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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Fulgencio de Ruspe, obispo
En Spoleto, en Italia, beato Pedro Bonilli, presbítero, fundador de la Congregación de Hermanas de la Sagrada Familia, para atender y educar a las niñas pobres y huérfanas.

El que salga vencedor no será víctima de la muerte segunda

fuente: Tratado sobre el perdón de los pecados, libro 2,11,2-12,1. 3-4
Se utiliza en: Lunes, XXXIII semana del Tiempo Ordinario (lecc. único)

En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta, porque resonará, y los muertos despertarán incorruptibles, y nosotros nos veremos transformados. Al decir «nosotros», enseña Pablo que han de gozar junto con él del don de la transformación futura todos aquellos que, en el tiempo presente, se asemejan a él y a sus compañeros por la comunión con la Iglesia y por una conducta recta. Nos insinúa también el modo de esta transformación cuando dice: Esto corruptible tiene que revestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse de inmortalidad. Pero a esta transformación, objeto de una justa retribución, debe preceder antes otra transformación, que es puro don gratuito.

La retribución de la transformación futura se promete a los que en la vida presente realicen la transformación del mal al bien.

La primera transformación gratuita consiste en la justificación, que es una resurrección espiritual, don divino que es una incoación de la transformación perfecta que tendrá lugar en la resurrección de los cuerpos de los justificados, cuya gloria será entonces perfecta, inmutable y para siempre. Esta gloria inmutable y eterna es, en efecto, el objetivo al que tienden, primero, la gracia de la justificación y, después, la transformación gloriosa.

En esta vida somos transformados por la primera resurrección, que es la iluminación destinada a la conversión; por ella, pasamos de la muerte a la vida, del pecado a la justicia, de la incredulidad a la fe, de las malas acciones a una conducta santa. Sobre los que así obran no tiene poder alguno la segunda muerte. De ellos, dice el Apocalipsis: Dichoso aquel a quien le toca en suerte la primera resurrección, sobre ellos la segunda muerte no tiene poder. Y leemos en el mismo libro: El que salga vencedor no será víctima de la muerte segunda. Así como hay una primera resurrección, que consiste en la conversión del corazón, así hay también una segunda muerte, que consiste en el castigo eterno.

Que se apresure, pues, a tomar parte ahora en la primera resurrección el que no quiera ser condenado con el castigo eterno de la segunda muerte. Los que en la vida presente, transformados por el temor de Dios, pasan de mala a buena conducta pasan de la muerte a la vida, y más tarde serán transformados de su humilde condición a una condición gloriosa.

Otras lecturas del mismo autor

Criado fiel y solícito - [(Sermón 1,2-3: CCL 91 A, 889-890)]
Cristo vive siempre para interceder en nuestro favor - [Cartas (Carta 14, 36-37: CCL 91, 429-431)]
Él mismo se ofreció por nosotros - [Del tratado sobre la verdadera fe a Pedro (Cap. 22, 62: CCL 91A, 726. 750-751)]
Sacramento de unidad y de caridad - [Libros a Mónimo 2,11-12]
Las armas de la caridad - [Sermón 3,1-3.5-6 (CCL 91A, 905-909)]
La caridad trabaja en el mundo, descansa en Dios - [Sermones (Sermón 5, 5-6: CCL 91A, 921-923)]
La participación del cuerpo y sangre de Cristo nos santifica - [Tratado contra Fabiano (Cap 28, 16-19: CCL 91A, 813-814)]
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