Muy interesante pregunta. Yo pienso que sí, y que además centra la cuestión de la santidad en donde debe estar: con el tiempo hemos ido "moralizando" la santidad, convirtiéndola en una exaltación de las virtudes que el santo "tiene", de lo que el santo "es". Pero la santidad en sí misma lo que tiene que manifestar es cómo Dios obra A TRAVÉS de él. Creo que no exagero si digo que un ejemplo impresionante de santidad es san Juan de la Cruz: nada de sí mismo, todo es lo que Cristo se muestra en él, el santo "abogó" por un completo vaciamiento de sí mismo. Eso, por supuesto, está en infinidad de santos, SJ de la Cruz es sólo un ejemplo.
Por eso lo que dices de los profetas es muy acertado: ellos son "cajas de resonancia" de Dios, de hecho incluso luchan (Jeremías) por vaciarse de sí mismo para quedar a completa disposición de Dios. Son esos magníficos vv de Is 8,17-18, en los que el profeta se da cuenta de que él mismo es ese signo que Dios ha dejado a su pueblo.
De hecho la Iglesia inscribe a los profetas en el catálogo de los santos (este es
el artículo colectivo, de mi autoría, y de allí se va a la inscripción martirológica de cada uno). Por supuesto, el Martirologio, aunque atento a los estudios críticos de la Biblia, no es una caja de resonancia de estos, no encontraremos allí la distinción entre personajes ficticios e históricos, pero por ejemplo resuelve bastante bien el problema de tener en el catálogo
al profeta Jonás, que, en tanto el profeta del libro, es un personaje de ficción, mientras que sí existió un jonás profeta histórico, que no es el mismo