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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Anónimo antimontanista: Fragmentos conservados por Eusebio
Fragmentos tomados de Historia Eclesiástica V, 16,1-17,4, en la traducción de Argimiro Velasco Delgado, edición BAC 2008 (3ª reimpr).
Fuentes: SC 41, CPG 1327

Sitios de internet para hallar la obra:
»» www.monasterio.org.ar: otra presentación

1 Contra la herejía llamada catafriga, el poder defensor de la verdad suscitó en Hierápolis un arma potente e invencible: Apolinar, de quien ya más arriba esta obra hizo mención [HE IV 21.26; I 27], y con él otros muchos hombres doctos de aquel tiempo, de los cuales se nos ha dejado tema abundante para historiar.

2 Al comenzar, pues, uno de los mencionados su escrito contra aquéllos, señala primeramente que también ha luchado contra ellos con argumentos orales. Escribe en su prólogo de esta manera:

3 «Hace muchísimo y muy largo tiempo, querido Avircio Marcelo, que tú me ordenaste escribir algún tratado contra la herejía de los llamados 'de Milcíades’, pero hasta ahora en cierta manera me encontraba indeciso, no por dificultad en poder refutar la mentira y dar testimonio de la verdad, sino por temor de que, a pesar de mis precauciones, pareciera a algunos en cierto modo que yo agrego o sobreañado algo nuevo a la doctrina del Nuevo Testamento, a la que no puede añadir ni quitar nada quien haya elegido vivir conforme a este mismo Evangelio.

4 »Hallándome recientemente en Ancira de Galacia y comprendiendo que la iglesia local estaba aturdida por esta, no ya, como dicen ellos, nueva profecía, sino, más propiamente, según se demostrará, pseudoprofecía, en cuanto nos fue posible y con la ayuda del Señor, durante varios días, discutimos intensísimamente acerca de estos mismos hombres y sobre los puntos por ellos propuestos, tanto que la iglesia se llenó de gozo y quedó robustecida en la verdad, mientras que los contrarios eran rechazados por el momento y los enemigos abatidos.

5 »En consecuencia, los presbíteros del lugar pidieron que les dejásemos alguna nota de lo que se había dicho contra los que se oponen a la doctrina de la verdad, hallándose también presente nuestro copresbítero Zotico, el de Otreno, mas nosotros no lo hicimos; en cambio, prometimos escribirlo aquí, Dios mediante, y enviárselo con toda presteza».

6 Después de exponer al comienzo esto y a continuación alguna otra cosa, sigue adelante y narra la causa de la mencionada herejía de esta manera:
«Ahora bien, su conducta y su reciente ruptura herética respecto de la Iglesia tuvieron como causa lo que sigue.

7 »Se dice que en la Misia de Frigia existe una aldea llamada Ardabán. Allí es, dicen, donde un recién convertido a la fe llamado Montano, por primera vez, en tiempos de Grato, procónsul de Asia °, dando entrada en sí mismo al enemigo con la pasión desmedida de su alma ambiciosa de preeminencia, quedó a merced del espíritu y de repente entró en arrebato convulsivo como poseso y en falso éxtasis, y comenzó a hablar y a proferir palabras extrañas, profetizando desde aquel momento en contra de la costumbre recibida por la tradición y por sucesión desde la Iglesia primitiva.

8 »De los que en aquella ocasión escucharon estas bastardas expresiones, los unos, enojados con él por energúmeno, endemoniado, empapado en el espíritu del error y perturbador de las muchedumbres, lo reprendían y trataban de impedirle hablar, acordándose de la explicación y advertencia del Señor sobre estar en guardia y alerta con la aparición de los falsos profetas; los otros, en cambio, como excitados por un espíritu santo y un carisma pro- fético, y no menos hinchados de orgullo y olvidadizos de la explicación del Señor, fascinados y extraviados por el espíritu insano, seductor y descarriador del pueblo, lo provocaban para que no permaneciese ya más en silencio.

9 »Con cierta maña, o mejor, con tales métodos fraudulentos, el diablo maquinó la perdición de los desobedientes y, honrado contra todo merecimiento por ellos, excitó e inflamó además sus mentes adormiladas, ya lejos de la fe verdadera, y así suscitó otras dos mujeres cualesquiera y las llenó de su espíritu bastardo, de manera que también ellas se pusieron a hablar delirando, a destiempo y de modo extraño, como el mencionado antes. El espíritu proclamaba bienaventurados a los que se alegraban y vanagloriaban en él y los henchía con la grandeza de sus promesas; a veces, sin embargo, por motivos supuestos y verosímiles, los condenaba públicamente con el fin de parecer también él capaz de argüir; mas, con todo, pocos eran los frigios engañados. El orgulloso espíritu enseñaba además a blasfemar contra la Iglesia católica entera que se extiende bajo el cielo, porque el espíritu pseudoprofético no había tenido ni honor ni entrada en ella.

10 »Efectivamente, los fieles de Asia se habían reunido para esto muchas veces y en muchos lugares de Asia, y, después de examinar las recientes doctrinas, las declararon profanas y las rechazaron como herejía; de esta manera aquéllos fueron expulsados de la Iglesia y separados de la comunión».

11 Esto es lo que se refiere en los comienzos; luego continúa a través de todo el libro la refutación del error montanista, y en el segundo libro dice sobre el final de las personas antedichas lo que sigue:

12 «Pues bien, puesto que nos llaman mataprofetas porque no admitimos a sus profetas charlatanes (dicen, efectivamente, que éstos son los que el Señor había prometido enviar a su pueblo ), que ante Dios nos respondan: De los que comenzaron a hablar a partir de Montano y de las mujeres, ¿hay alguno, amigos, al que los judíos hayan perseguido o al que los criminales hayan asesinado? Ninguno. ¿Ni siquiera alguno de ellos fue apresado y crucificado por causa del nombre?. Tampoco, desde luego. ¿Ni siquiera alguna de las mujeres ha sido azotada en las sinagogas de los judíos y lapidada?

13 »Ni en parte alguna, en absoluto. En cambio, se dice que Montano y Maximila finaron con otro género de muerte. Efectivamente, es fama que éstos, por influjo del espíritu perturbador de la mente, que al uno y a la otra movía, se ahorcaron, aunque no a la vez, y que al tiempo de la muerte de uno y otra corrió abundante rumoreo de que habían acabado y muerto de la misma manera que Judas el traidor.

14 »Como también es rumor insistente que aquel inefable Teo- doto, el primer, digamos, intendente de su pretendida profecía, hallándose un día como levantado y alzado hacia los cielos, entró en éxtasis y se confió por entero al espíritu del engaño, y entonces, lanzado con fuerza, acabó desastrosamente. Al menos dicen que así fue.

15 »Sin embargo, querido, no habiéndolo visto nosotros, pensamos que nada sabemos de ello; porque quizás haya ocurrido así, pero también quizás no han muerto así ni Montano ni Teodoto ni la susodicha mujer».

16 Vuelve a decir en el mismo libro que los sagrados obispos de aquel tiempo intentaron refutar el espíritu que había en Maxi- mila, pero que otros se lo impidieron, colaboradores, evidentemente, de aquel espíritu.

17 Escribe como sigue:
«Y que el espíritu que obra por medio de Maximila no diga en el mismo libro de Asterio Urbano: ‘Me persiguen como a lobo lejos de las ovejas; yo no soy lobo, soy palabra y espíritu y poder’, antes bien que demuestre claramente el poder que hay en el espíritu, que lo pruebe y que por medio del espíritu obligue a confesar a los que en aquella ocasión se hallaban presentes para examinar y para dialogar con el espíritu que hablaba, varones probados y obispos: Zotico, de la aldea de Cumana °, y Juliano, de Apamea, cuyas bocas amordazaron los partidarios de Temiso, impidiendo así que refutaran al espíritu engañador y descarriador de pueblos».

18 De nuevo en el mismo libro, a la vez que se dicen algunas otras cosas refutando las falsas profecías de Maximila, indica el tiempo en que.escribió esto y menciona los vaticinios de aquélla, en los cuales predecía que habría guerras y revoluciones; la falsedad de todo ello la descubre él cuando escribe:

19 «¿Y cómo no se ha evidenciado ya también esta mentira? Porque son ya más de trece años los transcurridos hasta hoy desde que murió aquella mujer y en el mundo no ha habido guerra, ni parcial ni general, sino que incluso para los cristianos la paz ha sido más permanente, por misericordia divina».

20 Esto lo hemos tomado del libro segundo. Pero también del tercero citaremos algunas breves frases, por las cuales dice contra los que se jactaban de que entre ellos ha habido más mártires:
«Ahora bien, cuando se los refuta con todo lo dicho y se ven apurados, intentan refugiarse en los mártires, diciendo que tienen muchos mártires y que esto es una garantía fidedigna del poder del espíritu que ellos llaman profètico. Pero esto, al parecer, es de todo lo menos verdadero.

21 »Efectivamente, de las otras herejías algunas tienen numerosísimos mártires, y no por esto vamos a prestarles asentimiento ni a confesar que poseen la verdad. Los primeros, al menos, los que se llaman marcionitas por seguir la herejía de Marción, también ellos dicen que tienen mártires innumerables, pero a Cristo mismo no lo confiesan conforme a la verdad». Y después de breve espacio, añade a lo dicho:

22 «Por lo cual, siempre que los fieles de la Iglesia llamados a dar testimonio de la fe conforme a la verdad se encuentran con algunos de los llamados mártires procedentes de la herejía catafriga, se apartan de ellos y mueren sin haber comunicado con ellos, porque no quieren prestar asentimiento al espíritu que se vale de Montano y de sus mujeres. Que esto es verdad y que, incluso en nuestros tiempos, ha ocurrido en Apamea, orillas de Meandro, se evidencia en los martirios de Cayo y Alejandro de Eumenia y de sus compañeros.» (V, 16)

 

1 En la misma obra se menciona también a Milcíades, un escritor que, al parecer, también ha escrito un tratado contra la antedicha herejía. Después de citar algunos pasajes de éstos continúa diciendo:
«Esto encontré en una obra de las que atacan al escrito de Milcíades, nuestro hermano, escrito en que demuestra no ser necesario que un profeta hable en éxtasis, y me lo he resumido».

2 Un poco más abajo de la misma obra establece una lista de los que han profetizado en el Nuevo Testamento; entre ellos enumera a un tal Amias y a Cuadrato; dice así:
«... mas el falso profeta, en el éxtasis—al que siguen el descaro y la osadía—, comienza por voluntaria ignorancia y termina en demencia involuntaria del alma, según se ha dicho anteriormente.

3 »Mas no podrán mostrar un solo profeta, ni del Antiguo ni del Nuevo (Testamento) que fuera arrebatado por el espíritu de esta manera, ni podrán gloriarse de Agabo, ni de Judas, ni de Silas, ni de las hijas de Felipe, ni de Amias de Filadelfia, ni de Cuadrato ni de ningún otro, si lo hay, porque nada tienen que ver con ellos».

4 Y luego, tras corto espacio, dice lo siguiente:
«Porque, si es como dicen, que después de Cuadrato y de Amias de Filadelfia, el carisma profètico lo recibieron en sucesión las mujeres del séquito de Montano, que demuestren quiénes de entre ellos han sucedido a los discípulos de Montano y a sus mujeres, ya que el Apóstol sostiene que es necesario que el carisma profètico subsista en toda la Iglesia hasta la parusía final. Pero no podrán mostrar a nadie, a pesar de ser ya éste el decimocuarto de la muerte de Maximila». (V,17,1-4)

 

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