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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003

Historia de un mártir

por Maricruz
24 de abril de 2004
No se trata de un relato ficticio sino del testimonio bellamente narrado del martirio de dos monjes.

No lo conocí personalmente, pero era íntimo amigo de mi padre espiritual. Os cuento algunas de las cosas que oí sobre él. Se llamaba Pedro Vilar, entró en el monasterio el mismo día que mi maestro, cuando ingresó como aspirante a la vida monástica, con 12 aós de edad.

Se preguntarán si a esa edad se puede tener vocación. Dejo la respuesta a personas más competentes. Pero el monje que me dio su testimonio tenía tomada su decisión desde los cinco años... Hubo de esperar largos años, impacientemente hasta llegar el día señalado.

Y fue precisamente ese mismo curso, el mismo día o al siguiente, cuando entró un mozo de su misma edad, que se llamaba Pedro Vilar. Llegó a la hora de merendar, cuando ya todos estaban ante su plato con un buen pedazo de sandía fresca, al mes de Agosto. Comienzan a comer su sandía bajo la atenta y cariñosa mirada de su buen prefecto.

Justito enfrente de Pedro, un chiquillo ingenuo se lo miraba boquiabierto; seguramente no había visto nunca comer sandía con tanto estilo., a grandes bocados, escupiendo las pepitas con fuerza, sobre el plato. Pedro, al darse cuenta de su extasiado compañero, preparó la artillería y ¡zas!, ¡a la cara en un disparo perfecto! La que se armó... El peque llorando, los demás riendo, y el P. prefecto del colegio, aguantando la risa, con un pequeño estirón de orejas... "Pedro, esto no se hace..." Y el otro, sin pestañear, "¡pues por qué me mira!"

Otra suya, que él mismo contaba, era que en su pueblo, con sus amigos, arrancaban en vivo los cuernos a las cabras.... "Vaya pieza que me ha tocado; con este habré de trabajar extra", debía pensar Jesús.

Fuerte como un roble, también era muy noble y generoso con sus compañeros.

Un dia que el Prior vino personalmente a hacer una corrección, toda la clase escuchaba en silencio. El Prior preguntó "¿Quién ha hablado mal del padre X?" La respuesta fue un silencio contenido; sabían que podían ser cesados del colegio, quizás. Repetida la pregunta bajo la aguda mirada del Prior (en aquellos tiempos también sabían de psicología, sin estudiarla), se levantó Pedro. Repetida la pregunta diversas veces, se levantaron, de uno en uno, tres más. La reprimenda estaba a punto. Exclamó el Prior: "¡Las cuatro columnas del colegio!" Pedro, al sentirse llamar columna, estalló a reir inconteniblemente, arrastrando a todos. Y el Prior, embozando su capa para que no le vieran reirse, se escapó de la clase.

En otra ocasión, cuando en clase de catecismo le preguntaron cuáles eran las obras de misericordia, Padro, fuerte como el primero, las recitó de un tirón acabando con la mayor naturalidad, con la número catorce: "¡Enterrar a vivos y muertos!" Ante la sorpresa del profe, todos, hasta el vivaracho Pedro al darse cuenta, estallaron en risas, por su exceso de "caridad".. Bien usarla enterrando cuando haga falta, pero no tanto.... Quien diría que después, ya junior, sería mártir de Cristo...

Otra de las suyas fue cuando se le impuso el nombre a la entrada al noviciado: Narciso, santo obispo mártir hispano. Al oírlo, le hizo tanta gracia que se hechó a reir alegremente en plena ceremonia, ya la tuvo armada. Todos le llamaron desde entonces "Narciso, flor del paraíso"

Bueno, esto son unas muestras de como era Pedro. Él, apasionado como era, en aquellos momentos que España se debatía en los extremismos políticos, defendía el socialismo. Hay que decir que los monjes eran libres políticamente. Bien, pero eso comenzó a cambiar justo unos meses antes de la guerra civil, cuando las malas pasadas de los comunistas, anarquistas, socialistas, etc. se seguían una a la otra. Llegó el 18 de Julio y como el 11-M algo de muy obscuro y confuso estaba preparado en la sombra. Inmediatamente comenzaron a arder las Iglesias y casas religiosas, gentes desconocidas aparecían en todas partes, armados y buscando curas y frailes. Desde el monasterio, repleto de peregrinos en pleno verano, se veían los pueblos con sus iglesias incendiadas. Del pueblo vecino ya estaban preparando camiones de leña para incendiar el monasterio...

Las autoridades, llegadas a tiempo para evitar lo peor, comenzaron a desalojar visitantes y siempre con algún monje mezclado entre ellos... sellaron el edificio para protegerlo, y con autobuses custodiados por las cuatro esquinas con fusiles apuntando durante el recorrido, retornaban la gente a sus lugares. Durante esos días de desconcierto y miedo, por las plazas había un joven miliciano de cara terrrible, con el pañuelo rojo al cuello, que hasta los mismos matachines que pululaban por allí lo temían. Era Pedro, "Don Narciso", que vigilaba la seguridad de la evacuación.

Pasó más de una semana desde el 18 de Julio. D. Narciso y su amigo, mi futuro maestro, estaban juntos, disimulando para quedarse, pues los dos deseaban quedarse allí, olvidados y quien sabe... pero igualmente los hicieron salir entre los peregrinos. Fueron de los últimos monjes en dejar el monasterio. La noche anterior a su salida, los dos amigos compartieron mútuamente sus sentimientos más íntimos. D. Narciso leyó a su amigo su diario de los últimos meses, donde aparecía un alma de gran pureza y vigor espiritual, y se iba señalando un proceso en su manera de comprender la realidad que le rodeaba, y con un intenso amor a Cristo. Se daba cuenta de lo que se avecinaba y expresaba su deseo de dar la vida en testimonio de Cristo.

Aquellas dos almas puras y fervientes compartían el mismo deseo. Y Dios lo aceptó de manera diferente en cada uno de ellos. Al día siguiente, D. narciso, junto con otro monje de su misma población, salieron hacia su pueblo, pero, a medio trayecto, gente que iba buscando "frailes", los vió y enseguida los reconoció. ¿A los lobos no les cuesta reconocer las ovejas... Los hicieron bajar del tren a los dos y los fusilaron. A uno de ellos le partieron la cabeza con la culata del fusil, para rematarlo.

Se pudieron encontrar las fotos de identificación en el hospital a que fueron llevados sus cuerpos. El rostro de los dos monjes, llenos de sangre, estaban sonrientes.

Comentarios
por Marisu (200.127.60.---) - sáb , 14-ene-2006, 23:00:00

Muy bueno Maricruz, recién lo leo ahora.

por Maricruz (221.89.37.---) - vie , 11-jul-2014, 04:11:21

Un último comentario: los dos mártires han sido reconocidos por la Iglesia en la última Liturgia de beatificación celebrada en Tarragona. Deo gratias!

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