Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +
estoy registrado  |  ¿registrarme?
rápido, gratis y seguro
El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Las cartas de Dionisio son una fuente importante para la historia de su vida y de su tiempo. Eusebio se sirvió de ellas con frecuencia en su Historia eclesiástica. No poseemos completas más que dos; de las otras quedan solamente fragmentos. Pero lo poco que queda basta para demostrar la gran influencia de su autor y la variedad de cuestiones por las que se interesó.
Carta a Novaciano: El cisma de Novaciano dio ocasión a varias de las cartas de Dionisio. En ellas instaba a Novaciano y a sus adeptos a que volvieran al seno de la Iglesia. Suplicaba a las autoridades que fueran benignos en su sentencia contra los que habían caído durante la persecución de Decio.
La carta a Basílides: La segunda carta que se ha conservado entera es una de las que escribió a Basílides, obispo de Pentápolis. Contesta a varias preguntas que el obispo le había dirigido sobre la duración de la Cuaresma y sobre las condiciones corporales que se requieren para la recepción de la Eucaristía. Se conserva en la colección Epístolas canónicas de la Iglesia griega, que constituye una de las fuentes del Derecho canónico oriental.
La carta a Fabio: Esta carta, dirigida a Fabio, obispo de Antioquía, es de particular interés para la historia de la penitencia y de la eucaristía. No queda más que un fragmento conservado por Eusebio. Dionisio trata en ella del debatido problema del perdón después de la apostasía durante la persecución.
Cartas festales: Hasta el siglo IX, los obispos de Alejandría acostumbraban enviar cada año a todas las iglesias de Egipto un anuncio indicando la fecha de Pascua y del comienzo del ayuno preparatorio. Solía estar redactada en forma de carta pastoral exhortando a la comunidad a observar cuidadosamente la Cuaresma y el tiempo pascual. Dionisio de Alejandría es el primer obispo de quien se sabe que haya mandado una de estas cartas (Eusebio, Hist. Ecl. 7,20). De estas cartas sólo quedan fragmentos. Vemos por ellos que, además de su objeto inmediato, Dionisio aprovechaba la ocasión para discutir importantes cuestiones eclesiásticas de aquel tiempo.
(Quasten)

Texto completo de la Carta a Novaciano, conservado por Eusebio (HE 6,45):

«Dionisio a Novaciano, su hermano, salud: Si, como dices, fuiste llevado contra tu voluntad, lo habrás de probar regresando voluntariamente, porque había que sufrir lo que fuera con tal de no partir en dos la Iglesia de Dios. El testimonio dado por evitar el cisma no era menos glorioso que el que se da por no adorar a los ídolos; para mí, incluso, era mayor, porque en este uno da testimonio por la propia alma sola, mientras que en el otro se da por toda la Iglesia. Pero aun ahora, si logras persuadir o forzar a tus hermanos a volver a la concordia, tu enmienda será más grande que tu caída. Esta no se te tendrá en cuenta, mientras que lo otro se te alabará. Y si no puedes, porque no te obedecen, salva siquiera tu propia alma. Ruego que tengas salud, asido a la paz en el Señor».

Fragmento de la Carta a Fabio conservado por Eusebio (HE 6,44,2-6):

«Pero voy a exponerte este solo ejemplo, ocurrido entre nosotros. Había entre nosotros un tal Serapión, anciano ya y creyente. Durante mucho tiempo había vivido irreprochablemente, pero luego, en la prueba, cayó. Él había pedido muchas veces (el perdón), mas nadie le hacía caso, porque incluso había sacrificado [a los ídolos]. Habiendo enfermado, pasó tres días seguidos sin poder hablar e inconsciente. Cuando al cuarto se recuperó un poco, llamó a su nieto y dijo: '¿Hasta cuándo, hijo, me retenéis? Daos prisa, os lo ruego, y soltadme en seguida. Llámame a alguno de los presbíteros'. Y dicho esto, de nuevo se quedó sin voz. Corrió el niño a casa del presbítero, mas era de noche y éste se hallaba enfermo; ir no podía, pero como yo había mandado que a los que iban a partir de esta vida, si pedían perdón, y con mayor razón si ocurría que ya anteriormente lo habían suplicado, se les concediera, para que partieran con buena esperanza, dio al niño una porción de la Eucaristía, y le mandó que la echase en un líquido y la hiciera caer a gotas en la boca del anciano. Regresó el niño con ella y, cuando ya se acercaba, antes que entrase, de nuevo Serapión volvió en sí y dijo: '¿Has llegado ya, hijo? El presbítero no pudo venir, pero tú haz rápido lo que se te ordenó y déjame partir’ . El niño puso en un líquido (la porción de Eucaristía), y a tiempo que la vertía en la boca del anciano, éste tragó un poquito e inmediatamente entregó su espíritu. Ahora bien, ¿no está claro que fue preservado y se mantuvo hasta que fuera absuelto y, borrado el pecado, pudiera ser reconocido por las muchas obras buenas que había hecho?»

Otras cartas y fragmentos

«The letters and other and other remais of Dionysius of Alexandria», de CL Feltoe (Cambridge, 1904) contiene en griego todas las cartas y fragmentos conservados, con discusión sobre su textos, fuentes, etc. y del mismo autor hay traducción al inglés.

 

© El Testigo Fiel - 2003-2016 - todos los contenidos del portal pueden reproducirse libremente, mencionando la fuente.
Sitio realizado por Abel Della Costa