Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +
El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
fecha de la página: 21 de agosto de 2018
Beata Cristina «la Admirable», virgen
fecha: 24 de julio
n.: c. 1150 - †: c. 1224 - país: Bélgica
otras formas del nombre: la Asombrosa
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En el convento de Saint-Trond, en Brabante, beata Cristina, llamada la «Admirable», porque en ella, la mortificación del cuerpo y el éxtasis místico en el Señor obró admirables maravillas.
Patronazgos: protectora de los pecadores; contra las enfermedades infecciosas y de los animales; para invocar en situaciones desesperadas; para pedir una santa muerte.
refieren a este santo: Santa Lutgarda

Cristina nació en Brusthem, población de la diócesis de Lieja, en 1150. Al cumplir los quince años, ella y sus dos hermanas mayores quedaron huérfanas. La familia pertenecía a la clase campesina. A los veintidós años, Cristina tuvo un ataque, probablemente de catalepsia y los vecinos la creyeron muerta y trasladaron el cuerpo de la joven en un féretro a la iglesia para una misa de réquiem. Súbitamente, después del «Agnus Dei», Cristina se irguió, saltó fuera del féretro «como un pájaro», según cuenta su biógrafo y quedó colgada en una de las vigas del techo. Todos huyeron al punto de la iglesia, excepto la hermana mayor de la beata, que dio ejemplo de recogimiento y permaneció inmóvil hasta que la misa terminó. Entonces, el sacerdote que la celebró, ordenó a Cristina que descendiese del techo (donde se había refugiado, según se dice, porque no podía soportar el hedor de los cuerpos humanos). La beata reveló que había estado realmente muerta, que había descendido al infierno, donde reconoció a muchos amigos, y también al purgatorio, donde encontró a otros conocidos. Finalmente, había ascendido al cielo, donde se le había puesto en la alternativa de permanecer ahí o retornar a la tierra a sacar del purgatorio, con sus oraciones y sufrimientos, a quienes había visto ahí. Eligió volver a la tierra y su alma había reanimado el cadáver en el preciso instante del «Agnus Dei».

Esto fue sólo el comienzo de una increíble serie de sucesos. Cristina se retiró a sitios muy remotos. Se encaramaba en los árboles, en las torres o en los acantilados y se escondía en los hornos para huir del hedor de los humanos. Podía manejar el fuego sin quemarse, entraba a las aguas heladas del río en lo más crudo del invierno sin sentir el frío y podía pasar, sin sufrir heridas, bajo una rueda de molino. Solía orar balanceándose en lo alto de una jaula o acurrucada por tierra en forma de pelota. No sin razón, las gentes la tenían por loca o «endemoniada» y varias veces la encerraron, pero Cristina se las arregló siempre para escapar. Cierta vez, un hombre logró echarle mano al darle un golpe en una pierna con tanta fuerza, que parecía haberle roto los huesos. Las gentes llevaron a la herida a casa de un cirujano de Lieja, quien vendó fuertemente la pierna y encadenó a la joven a una columna. Cristina escapó durante la noche. En otra ocasión, un sacerdote que no la conocía, asustado al ver su aspecto, se negó a darle la comunión; entonces la joven salió corriendo por las calles, se arrojó en el río Meuse y se echó a nadar hacia la otra orilla. Se vestía de andrajos, vivía de limosna y su conducta era verdaderamente sorprendente. Su biógrafo escribe, como si experimentase cierto sentido de tranquilidad, que después de que Cristina se encaramó a la pila baustismal de la iglesia de Wellen, «su conducta empezó a asemejarse más a la del resto de los hombres: se volvió menos inquieta y pudo soportar un poco mejor el hedor de los mortales».

Cristina pasó los últimos años de su vida en el convento de Santa Catalina de Saint-Trond, donde murió a los setenta y cuatro de edad. Aun en el convento no faltaban quienes la consideraban con el mayor respeto. Luis, el conde de Looz, la trataba como a una amiga, la recibía en su castillo, aceptaba sus reprensiones y en su lecho de muerte insistió en abrirle su conciencia. La beata María de Oignies le profesaba cierta admiración; la superiora del convento alabó la obediencia de Cristina y santa Lutgarda solía pedirle consejo.

Los extraños sucesos que hemos narrado no provienen de documentos posteriores. El cardenal Jacobo de Vitry, que los presenció, dio testimonio de ellos. El biógrafo de Cristina, Tomás de Cantimpré, O. P., era su contemporáneo y, si bien no la conoció personalmente, recogió el testimonio de quienes la habían conocido. Indudablemente que la biografía de Cristina contiene exageraciones, falsas interpretaciones y cierta manía de edificación, muy comunes entre los escritores de la época. En todo caso, la conclusión que se saca de dicha biografía es que Cristina de Brusthem constituía, simplemente, un caso patológico.

De todos los testimonios sobre Cristina el más autorizado es el que nos dejó el cardenal Jacobo de Vitry en su biografía de María de Oignies. Puede verse, junto con la biografía de Tomás de Cantimpré, en Acta Sanctorum, julio, vol. V.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 2749 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_2528
Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Yahoo
Enviar por email
Comentarios
por Eugenio Javier Parada A (i) (177.241.43.---) - dom , 03-jun-2018, 19:36:56

Entonces la personalidad de San Francisco también "constituye simplemente un caso patológico"... y lo mismo la personalidad de los mártires cristianos del siglo III, y Santa Teresa...

por Abel (79.109.147.---) - dom , 03-jun-2018, 21:35:04

Lo que es evidente es que la comprensión de textos es un valor en baja, una lástima...

puedes agregar un comentario
nombre:
email (opt):
comentario:
Ip: 54.224.108.238
Copia este código antispam en el casillero:
© El Testigo Fiel - 2003-2018 - todos los contenidos del portal pueden reproducirse libremente, mencionando la fuente.
Sitio realizado por Abel Della Costa