puso a mitificar sobre cómo ocurrieron los acontecimientos relativos al diluvio, o sobre un Pirra o sobre un Deucalión o sobre un Climeno, ni que solamente se inundaron las llanuras salvándose sólo los que se refugiaron en los montes.

Moisés reveló la verdadera historia de Noé

19.1. Tampoco declara que hubo un segundo diluvio, sino por el contrario dijo que no habrá ningún diluvio de agua en el mundo, como en efecto ni lo ha habido ni lo habrá. 2. Cuenta que fueron ocho el total de almas de hombre que se salvaron en el arca (cf. Gn 9,11), que fue construida por orden de Dios, no por Deucalión sino por el que en hebreo se llama Noé (cf. II,30), que en lengua griega quiere decir descanso, 3. según lo que en otro libro hemos mostrado, cómo Noé anunciando a los hombres de su tiempo que habría de venir un diluvio, les profetizó diciendo: "Vengan, Dios los llama al arrepentimiento". Por eso apropiadamente se lo llama Deucalión. 4. Este Noé tenía tres hijos, como lo hemos mostrado en el segundo libro (cf. II,28,8). Cuyos nombres son Sem, Cam y Jafet, cada uno de los cuales tenía su mujer, más aquél y la mujer suya. A este hombre algunos lo han llamado Eunuco. Entonces, ocho era el total de almas humanas que se salvaron, las que se hallaban en el arca (cf. II,31,3; II,32,3).
5. Moisés indicó que el diluvio tuvo lugar "durante cuarenta días y cuarenta noches, al fluir las cataratas del cielo y brotar todas las fuentes del abismo, al punto que el agua se levantó quince codos por encima de los montes más altos" (Gn 7,11-12; 7,20). 6. Así pereció todo el género de los hombres de entonces, y sólo se salvaron los ocho que antes hemos dicho, que estaban guardados en el arca. Los restos de esta arca se muestran hasta hoy en los montes de Arabia (cf. Flavio Josefo,Antigüedades Judías, 1,90).
En resumen, esta es la historia de lo que ocurrió en el diluvio.

Antigüedad del pueblo de los Hebreos

20.1. Moisés, pues, fue el conductor de los judíos, como ya hemos dicho (cf. III,9,6-7), cuando fueron expulsados de la tierra de Egipto por el rey Faraón, cuyo nombre es Tetmosis. Se dice que después de la expulsión del pueblo este rey reinó durante veinticinco años y cuatro meses, según el cómputo de Manetón (cf. Flavio Josefo, Contra Apión, 1,93-98). Después de él Cebrón trece años, 2. después de él Amenofis veinte años y siete meses, después de él su hermana Amesa veintiún años y un mes, después de ella Mefres doce años y nueve meses, después de él Meframutosis veinticinco años y diez meses, después de él Titmoses nueve años y ocho meses, 3. después de él Amenofis, treinta años y diez meses, después de él Oros treinta y seis años y cinco meses, después de él su hija Aquenjeres doce años y un mes, después de ella Ratotis nueve años. 4. Después de él Aquenjeres doce años y cinco meses, después de él Aquenjeres doce años y tres meses, su hijo Armáis cuatro años y un mes, después de él Ramsés un año y cuatro meses, después de él Armeses Miamou sesenta y seis años y dos meses, después de el Amenofis diecinueve años y seis meses. 5. Sus hijos Setos y Ramsés diez años; de ellos se dice que poseían en su época una gran fuerza de caballería y armada naval.
6. Los hebreos, que en aquella ocasión demoraban en la tierra de Egipto y estaban sometidos a servidumbre por el mencionado rey Tetmosis, edificaron para él las ciudades fortificadas de Peito, Ramesés y On, que es la ciudad del Sol (Ex 1,11). Por tanto se muestra que los hebreos son anteriores a las ciudades que entonces eran famosas entre los egipcios; de aquellos, que son nuestros antepasados, tenemos los libros sagrados que son, como hemos dicho (cf. III,16,1), más antiguos que todos los escritores.
7. El país de Egipto se llamó así del rey Seto, pues se dice que Seto es llamado Egipto (cf. Flavio Josefo, Contra Apión, 1,102). Seto tenía un hermano por nombre Armáis; éste era llamado Dánao y fue el que vino de Egipto a Argos y éste es el que mencionan los demás escritores como muy antiguo (cf. Flavio Josefo, ibid., 1,103; 1,231).

Falsas noticias sobre los Judíos

21.1. Manetón, que dijo muchas tonterías al estilo de los Egipcios y hasta injurias contra Moisés y contra los hebreos que lo acompañaban, como si éstos hubieran sido expulsados de Egipto por causa de la lepra, no supo decir los tiempos con exactitud. 2. Al llamarlos pastores y enemigos de los egipcios, dijo involuntariamente lo de pastores, forzado por la verdad. Pues en efecto nuestros antepasados que demoraron en Egipto fueron realmente pastores, pero no leprosos. 3. Habiendo llegado a la tierra que se llama Jerusalén y en la que posteriormente habitaron, es patente de qué modo sus sacerdotes, que perseveraban en el templo por ordenación de Dios, por entonces curaban toda enfermedad así como sanaban a los leprosos de toda mancha. Salomón rey de Judea edificó el templo.
4. Por sus propias expresiones es evidente que Manetón se equivoca en lo relativo a los tiempos y también respecto del rey que los expulsó, de nombre Faraón. Éste no reinó ya sobre ellos, pues saliendo en persecución de los hebreos se hundió con su ejército en el mar Rojo (cf. Ex 14,27 ss.). 5. Dice falsamente también que los que él llama pastores habrían hecho la guerra a los egipcios. Ellos salieron de Egipto y habitaron la región que hasta hoy se llama Judea trescientos trece años antes de la llegada de Dánao a Argos. Es claro que éste es considerado el más antiguo por la mayor parte de los escritores griegos. 6. Por tanto, involuntariamente Manetón en sus escritos nos recuerda la verdad en dos puntos, primero, por haber caracterizado a ellos como pastores, segundo, por haber dicho que ellos salieron de la tierra de Egipto. Por lo tanto de todos estos datos anagráficos se demuestra que Moisés y los suyos son novecientos o mil años anteriores a la guerra de Troya (cf. III,29,3; Taciano, Oratio, 39,1-2).

Fecha de la construcción del templo de Jerusalén

22.1. Pero en cuanto a la edificación del templo en Judea, que edificó el rey Salomón quinientos sesenta y seis años después de la salida de Egipto de los judíos, está registrado entre los tirios cómo fue edificado el templo, y en sus archivos se guardan escritos en los que se registra que el templo fue construido ciento cuarenta y tres años y ocho meses antes de la fundación de Cartago por los tirios (cf. Flavio Josefo, Contra Apión, 1,108). 2. Está registrado por un rey de los tirios de nombre Hieromo, hijo de Abibal, porque por tradición paterna Hieromo se hizo amigo de Salomón, también por la extraordinaria sabiduría que poseía Salomón. Entre ambos se ejercitaban continuamente en la resolución de problemas, de lo que dan testimonio las cartas que se dice se conservan hasta hoy entre los tirios, pues se escribían entre ellos (cf. Flavio Josefo, ibid., 1,109; 1,111).
3. Como también recuerda Menandro de Éfeso en su historia de los reyes de los tirios, que dice así: "Muerto Abibal, rey de los tirios, lo sucedió en el reinado su hijo Hieromo, que vivió cincuenta y tres años (y reinó treinta y cuatro años). 4. A este le sucedió Baleazoro, que vivió cuarenta y tres años y reinó diecisiete. Después de él Abdastrato vivió veintinueve años y reinó nueve, después de él Metuastarto vivió cincuenta y cuatro y reinó doce años, 5. después de él su hermano Atarimos vivió treinta y ocho años y reinó nueve, que fue muerto por un hermano de nombre Heles, que vivió cincuenta años y reinó ocho meses, éste fue muerto por Jutóbalo, sacerdote de Astarté, que vivió cuarenta años y reinó treinta y dos, 6. a éste sucedió su hijo Balezoros, que vivió cuarenta y cinco años y reinó seis, su hijo Meteno, que vivió treinta y dos años, reinó veintinueve, a éste sucedió Pigmalión, que vivió cincuenta y seis años y remó cuarenta y siete. En el séptimo año de su reinado, su hermana, habiéndose fugado a Libia, fundó la ciudad que hasta hoy se llama Cartago. 7. Entonces, el total del tiempo desde el reinado de Hieromo hasta la fundación de Cartago comprende ciento cincuenta y cinco años y ocho meses. El templo de Jerusalén fue edificado el año doce del reinado de Hieromo, de modo que el total de tiempo que va desde la edificación del templo hasta la fundación de Cartago es de ciento cuarenta y tres años y ocho meses" (Flavio Josefo, Contra Apión, 1,116-117; 1,121-126)(1).

(1) Teófilo cita de una cita, ya que repite lo que Flavio Josefo le atribuye a Menandro.


Zacarías, el último de los profetas

23.1. Es suficiente para nosotros, pues, con lo dicho sobre el testimonio de fenicios y egipcios tal como resulta de las historias sobre nuestra cronología hechas por los escritores Manetón el Egipcio y Menandro el Efesio, y también por Josefo que registró la guerra judaica que les hicieron los romanos (cf. Flavio Josefo, ibid., 1,127). 2. Pues por estos antiguos se demuestra que los escritos de los demás son posteriores a los escritos que nos fueron dados por medio de Moisés, y también de los profetas que le siguieron. Pues el último de los profetas, por nombre Zacarías, floreció durante el reinado de Darío.
3. También todos los legisladores se ve que dieron sus leyes con posterioridad. Porque si alguien cita a Solón el Ateniense, éste vivió en los tiempos de los reyes Ciro y Darío, en el tiempo del citado profeta Zacarías, que es muchos años posterior. 4. Y si es el caso de los legisladores Licurgo, Dracón o Minos, nuestros libros sagrados les ganan en antigüedad, como quiera que se demuestre que los escritos de la ley divina que nos fue dada por medio de Moisés preceden no solamente al Zeus de los cretenses sino también a la guerra de Troya.
5. Para hacer una demostración más exacta de las épocas y de los tiempos, con la ayuda de Dios, vamos a tratar la historia no solamente posterior al diluvio sino también la anterior al diluvio, para establecer en lo posible el total de los números, y ahora lo haremos remontándonos al remoto principio de la creación del mundo, como lo registró por el espíritu santo Moisés, el siervo de Dios. 6. Pues al hablar de la creación y génesis del mundo, del primer hombre plasmado y de los acontecimientos que siguieron (cf. II,10-30), indicó también los años transcurridos antes del diluvio. 7. Por mi parte pido gracia al Dios único para decir toda la verdad exactamente según su voluntad, de manera que tú y todo el que leyere estas cosas sea guiado por la verdad y su gracia. Comenzaré pues por el inicio de las genealogías registradas, es decir, por el principio de la creación del hombre plasmado en primer lugar.

Cronología universal (2)

24.1. Adán, antes de tener hijos vivió doscientos treinta años, su hijo Sed doscientos cinco años, su hijo Enós ciento noventa años, su hijo Cainán ciento setenta años, su hijo Maleleel ciento sesenta y cinco años, su hijo Jareta ciento sesenta y dos años, su hijo Enoc ciento sesenta y cinco años, su hijo Matusala ciento sesenta y siete, su hijo Lamec ciento ochenta y ocho. De éste es hijo el mencionado Noé (cf. III,19,2), que engendró a Sem siendo de quinientos años. En su tiempo ocurrió el diluvio, siendo de seiscientos años (cf. Gn 7,6). El total de años hasta el diluvio, entonces, es de dos mil doscientos cuarenta y dos.
2. Inmediatamente después del diluvio, Sem de cien años engendró a Arfaxad, Arfaxad de ciento treinta y cinco engendró a Sala, Sala engendró a los ciento treinta años; su hijo Heber, de quien la descendencia suya toma el nombre de hebreos, engendró a los ciento treinta y cuatro años, su hijo Faleg a los ciento treinta, su hijo Ragau a los ciento treinta y dos, su hijo Seruj a los ciento treinta, su hijo Nacor a los setenta y cinco, su hijo Tarra a los setenta, su hijo Abrahán patriarca nuestro engendró a Isaac a los cien años (cf. Gn 21,5). Hasta Abrahán, entonces, pasaron tres mil doscientos setenta y ocho años.
3. El mencionado Isaac vivió sesenta años antes de engendrar y tuvo a Jacob (cf. Gn 25,26), Jacob vivió ciento treinta años antes de la migración a Egipto, que antes hemos mencionado (cf. III,20-21); la estadía de los hebreos en Egipto duró cuatrocientos treinta años, y después de salir ellos de la tierra de Egipto pasaron en el así llamado desierto cuarenta años. El total de los años, entonces, fue de tres mil novecientos treinta y ocho, cuando con ocasión de la muerte de Moisés le sucedió en el gobierno Josué, hijo de Nave, que estuvo al frente de ellos veintisiete años.
4. Después de Josué, apartándose el pueblo de los mandamientos de Dios, sirvieron a un rey de Mesopotamia de nombre Jusarathón por ocho años. Luego, habiéndose convertido el pueblo, surgieron sus propios jueces: Godoneel por cuarenta años, Eclón por dieciocho años, Aoth por ocho años. Después, habiendo ellos pecado, los dominaron extranjeros durante veinte años. Después, los juzgó Débora cuarenta años. Después, los madianitas los dominaron siete años. Luego, Gedeón los juzgó cuarenta años, Abimelec tres años, Tola veintitrés años, Yair veintidós años. Después los dominaron filisteos y amonitas dieciocho años. Luego los juzgó Jefté seis años, Esbón siete años, Ailón diez anos, Abdón ocho años. Luego los dominaron extranjeros cuarenta años. Luego los juzgó Sansón veinte años. Después hubo paz durante cuarenta años. Luego los juzgó Samera un año, Elí veinte años, Samuel doce años.

(2) Se trata de la primera de estas cronologías en el ámbito de la literatura cristiana. Las principales fuentes bíblicas para este capítulo son: Gn 5,3-32; 11,10-26; 47,28; Ex 12,40; 16,35; Nm 14,33; Dt 2,7; Jc 3,8-30; 4,3; 5,31; 6,1; 8,28; 9,22; 10,2-8; 12,13-14; 13,1; 16,31. Cf. asimismo Flavio Josefo, Antigüedades judías, 1,80-109; 1.146-150; 2,188; 4,327; 5,117; 5,180-183; 5,197-200; 5,210-211; 5,232; 5,263; 5,270-275; 5,316; 5,359; 6,294.

El período de los reyes. El exilio

25.1. Después de los jueces hubo entre ellos reyes, el primero de nombre Saúl, que reinó veinte años, después David, nuestro antepasado, cuarenta(3). El total de los años hasta David, entonces, es de cuatrocientos noventa y ocho.
2. Después de éstos Salomón, el que por primero edificó el templo de Jerusalén según el designio de Dios, reinó durante cuarenta años, y después de él Roboam, diecisiete años, y después de él Abías, siete, y después de él Asa, cuarenta, y después de él Josafat, veinticinco, y después de él Jorán, ocho, y después de él Ococías, uno, y después de él Godoniel, seis, y después de él, Joás, cuarenta, y después de él, Amasías, treinta y nueve, y después de él Ozías, cincuenta y dos, y después de él Joabán, dieciséis, y después de él Acaz, diecisiete, y después de él Ezequías, veintinueve, y después de él Manasés, cincuenta y cinco, y después de él, Amós, dos, y después de él Josías, treinta y uno, y después de él Ocás, tres meses, y después de él Joaquín, once años, y después de él otro Joaquín, tres meses y diez días, y después de él Sedecías, once años.
3. Después de estos reyes, como el pueblo permaneciera en sus pecados y no se convirtiera, según profecía de Jeremías, subió hasta Judea un rey de Babilonia, de nombre Nabucodonosor, e hizo migrar al pueblo de los judíos hasta Babilonia, y destruyó el templo que había edificado Salomón. En la migración de Babilonia el pueblo permaneció setenta años. El total de años hasta la estadía en Babilonia, entonces, es de cuatro mil novecientos cincuenta y cuatro, seis meses y diez días.
4. De la misma manera en que Dios predijo por el profeta Jeremías que el pueblo viviría cautivo en Babilonia, así también señaló de antemano que ellos volverían nuevamente a su tierra después de setenta años. Pasados entonces setenta años, Ciro llegó a ser rey de los Persas, y según la profecía de Jeremías, en el segundo año de su reinado promulga un edicto por escrito para que todos los judíos que estaban en su reino regresaran a su país y reedificaran para Dios el templo que había destruido el ya mencionado rey de Babilonia. 5. Además de esto, de acuerdo al mandato de Dios, Ciro ordenó a Sabesaro y a Mitridates, sus propios guardaespaldas, devolver los vasos del templo de Judea tomados por Nabucodonosor y colocarlos en el templo. En el segundo año de Ciro, entonces, se cumplieron los setenta años predichos por Jeremías.

(3) Cf. para este capítulo: 1 R; 2 R; 2 Cro 12-13; 16,13; 20-29; 33-36; Jr 6,22; 16,15; 25,11-12; 36,10; Flavio Josefo, Antigüedades judías, 6,378; 7,389; 8,211; 8,264; 8,285; 8,314; libros 9, 10 y comienzos del 11.

Trascendencia de la historia sagrada

26.1. En esto se ve cuánto más antiguos y más verdaderos se muestran nuestros escritos sagrados frente a los de los griegos y de los egipcios o ante cualquiera de los demás historiadores. Pues la mayoría, como Herodoto, Tucídides o Jenofonte, o de igual modo los demás historiadores, comienzan sus registros hacia la época de los reyes Ciro y Darío, no estando en condiciones de decir algo exacto sobre los tiempos antiguos precedentes (cf. Flavio Josefo, Contra Apión, 1,66-68). 2. ¿Qué dijeron de grande si hablaron de Darío y de Ciro que reinaron sobre los bárbaros, o de Sopiro e Hipias, que reinaron sobre los griegos, o de las guerras de atenienses y lacedemonios, o de las gestas de Jerjes o de Pausanias, que casi se muere de hambre en el templo de Atenea, o de Temístocles y la guerra del Peloponeso, o de Alcibíades y Trasíbulo? 3. Porque a nosotros no nos interesa una exposición llena de palabras, sino el mostrar la cantidad de tiempos desde la constitución del mundo y refutar la vanidad y tontería de los escritores, pues no son, como dijo Platón, dos miríadas de miríadas de años desde el diluvio a su tiempo, enseñando que habían pasado tantos años (cf. Platón, Leyes, 677 d), ni tampoco quince miríadas y tres mil setenta y cinco años, como hemos dicho que narra Apolonio el Egipcio (cf. III,16,2). 4. Tampoco es el mundo ingénito, ni todo es por azar, como desatinaron Pitágoras y demás (cf. III,7,3), sino que es creado y gobernado por providencia del Dios que creó todas las cosas (cf. III,9,1). El total del tiempo y de los años es puesto en evidencia para los que quieren ser convencidos por la verdad. 5. Y para que no se crea que llegamos hasta Ciro y que omitimos los tiempos que siguen por carecer de capacidad demostrativa, con la ayuda de Dios trataré en lo posible de establecer el orden de los tiempos siguientes.

Cronología romana desde Ciro hasta Marco Aurelio

27.1. Después de reinar Ciro durante treinta y ocho años y de ser muerto por Tómiris en Masagecia, se da la Olimpíada sesenta y dos. Desde entonces los romanos se hicieron grandes, dándoles Dios la fuerza. Roma había sido fundada por Rómulo, hijo de Marte y de Ilia según dicen las historias, en la Olimpíada siete, diecisiete días antes de las calendas de mayo contándose entonces el año de diez meses. Muerto Ciro, como hemos dicho, en la Olimpíada sesenta y dos, el tiempo desde la fundación de Roma es de doscientos veinte años. 2. Entonces mandó sobre los romanos Tarquinio, apodado el soberbio, el primero que desterró a algunos romanos, corrompió jóvenes, convirtió en eunucos a lugareños, y también, después de desflorar vírgenes las daba en matrimonio. Por lo que con propiedad se le llamó "superbus" en lengua de los romanos, que quiere decir arrogante. Él fue el primero que estableció que si alguien lo saludaba fuera otro el que respondiera el saludo. Reinó veinticinco años. 3. Después de él gobernaron cónsules anuales, tribunos y ediles durante cuatrocientos cincuenta y tres años, cuyos nombres sería largo y superfluo consignar. Si alguien quiere aprenderlos, los encontrará en los anágrafes que escribió Crisero el Nomenclador, liberto que fuera de M. Aurelio Vero, y que consignó todo puntualmente, los nombres y los tiempos, desde la fundación de Roma hasta la muerte de su patrono el emperador Vero.
4. Gobernaron entonces a los romanos magistrados anuales, como hemos dicho, durante cuatrocientos cincuenta y tres años. Después gobernaron los llamados emperadores. El primero Cayo Julio, que reinó tres años, cuatro meses y seis días. Después Augusto, cincuenta y seis años, cuatro meses y un día. Tiberio, veintidós años, seis meses, veintiséis días. Después otro Cayo, tres años, diez meses y siete días. Claudio, trece años, ocho meses y veinte días. Nerón, trece años, siete meses y veintisiete días. Galba, siete meses y seis días. Otón, tres meses y cinco días. 5. Vitelio, ocho meses y dos días. Vespaciano, nueve años, once meses y veintidós días. Tito, dos años, dos meses y veinte días. Domiciano, quince años y cinco días. Nerva, un año, cuatro meses y diez días. Trajano, diecinueve años, seis meses y catorce días. Adriano, veinte años, diez meses y veintiocho días. Antonino, veintidós años, siete meses y veintiséis días, Vero, diecinueve años y diez días. 6. El tiempo de los Césares, entonces, hasta la muerte del emperador Vero es de doscientos veinticinco años. Entonces, desde la muerte de Ciro y el gobierno romano de Tarquinio el Soberbio hasta la muerte del emperador Vero, como hemos dicho, el tiempo total es de setecientos cuarenta y un años.

Resumen

28.1. A modo de recapitulación, el tiempo total desde la constitución del mundo resulta como sigue. Desde la creación del mundo hasta el diluvio, pasaron dos mil doscientos cuarenta y dos años. 2. Desde el diluvio hasta el primer hijo de Abrahán, abuelo nuestro (cf. III,24,2), mil treinta y seis años. 3. Desde Isaac, hijo de Abrahán, hasta que el pueblo estuvo en el desierto con Moisés, seiscientos sesenta años. 4. Desde la muerte de Moisés y el mando de Josué, hijo de Nave, hasta la muerte de David nuestro patriarca (cf. III,18,5), cuatrocientos noventa y ocho años. 5. Desde la muerte de David y reino de Salomón hasta el establecimiento del pueblo en tierra de Babilonia quinientos dieciocho años, seis meses y diez días. 6. Desde el gobierno de Ciro hasta la muerte del emperador Aurelio Vero, setecientos cuarenta y un años.
7. El total de años desde la creación del mundo es de cinco mil seiscientos noventa y cinco años, con los meses y días intermedios.

La religión de los cristianos no es nueva

29.1. Del conjunto pues de la cronología y de todo lo que hemos dicho, resulta evidente la antigüedad de los escritos proféticos, y la divinidad de nuestra palabra; que esta palabra no es reciente, que nuestras cosas no son míticas ni falsas, como piensan algunos, sino las más antiguas y las más verdaderas. 2. En efecto, Talo recuerda a Belo, rey de los asirios, y al Titán Crono, afirmando que Belo luchó con los Titanes contra Zeus y contra los llamados dioses, y allí dice que Ogigo huyó vencido hacia Tarteso, región que entonces se llamaba Acté y ahora se denomina Ática, de la que Ogigo era entonces rey (cf. Fragmentos de los historiadores griegos, 256; ed. F. Jacoby, Berlin 1923-1930). No creo necesario pasar a enumerar de quiénes recibieron sus nombres las demás regiones y ciudades, en especial a ti que eres conocedor de las historias. 3. Pero es evidente que Moisés -y no solamente él sino la mayor parte de los profetas que vinieron después de él- prueba ser más antiguo que todos los escritores, más que Crono y Belo y que la guerra de Troya. Porque según la historia de Talo, Belo es anterior a la guerra de Troya en trescientos veintidós años, y arriba hemos expuesto que Moisés antecede a la toma de Troya en novecientos o mil años (cf. III,21). 4. Como Crono y Belo han sido contemporáneos, la mayor parte no sabe quién es Crono y quién es Belo. Algunos veneran a Crono y al mismo le llaman Bel o Bal, especialmente los que habitan las regiones orientales, desconociendo quién es Crono y quién es Belo. Entre los romanos se le llama Saturno, y nadie sabe cuál de los dos es, si es Crono o es Belo.
5. En cuanto al comienzo de las Olimpíadas, dicen algunos que se dieron actos de culto a partir de Efito, según otros, desde Limo, que se llamó también Ilio. Más arriba hemos expuesto el número de años y el orden de las Olimpíadas (cf. III,27,1).
6. Pues bien, yo creo que se ha explicado con exactitud, en la medida de lo posible, la antigüedad de nuestras cosas y el número completo de los tiempos. Si algún tiempo se nos ha escapado, digamos de cincuenta, de cien o hasta de doscientos años, no se trata de diez mil o de miles de años, como han anunciado Platón, Apolonio y los demás que escribieron falsamente (cf. III,16,2; III,26,3). Probablemente ignoremos nosotros el número exacto de todos los años, porque en los libros sagrados no se consignan los días y meses intermedios.
7. Por lo demás, con lo dicho por nosotros sobre estos tiempos concuerda también Beroso, que cultivó la filosofía entre los Caldeos e informó a los griegos sobre la literatura caldea y que dijo algunas cosas consecuentes con Moisés, ya sobre el diluvio ya sobre muchos otros acontecimientos (cf. Flavio Josefo, Contra Apión, 1,129-130). 8. Además hizo afirmaciones en parte concordantes con los profetas Jeremías y Daniel, como aquellas que acontecieron a los judíos bajo el rey de los babilonios, que él llama Nabopalasar y que es llamado Nabucodonosor por los hebreos. 9. También hace mención de la destrucción del templo de Jerusalén por el rey de los caldeos y de cómo en el ano segundo del reino de Ciro se pusieron los fundamentos del nuevo templo, que se terminó el año segundo de Darío.

Conclusión. Exhortación final

30.1. Los griegos no recuerdan las historias de la verdad, en primer lugar, porque adquirieron la práctica de la escritura en tiempos recientes, como ellos mismos admiten al decir que el alfabeto fue descubierto por caldeos, según algunos, por egipcios, según otros, o por fenicios, según otros (cf. Flavio Josefo, Contra Apión, 1,12). En segundo lugar, porque erraron y siguen errando al no hacer memoria de Dios sino más bien de asuntos vanos e inútiles. 2. Así recuerdan con predilección a Homero, a Hesíodo y a los demás poetas, pero no sólo olvidan sino que blasfeman la gloria del Dios único incorruptible (cf. Rm 1,23); más aun, han perseguido a sus adoradores y hasta hoy los persiguen. 3. Todavía más, establecen premios y honores para quienes ofendan melodiosamente a Dios, mientras a los que se esfuerzan por la virtud y llevan vida sana, a unos apedrean y a otros dan muerte, y hasta hoy los atormentan cruelmente. Por eso, ellos perdieron necesariamente la sabiduría de Dios y no encontraron la verdad.
4. Entonces, si lo quieres, lee estas cosas con detenimiento, así tendrás una guía y una garantía de la verdad.

 

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