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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003

Carta para un Rey...

por Dúber Villalobos Osorio
26 de marzo de 2004
Crecer: esa realidad a la vez conflictiva e inevitable. Pero mientras va ocurriendo es bueno parar y decir "gracias" a quien corresponde darlas.
Dúber, de 21 años, nos envía esta colaboración.

Ojalá algún día pudiera recordar mi primer día en este mundo, mi primer llanto, mi primer respiro, mi primer latido, mi primer suspiro, la primera vez que una luz me obligó a cerrar los ojos seguido del mismo instante en la que los había abierto, la primera vez que escuché a alguien, ¿Quién sería?, ¿Qué diría?... y hasta lo que habré pensado y opinado de ello con mis primeras horas de vida... pero no sé.

Como me gustaría recordar la primera vez que sentí muy cerca el seno de mi madre, saber quién fue el primer ser que me dio un beso..., de seguro fue ella..., pero aún no recuerdo nada, me gustaría saber quién fue la tercera persona que me dijo "te amo", pero no puedo, y así sé que todo eso pasó, eran esas las primeras razones para decirte "gracias" y sin embargo no lo hice; luego pasaron, meses y hasta años y vagos recuerdos llegan a mi mente. Mi primer beso que de seguro no fue el primero, la primera vez que sentí miedo pero podría asegurar que tampoco fue la primera, la segunda vez que lloré que desde luego no fue la segunda, en fin no recuerdo "mis primeras veces" pero ya desde ese momento sabía que no iban a ser las últimas...

... Y siguen pasando los años y recuerdo mi primera rabia, mi primer destello de amor, mi primera ilusión, mi primera desilusión, y siguen llegando mis supuestas "primeras veces", sería esto acaso mi Génesis, o quizás sea solo una continuación o un punto y seguido en mi existencia en este espacio, puede ser; todo en esta vida se vale, sobre todo en la mía que aprendí a sobrellevar "todo lo que se vale".

Seguí creciendo en el recuerdo, porque no he conocido el primer ser que se haya sorprendido a sí mismo creciendo (o al menos en esta vida); pero acuérdate en esta vida se vale todo. Llegó entonces cuando nací por tercera vez y fue allí cuando sí recuerdo todo, el doctor fue alguien llamado Oportunidad que era un poco mas cortés que el de mi segundo nacimiento, y también lloré más, mucho más que aquel entonces en el cual creía haber nacido. No hubo necesidad de abrir los ojos, fue ésa la razón por la cual volví a nacer, y aun recuerdo que el doctor Oportunidad no me dejó cerrarlos cuando la luz encandilaba mucho más que mi segundo nacimiento, y por supuesto recuerdo el primer ser que me beso, fue la primera razón de mis oídos de escuchar un "te amo" -lo que dijo-; pero esta vez no pude opinar nada, creo que en mi segundo nacimiento sí lo hice, el se llamaba Jesús, nadie en mis dos últimas vidas me había impresionado tanto, pero "¡lástima!", me dije, más como un consuelo que como una ironía.

Me dijo: "...no hay que enseñarte nada que no sepas, tan sólo tienes que encontrarlo, todo lo que yo hago es perfecto en el espacio donde está, si no hubieras servido en este espacio sencillamente no estarías aquí...". Esto me llenó aunque no me convenció, y volví a decir "¡lástima!", esta vez sí con mucha ironía.

Comencé a crecer, y así descubrí que no era como mi segunda vida, que crecías hasta que una determinada edad te dice ¡hasta aquí!, y siendo todavía más cruel cuando crees que ya estás apto y no es así, allá lo superficial te decías que subías para luego bajar, y aquí su ausencia gritaba recordándote que esta vida creces y creces hasta que tu mismo digas ¡ya! . Es por eso maestro que te escribo esta carta, para pasarte antiguas facturas de gracias que no se porque idiota razón se quedan guardadas en las gavetas de nuestra vida cotidiana.

Gracias por tantos momentos difíciles que solo tú y yo conocemos, gracias por esos días que uno tras otro van rompiendo su "record" de paz y felicidad, gracias por esos ideales que sembraste en mí, gracias por esas lágrimas que derramé en cada uno de los espacios que un día respiré, gracias por tantas cosas que en mi segunda vida hubiera llamado "casualidad" y que en ésta forman parte de mi día a día, gracias por tanta gente que me trato de hacer daño, que de seguro que sin sus zancadillas no hubiera podido estar en esta tercer vida escribiendo esta carta. Ojalá que el cartero seas tú, si tú, el que esta leyendo esta carta, de verdad te lo agradecería.

Gracias maestro, Te amo...

Comentarios
por daniel villalobos (150.185.136.---) - dom , 24-jun-2007, 22:00:00

me parecio exelente esta publicación tienes mucha madurez literaria. Te felicito[/n]

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