Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +
estoy registrado  |  ¿registrarme?
rápido, gratis y seguro
El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003

El Sagrado Nombre de Dios

por Lic. Abel Della Costa
Nació en Buenos Aires en 1963. Realizó la licenciatura en teología en Buenos Aires, y completó la especialización en Biblia en Valencia.
Desde 1988 hasta 2003 fue profesor de Antropología Teológica y Antropología Filosófica en en la Universidad Católica Argentina, Facultad de Ciencias Sociales.
En esos mismos años dictó cursos de Biblia en seminarios de teología para laicos, especialmente en el de Nuestra Señora de Guadalupe, de Buenos Aires.
En 2003 fundó el portal El Testigo Fiel.
5 de mayo de 2009
¿Porque el nombre «Yahvé», el nombre de Dios revelado a Moisés en el desierto de Madián, es sagrado e impronunciable? ¿Qué universo de comprensión de Dios está escondido -aun hoy- en esas cuatro letras?

 

El Nombre de YHVH es torre fortísima:
hacia él corre el justo, y es levantado en alto.

(Proverbios 18,10)

 

La Biblia utiliza diversos nombres para referirse a Dios: Señor, Altísimo, Santo, Fuerte, Padre (en el NT), y otros. Pero sin duda el nombre propio, el nombre sacratísimo, revelado por él mismo a Moisés, es el que llamamos «Tetragrammaton» (es decir: «las cuatro letras»): YHVH, que en caso de pronunciarse debería ser: Yavé o -en la variante no muy correcta pero muy afianzada en las biblias protestantes- Jehová.

Solamente en los cinco primeros libros del AT, en el Pentateuco, aparece más de 1500 veces, y unas 7000 en todo el resto. En el Nuevo Testamento -escrito íntegramente en griego- no aparece, pero sin embargo se alude al sagrado Nombre varias veces: en Juan, en Apocalipsis, en Filipenses, de maneras que luego veremos.

Es verdad que los cristianos no acostumbramos a invocar a Dios con este nombre, y que incluso muchas de nuestras versiones bíblicas -principalmente la litúrgica- lo suplantan por la expresión «El Señor» -que es la manera piadosa de reemplazarlo al hablar, según la costumbre judía-; sin embargo, no deja de ser el Nombre-que-está-sobre-todo-nombre, y el que ha sido elegido por el propio Dios como su nombre para ser comunicado a su pueblo.

La revelación del Nombre

En Éxodo 3 Moisés es convocado por Dios desde la zarza que ardía sin consumirse para que deje el pastoreo al que se dedicaba y vaya a rescatar a su pueblo, prisionero en Egipto. Moisés -prófugo de la justicia, y que ni era egipcio ni pertenecía tampoco a los suyos- se pregunta cómo hará para que el pueblo hebreo lo reconozca como uno de ellos, como hará para legitimar su misión de parte del Dios «de los padres», así que pregunta a Dios su nombre; lo hace de manera elíptica, indirecta, porque preguntarle el nombre a Dios es pretender que se revele por completo ante un simple ser humano. No es de recibo andar diciéndole a Dios «¿Cómo te llamas?», así que en lugar de eso, Moisés dirá:

-Si voy a los israelitas y les digo: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros»; cuando me pregunten: «¿Cuál es su nombre?», ¿qué les responderé?

Nótese la delicadeza en el modo de preguntar, que le permitiría a Dios evadir una respuesta demasiado directa. ¡Y así lo hará!

Efectivamente, la respuesta de Dios es de lo más paradójica que se podía esperar:

Dijo Dios a Moisés: «'eheyeh 'asher 'eheyeh» Y añadió: Así dirás a los israelitas: «'eheyeh me ha enviado a vosotros.»

¿Y dónde está «YHVH» en todo esto? En realidad allí está sólo aludido, recién aparece expreso en el versículo siguiente:

Siguió Dios diciendo a Moisés: «Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación.»

Un poco de gramática

Veamos un poco de gramática para entender el juego de lenguaje que hay en todo este pasaje, y cómo se aprovechan hasta las más mínimas posibilidades del idioma para expresar la intimidad de Dios sin violentarla.

La expresión «'eheyeh 'asher 'eheyeh» (que nosotros solemos pobremente traducir como «Yo soy el que soy») es una frase bastante compleja y -en toda su extensión- intraducible. Veámosla en detalle:

'eheyeh (alef-hei-iod-hei) es una forma conjugada, 1ª persona del imperfecto de construcción directa (QAL en hebreo) del verbo hayah, que contiene la idea de desenvolverse, llegar a ser, existir, en un sentido muy dinámico. El verbo «ser» tal como lo entendemos nosotros en la actualidad, es decir, como indicativo de una posición de los objetos ante el observador, no existe en hebreo, ni en general en la mentalidad antigua; así que si entendemos ese 'eheyeh como «Yo soy», debemos entenderlo al modo griego, como algo que «está siendo», no como una definición estática; además, utiliza la forma de imperfecto, que sirve para reforzar la idea de advenimiento, de algo que no está fijo y ya del todo presente, sino que está en movimiento, en arribo.

'asher es el pronombre de relativo, que dada la pobreza de formas del idioma hebreo (paralela a la riqueza de alusiones), puede interpretarse como el relativo personal: «quien»

Así que la frase completa diría algo así como «Yo voy siendo quien voy siendo».

Se comprenderá ahora por qué decía más arriba que la respuesta de Dios es de lo más paradójica: revela el Nombre, sí... pero ese Nombre no habla sino de una manifestación que no se ha producido aun: ese Nombre es una promesa.

«YHVH» es, a su vez, la forma del verbo en modo de enunciación, es decir, en la tercera persona en vez de en la primera, pero no del todo regularmente formada (que sería «HYHY» y no «HYVY»), aunque debe notarse que en hebreo las letras y y v (yod y vav respectivamente) pueden en muchísimos casos intercambiarse, sobre todo cuando forman parte de la raíz de ciertos verbos, como precisamente es HYH.

 

Una posible prehistoria del Nombre

Aunque en Éxodo 3,15 se vincule expresamente el nombre «YHVH» al verbo «HYH», en realidad en un texto mucho más antiguo se utiliza ya una forma acortada del nombre, que no se relaciona con esta revelación. Efectivamente, en Éxodo 15,2 -el Cántico de Moisés al cruzar el Mar Rojo- el Nombre aparece de forma apocopada, «YaH», es decir, sólo las dos primeras letras:

«Mi fortaleza y mi canción es Yah.

Él es mi salvación.

Él, mi Dios, yo le glorifico,

el Dios de mi padre, a quien exalto.

Un guerrero [es] Yahveh, ¡Yahveh es su nombre!»

Se ha formulado la hipótesis de que «Yah» (YH) -del que derivaría «YHVH»- fuera originariamente un grito guerrero, al que la elaboración teológica vinculó posteriormente el verbo hayah, racionalizando un significado que tendría poco que ver con la profundidad de la escena de la zarza ardiendo.

Si buscamos en nuestras traducciones actuales la forma «YAH», sólo estará en la mencionada Ex 15, ya que, lamentablemente, en la mayor parte de los casos los traductores liman la diferencia entre los nombres, y ponen YHVH en todos; pero esa forma antigua «YaH» aparece unas 50 veces en todo el Antiguo Testamento (Ex 17,16, Sal 68; Sal 77; Sal 89 y otros; Is 26 y muchos otros) usado como Nombre, y además se utiliza también en palabras compuestas, algunas muy conocidas, como «hallelú-Yah», es decir: «alabad a Yah», y en nombres propios, como «Elí-Yah» (Elías), es decir, «Yah es mi Dios», Adoní-Yah (Adonías: Yah es mi Señor), Toví-Yah (Tobías: Yah es mi Bondad, es decir: Yah es lo bueno para mí), y varios más.

Pienso que no es necesario oponer las dos líneas de interpretación, es decir: que el Nombre tenga un valor trascendente, de revelación del ser de Dios en términos de advenimiento -tal como surge del relato de Ex 3-, y se emparente con el verbo hayah,  no implica que esa revelación no tenga una prehistoria religiosa vinculada a la percepción de Dios como el guerrero (la fuerza guerrera) que protege de los enemigos al clan, o como simplemente la fuerza protectora en un sentido amplio. Como en todo lo que se refiere a Dios, el descubrimiento de una significación abismal, plena, siempre va de la mano con la percepción del mismo Dios en términos mucho más cotidianos; al igual que en nuestra vida religiosa personal, primero percibimos a Dios en su presencia concreta, de ayuda en las dificultades, de Providencia al que acudir en las necesidades, y luego, profundizando en esa presencia providente, vamos descubriéndolo como Encuentro, vamos -podríamos decirlo así- acentuando el aspecto personal, más que el de providencia.

 

El Dios que se revela ocultándose

Tal es la plenitud inconmensurable -y por supuesto del todo inimaginable- del ser de Dios, que su presencia sería para el ser del hombre por completo aniquiladora. Muchos textos del AT aluden a este exceso de grandeza y de vida en Dios que sumirían al hombre inmediatamente en la muerte, no por ninguna maldad sino por solamente su grandiosidad, como -en una escala mucho menor- de un paisaje bello o de en general algo extremadamente bello para el hombre decimos que es «anonadante», es decir, que nos convierte en nada. Así es el ser de Dios: lo más anonadante de cuanto pudiéramos decir que es anonadante, junto al cual nada puede ser dicho ni pronunciado.

Por eso que Dios revele su Ser sólo puede ocurrir en figura, en cifra, en enigma; no por gusto de complicarnos, sino para preservar nuestro propio ser junto al Suyo. En definitiva, la revelación de la claridad de su Ser en la opacidad de un enigma sagrado preparaba -los cristianos lo sabemos- la manifestación plena de la divinidad de manera misteriosa en la humanidad de Jesús.

Cuando traducimos «YHVH» como «Yo soy el que soy», o simplemente como «Yo soy», debemos cuidarnos de no entender esa expresión en su sentido groseramente materialista de ser una especie de realidad que concentra todo el hecho de existir, tal como nosotros experimentamos esa existencia.

El «Yo soy» del que habla la expresión 'eheyeh es más bien el enigma de algo que no puede manifestarse más que como futuro, como promesa y perspectiva, aunque sin embargo precede y fundamenta.

En Éxodo 33 tenemos otro relato revelatorio, en él se nos narra una conversación de Moisés con YHVH, en la Tienda del Encuentro, en la que YHVH se reunía con Moisés y «hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo» (33,11). Moisés se siente agobiado por la responsabilidad que le ha caído sobre los hombros, y pide a YHVH ayuda, consuelo. confirmación de su gracia. Todo ese precioso diálogo, las quejas de Moisés, las respuestas de YHVH, merecen leerse con detenimiento (y son, además, todo un tratado de oración):

Dijo Moisés a Yahveh: «Mira, tú me dices: 'Haz subir a este pueblo'; pero no me has indicado a quién enviarás conmigo; a pesar de que me has dicho: 'Te conozco por tu nombre', y también: 'Has hallado gracia a mis ojos.' Ahora, pues, si realmente he hallado gracia a tus ojos, hazme saber tu camino, para que yo te conozca y halle gracia a tus ojos, y mira que esta gente es tu pueblo.»

Respondió él: «Yo mismo iré contigo y te daré descanso.»

Contestóle: «Si no vienes tú mismo, no nos hagas partir de aquí. Pues ¿en qué podrá conocerse que he hallado gracia a tus ojos, yo y tu pueblo, sino en eso, en que tú marches con nosotros? Así nos distinguiremos, yo y tu pueblo, de todos los pueblos que hay sobre la tierra.»

Respondió Yahveh a Moisés: «Haré también esto que me acabas de pedir, pues has hallado gracia a mis ojos, y yo te conozco por tu nombre.»

Entonces dijo Moisés: «Déjame ver, por favor, tu gloria.»

Él le contestó: «Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre de Yahveh; pues hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia con quien tengo misericordia.» Y añadió: «Pero mi rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo.»

Luego dijo Yahveh: «Mira, hay un lugar junto a mí; tú te colocarás sobre la peña. Y al pasar mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. Luego apartaré mi mano, para que veas mis espaldas; pero mi rostro no se puede ver.»

¿Qué frase de este texto no destacaríamos y escribiríamos sobre ella párrafos y más párrafos? Sin embargo, me detengo en una sola preciosa expresión:

«pronunciaré delante de ti el nombre de Yahveh; pues hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia con quien tengo misericordia.»

No se trata de expresar arbitrariedad, como si dijera «Yo soy YHVH y hago lo que se me ocurre» (lamentablemente a veces entendemos así el todopoder divino, como el de una especie de 'capomafia'), sino algo mucho más difícil de concebir: impenetrabilidad, inescrutabilidad. Por eso me parece tan definitoria esta cita, porque precisamente el nombre de YHVH está ligado a esa propiedad esencial de Dios: la imposibilidad de penetrar en la hondura de sus designios y en la densidad de su significación.

Pero a la vez, ese Nombre no evoca sólo que el hombre debe renunciar a comprenderlo, sino que es a la vez el Dios dispuesto a dejarse invocar, a dejarse llamar. Por eso no basta sólo la frase destacada en negrita: todo el episodio es una interpretación del significado del Nombre, comenzando porque este diálogo se produce precisamente en la tienda que llama «Del Encuentro».

Dar nombre es algo propio del hombre, como el mismo Génesis 2 ya observaba («cada ser viviente debía tener el nombre que el hombre le pusiera», 2,19). El dar nombre es un acto de enseñoreamiento, es hacerse señor de algo, pero es también un acto de descubrimiento («El hombre puso nombres [...] a todos los animales del campo, pero no encontró una ayuda adecuada», 2,20), al nombrar descubrimos el valor y el lugar de lo nombrado en nuestra vida.

Por eso, si bien el hombre puede -¡y debe!- nombrar a Dios, corremos el peligro de convertir ese nombre en una cadena que pretenda atarlo a nosotros, manejarlo, asignarle un lugar dispuesto por nosotros... ¡que hemos sido dispuestos por él!

Cuando Dios revela su nombre, nos da la posibilidad de entrar verdaderamente en diálogo con él (como un amigo con su amigo), pero eso sólo será real a condición de que ese Nombre no lo convierta en un amuleto a nuestra disposición: sólo un Nombre como el Sagrado Nombre de YHVH, que dice y no-dice, que al nombrar oculta, puede darnos una dimensión exacta del «lugar» que Dios desea ocupar en nuestra vida, no un lugar puesto por nosotros, sino elegido por él mismo:

YHVH que es al la vez quien funda, quien acompaña, y quien adviene.

Precisamente por este carácter paradójico del Nombre, por esta revelación que debe quedar siempre no-disponible para que verdaderamente sea lo que es: revelación del auténtico ser de Dios, es que los judíos de época ya avanzada y madura de la fe de Israel, hacia el siglo IV o III aC, tomaron la piadosa costumbre de no pronunciar nunca el Nombre -es decir, no decir «Yahveh»-, para evitar caer en la práctica mágica de querer disponer de un nombre que ha sido concedido al pueblo de Dios sólo como gracia y promesa, nunca como una posesión que perteneciera por derecho propio.

Así, cada vez que en los textos del AT dice YHVH los judíos -hasta hoy día- no leen «Yahveh» sino que dicen «Adonah», que quiere decir «el Señor» (o «Adonai», mi Señor) -y para evitar que sea leído por distracción, le ponen a las consonantes YHVH las vocales de AdOnAh, de donde queda «Jehovah»-.

El Nombre en el Nuevo Testamento

 

 

 

 

 

 

Curiosa imagen de la escena de la zarza ardiendo, por Nicolás Froment, en la que la zarza está ocupada no por Dios Padre (como es habitual, de barba y canoso) sino por la Virgen con el Niño en brazos, óleo de 1476

 

 

 

 

El Nuevo Testamento no da de ninguna manera la espalda a toda esta densidad veterotestamentaria de la cuestión del Nombre de Dios; quizás los cristianos, en nombre de la Encarnación del Verbo, creemos hoy día estar más allá de la diferencia abismal entre el ser de Dios y el del hombre, pero no es así: Dios sigue siendo Dios, cercano, a nuestro lado, pura gracia y pura presencia, y a la vez inescrutable, escondido, en siempre-advenimiento.

La cruz misma, a la que tal vez tenemos un poco deslucida de tan acostumbrados, habla de este ocultamiento de Dios que menos se ve cuando más está salvando y donando su ser al hombre; y a la vez precisamente por ser el momento de mayor presencia de Dios en el mundo, es también el instante en que su presencia aniquila en Jesús todo lo humano, y con ello aniquila también la muerte y lo hace apto para la vida eterna, que es Dios mismo.

Tremendo misterio que no cabe en el nombre, pero que ha recibido humanamente un Nombre, YHVH, al que el Nuevo Testamento no ha querido renunciar, pero que se ha permitido tan sólo aludir, precisamente para preservar su misteriosidad:

En los primeros capítulos de Juan se usa la expresión griega «Yo soy» («egó eimí»), en forma absoluta, es decir, sin predicativo, como una forma de alusión al Nombre; así, en 4,26, ante la samaritana que le pregunta sobre la doctrina del "Cristo" (Mesías), Jesús enuncia: «Yo soy, el que te habla»; más claro en 6,20, cuando la barca se movía en la tormenta, Jesús se acerca, caminando sobre las aguas, y les dice «Yo soy, no temáis». Pero donde más claramente se revela esta identificación de Jesús con el «Yo soy» divino será ya en el final, en la escena de Getsemaní; en el capítulo 18, está Jesús en el huerto y vienen a prenderlo, él, tomando la iniciativa, les pregunta:

-¿A quién buscáis?

Le contestaron:

-A Jesús el Nazareno.

Les dice:

-Yo soy

Y nos comenta Juan:

Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra.

Para nosotros este momento casi carece de significado, ¿por qué retrocederían y caerían rostro en tierra si lo que Jesús les dice es que él es a quien estaban buscando? ¡Es que no es eso lo que significa el pasaje! sino que cayeron rostro en tierra porque en el «Yo soy» de Jesús reconocieron el «Yo soy» -el YHVH- divino, de tal manera que ahora -y esto es lo que Juan desea mostrar- ya no tienen excusa: sabiendo quién era lo condujeron a la muerte.

En Filipenses 2 se nos dirá que puesto que Jesús aceptó vaciarse por completo (en griego: la 'kénosis' de Jesús, su despojamiento completo de sí mismo), se hizo apto para recibir el Nombre-sobre-todo-nombre.

¿Cuál es ese Nombre-sobre-todo-nombre? No otro que Jesús es SEÑOR, es decir, Adonah, que, como recordamos antes, es la manera correcta de pronunciar en voz alta el impronunciable YHVH.

A partir de la Kénosis de Jesús -interpreta Filipenses- decir «Jesús» y decir «YHVH» (Adonah) son equivalentes. No se trata de ninguna manera de que haya un nuevo dios, ni de que Jesús haya venido a reemplazar al «dios del AT» (expresión horrible que nos convierte en diteístas), sino de que en plena posesión de su humanidad, ha llegado al completo vaciamiento de sí, que lo hizo, sólo a él, apto para ser en su propia humanidad la completa manifestación de su propia divinidad: YHVH es, en Jesús, ¡un advenimiento que ha advenido!

Para finalizar, es en Apocalipsis donde más claramente se recoge -dentro del NT- el significado profundo del sagrado Nombre. En cinco lugares distintos (1,4; 1,8; 4,8; 11,17; 16,5) se referirá a Dios con esta expresión:

Aquel que es, que era y que viene -Ho on kai ho en kai ho erjómenos, expresión que Castellani, forzando la gramática castellana, pero muy literal y pertinentemente, vuelca: «el siendo era y viniendo»-

Esa expresión no la acuña el autor del Apocalipsis, sino que la recoge ya de la literatura judía de la época, que entendía expresar así en griego las implicaciones del Nombre sagrado tal como se le había revelado a Moisés en hebreo. Notemos que están presentes los tres aspectos que hemos ido desgranando a lo largo de este trabajo: la presencia (Aquel que es), el fundamento (Aquel que era), el advenimiento divino (Aquel que va a venir), todo eso expresado por medio de participios presentes (irreproducibles en castellano como no sea forzando nuestro idioma) que permiten recuperar la noción de que este ser de Dios del que están hablando no es algo estático objeto de una definición, sino algo en movimiento, objeto de una percepción que invoca y celebra.

Este nombre se entreteje junto con otros títulos provenientes también del AT, principalmente de Isaías («Primero y Último», «Juez Justo», etc.), y van unidos a su vez a la mención del Cordero, marcando así con completa claridad en ese momento final y decisivo de la historia humana, la continuidad sin pausa entre la revelación inicial a Moisés y la manifestación final a cada uno de los salvados.

Comentarios
por Rosy (189.164.210.---) - mié , 06-may-2009, 22:36:32

Abel, gracias, bello y bonito desglosamiento del nombre de Dios YHVH, Yaveh, hermoso, saber por que tu no lo dices lo de Juan 18, cuando buscan a Jesus que como tu lo dices tambien ese precioso nombre de Jesus significa YHVH, del AT, cuando buscan a Jesus dice "Yo soy" y cayeron rostro en tierra yo antes no le tomaba atencion a lo que Juan nos queria decir, en esa escena, hay tantos detalles que nos muestras en todo tu escrito, los cuadros, las palabras en hebreo, es bueno empaparse de la palabra de Dios, porque te hace sentirte serquitas de El como cuando Moises hablaba con El y queria que le mostrara su Gloria, y Dios lo mantuvo en la hendidura de una pena mientras pasaba y unicamente vio su espalda.
Gracias, gracias Abel tambien esta expresion me gusta "Aquel que es, que era y que viene" de nuevo muchas gracias, de nuevo ya escribire, me hace falta escribir.

por Carlos JBS (201.167.120.---) - jue , 07-may-2009, 03:39:32

BARBARO!!!!!

por Carlos JBS (201.167.120.---) - jue , 07-may-2009, 03:42:49

«Yo voy siendo quien voy siendo».
Me quedo con eso,

lo que no comprendí es que significa YAH!

por Kanbei (82.158.215.---) - jue , 07-may-2009, 19:46:03

Buenísimo!!!!!!

por José Rafael Steller (i) (190.241.211.---) - mar , 20-oct-2009, 03:44:30

Querido hermano!!!....sigo desconcertado ante lo resuelto por la Iglesia que impide referirise al Señor como YHVH....que se debe hacer?.....

por Abel (77.211.137.---) - mar , 20-oct-2009, 03:50:33

No, la Iglesia no impide referirse a Dios como Yahveh, sino solamente en contexto litúrgico, cosa que por lo demás ya se hacía, al menos en los leccionarios castellanos.

por jordi34 (201.255.73.---) - sáb , 10-abr-2010, 16:45:17

Abel: ¡Hermoso! Nunca había leído un comentario tan denso, profundo, que hace gustar del misterio que encierra la dulce palabra YHVH. Ese "Yo soy" ante quien caen los que venían a prender a Jesús, hace brotar de nuestros corazones un "Yo Amor", que estaba viviendo su humana agonía para redimirnos de nuestros pecados.
Gracias! Abel-

por Katia D. Sanci (i) (69.248.1.---) - vie , 14-jun-2013, 18:11:38

Gracias Abel, ya había leído este artículo anteriormente, y lo encontré muy interesante. Hoy he vuelto a leerlo porque sentí la necesidad de compartirlo con otros. Conocer la precedencia de YHVH, nos ayuda a distinguir la manera correcta de como debemos dirigirnos a nuestro Dios en nuestra fe Católica.

por Maite (88.21.118.---) - dom , 26-oct-2014, 10:45:03

Excelente. Me recordó poco antes de empezar el estudio de la Biblia con los agustinos de Zaragoza, acababa de leer, "Jesucristo el santo de Dios" de Cantalamesa, una joya, pues bien, me encontraba en mi etapa inquisitorial de ignorancia supina, en uno de los capítulos finales del libro, el autor hablaba de la frase puesta en boca de Jesús, dirigida a sus discípulos, "Para que cuando suceda creáis que yo soy"; yo hacía mi propia traducción de "experta bíblica", "que era Dios"; me consuelo, muy descaminada no iba, pero lo que me "escandalizo del libro" fue que el autor, dijese naturalmente, sabemos que eso no lo dijo, Jesús directamente...; aquello era una herejía, cómo se atrevía aquel hombre, por cura que fuese, a decir que los evangelios no decían la verdad, tanto que estaba dispuesta a tirarlo a la basura, por suerte, empece el curso de Biblia,y, entonces comprendí que tenía razón, y, lo de los soldados que van a detenerlo
Ahora no soy ignorante, en Biblia, ahora sé que no se nada, pero nada de nada, y doy gracias a Dios, por poner personas como tú, entre otras en mi camino

Gracias de todo corazón

Que Dios sea contigo, ahi también va oculto el santo Nombre, que es Nombre del Creador, y, Padre, y del mismo Jesús, y, del Espíritu

puedes agregar un comentario
nombre:
email (opt):
comentario:
Ip: 54.224.210.130
Copia este código antispam en el casillero:
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
Espiritualidad
Letras
Teología
Biblia
© El Testigo Fiel - 2003-2016 - todos los contenidos del portal pueden reproducirse libremente, mencionando la fuente.
Sitio realizado por Abel Della Costa