
El Papa León XIV ha advertido este viernes al Cuerpo Diplomático en el Vaticano de que se ha roto el principio «que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas». Además, ha alertado sobre el resurgir de la guerra como un medio para resolver conflictos y ha pedido que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se busquen soluciones pacíficas alejadas de «intereses partidistas».
«La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende», ha lamentado León XIV ante los embajadores en su tradicional cita de inicio de año, la primera para él tras su elección. Ha agregado que «la diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados».
En esta línea, ha pedido ante el Cuerpo Diplomático prestar especial atención al derecho internacional humanitario. Evitar «la destrucción de hospitales, infraestructuras energéticas, viviendas y lugares esenciales para la vida cotidiana», que constituyen una «grave violación», «no puede depender de las circunstancias ni de intereses militares y estratégicos». Además, ha insistido en que «la protección del principio de la inviolabilidad de la dignidad humana y la santidad de la vida siempre cuenta más que cualquier mero interés nacional».
Debilidad del multilateralismo
El Papa ha lamentado que la paz ya no se busca «como un regalo» y «un bien deseable en sí mismo», sino «mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio». Esto «compromete gravemente el estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica», ha añadido el Santo Padre.
De hecho, fue la actitud que llevó a la humanidad a la «tragedia» de la Segunda Guerra Mundial. Después, y como respuesta, de sus cenizas nació la Organización de las Naciones Unidas (ONU). De ella, ha dicho que «debe desempeñar un papel clave en el fomento del diálogo y de la ayuda humanitaria» y que hay que garantizar que «se centre más y sea más eficientes en la búsqueda, no de ideologías, sino de políticas destinadas a la unidad de la familia humana».
Sin embargo, hoy se vive una debilidad del multilateralismo, algo que considera «un motivo de especial preocupación» a nivel internacional. El propósito de este enfoque, ha señalado, es «proporcionar un lugar donde las personas puedan reunirse y dialogar». Aunque para entablar dicho diálogo es necesario «que haya acuerdo sobre las palabras y los conceptos que se utilizan».
Voluntad del pueblo venezolano
En su discurso al Cuerpo Diplomático, el Pontífice ha hecho una mención expresa a la situación por la que atraviesa Venezuela. En primer lugar, ha expresado su profunda preocupación por el aumento de las tensiones en el Caribe y otras zonas de la costa americana. Y ha insistido en la necesidad de buscar soluciones políticas pacíficas a la situación actual, «teniendo presente el bien común de los pueblos y no la defensa de intereses partidistas».
Tras ello, ha subrayado que «esto es especialmente válido para Venezuela, tras los recientes acontecimientos. Renuevo mi llamamiento para que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos y por la construcción de un futuro de estabilidad y concordia». También ha subrayado que el tráfico de drogas es una de las principales causas de la crisis que afecta al país.
De Ucrania a Myanmar
Por otro lado, ha insistido en la «urgente necesidad» de un alto el fuego inmediato en Ucrania. En cuanto a las negociaciones de paz, ha exhortado a la comunidad internacional para que «no vacile en su compromiso de buscar soluciones justas y duraderas». Para ello, ha reiterado ante el Cuerpo Diplomático «la plena disponibilidad de la Santa Sede a apoyar cualquier iniciativa que promueva la paz y la armonía».
En la misma línea, ha incidido en la apuesta de la Iglesia por la solución de dos Estados para el conflicto en Tierra Santa. Otros focos de preocupación para el Pontífice son la violencia en Haití y en la región africana de los Grandes Lagos, así como la guerra en Sudán y la inestabilidad en Sudán del Sur. En Asia, ha aludido a los «crecientes indicios de tensión en Asia Oriental» y a la «grave crisis humanitaria y de seguridad» en Myanmar.
Por último, como es habitual en él el Papa agustino ha recurrido a su padre espiritual, san Agustín. En concreto, ha citado sus advertencias sobre los «graves peligros para la vida política» que entrañan «las falsas representaciones de la historia, el nacionalismo excesivo y la distorsión del ideal del líder político».