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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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¡Quiero volver a orar! ¡Quiero aprender a orar!

por IDR-Valencia
9 de agosto de 2014
¡Quiero volver a orar! ¡Quiero aprender a orar!

Mi alma tiene sed de ti

Escucha a este pobre
Quizás hemos perdido la costumbre de un diálogo fluido con Dios, quizás nunca nos habíamos planteado cómo orar. He aquí una introducción sencilla.

«Cuando recéis no uséis muchas palabras como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso...» (Mateo 6,7)


 

Los cristianos tenemos muchos y grandes maestros de oración. El primero y fundamental es el mismo Jesús. Pero también tantos hermanos y hermanas nuestras que, desde la antigüedad hasta hoy, se han distinguido en el arte de la oración y han sabido transmitírnoslo. ¿Por qué recurrir, pues, a los Salmos a la hora de iniciarnos en la oración? El hermoso ángel de la Catedral de Valencia que ilustra el comienzo de este escrito, y que pulsa precisamente un salterio (instrumento del que se deriva el nombre de salmo), nos sugiere la respuesta: los Salmos no son sólo oraciones compuestas por hombres, no provienen sólo de la tierra, sino también del cielo, porque han sido inspirados por el Espíritu. Y es que, «como nosotros no sabemos orar como es debido», «el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza» (Rom 8,26), como nos enseña San Pablo. 

Cuando rezamos los Salmos, el Espíritu Santo actúa a la vez como Maestro exterior e interior: exterior, porque ha sido él quien ha inspirado estas oraciones; interior, porque él, que habita en nuestros corazones, nos da la capacidad de oírlas como venidas de Dios y de devolvérselas como nuestras.

 

«Aquí estamos, volvemos a ti, Señor, tú eres nuestro Dios» (Jer 3,22).

Regresar a Dios: ¡cuántas veces has oído en tu interior esta exigencia! Dios, tu amigo más antiguo, el Dios de tu niñez, de tu juventud, de tus ilusiones y esperanzas. Pero también, el Dios abandonado, temido, olvidado, ... casi desconocido. Y, sin embargo, el Dios que parece estar siempre al acecho, como tu gran asignatura pendiente.

¿Cómo volver a Dios? De la mano de Jesús: no hay mejor acompañante. «Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar» (Me 1,35). Un día y otro día le vimos hacer lo mismo. Y al final tuvimos que decirle: ¿Cómo oras? ¡Enséñanos a orar como tú! Jesús oró con los Salmos, las grandes oraciones del pueblo creyente. Se los sabía de memoria. La misma muerte le sorprendió recitándolos. Y nos dejó una síntesis maravillosa de ellos en el Padrenuestro. He aquí, pues, un camino seguro: volver a rezar los Salmos con Jesús.

 

Te proponemos un método sencillo. Hemos seleccionado dos salmos fundamentales, verdaderas obras maestras que nos revelan distintos aspectos del rostro de Dios y de nuestra propia vida. Y, para cada rato de oración, te aconsejamos que sigas estos pasos:

1. Busca un tiempo disponible (al menos media hora) y un lugar tranquilo y recogido. Puede ser tu habitación, un rincón solitario de la naturaleza o un templo.

2. Haz una primera lectura reposada del salmo para conocerlo en su integridad. Seguro que esta lectura, que aún no es oración, te irá despertando el deseo de orar.

3. Lee el comentario que te ofrecemos de algunas frases más importantes, conectándolas con la situación en que ahora te encuentras.

4. ¡Ahora va a comenzar la oración! Pierde unos minutos para situarte en la presencia de Dios, tu Padre. Aunque te cueste un poco al principio, piensa y siente que Él te está mirando con amor y que está esperando tus palabras. Y lee las palabras de Jesús que figuran antes del texto del Salmo. Jesús te dice: recemos juntos.

5. Reza el salmo entero. Esta vez, procura hacer tuyas las palabras, poniendo en ellas tu corazón.

6. Al rezar el salmo, habrás observado que algunas expresiones o frases han resonado en ti con especial intensidad. ¡Vuelve sobre ellas! Repítelas, rumialas y complétalas con otras palabras que te salgan del corazón. Es posible que te pases un rato largo orando alrededor de una frase. O que, una vez terminado el acto de oración, sientas la necesidad de ir repitiéndola, como una jaculatoria, en distintos momentos. Sigue este impulso: es la mejor manera de ir consiguiendo un permanente de diálogo con Dios.

 


Este texto y los dos asociados (Salmo 43 y Salmo 86) son parte de la obra «Orar con los salmos. Iniciación a la oración personal», editado por la Arquidiócesis de Valencia, España, para su Itinerario Diocesano de Renovación, 2010-2014

Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).
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