
También, que el resultado final de este proceso será un texto con sugerencias que se harán llegar al Papa, esperemos que todavía sea Francisco, y que él aquilatará para ofrecer una exhortación postsinodal. Asomémonos, por lo pronto, al documento de síntesis de la pasada asamblea, para ver por dónde seguirá este camino sinodal durante los próximos meses.
Consta de tres grandes partes: El rostro de la Iglesia sinodal; Todos discípulos, todos misioneros y Tejer lazos, construir comunidad, y 20 numerales, entre los que destaco: los pobres, protagonistas del camino de la Iglesia; las mujeres en la vida y la misión de la Iglesia; el Obispo en comunión eclesial; el Obispo de Roma en el Colegio Episcopal; por una Iglesia que escucha y acompaña; y Órganos de participación.
El texto distingue muchos rostros de la pobreza en el mundo: los que no tienen lo necesario para llevar una vida digna; los migrantes y refugiados; los pueblos indígenas, originarios y afrodescendientes; quienes sufren violencia y abusos, en particular las mujeres; las personas con adicciones; las minorías a las que se niega sistemáticamente la voz; los ancianos abandonados; las víctimas del racismo; los trabajadores explotados; y los ‘nuevos pobres’, que surgen por las guerras y el terrorismo.
También constata que las iglesias de todo el mundo han formulado claramente la exigencia de un mayor reconocimiento y valorización de la aportación de las mujeres, y de un aumento de las responsabilidades pastorales que se les confían en todos los ámbitos de la vida y la misión de la Iglesia.
Autocrítico, el escrito reconoce que el clericalismo, el machismo y el uso inadecuado de la autoridad siguen marcando el rostro de la Iglesia y dañando la comunión, y advierte que es necesaria una profunda conversión espiritual como base de cualquier cambio estructural.
Llama la atención el final del informe: “Para continuar el viaje”, en el que define los resultados de la asamblea como una pequeña semilla, llena de futuro, de la que surgirán muchos frutos. Veremos.