Papa Francisco exhortó a un grupo de estudiantes universitarios de todo el mundo, reunidos en estos días en Roma con el Harvard World Model United Nations (del 14 al 18 de marzo), a escuchar a los refugiados, «golpeados por problemas más graves del mundo actual, por la violencia y la intolerancia», y «trágicamente obligados a abandonar sus casas, privados de sus tierras y de su libertad». También expresó su deseo de que las Naciones Unidas siempre estén al servicio «de cuantos son más vulnerables y marginados en el mundo».
La iniciativa engloba a estudiantes universitarios de 115 países con el objetivo de hacer comprender las actividades que desempeñan la ONU y los órganos internacionales, y de formar a los líderes mundiales del futuro. Cada año participan en el WorldMUN alrededor de 2500 estudiantes. En el pasado, las sedes de esta iniciativa han sido Puebla (México), Ginebra (Suiza), Pekín (China), Belo Horizonte (Brasil) Sharm el-Sheikh (Egipto), Taipéi (Taiwán), Singapur y Vancouver (Canadá).
«Estoy particularmente contento de saber que ustedes representan a muchas naciones y culturas, y que por ello reflejan la rica diversidad de nuestra familia humana», dijo Francisco. «Como estudiantes universitarios, ustedes se dedican particularmente a la búsqueda de la verdad y de la comprensión, al crecimiento en la sabiduría, no solo en beneficio propio sino por el bien de sus comunidades locales y de toda la sociedad. Espero que esta experiencia les lleve a apreciar la necesidad y la importancia de estructuras de cooperación y de solidaridad, que han sido forjadas por la comunidad internacional en el curso de muchos años. Estas estructuras son particularmente eficaces cuando se dirigen hacia el servicio de cuantos son más vulnerables y marginados en el mundo. Rezo —subrayó el Papa— para que las Naciones Unidas, y cada uno de los Estados Miembro, siempre estén dispuestos a tal servicio y a tal cuidado».
«Hay familias e individuos que viven cada día luchando, que buscan cuidar de sus hijos y proveer a ellos no sólo lo necesario para el futuro, sino también los elementos necesarios para hoy. De la misma manera, muchos de aquellos que son golpeados por problemas más graves del mundo actual, por la violencia y la intolerancia, se han convertido en refugiados, trágicamente obligados a abandonar sus casas, privados de sus tierras y de su libertad. Son ellos los que tienen necesidad de su ayuda, son ellos los que piden con gran voz ser escuchados, que son más que nunca dignos de su esfuerzo por la justicia, la paz y la solidaridad».
San Pablo, prosiguió Bergoglio, «nos dice que debemos alegrarnos con los que alegran y llorar con los que lloran. En definitiva, nuestra fuerza como comunidad, en cualquier nivel de vida y de organización social, se basa no tanto en nuestros conocimientos y habilidades personales, sino en la compasión que demostramos los unos por los otros, sobre el cuidado que practicamos especialmente por cuantos no pueden cuidarse a sí mismos. Espero que también su experiencia los haya conducido a ver el compromiso de la Iglesia católica al servir las necesidades de los pobres y de los refugiados, al apoyar a las familias y a las comunidades y a proteger la inalienable dignidad y los derechos de cada miembro de la familia humana. Nosotros, los cristianos, creemos que Jesús nos llama a servir a nuestros hermanos y hermanas, a cuidarnos los unos a los otros, sin importar su origen o las circunstancias. Sin embargo, esto no es solo un rasgo distintivo de los cristianos, sino una llamada universal, arraigada en nuestra común humanidad. Queridos jóvenes amigos, les aseguro a ustedes y a sus familias mis oraciones. Que Dios omnipotente los bendiga con la felicidad que ha prometido a los que tienen hambre y sed de justicia y que actúan por la paz».
El mayor fruto de su estancia en Roma, dijo el Papa, no es todo lo que aprendan sobre la diplomacia, los sistemas institucionales y las organizaciones, «que son importantes y merecen su estudio. El fruto mayor es el tiempo transcurrido juntos, su encuentro con personas de todas partes del mundo, que representan no solo los diferentes desafíos contemporáneos, sino sobre todo la rica variedad de talentos y potencialidades de la familia humana».