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¿Qué son los ciclos litúrgicos (A, B, C, par-impar)? ¿cómo identificarlos?

pregunta realizada por karisma
20 de junio de 2023

Los ciclos litúrgicos del leccionario son un modo de organizar las lecturas bíblicas que se hacen en la misa para que en no demasiado tiempo pueda abarcarse una cantidad significativa de textos bíblicos, es decir que en poco tiempo el fiel, aunque solo participara en la misa, escuche proclamar la mayor cantidad de texto bíblico posible.

Pero además no solo se trata de cantidad de textos, sino de que tengan alguna articulación entre sí, que compaginen entre sí de alguna manera.

Este fue el modo que implementó la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II para enriquecer el contacto dominical y cotidiano del fiel con la Biblia. Por supuesto, eso no implica que deba limitarse la lectura bíblica a lo que se oye proclamar en misa: todos estamos invitados a leer la Biblia y a, diría, acompasar nuestra fe con el lenguaje bíblico. Pero incluso en el caso de que uno fuera un lector asiduo de la Biblia, la presentación de los textos que hace la liturgia siempre encuentra resonancias sugestivas, porque no lee racionalmente sino que lee desde el misterio que celebramos en la misa: la entrega de Jesus. 

Para lograr una presentación tan completa, se estructuró en 1969 la celebración dominical a lo largo de tres años, que recibieron los nombres de ciclos "A", "B" y "C", cuando termina el ciclo C se vuelve a empezar en el ciclo A.

Los ciclos afectan a las lecturas de distinta manera según si estamos en un tiempo fuerte (Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua) o si estamos en el tiempo Ordinario (también llamado con su nombre latino de "Per Annum").

En el tiempo Ordinario (34 de las 52 semanas del año) cada ciclo toma como base un evangelio sinóptico en el orden en que están en el NT: el A, Mateo, el B, Marcos y el C, Lucas. Dado que Marcos es mucho más breve que los otros dos, en el ciclo B Marcos se combina con domingos en que se lee Juan.

La lectura de esos evangelios es "semicontinua" es decir que siguen el orden de la presentación de los textos en los evangelios, pero no se leen completamente, sino que algunas perícopas se saltean, por cuestión de tiempo, o a veces de dificultad de comprensión.

Por ejemplo: en la semana XI TO de este año, ciclo A (por lo tanto: Mateo), hemos comenzado a leer el llamado "Discurso apostólico" dentro de este evangelio, es decir, el conjunto que ocupa aproximadamente el cap 10. No se lo lee entero, sino tres momentos significativos:

Domingo XI: Mt 9,36-10,8

Domingo XII: Mt 10,26-33

Domingo XIII: Mt 10,37-42

Es decir, aproximadamente el comienzo, el medio y el final. Lo demás, para escucharlo en misa, hay que participar de la misa de la semana, porque en los domingos más no se puede hacer... Por eso por mi parte siempre insisto en las charlas bíblicas que la lectura litúrgica ilumina mucho los textos, pero no hay que quedarse con ella sola.

En los tiempos fuertes: muchas veces se respeta la división Mt, Mc, Lc pero no es estricto, es decir, puede leerse Lc en B, o Jn en A, y sobre todo, el contenido del evangelio no viene determinado por la posición en el conjunto, no es una lectura semicontinua, sino que viene determinado por lo que se celebra cada domingo.

En cuanto a las demás lecturas, en Tiempo Ordinario:

La primera lectura dialoga con algún aspecto del evangelio. ¿Qué quiere decir que "dialoga"? Quiere decir que se une al evangelio por alguna cuestión en común, puede ser que refuerce algo que dice el evangelio, también puede ser que nos presente algo que se contrapone al tema del evangelio. Por ejemplo: en el domingo VII, A, se lee Mt 5,38-48: el mandato de amar a los enemigos. De primera lectura se lee Lv 19,1-2.17.18, que presenta el mandato de amar al prójimo, con especial hincapié en no odiar de corazón al hermano. Parece que las dos lecturas trataran de lo mismo, pero cuando se leen correctamente se ve que la ley antigua quedaba apenas en el umbral de la nueva: el prójimo no es lo mismo que el enemigo. Dios fue preparando el corazón del hombre para acoger el evangelio, y poder pedirnos mucho más que lo que haríamos por naturaleza.

En cambio en el domingo VIII, A, se lee de evangelio Mt 6,24-34, que habla de cómo Dios cuida providentemente de los seres humanos, y de primera se leen dos bellos versículos de Isaías: 49,14-15, donde compara la providencia divina con los cuidados de una madre con su hijo; evidentemente en este caso la primera refuerza e ilustra el evangelio.

El salmo es la respuesta de la asamblea a ese hilo que recorre la unión de la primera con el evangelio, por eso suele ser una buena fórmula dirigirse a la antífona del salmo para ver cuál es el punto central de meditación que recogemos entre la primera y el evangelio.

La segunda lectura, en cambio, sigue su propio plan de proclamación de las epístolas del NT en lectura semicontinua, por tanto no se relaciona con las lecturas de cada domingo, sino que se relacionan entre sí a lo largo de los domingos.

 

En los tiempos fuertes y en las solemnidades, aun durante el año, la unión de todas las lecturas es aun más estrecha, y allí sí participa también la segunda lectura.

Por ejemplo: tomemos el tercer domingo de Adviento, ciclo A, domingo de "Gaudete" (alegraos):

Primera lectura: Isaías 35,1-6a.10 habla de la venida escatológica del Señor

Salmo: invoca a Dios para que venga a salvarnos

Segunda lectura: habla de la inminente venida del Señor

Evangelio: Mt 11,2-11 cuenta el episodio en que el Bautista manda a preguntar a Jesús si era él que tenía por venir o hay que seguir esperando.

Todo esto está leído en clave doble: se habla de venida escatológica, pero a la altura del tercer domingo de Adviento estamos ya por enfocarnos en la venida histórica del Señor en Navidad.

 

Una salvedad importante es que si bien en la primera lectura de la liturgia dominical se lee mucho AT, se lo lee de una manera peculiar: iluminando aspectos específicos del evangelio. Realmente la lectura que se hace es muy sesgada, no se llega uno a situar en el AT como tal, ni a comprender el AT tal como es. Quien quiere sumergirse mejor en el AT como lectura litúrgica, tiene que dirigirse a los días de semana, donde la primera lectura (la única, porque no hay segunda) y el evangelio son independientes y se leen de los textos fragmentos grandes y con bastante continuidad (dentro de cada día, y a lo largo de los días).

 

Los días de semana también son cíclicos, pero de una manera completamente distinta a los domingos:

Hay para el tiempo Ordinario dos ciclos: año par y año impar (se entiende por par/impar el que abarca la mayor parte del ciclo, por ejemplo, el año litúrgico actual, que comenzó en 2022, es año impar, porque su mayor parte se desarrolla en 2023), que solo afecta a la primera lectura y el salmo, porque los evangelios son los mismos en año par e impar.

La semana va de lunes a sábado y recibe su número del domingo anterior, por ejemplo, ahora estamos en la semana XI TO de año impar, porque el domingo pasado fue domingo XI TO. Pero las lecturas como tal no se relacionan con las del domingo, sino que siguen su propio plan: en TO se hace lectura mucho más continua de los evangelios (empieza en la semana I con Marcos, hasta la pasión, sin entrar en ella, luego Mateo desde bautismo hasta la pasión, y Lucas desde bautismo a pasión), y lecturas continuas de libros bíblicos prácticamente enteros, tanto del A como del NT.

Como puede verse, en los días feriales del TO se leen los evangelios en el orden en que se considera que han sido compuestos, no en el orden en que aparecen en el NT. Si nada interrumpiera los días de semana, leeríamos los tres evangelios sinópticos completos desde el bautismo del Señor hasta la pasión, dejando aparte los evangelios de infancia (que se leen en Adviento/Navidad) y los de pasión (que se leen en Cuaresma/Semana Santa), y las apariciones del Resucitado y algunos misterios joánicos (que se leen en Pascua).

El evangelio de Juan se lee de manera no continua, sino como un evangelio "de misterios", que se reparten en los misterios litúrgicos del año. Se pierde así su plan narrativo, que lo tiene, pero se gana en relación entre el misterio cristiano y la penetración en al fe que hizo la peculiar comunidad joánica.

 

¿Cómo saber en qué ciclo estamos?

Si estamos en TO, basta saber qué evangelio se lee el domingo, y eso nos dice si es A, B o C, pero si quieres prever qué ciclo será tal año: divides el año de inicio del ciclo por 3, y te guardas el resto:

Si el resto es cero, es un año A, si es 1, es B y si es 2, es C. Como estás dividiendo por 3, no hay posibilidad de que haya otro resto.

Si lo haces con calculadora: si el resultado es entero: es año A, si el decimal del resultado es ,33, es B y si es ,66 es C.

Atención, el año que hay que dividir es el del inicio del ciclo. Por ejemplo:

el año actual comenzó en 2022. Dividido por 3 da 674, pero eso no importa, lo que importa es que no hay resto, que la división es entera: estamos en un ciclo A.

En este link puede consultarse el plan de lecturas de todos los domingos en todos los ciclos, tanto de tiempos fuertes como TO.

Y en este, el plan de lecturas feriales (es decir, no dominicales):

A su vez aquí puedes consultar las lecturas concretas de este año, y puede verse cómo altera lo programado en cada ciclo las fechas concretas del año litúrgico: 

Comentarios
por Luis Felipe Prado Luna (i) (176.82.152.---) - mi , 28-jun-2023, 08:07:43

Qué bueno! Y no se me ocurre nada más sino agradecer a Abel.

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