Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos sanará. En este texto, los fieles se exhortan mutuamente a volver al Señor obrando el bien, ya que se habían apartado de él haciendo el mal. Esta es, pues, la voz de los fieles. Es como si dijeran: Vamos a volver al Señor, a quien abandonamos pecando, porque él tomó la iniciativa encarnándose por nosotros, él nos sanará cambiando nuestra prisión en libertad mediante su pasión y su resurrección.
Nos hirió, corrigiéndonos cual padre piadoso: él nos vendará las heridas de los pecados mediante la penitencia. En dos días nos sanará. Todas estas cosas tuvieron en Cristo su cumplimiento: entregado el jueves, padeció el día de la Preparación, y retornó de los infiernos resucitando el domingo por la mañana. Al tercer día nos resucitará; y viviremos delante de él. Con estas palabras se demuestra que Israel y Judá llegarían a tener un único pastor y rey, David, o sea, Cristo, nacido de la estirpe de David según la carne, cuando acabarán por creer en el mismo Señor resucitado.
En dos días nos sanará, es decir, los dos días en que yació en el sepulcro: Al tercer día, resucitando de entre los muertos, nos resucitará con él, y viviremos curados, vivificados y resucitados —tanto en el presente como en el futuro— delante de él, mientras que en su ausencia yacíamos muertos. Lo conoceremos, pues, en la majestad de la Deidad, bien imitándolo ahora, bien subiendo a los cielos para conocer al Señor cara a cara. Por eso se dice: Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. El profeta, lleno del Espíritu Santo, decía, refiriéndose al futuro, estas cosas, que nosotros hemos conocido verdaderamente realizadas ya en Cristo.
Para nosotros el día primero es aquel en que renacemos por el bautismo; el segundo consiste en el descanso de las almas; el tercero radica en la resurrección universal. En cuanto a lo que dice el profeta: Resucitaremos y viviremos delante de él, puede referirse igualmente a los que eran retenidos cautivos en el infierno, y que, con él, resucitaron el tercer día. Nuevamente toma la palabra el profeta, y dice: Su amanecer es como la aurora. La aurora representa los primeros destellos de la luz, que ponen en fuga a las tinieblas. Es como si dijera más abiertamente: Vamos a volver a Cristo, porque, así como las tinieblas de la noche se ponen en fuga al despuntar la aurora, así, al salir Cristo del tálamo del seno virginal, se disipan las tinieblas de los pecados, para dar paso a la luz de la verdad.