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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003

Jesús y la cananea, el lento aprendizaje de la voluntad de Dios

Domingo XX del Tiempo Ordinario, ciclo A

por Lic. Abel Della Costa
Nació en Buenos Aires en 1963. Realizó la licenciatura en teología en Buenos Aires, y completó la especialización en Biblia en Valencia.
Desde 1988 hasta 2003 fue profesor de Antropología Teológica y Antropología Filosófica en en la Universidad Católica Argentina, Facultad de Ciencias Sociales.
En esos mismos años dictó cursos de Biblia en seminarios de teología para laicos, especialmente en el de Nuestra Señora de Guadalupe, de Buenos Aires.
En 2003 fundó el portal El Testigo Fiel.
21 de agosto de 2017
Se lee en este domingo, junto con ricas lecturas que muestran el velado plan del Padre de llegar a todos los hombres (no solo al pueblo escogido), la escena de la cananea que sale al encuentro de Jesús, y sin saberlo le anuncia -¡a Él, al Anunciador!- una nueva instancia en la voluntad del Padre.

El relato del encuentro de Jesús y la cananea camino de la región de Sidón y Tiro (Mt 15,21-28) es un relato vigoroso, bien contado, breve y a la vez fuerte: una cananea pide a gritos a Jesús que le cure a su hija, los discípulos, según parece molestos por los gritos, le piden a Jesús que actúe, pero él se niega porque su misión se refiere solo a Israel; la mujer, no obstante, consigue acercarse y pedirle el favor directamente, pero Jesús le responde con una frase dura y chocante, apenas suavizada por el diminutivo: "no está bien tomar el pan de los hijos y dárselo a los perrillos"; la mujer, en una muestra sublime de sencillez y humildad le responde a Jesús convirtiendo la dura palabra (casi un insulto) en una apelación a Dios desde lo más hondo. Jesús se conmueve y accede a su petición.

En medio quedan algunos supuestos sin tratar:

-Si Jesús consideraba su misión circunscrita estrictamente a las "ovejas perdidas de la casa de Israel", ¿qué hacía dirigiéndose a la región de Tiro y Sidón, que era una región pagana?

-¿Jesús "hace lo que se le ocurre"? Si considera como misión divina el dirigirse a las ovejas de Israel, ¿cómo es que puede saltarse esa misión "simplemente" porque le conmovió la fe de la cananea?

-O bien su respuesta es solo para probar a la cananea, pero desde el principio él está dispuesto a salirse de los límites de Israel.

 

El relato debía resultar un tanto chocante para los primeros cristianos: san Marcos (7,24-30) hace lo que puede por suavizar los malos modos de Jesús: a la vista de cómo se desarrolló el mandato posterior de Jesús de salirse de las fronteras de Israel y predicar por todo el mundo (Mc 16,15), se siente con libertad como para agregar a las palabras del Maestro una cláusula que la suaviza: "Espera que primero se sacien los hijos", que expresa la conciencia teológica de la Iglesia de un evangelio en dos tiempos: a Israel (tiempo de Jesús), a todos los hombres (tiempos apostólicos).

Ahora bien, lo cierto es que con esa cláusula el relato pierde frescura y vivacidad, incluso pierde bastante sentido la respuesta de la mujer, que no resulta ingeniosamente humilde sino más bien impaciente...

Ha hecho bien Mateo en restituir la frase de Jesús a sus límites "históricos" (es decir, a lo que él posiblemente pronunció); pero aun fue más allá: de una denominación técnica que usa Marcos para referirse a la mujer: "pagana, sirofenicia de nacimiento", san Mateo la resume en una palabra que podía causar repulsa a cualquier lector de la Biblia: "cananea".

En ese momento "cananeo" ya no es un gentilicio vigente, no existe una "tierra de Canaán", de hecho es una denominación anticuada, pero muy significativa para resaltar las palabras de Jesús; como lo resume un autor, para el lector del AT "los cananeos son la raza pecadora que representa todo lo que supone malicia o impiedad, la raza que debe ser exterminada." (John McKenzie).

A esto se suma el uso de la palabra "perrillo".

No está claro si debe traducirse como un diminutivo o simplemente como "perro". Es verdad que formalmente es un diminutivo, pero al carecer de otros paralelos en el NT (el único texto en el que aparece es este, tanto en Mc como en Mt), no es fácil saber si lo que se quiere es suavizar el sentido despectivo, o si recoge un modo de hablar que la tradición oral ha tratado de retener al traducir desde el lenguaje (probable) de Jesús, el arameo, al griego.

Lo cierto es que la palabra, aunque hace un pequeño apotegma con sentido propio ("no está bien dar a los perros el pan de los hijos") es también un insulto, incluso un insulto común en la forma de hablar judía para referirse a los paganos, considerándolos esencialmente idólatras (cfr. el uso de "perros" en Ap 22,15).

Es verdad que los especialistas señalan que en la forma cruda del habla mediooriental suena menos despectivo de lo que nos suena a nosotros... pero suena despectivo (como en el "mujer, qué a ti y a mí" de Jn 2,4, que nos suena fatal a nosotros, a pesar de que parece ser una forma normal del habla coloquial de la época).

En todo caso es poco admisible suponer que Jesús quería probarla; pensar eso es propio de una época en que se postulaba una especie de maltrato sistemático de Dios al hombre para "probarlo". Ya Santiago (1,13) luchó contra esa concepción (con escaso éxito, lamentablemente).

Si Jesús utilizó una forma más o menos suavizada de la palabra "perro" (que al traducirla fue volcada con el diminutivo griego), posiblemente debamos más bien pensar en una forma más o menos elegante (pero en los límites del habla habitual ya mencionados), y a la vez firme de no ceder en su misión.

Es posible que Jesús no esperara ampliar su público: realmente había venido para las ovejas perdidas de la casa de Israel. Sabe que a eso lo envió el Padre, y no está dispuesto a traicionarlo ni siquiera por la insistencia de la mujer, o de sus apóstoles, cansados de oírla.

Jesús es firme, pero es también dócil. Dócil al Padre y a las señales de su voluntad, que es soberana en la vida de Jesús. Este pequeño cuadro nos muestra a Jesús atento a la novedad que percibe como palabra del Padre, y atento precisamente porque sabe que el Padre le habla de manera especial en la humillación: una mujer, una pagana (¿cuál de estas realidad expresan mejor la humillación?) le devuelve a Jesús las palabras con una inspiración que va más allá de ella misma, y Jesús lo sabe ver, y acomoda su mundo a esta nueva palabra que, porque es el grito de un humillado, es también una apelación novedosa del Padre, una nueva instancia de su misión.

Aunque él no anunció la buena nueva a los paganos, la escena de la cananea lo llevó a una nueva marca, en ella supo comprender que el Padre habia puesto en él expectativas que excedían lo que como judío podía concebir.

Y esto sin salirse de la estricta obediencia al Padre, es decir, sin dejar ni un momento de escucharlo, ni hacer, aunque tuviera derecho a ello, su propia voluntad.

Comentarios
por Rosy (i) (187.142.141.---) - jue , 24-ago-2017, 21:10:11

Jesús y la cananea, el lento aprendizaje de la voluntad de Dios . Veamos , La cananea que sale al encuentro de Jesús , el relato del encuentro de Jesús y la Cananea camino de la región de Sidón y tiro (Mt 15, 21-28) un relato superior, bien contado, breve y a la vez fuerte . Una cananea pide a gritos a Jesús que le cure a su hija, los discípulos molestos por los gritos le piden a Jesús que actúe pero él se niega porque su misión se refiere solo a Israel ; la mujer no obstante , consigue acercarse y pedirle el favor directamente , pero Jesús le responde con una frase dura y chocante, apenas suavizada por el dimunutivo : no está bien tomar el pan de los hijos y dárselo a los perrillos ; la mujer, en una muestra sublime de sencillez y humildad le responde a Jesús haciendo la dura palabra (con un insulto) en una apelación a Dios desde lo mas hondo . Jesús se conmueve y accede a su petición . Jesús es firme pero es también Docil Querido Abel bastante que decir y esto sin salirse de la estricta obediencia al Padre , ni hacer , aunque tuviera derecha a ello, su propia voluntad

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