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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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San Ireneo de Lyón : Fragmentos conservados por Eusebio
La controversia sobre la fecha que debía celebrarse la pascua llegó a su punto más candente bajo el papa Víctor. Los "cuartodecimanos", mayormente obispos de Asia que reivindicaban su origen en la tradición de Juan a través de Policarpo, afirmaban que debía celebrarse el 14 nisán, independientemente del día de la semana en que cayera; en Roma en cambio -y el uso se había ido extendiendo cada vez más-, se celebraba la pascua como en la actualidad, es decir: el domingo siguiente al 14 nisán. El papa Víctor decidió dar un golpe de fuerza y excomulgó a los obispos cuartodecimanos, lo que provocó no sólo la contestación de estos, sino también de muchos otros que, como Ireneo, aunque no eran cuartodecimanos, consideraron que el gesto de Víctor implicaba un exceso de autoritarismo.
Las referencias de texto las debo al sitio de Patrística de Los Toldos (ver links); la extracción de los textos, en cambio, es propia: fueron tomados de la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, traducción de Argimiro Velasco Delgado, BAC 2008 (3ª reimpr.)
Fuentes: CPG 1308 (Sobre la ogdóada), 1309 (Sobre la monarquía), 1310 (epístola al papa Víctor)

Sitios de internet para hallar la obra:
»» www.monasterio.org.ar

Sobre la Ogdoada contra Florino (HE V 20,2)

1 Contrariamente a los que en Roma falsificaban el sano estatuto de la Iglesia, Ireneo compuso varias cartas: una que tituló A Blasto, sobre el cisma; otra, A Florino, sobre la monarquía o que Dios no es autor de los males, ya que, al parecer, Florino defendía esta opinión, y como además estuviera seducido por el error de Valentín, Ireneo compuso otro trabajo, Sobre la Ogdoada, en el cual da a entender que el mismo ha recibido la primera sucesión de los apóstoles.

2 Hacia el final de la obra encontramos una gratísima indicación suya que por necesidad hemos de registrar en el presente escrito, y que dice de esta manera: «Te conjuro a ti, que vas a copiar este libro, por nuestro Señor Jesucristo y por su venida gloriosa, cuando venga a juzgar a vivos y muertos, a que compares lo que transcribas y lo corrijas cuidadosamente conforme a este ejemplar del que lo copiaste. Y copiarás igualmente este conjuro y lo pondrás en la copia» 

 

A Florino sobre la monarquía (HE V 20,4-8)

 4 En la Carta a Florino de que hablamos arriba, de nuevo menciona Ireneo su convivencia familiar con Policarpo, diciendo: «Estas opiniones, Florino, hablando con moderación, no son propias de un pensamiento sano. Estas opiniones disuenan de las de la Iglesia y arrojan en la mayor impiedad a cuantos las obedecen; estas opiniones ni siquiera los herejes que están fuera de la Iglesia se atrevieron alguna vez a proclamarlas; estas opiniones no te las han transmitido los presbíteros que nos han precedido, los que juntos frecuentaron la compañía de los apóstoles.

5 »Porque, siendo yo niño todavía, te vi en casa de Policarpo en el Asia inferior, cuando tenías una brillante actuación en el palacio imperial y te esforzabas por acreditarte ante él. Y es que yo me acuerdo más de los hechos de entonces que de los recientes

6 »(lo que se aprende de niños va creciendo con el alma y se va haciendo uno con ella), tanto que puedo incluso decir el sitio en que el bienaventurado Policarpo dialogaba sentado, así como sus salidas y sus entradas, la índole de su vida y el aspecto de su cuerpo, los discursos que hacia al pueblo, como describía sus relaciones con Juan y con los demás que habían visto al Señor y como recordaba las palabras de unos y otros; y que era lo que había escuchado de ellos acerca del Señor, de sus milagros y su enseñanza; y como Policarpo, después de haberlo recibido de estos testigos oculares de la vida del Verbo , todo lo relataba en consonancia con las Escrituras.

7 »Y estas cosas, por la misericordia que Dios tuvo para conmigo, también yo las escuchaba entonces diligentemente y las anotaba, pero no en el papel, sino en mi corazón, y, por la gracia de Dios, siempre las estoy rumiando fielmente y puedo atestiguar delante de Dios que, si aquel bienaventurado y apostólico presbítero hubiera escuchado algo semejante , habría lanzado un grito, se habría taponado los oídos y, diciendo, como era su costumbre: '!Dios bondadoso! !Hasta que tiempos me has conservado, para tener que soportar estas cosas!', habría huido incluso del sitio en que estaba sentado o de pie cuando escucho tales palabras.

8 »Esto puede también comprobarse claramente por las cartas que escribió, bien a las iglesias vecinas, confortándolas, bien a algunos hermanos amonestándolos y exhortándolos». Esto dice Ireneo. 

 

Fragmentos de la carta de Ireneo al papa Víctor acerca de la cuestión de la fecha de pascua (HE V 24,11-18)

11 Entre ellos [entre los obispos que no están de acuerdo con la postura intransigente del papa Víctor] está Ireneo, en la carta escrita en nombre de los hermanos de la Galia, cuyo jefe era. Ireneo está por que es necesario celebrar únicamente en domingo el misterio de la resurrección del Señor; sin embargo, con muy buen sentido, exhorta a Víctor a no amputar iglesias de Dios enteras que habían observado la tradición de una antigua costumbre, y a muchas otras cosas. Y añade textualmente lo que sigue:

12 «Efectivamente, la controversia no es solamente acerca del día , sino también acerca de la forma misma del ayuno, porque unos piensan que deben ayunar durante un día, otros que dos y otros que más; y otros dan a su día una medida de cuarenta horas del día y de la noche.

13 »Y una tal diversidad de observantes no se ha producido ahora, en nuestros tiempos, sino ya mucho antes, bajo nuestros predecesores, cuyo fuerte, según parece, no era la exactitud, y que forjaron para la posteridad la costumbre en su sencillez y particularismo. Y todos ellos no por eso vivieron menos en paz unos con otros, lo mismo que nosotros; el desacuerdo en el ayuno confirma el acuerdo en la fe» .

14 A esto añade también un relato que será conveniente citar y que dice así: «Entre ellos, también los presbíteros antecesores de Sotero, que presidieron la iglesia que tu riges ahora, quiero decir Aniceto, Pío e Higinio, así como Telesforo y Sixto: ni ellos mismos observaron el día ni a los que estaban con ellos les permitían elegir, y no por eso ellos mismos, que no observaban el día, vivían menos en paz con los que venían procedentes de las iglesias en que se observaba el día, y, sin embargo, el observar el día resultaba más en oposición para los que no lo observaban.

15 »Y nunca se rechazó a nadie por causa de esta forma, antes bien, los mismos presbíteros, tus antecesores, que no observaban el día, enviaban la eucaristía a los de otras iglesias que sí lo observaban.

16 »Y hallándose en Roma el bienaventurado Policarpo en tiempos de Aniceto , surgieron entre los dos pequeñas divergencias, pero en seguida estuvieron en paz, sin que acerca de este capítulo se querellaran mutuamente, porque ni Aniceto podía convencer a Policarpo de no observar el día- como que siempre lo había observado, con Juan, discípulo de nuestro Señor, y con los demás apóstoles con quienes convivio-, ni tampoco Policarpo convenció a Aniceto de observarlo, pues este decía que debía mantener la costumbre de los presbíteros antecesores suyos.

17 »Y a pesar de estar así las cosas, mutuamente comunicaban entre sí, y en la iglesia Aniceto cedió a Policarpo la celebración de la eucaristía, evidentemente por deferencia, y en paz se separaron el uno del otro; y paz tenía la Iglesia toda, así los que observaban el día como los que no lo observaban».

18 E Ireneo, haciendo honor a su nombre, pacificador por el nombre y por su mismo carácter, hacía estas y parecidas exhortaciones y servía de embajador en favor de la paz de las iglesias, pues trataba por correspondencia epistolar al mismo tiempo, no solamente con Víctor, sino también con muchos otros jefes de diferentes iglesias, acerca del problema debatido.

 

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