Queridos hermanos y hermanas:
En este día, contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.
Pero, ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón? San Lucas nos da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (2,1-11). El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al piso superior de la casa donde están reunidos los Apóstoles. El primer elemento que nos llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», y llenó toda la casa; luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Como consecuencia, «se llenaron todos de Espíritu Santo», que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados llamativos: «Empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse». Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: «Los oímos hablar en nuestra lengua nativa». ¿Y de qué hablaban? «De las grandezas de Dios».
A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles, deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.
1. La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad, trasforma y pide confianza total en Él: Noé, del que todos se ríen, construye un arca y se salva; Abrahán abandona su tierra, aferrado únicamente a una promesa; Moisés se enfrenta al poder del faraón y conduce al pueblo a la libertad; los Apóstoles, de temerosos y encerrados en el cenáculo, salen con valentía para anunciar el Evangelio. No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos: ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?
2. Una segunda idea: el Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en el Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones; sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía. En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. Un Padre de la Iglesia tiene una expresión que me gusta mucho: el Espíritu Santo “ipse harmonia est”. Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división; y cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Si, por el contrario, nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca provocan conflicto, porque Él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia. Caminar juntos en la Iglesia, guiados por los Pastores, que tienen un especial carisma y ministerio, es signo de la acción del Espíritu Santo; la eclesialidad es una característica fundamental para los cristianos, para cada comunidad, para todo movimiento. La Iglesia es quien me trae a Cristo y me lleva a Cristo; los caminos paralelos son peligrosos. Cuando nos aventuramos a ir más allá (proagon) de la doctrina y de la Comunidad eclesial, y no permanecemos en ellas, no estamos unidos al Dios de Jesucristo (cf. 2Jn 9). Así, pues, preguntémonos: ¿Estoy abierto a la armonía del Espíritu Santo, superando todo exclusivismo? ¿Me dejo guiar por Él viviendo en la Iglesia y con la Iglesia?
3. El último punto. Los teólogos antiguos decían: el alma es una especie de barca de vela; el Espíritu Santo es el viento que sopla la vela para hacerla avanzar; la fuerza y el ímpetu del viento son los dones del Espíritu. Sin su fuerza, sin su gracia, no iríamos adelante. El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el alma de la misión. Lo que sucedió en Jerusalén hace casi dos mil años no es un hecho lejano, es algo que llega hasta nosotros, que cada uno de nosotros podemos experimentar. El Pentecostés del cenáculo de Jerusalén es el inicio, un inicio que se prolonga. El Espíritu Santo es el don por excelencia de Cristo resucitado a sus Apóstoles, pero Él quiere que llegue a todos. Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, dice: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros» (Jn 14,16). Es el Espíritu Paráclito, el «Consolador», que da el valor para recorrer los caminos del mundo llevando el Evangelio. El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión.
La liturgia de hoy es una gran oración, que la Iglesia con Jesús eleva al Padre, para que renueve la efusión del Espíritu Santo. Que cada uno de nosotros, cada grupo, cada movimiento, en la armonía de la Iglesia, se dirija al Padre para pedirle este don. También hoy, como en su nacimiento, junto con María, la Iglesia invoca: «Veni Sancte Spiritus! – Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor». Amén.

A Barocci, la preparación de un trabajo llevaba siempre más tiempo que su ejecución misma. Nada es dejado a la casualidad en su trabajo. El pintor siempre paseaba con un cuaderno en la mano y esbozaba cualquier expresión, objeto o situación que lo inspirara; la vida, la gente, los animales y los paisajes fueron la pasión de este artista y estudioso que, con paciencia y meticulosidad, observó con los ojos de la fe el mundo que le rodeaba y exploró los modos de plasmar lo más íntimo del alma.
Barocci fue un hombre de gran espiritualidad. Destacó como pintor en su juventud, y esto le llevó a Roma a continuar sus estudios. Es allí donde, en 1560, tras su participación en la elaboración de un fresco para el Papa Pio IV en el Vaticano, se dice que fue envenenado en una comida al aire libre por coetáneos celosos de su arte. Aquejado por la enfermedad, volverá a Urbino en 1563, donde ejercerá su profesión el resto de su vida. Su enfermedad, que sólo le permitía trabajar dos horas al día, y su personalidad le mantuvieron alejado de los círculos artísticos. Esto, sin embargo, no impidió que se convirtiese en uno de los artistas más influyentes y mejor pagados del siglo XVI, aunque no llegaría a ser tan conocido fuera de sus fronteras como Rubens y artistas barrocos en los que influiría notablemente con su paleta de colores, expresivas composiciones e innovadoras técnicas.
Muchas de sus obras no han salido de las iglesias italianas para las que fueron concebidas, y son desconocidas por el público en general. La National Gallery, de Londres, ha querido hacer justicia a esta estrella olvidada del Renacimiento, trayendo de Italia algunas de ellas. Las más destacadas de la muestra son el retablo conocido como Entierro de Cristo (1580-1582), procedente del municipio italiano de Senigallia, y La Última Cena (1590-1599), que el artista pintó para la catedral de la también italiana localidad de Urbino, donde nació. Es la primera vez que ambas obras de Barocci abandonan Italia. También se puede contemplar el retablo Visitación (1583-1586), procedente de la Chiesa Nuova, de Roma, junto con Institución de la Eucaristía (1608), de la iglesia, también de Roma, Santa María sopra Minerva.
Su faceta más experimental
La muestra recoge también retratos, pequeños cuadros religiosos y su única narración secular, Eneas escapa de Troya (1598). La exposición culmina con aquello a lo que el pintor dedicó más tiempo: más de 65 dibujos preparatorios, estudios en pastel y borradores en óleo, que desvelan su faceta más experimental. El estudio de Cristo en la Cruz, de María Magdalena, de la cabeza del Niño Jesús, o de la Virgen y de sus manos, o el estudio de san Francisco, son algunas de esas partes del Todo a las que aludía. Esbozos de pies, cabezas, poses, animales, posibles composiciones e iluminación son fácilmente reconocibles por los visitantes, en las pinturas, como quienes hubiesen asistido al ensayo previo al acto artístico, y nos acercan al proceso de trabajo e investigación de Barocci.
Belleza de lo divino y lo humano
El director de la National Gallery, de Londres, Nicholas Penny, ha aludido a la exquisitez de sus composiciones, a la armonía en el uso de los colores y a la ternura del sentimiento que Barocci imprimía a sus trabajos, dando a lo sagrado la belleza de lo divino y lo irresistible de lo humano. Y no es para menos.
Admirado por sus coetáneos y mecenas durante su vida, Barocci combinó la belleza del alto Renacimiento y desafió las convenciones creando dinámicas composiciones con sus figuras, que anticipan casi en medio siglo las innovaciones del arte barroco. Lo profundo, lo cálido y lo humano caracterizan un trabajo en el que historias sagradas e inusuales visiones se convierten en trascendentes arquetipos con apariencia universal.
La persona humana es cuerpo y alma, es materia y espíritu. El cuerpo está constituido íntegramente por elementos pertenecientes
al orden material. El alma es un elemento no compuesto, goza de la simplicidad como todo lo que pertenece al orden del espíritu.
Dios es Espíritu puro, es un Ser simple y lo suyo es la simplicidad. Lo simple al no estar formado por partes, nunca puede descomponerse, no es corruptible y por ello nunca fenece, todo lo espiritual es eterno. Al contrario la materia siempre termina descomponiéndose y por ello siempre fenece, porque ella está formada por partes.. En nosotros fenece nuestro cuerpo cuando termina de derrumbarse y es entonces cuando el alma, abandona ese cuerpo que la sostuvo en este mundo material donde vivimos. El alma se marcha a lo suyo, al mundo de lo espiritual, sea para bien yendo al cielo sea para mal yéndose al infierno, pues este no es un lugar material, ni tampoco lo son los demonios que al igual que los ángeles son espíritus puros.
Nosotros cuando nacemos y como consecuencia del pecado original, estamos envueltos en una lucha interior, entre las necesidades y deseos de nuestro cuerpo y los deseos de nuestra alma. Así San Pablo nos decía: “Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley. Se sabe muy bien cuáles son las obras de la carne: fornicación, impureza y libertinaje, idolatría y superstición, enemistades y peleas, rivalidades y violencias, ambiciones y discordias, sectarismos, disensiones y envidias, ebriedades y orgías, y todos los excesos de esta naturaleza. Les vuelvo a repetir que los que hacen estas cosas no poseerán el Reino de Dios. Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia”. (Ga 5,17-23)
Nuestra alma, al pertenecer al orden espiritual que es superior al orden material al que pertenece nuestro cuerpo, carece de necesidades materiales. Esta lucha entre alma y cuerpo, no la tenían ni Adán ni Eva pues gozaban de unos dones preternaturales, que perdieron cuando quebraron su relación con el Señor. Y como nadie da lo que no tiene, ellos Adán y Eva no pudieron trasmitirnos los dones preternaturales de los que ya no disponían y en virtud de los cuales sus almas dominaban sus cuerpos Ellos no estaban destinados a pasar por el trance de la muerte, que tanto temor inspira a la generalidad de las personas, salvo aquellas en que la fuerza de su fe, es equivalente a su esperanza y su amor al Señor y no les aterra, sino que muchas veces lo desean el encontrarse con su Amado. Así Santa Teresa de Lisieux decía: Pero como voy a tener miedo yo de encontrarme por fin con quien tanto amo. Fríamente considerando este problema del, temor a la muerte, es de ver, que en sí, es una falta de fe. Nuestra fe nos dice: que lo que nos espera arriba es mucho mejor que lo que aquí tenemos, por bueno que esto nos parezca. ¿Entonces por qué nos aferramos a lo malo, pudiendo alcanzar lo mejor?
Son muchos los factores que nos traban el crecimiento de nuestra vida espiritual y al dificultarse el crecimiento nuestra alma, esta se encuentra capitis disminuida frente a nuestro cuerpo. Aparte de los dos fundamentales cuales son la concupiscencia con la que nacemos, herencia del quebrantamiento de la voluntad divina que hicieron Adán y Eva. San Pablo a este respecto exclamaba: “No entiendo lo que me pasa pues no hago lo que quiero; y lo que detesto es justamente lo que hago”. (Rm 7,15). El segundo factor fundamental, es la dichosa tentación a la que todos estamos sometidos por el demonio. Aquí abajo nos encontramos para superar una prueba de amor al Señor y para pasar la prueba hemos de ser calibrados en la cuantía de nuestro amor por los méritos que podamos alcanzar venciendo nuestra concupiscencia y las tentaciones a las que constantemente nos somete el demonio. Sin tentaciones y demonio, no tendríamos escalera para subir al cielo.
Aparte de los dos factores señalados que traban el crecimiento de nuestra vida espiritual, tenemos que considerar, que nuestra alma al igual que nuestro cuerpo necesita alimentos y vitaminas para crecer. La vida interior para su crecimiento, al igual que nuestros cuerpos, necesita alimentos y tiempo para madurar y crecer. Es imposible formar un hombre adulto en seis meses después de su nacimiento, al igual que no es posible, adquirir el grado de desarrollo de vida espiritual de un San Juan de la Cruz en 48 horas. Los alimentos de nuestro cuerpo necesarios para su crecimiento, son siempre bienes materiales que cuestan dinero adquirirlos, en cambio los alimentos de nuestra alma, son bienes espirituales que siempre son gratuitos. Dios siempre se encuentra ansioso de que se le soliciten bienes espirituales, esencialmente dones y gracias para hacer crecer espiritualmente a nuestra alma. Es 100 veces más fácil, obtener de Dios por medio de la oración de petición, bienes espirituales que bienes materiales
Carlo Carreto escribía: “Yo creo que no existe en el mundo un oficio tan difícil como el de vivir de fe, de esperanza, y de amor. Se trata en el fondo de dar un salto en la oscuridad, o para ser más precisos un salto en lo invisible. No resulta fácil. Yo hace tiempo que me he acostumbrado, y, sin embargo, he de deciros que tiemblo siempre ante la novedad de un nuevo salto, que me propone la presencia de Dios en mi conciencia”.
Si queremos santificarnos, necesitamos crecer en la vida espiritual lo cual, no es ni mucho menos una tarea fácil, requiere ante todo perseverancia en seguir avanzando, porque en la vida espiritual, si no se está avanzando se está retrocediendo. Necesitamos vida sobrenatural, y tenemos que adquirirla aquí en la tierra. Morir sin haberla adquirido significa el eterno fracaso.
No existe una verdadera vida espiritual fuera del ámbito de amor del Señor, solo no es posible alcanzar nuestra vida espiritual y hacerla crecer dentro del ámbito de amor del Señor `porque es Él y solo Él el que nos la proporciona, desde el momento en que nosotros podemos amar, porqué Él, que es la única fuente de amor sobrenatural que existe, nos amó primero. Nosotros solo tenemos vida espiritual porque somos amados por Él.
Fuera del ámbito de amor del Señor, repito para poner más énfasis, no existe una verdadera vida espiritual. Nosotros podemos tener una vida espiritual porque somos amados por Él. No tratemos de perder el tiempo en buscar paz interior y vida espiritual en prácticas hindúes u orientales, como el Yoga o el Reiki, porque al no estar estas prácticas basadas en el amor al Señor, es decir fuera del ámbito del amor de Dios, estamos abriéndole puertas al demonio, de igual forma, que con las prácticas del Espiritismo.
El P. Lallement, decía que: “El punto más trascendente de la vida espiritual consiste en disponerse a la gracia por medio de la pureza de corazón; de tal modo que de dos personas que al mismo tiempo se consagrasen al servicio de Dios, si una de ellas se entrega a practicar buenas obras y la otra se dedica únicamente a purificar su corazón y a quitar todo lo que en él se opone a la gracia, esta última llegará a la perfección en la mitad de tiempo que la primera”.
Es propio de la dinámica del desarrollo de la vida espiritual, llegar a un momento en el que no se desea ni se esperar la recepción de bienes materiales. En la medida en que se avanza en la vida interior, el índice de contrariedades y tribulaciones puede aumentar, pues esto es necesario para identificarse uno con los sufrimientos del Maestro, que claramente dijo: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la hallara”. (Mt 16,24-25). Bien es verdad, que al que siga este camino, Dios le colmará de gracias para hacer frente a sus tribulaciones.
Pero la leyenda de Job, porque eso es, una leyenda de la que ignoramos si realmente Job existió, más bien parece, que Dios permitió la escritura de esta leyenda, para consuelo de los atribulados israelitas de su época, todos ellos de dura cerviz y muy materializados, pues nadie sabe ni pueda afirmar, de un santo del Nuevo Testamento, al que como premio en este mundo, Dios al final de sus días le multiplicase, su bienes materiales, como en el caso de Job, lo realizó multiplicándole, los rebaños de bueyes, burros y camellos”.
Dios en esta vida a nadie le promete más que lo que se desprende de lo que nos dijo: “Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es blando y mi carga ligera”. (Mt 11,29).
Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Hoy sábado serán los protagonistas de un acto singular, probablemente de las confirmaciones más numerosas que se hayan celebrado en Madrid. Son más de 1.100 jóvenes los que recibirán el sacramento en la explanada de la madrileña catedral de la Almudena, entre ellos, rostros populares como Tamara Falcó. El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, presidirá la celebración y administrará el sacramento ayudado por los vicarios episcopales y otros sacerdotes. De entre esos más de mil cien jóvenes, hay tres amigas que iniciaron juntas el camino hacia la confirmación hace dos años. Pertenecen a la parroquia de San Gabriel de la Dolorosa. Miriam se animó a frecuentar la parroquia porque sus amigas, Ana y María, se apuntaron a catequesis. Como pasa a muchos jóvenes, el estar acompañados por amigos en una comunidad parroquial les anima a hora de vivir la fe.
«Sé que confirmarme no es una meta; quiero seguir el camino de Jesús», dice Miriam. «Lo que no llevo bien es que no me respeten por ser cristiana. Me duele que digan que es todo mentira o que Dios no existe», dice apenada mientras cuenta que siempre intenta hacer ver a los demás que tener fe es algo bueno. «Lo único que les pido es respeto», indica. Ana y María se han comprado un vestido para este día. Es una ocasión especial y, lo pequeño y lo grande, lo han preparado con esmero. Cristo marca el camino «Quiero seguir en mi vida a Cristo. Se crea o no se crea, me parece un ejemplo de bondad para todas las personas», dice Ana. Ella y sus amigas no estudian en un centro religioso, por eso tuvieron que «buscar una parroquia para recibir formación en la fe», asegura la joven que apunta a que «aunque hay menos jóvenes que creen, los que se confirman hoy lo hacen porque creen de verdad»; como ellas mismas. La multitudinaria celebración de hoy, que congregará a más de seis mil personas en la plaza de la Almudena entre confirmandos e invitados, se encuentra enmarcada en los actos que la diócesis de Madrid está llevando a cabo en el marco de la Misión Madrid, una iniciativa que la archidiócesis realiza con motivo del Año de la Fe. Un testimonio público «Es un acto bonito. Está bien que la gente vea que hay jóvenes que siguen apostando por esto», cuenta María, la tercera en liza. «Esto» es el testimonio público de la fe, algo que Jorge va a hacer a sus 15 años. También ha pasado dos años preparándose para esta ocasión y confiesa que «es la primera vez que siente, conscientemente, que Cristo está a su lado». Él y su amigo Ignacio han recibido la catequesis de confirmación en la parroquia de San Jerónimo el Real.
Los dos han crecido en el seno de familias católicas y, si bien sus padres les han animado a prepararse para recibir la confirmación, nunca les han obligado. Ignacio, a sus 16 primaveras, señala que «se confirma porque es su decisión personal. A diferencia, por ejemplo, del bautismo, en el que eligieron mis padres por mí». Los dos jóvenes se han apoyado en esta andadura de la fe. «Ir a misa juntos ha fortalecido nuestra amistad», asevera Ignacio. Ellos son muy jóvenes pero se confirman seguros de que el sacramento no es el final de un camino sino un hito importante en el mismo. Y retornados a la fe Y como el tiempo de Dios no es el de los hombres, también se confirma Sara, que tiene 41 años.
Ella, sin dejar de creer, perdió durante unos años el contacto con la Iglesia y la vida de los sacramentos. Sin embargo, algo que no perdió fue el rezo diario del Rosario. Y fue precisamente la Virgen María la que la devolvió a la vida de la Iglesia: «Me cambió la vida Medjugorje», cuenta con emoción. «Aunque no fue hasta cinco años después cuando decidí confirmarme» –indica–, «por eso ahora creo que ya es el momento». Cinco meses después de aquel primer viaje, volvió al santuario bosnio y comenzó a participar de la confesión «después de bastantes años». «La confirmación una gracia que Dios te regala para avanzar con más fuerza en el camino de la vida», señala. Hoy, víspera de la festividad de Pentecostés, el Espíritu Santo soplará sobre todos ellos.
De la mano de las Cáritas Diocesanas de La Rioja, Vitoria y Santander, tres nuevas tiendas solidarias especializadas en la comercialización de productos de segunda mano sometidos a rigurosos procesos de recuperación y reutilización abren sus puertas estos días en Calahorra, Salvatierra y Santander.
Con la puesta en marcha de estos proyectos, estas Cáritas dan un paso más en sus estrategias de favorecer la integración socio-laboral de personas en riesgo de exclusión social.
Nueva “Tienda con Corazón” en Calahorra
Este lunes 20 de mayo a las 17 horas tiene lugar la inauguración en Calahorra de una nueva “Tienda con Corazón” de la Fundación Cáritas Chavicar, en un acto presidido por Juan José Omella, obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño, quien bendecirá el nuevo local, ubicado en la calle Maestro Falla, 8. La apertura también contra con la presencia de las autoridades locales, encabezadas por el alcalde de la ciudad, Javier Pagola.
Ropa, muebles, juguetes, libros, artículos de bazar… Todo lo que puedas imaginar se comercializa a través de las “Tiendas con Corazón” de la Fundación Cáritas Chavicar, un proyecto de comercialización a muy bajo coste de productos de segunda mano que están en perfecto estado de uso tras el proceso de reciclado y reutilización llevado a cabo por equipos de personas en riesgo de exclusión social.
Todos los beneficios de la venta de esos productos se reinvierten en los fines de inserción de la propia Fundación.
Tienda “Berjanzi” en Salvatierra
Con ese mismo objetivo de impulsar la integración socio-laboral a través del reciclado, la recuperación y la reutilización, en este caso de productos textiles, se inauguraba también el pasado viernes 17 de mayo en la localidad alavesa de Salvatierra la tienda-ropero “Berjantzi”, un proyecto impulsado por las Cáritas de Agurain-Salvatierra y Araia.
El acto contó con la asistencia del obispo de Vitoria, monseñor Miguel Asurmendi, que bendijo las nuevas instalaciones, así como del secretario general de Cáritas Vitoria, Ramón Ibeas, y de un nutrido grupo de voluntario y voluntarias de Cáritas.
Tienda “Koopera” en Santander
Otra iniciativa similar echaba a andar el pasado 26 de abril en Santander con la apertura de la tienda “Koopera”, un espacio de comercialización de moda ecológica y solidaria que nace de la mano de la entidad Ecolabora y que ha supuesto la creación de 4 empleos, dos de los cuales están dirigidos a personas en situación de especial vulnerabilidad.
Ecolabora, una entidad sin ánimo de lucro participada por Caritas Diocesana de Santander y Rezikleta, es la primera empresa de inserción de Cantabria, especializada en la creación de empleo para personas que se encuentran en riesgo de exclusión social a través de la promoción de acciones medioambientales innovadoras.
Con el apoyo del Gobierno de Cantabria, Ecolabora comenzó su andadura en marzo de 2012 con la recogida selectiva de productos textiles y calzado en diversos puntos de la Diócesis. La colaboración prestada por la Mancomunidad de Municipios Sostenibles de Cantabria ha permitido afianzar el proyecto y sentar las bases de la tienda.
Ubicada en el número 9 de la calle Cádiz de Santander, “Koopera” ofrece moda y juguetes recuperados. Además de promover el ejercicio de un consumo responsable, este proyecto impulsa la inclusión social a través del empleo y la mejora medioambiental.
El acto inaugural, celebrado el pasado 26 de abril, estuvo presidido por el obispo de Santander, monseñor Vicente Jiménez, y contó con la presencia de Cristina Mazas y Francisco Javier Fernandez, consejeros, respectivamente, de Economía, Hacienda y Empleo, y Medioambiente, Ordenación del Territorio y Urbanismo del Gobierno de Cantabria.
Como explicó en el acto la responsable de Servicio de Ecolabora, Gloria Ferrer, con este proyecto “frecemos a la sociedad cántabra y santanderina una nueva forma de consumo, que parte de la responsabilidad y del acceso a productos recuperados a los que damos una nueva vida y evitamos que, por el momento, formen nuevos residuos. Con ello apostamos por la mejora del medio ambiente, la reutilización y el consumo responsable”.
La tienda “Koopera” quiere ser un espacio de encuentro abierto a la ciudadanía en el que se ejerce el modelo de economía solidaria al convertir al consumidor en agente activo de cambio, mediante la compra responsable y sostenible de productos recuperados.