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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Orígenes: Contra Celso
Prólogo
«El tratado apologético más importante de Orígenes es su tratado Contra Celso en ocho libros. Es una refutación del «Discurso verídico» que el filósofo pagano Celso dirigió contra los cristianos hacia el año 178. La obra de Celso se ha perdido, pero se puede reconstruir casi completamente con las citas de Orígenes, que forman las tres cuartas partes del texto de su libro. Celso se proponía convertir a los cristianos al paganismo haciéndoles avergonzarse de su propia religión. No se hace eco de las calumnias del vulgo. El había estudiado el asunto, había leído la Biblia y gran número de libros cristianos. Conoce la diferencia que existe entre las sectas gnósticas y el cuerpo principal de la Iglesia. Es un adversario lleno de recursos, que da muestras de gran habilidad y a quien no se le escapa nada de lo que pueda decirse contra la fe. La ataca primeramente desde el punto de vista de los judíos en un diálogo en el que un judío formula sus objeciones contra Jesucristo. Se adelanta luego Celso y dirige por su cuenta un ataque general contra las creencias judías y cristianas. Se burla de la idea del Mesías, y ve en Jesús un impostor y un mago. Como filósofo platónico, afirma la neta superioridad del culto y de la filosofía de los griegos. Somete el Evangelio a una crítica severa, especialmente en todo lo que atañe a la resurrección de Cristo; y afirma que fueron los Apóstoles y sus sucesores los que inventaron esta superstición. No rechaza todo lo que enseña el cristianismo. Aprueba, por ejemplo, su moral y la doctrina del Logos. No tiene inconveniente en que el cristianismo siga existiendo, pero bajo la condición de que los cristianos renuncien a su aislamiento político y religioso y se sometan a la religión común de Roma. Lo que más le preocupa es ver que los cristianos crean un cisma en el Estado, debilitando el imperio con la división. Por eso concluye exhortando a los cristianos a ayudar al rey y a colaborar con él en el mantenimiento de la justicia, a combatir por él y, si él lo exige, a luchar a sus órdenes, a aceptar cargos de responsabilidad en el gobierno del país, si es preciso, para el mantenimiento de las leyes y de la religión (8,73-75).
Según parece, el Discurso verídico no hizo mella en aquellos a quienes iba dirigido. Los escritores cristianos del tiempo de Celso no lo mencionan. Hacia el año 246, Ambrosio, el amigo de Orígenes, pidió a su maestro que lo refutara, por temor a que algunas de las afirmaciones capciosas de Celso hicieran daño. Orígenes, que hasta entonces no había oído hablar nunca de aquella obra ni de su autor, pensó en un principio que no era ésta la manera mejor de refutar a Celso.
Este libro no ha sido, pues, compuesto para los que son creyentes convencidos, sino para aquellos que o bien no han empezado a gustar la fe en Cristo o son, como los llama el Apóstol (Rom. 14,1), "flacos en la fe" (ibid.6).
Con estas palabras indica Orígenes para quiénes y por qué razones emprendió esta refutación, cuando contaba más de sesenta años de edad (Eusebio, Hist. eccl. 6,36,1). Su método consiste en seguir punto por punto los argumentos de Celso; su respuesta a algunas críticas no es muy convincente y a veces adolece de estrechez de miras. No obstante, se acusa a lo largo de toda la obra una convicción profundamente religiosa y una recia personalidad que sabe conjugar la fe con la ciencia, de forma que el adversario desaparece enteramente en la sombra y el lector queda conquistado por el tono digno y sereno del autor.» (Quasten)
La presente versión es completa, y corresponde a la traducción del P. Daniel Ruiz Bueno S.J. (1966) editada por BAC. Fue recogida de internet y corregida, aunque aun subsisten algunos pocos errores.
Partes de esta serie: Prólogo; Libro I; Libro II; Libro III; Libro IV; Libro V; Libro VI; Libro VII; Libro VIII;

Prólogo

1. Jesús callaba

Nuestro Señor y Salvador Jesucristo calló cuando se le levantaban falsos testimonios y nada respondió cuando era acusado, pues estaba persuadido que su vida entera y cuanto hiciera entre los judíos eran más fuertes que toda palabra para refutar el falso testimonio, más eficaz que todo discurso para defenderse de las acusaciones. Tú, empero, piadoso Ambrosio , no sé por qué razón has querido componga yo una apología contra los falsos testimonios que Celso ha levantado a los cristianos y contra las acusaciones a la fe de las iglesias que consigna en su libro. ¡Como si la realidad misma no ofreciera una clara refutación y razonamiento superior a todo lo escrito, que deshace todo falso testimonio y no deja a las acusaciones viso de probabilidad para que puedan lograr su intento! Ahora bien, sobre que Jesús callara al levantársele falsos testimonios, basta de momento citar el texto de Mateo, ya que Marcos escribió cosa equivalente. Helo aquí: Mas e) sumo sacerdote y el sanhedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús, a fin de darle muerte; pero no lo encontraban, a pesar de haberse presentado muchos falsos testigos. Por fin, se presentaron dos que dijeron: Este dijo: Puedo destruir el templo de Dios y reedificarlo en tres días. Y levantándose el sumo sacerdote le dijo: ¿Nada respondes a lo que éstos atestiguan contra ti? Jesús, empero, callaba (Mt 26,59-63) Y sobre que Jesús no respondiera al ser acusado, he aquí lo que está escrito: Max Jesús compareció delante del gobernador, que le interrogó diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. Y como le acusaran los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, nada respondió. Díjole entonces Pilato: ¿No oyes cuántas cosas atestiguan contra ti? Y no le respondió a palabra alguna, de manera que el gobernador quedó muy maravillado (Mt 27,11-14).

2. Jesús sigue callando

A la verdad, digno fuera de maravilla para quienes sean capaces de discurrir moderadamente que, pudiéndose defender y demostrar que no era reo de culpa alguna; pudiendo hacer un elogio de su propia vida y de los milagros que realizara como venidos de Dios, a fin de mostrar al juez el camino de una sentencia más benévola en su favor, nada de eso hiciera, sino que despreció a sus acusadores y magnánimamente los desdeñó. Ahora bien, que, de haberse Jesús defendido, lo hubiera puesto el juez sin demora en libertad, es evidente por lo que de él se escribe haber dicho: ¿A quién de los dos queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, que es dicho el Cristo? Y por lo que prosigue diciendo la Escritura: Sabía, en efecto, que por envidia lo habían entregado (Mt 27,17-18).

Todavía se le siguen levantando a Jesús falsos testimonios, y mientras exista la maldad entre los hombres, no habrá momento en que no se lo acuse. Y por lo que a El atañe, también ahora calla y no responde con su voz; pero es defendido por la vida de sus genuinos discípulos, que es el más fuerte clamor, más potente que todo falso testimonio, para refutar y echar por tierra falsos testimonios y acusaciones.

3. La razón no puede separar al creyente de su fe

Es más, me atrevería a decir que la defensa que me pides debilitará la apología de la realidad y oscurecerá el poder de Jesús, que salta a los ojos de quienes no sean insensatos. Sin embargo, para no dar la impresión de que rehuso cumplir lo que me mandas, he procurado responder, según mis fuerzas, a cada uno de los puntos que escribe Celso, lo que, a mi ver, echa por tierra sus razonamientos, incapaces ciertamente de conmover a ningún creyente. ¡No quiera Dios haya nadie que, después de recibir tal caridad de Dios en Cristo Jesús, se sienta sacudir en su propósito por lo que diga Celso o cualquiera de los de su laya! Y es así que Pablo traza una larga lista de cosas que suelen separar de la caridad de Cristo o de la caridad de Dios en Cristo Jesús, cosas todas que vence la caridad en El; pero no puso entre ellas la razón o el discurso. Atiende, en efecto, que primeramente dice: ¿Quien nos separará de la caridad de Cristo?: La tribulación, la estrechez, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro o la espada? Como está escrito: Por causa tuya se nos mata cada día; hemos sido reputados como ovejas del matadero (Ps 43,23). Mas en todo esto vencemos con ventaja por Aquel que nos ha amado. Y, en segundo lugar, pone otro orden de cosas que, por su naturaleza, separarían a los poco firmes en la religión, y dice: Porque cierto estoy que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni las potestades, ni lo presente ni lo futuro, ni las virtudes, ni lo alto ni lo profundo, ni otra criatura alguna podrá separarnos de la caridad de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro (Rm 8,35-39).

4. Puede haber débiles en la fe

A la verdad, bien fuera que nosotros nos gloriáramos de que ni la tribulación ni todo lo demás que le sigue en la lista nos separe de la caridad; pero no Pablo, ni los apóstoles, ni quienquiera se parezca a ellos; pues el que dijo: En todo esto vencemos con ventaja (que es más que vencer simplemente) por Aquel que nos ha amado, está muy por encima de todas esas cosas. Mas si también los. apóstoles hubieran de gloriarse de que no se separan de la caridad de Dios que está en Cristo Jesús, se gloriarían de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni nada de lo que sigue, los puede separar de la caridad de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro. De ahí que no pueda yo sentir simpatía por quien, habiendo creído en Cristo, deja que su fe se conmueva por un Celso, que no vive ya siquiera la común vida humana, sino que está de muy atrás muerto; por un Celso, digo, o por cualquiera elocuencia de discurso. Y no sé en qué categoría haya de ponerse al que necesite de razonamientos consignados en un libro para deshacer las acusaciones de Celso contra los cristianos, reparar la sacudida que por ellas ha recibido en su fe y fortalecerle en ella. Sin embargo, pudieran darse entre la muchedumbre de los que se suponen creyentes algunos de fe tan débil que se dejan conmover y hasta derribar por los escritos de Celso y que pudieran ser curados por la apología contra ellos, caso que lo que digamos tenga fuerza para refutar a Celso y afirmar la verdad. De ahí que me decidiera a obedecer a tu mandato y refutar el escrito que me has mandado; escrito, por cierto, que nadie, por poco avanzado que esté en la filosofía, convendrá ser, como lo tituló Celso, "Doctrina verdadera".

5. Celso no merece nombre de filósofo

Ahora bien. Pablo, comprendiendo que en la filosofía griega hay cosas no despreciables, persuasivas para el vulgo, pero que presentan la mentira como verdad, dice sobre ellas: Mirad no os seduzca nadie por medio de la filosofía y de un engaño vano, según la tradición de los hombres y los elementos de este mundo, y no según Cristo (Col 2,8). Y viendo que en los discursos de la sabiduría del mundo aparece alguna grandeza, dijo que las razones de los filósofos son "conforme a los elementos del mundo". Pero nadie que tenga un adarme de inteligencia afirmará que la obra de Celso esté escrita "según los elementos de este mundo". Las doctrinas de la filosofía, por tener en sí algo engañoso, las llamó el Apóstol "engaño vano", acaso para distinguirlo de cierto engaño que no es vano, aquel que Jeremías tenía ante los ojos cuando se atrevió a decirle al Señor: Me engañaste, Señor, y fui engañado; fuiste más fuerte y prevaleciste (Jr 20,7). La obra, empero, de Celso es evidente para mí que no contiene engaño alguno y, por ende, tampoco engaño vano, como las doctrinas de quienes han fundado escuelas filosóficas y en ellas mostraron no vulgar inteligencia. Nadie llamará sofisma a cualquier disparate en los teoremas de la geometría, ni lo describiría para ejercicio de quienes en esto entienden; por modo semejante, para que una obra pudiera llamarse engaño vano según la tradición 2 y los elementos de este mundo, tendría que ser parecida a las ideas de quienes fundaron escuelas filosóficas.

6. Orígenes no escribe para cristianos de fe firme

Después de refutar punto por punto lo que Celso dice hasta el momento en que introduce a un judío que habla con Jesús (I 28ss), se me ocurrió anteponer al comienzo este proemio, a fin de que el futuro lector de mi refutación de Celso tropiece con él inmediatamente y se percate que mi libro no está escrito para quienes tienen fe cabal, sino para quienes no han gustado en absoluto la fe en Cristo o para aquellos que el Apóstol llamó "flacos en la fe", en el texto que dice: Haceos cargo del débil en la fe (Rm 14,1). Sírvame también de excusa este proemio de haber respondido a Celso por un método al comienzo y por otro en lo que sigue. Y es así que primero había decidido notar sólo los puntos capitales y una breve refutación de ellos y dar luego cuerpo a mi razonamiento; pero luego, el tema mismo me sugirió ahorrar tiempo y, respecto del comienzo, contentarme con lo así respondido; pero, en lo que sigue, aprestarme a combatir en mi obra, según mis fuerzas, las acusaciones que lanza Celso contra nosotros. Por eso pedimos perdón, al comienzo, de lo que viene tras el proemio. Mas, si tampoco las refutaciones que siguen se mueven de manera cabal, por ellas te pido igualmente perdón; y, si todavía quieres tener resueltos por escrito los argumentos de Celso, te remito a los que son más sabios s que yo, y pueden, de palabra y por escrito, echar por tierra sus acusaciones contra nosotros. Sin embargo, mejor es quien, aun leído el libro de Celso, no necesita de apología contra él, sino que desprecia todo lo que contiene, como lo desprecia con razón cualquier creyente en Cristo, por obra del Espíritu que mora en él.

 

Partes de esta serie: Prólogo; Libro I; Libro II; Libro III; Libro IV; Libro V; Libro VI; Libro VII; Libro VIII;
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