Con solo 800 habitantes y 0,44 kilómetros cuadrados, el Vaticano ostenta dos títulos extremos: el de estado independiente más pequeño del mundo y el de país con mayor tasa de consumo de vino del mundo. Según un estudio elaborado por el Instituto del vino de California y la Organización Internacional de la Viña y el Vino (con sede en París), el gasto anual del Vaticano asciende a 45.000 litros de vino. Cada uno de los habitantes que pueblan el Vaticano ingiere 54 litros anuales por cabeza, lo que hace una media de 4,5 litros al mes. Los datos se han obtenido en base a la totalidad del vino que se compra e importa anualmente en cada país.
La mayoría de los habitantes del Vaticano cumple con un perfil clásico del consumidor de vino: hombres mayores de 50 años, solventes y sin niños a su cargo
Para contextualizar la situación, el primer dato que hay que saber es que la inmensa mayoría de las ventas de vino en el Vaticano proceden de Spaccio dell'Annona, una especie de economato destinado a los residentes y profesionales vinculados al estado pontificio. Debido al peculiar régimen fiscal de la Santa Sede, los productos que se venden allí están casi en su totalidad exentos de impuestos (lo que en España sería el IVA). Por ello, las botellas de vino procedentes de las mejores bodegas del mundo que llenan sus estanterías tienen un precio muy inferior al que cuestan en Italia, donde el impuesto sobre el alcohol asciende al 22%.
También es reveladora la explicación que el Papa Francisco ofreció en la audiencia general sobre el milagro de las Bodas de Caná (en las que Jesús convirtió el agua en vino): "Un banquete nupcial sin vino es una vergüenza para los recién casados, ¡imaginaos acabar el banquete bebiendo té! El vino es necesario para la fiesta".
Pero, ¿cuál es realmente el motivo para que la Santa Sede ocupe el primer lugar de este ránking? Lo más obvio es pensar que uno de los responsables de su alto consumo es el ritual de la eucaristía, que tiene por protagonista un cáliz lleno de vino, en representación de la Sangre de Cristo. "Una de las razones principales para que el Vaticano aparezca en el número uno es que el vino se utiliza en las misas", nos comenta Gladys Horiuchi, directora de comunicación de Wine Institute. Discrepa Michael Winterbottom, periodista del diario religioso The Universe Catholic Weekly: "Esta no es una explicación posible porque durante la comunión se emplea muy poca cantidad de vino, apenas se mojan los labios".
Buena parte de las ventas de vino en el Vaticano proceden de Spaccio dell'Annona, una especie de economato destinado a los residentes y profesionales vinculados al estado pontificio
Es lógico pensar que un país con una desidad de población tan alta como el Vaticano (1.800 habitantes por kilómetro cuadrado) puede generar unos resultados desorbitados en estadísiticas como la que ha realizado el Instituto del Vino de California. Frente a los 1.800 habitantes por kilómetro cuadrado que tiene el estado pontificio, en España únicamente 79 habitantes ocupan cada kilómetro cuadrado. Esta comparación sirve de referencia y ayuda a entender por qué en el estado independiente más pequeño del mundo se dan anomalías como ser el país con la tasa de delincuencia más alta del mundo. En los países con menor supercie suele darse una mayor concentración de población que da lugar a este tipo de fenómenos: Andorra, con sus 468 kilómetros cuadrados, ocupa el segundo puesto en la estadística del Instituto del vino de California.
Hay otra teoría. La aporta la madrileña Raquel Pardo, periodista especializada en el mundo del vino, coordinadora de la web Sobremesa y coautora de la Guía de vinos: "La mayoría de los habitantes del Vaticano cumple con un perfil clásico del consumidor de vino: hombres mayores de 50 años, solventes y sin niños a su cargo. Estos acuden a muchas reuniones y comidas donde lo normal es que se sirva bastante vino".
Nota de la redacción: copio la noticia por lo simpática y curiosa, y porque da lugar a todo género de bromas, pero realmente el análisis de la cuestión es extremadamente tonto: no tiene en cuenta que la población del Vaticano no se define por sus 800 residentes, sino por las decenas (o cientos) de miles que circulan diariamente. Es verdad que la mayor parte no come allí, pero también que son muchos, y que basta que se vea en el escaparate el vino más barato que en Italia para que cualquiera compre una botella; incluso habría que contar -por la misma razón- como compradores potenciales a los que viven en Roma, no sólo a los que viven en el Vaticano.