Eikos IX
Eikos
Los oradores más ilustres son mudos como los peces
para hablar de ti, oh Madre de Dios,
pues no pueden explicar cómo, conservando tu virginidad,
has podido dar a luz.
Y nosotros admirando con asombro este misterio, te cantamos con fe:
Ave, tabernáculo de la Sabiduría de Dios,
Ave, tesoro de su providencia,
Ave, tú que haces aparecer insensatos a los sabios,
Ave, tú que evidencias la falta de sentido que tiene la astucia de las palabras,
Ave, porque los que buscan el mal son confundidos,
Ave, porque los idólatras han muerto,
Ave, tú que has desgarrado las redes atenienses,
Ave, tú que has llenado las redes de los pescadores,
Ave, tú que nos apartas de los abismos de la ignorancia,
Ave, Ttú que iluminas tantas inteligencias,
Ave, navío de los que quieren salvarse,
Ave, ensenada en las navegaciones de la vida,
Ave, esposa inmaculada.
Antífona
El Bienhechor que adorna todo,
queriendo salvar el mundo, vino a él según su promesa.
Dios, nuestro Pastor, vino a nosotros como un hombre,
llamándonos a él por esta semejanza.
Él nos escucha cantarle como nuestro Dios:
¡Aleluya, aleluya, aleluya!