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Orar los Salmos
Salmo 39 (38): Súplica de un enfermo
[comentario exegético]

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Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

Para el rezo cristiano

Comentario exegético

Estructura:

- 2-4, viva descripción del propósito que hizo el salmista de dominar su lengua;

- 5-7, lamentación;

- 8-9, súplica de liberación;

- 10-14, continúa la súplica con motivos por los que Yahvé debe intervenir.

Compárese la súplica del v. 14 con Job 7,19. Es una notable peculiaridad de este salmo, que termina con una nota oscura, aun cuando resplandezca la confianza en Yahvé. [Com. bib. San Jerónimo]

De poco vale clasificar este salmo como plegaria penitencial; a lo más sirve para destacar su individualidad. Del texto podemos extraer y recomponer un proceso: dolor - sentido como golpe o castigo - provocado por el delito que provoca la súplica de perdón y curación. En esto se parece a otros. Pero el salmo se sale del esquema y nos detiene con su intensidad, con su claridad enigmática. Ocupa gran parte del salmo un monólogo de reflexión indecisa, de introspección provocadora de tensiones. De la introspección salta sin esfuerzo a una visión universal, de común humanidad, que no resuelve las tensiones. Por eso el salmo adopta un tono trágico, que desemboca, no en esperanza luminosa, sino en resignación minimalista.

El salmo repite dos veces el aforismo "todo hombre es un soplo". Para un oído hebreo, acostumbrado a las paronomasias, la frase suena también como "todo Adán es Abel". Aunque uno no muera joven ni a manos de un fratricida, su destino es el de Abel. Para un ser dotado de conciencia la muerte es una violencia. El salmo 90 dice que contar los años es fuente de cordura o sensatez; en el Sal 39 contar los años, aun instruido por Dios, es privilegio funesto del hombre. El tema de la vida como soplo resuena en otros textos: Sal 62,10; 144,4; Job 7,16. Sólo que Abel era inocente, mientras que el orante se confiesa aquí pecador. A la tragedia de su condición caduca se suma la conciencia del pecado destructor.

La esperanza cristiana en la resurrección cambia el horizonte del salmo. Pero debemos respetar la sinceridad del orante si queremos apropiarnos su espiritualidad. En un segundo momento contemplemos cómo el Hijo de Dios ha entrado en nuestra condición humana mortal, trágica: ha sido un Abel malogrado (Heb 12,24). No abría la boca (Me 14,61). Pero no va a "no ser", sino que va al Padre (Jn 14,28). Y nosotros iremos cuando concluya nuestra etapa de ser "huéspedes y forasteros" (Heb 11,13; 1 Pe 2,11). [L. Alonso Schökel]

De los Santos Padres

Catequesis de Juan Pablo II

Catequesis de Benedicto XVI

[1 Del maestro de coro. De Yedutún. Salmo. De David.]

2 Yo me dije: "vigilaré mi proceder,
para que no se me vaya la lengua;
pondré una mordaza a mi boca
mientras el impío esté presente."

3 Guardé silencio resignado,
no hablé con ligereza;
pero mi herida empeoró,
4 y el corazón me ardía por dentro;
pensándolo me requemaba,
hasta que solté la lengua.

5 "Señor, dame a conocer mi fin
y cuál es la medida de mis años,
para que comprenda lo caduco que soy."

6 Me concediste un palmo de vida,
mis días son nada ante ti;
el hombre no dura más que un soplo,
7 el hombre pasa como una sombra,
por un soplo se afana,
atesora sin saber para quién.

8 Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?
Tú eres mi confianza.
9 Líbrame de mis inquietudes,
no me hagas la burla de los necios.

10 Enmudezco, no abro la boca,
porque eres tú quien lo ha hecho.
11 Aparta de mí tus golpes,
que el ímpetu de tu mano me acaba.

12 Escarmientas al hombre
castigando su culpa;
como una polilla roes sus tesoros;
el hombre no es más que un soplo.

13 Escucha, Señor, mi oración,
haz caso de mis gritos,
no seas sordo a mi llanto;

porque yo soy huésped tuyo,
forastero como todos mis padres.
14 Aplácate, dame respiro,
antes de que pase y no exista.
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