
Forumlibertas, 26/09/07
Mi padre tenía una gran biblioteca de pensadores católicos. Este verano, consultando esos libros que él leía con fruición, han caído en mis manos diversas obras de Jacques Maritain. Se trata de un autor que podemos considerar ya clásico y que deberíamos transmitir a las nuevas generaciones junto con otros que nos muestran esa constante preocupación por poner de manifiesto el poso humanista que debe tener cualquier consideración social y política, aspecto éste especialmente importante hoy.
Ciertamente, la urgencia por desarrollar una ciudadanía más activa y comprometida en la construcción de la comunidad, frente a la actual dictadura light del progresismo instalado en el poder, tanto en Cataluña como en España, puede inspirarse en autores como el que nos ocupa, y en una línea de pensamiento en la que el respeto a la persona es el nervio de toda la propuesta que se realiza.
Como es conocido, Jacques Maritain influyó en el concilio Vaticano II y en la renovación de la Iglesia católica. Su pensamiento plantea la necesidad de dialogar con el mundo moderno, propugnando un humanismo centrado en el respeto a los derechos humanos y en la justicia social.
La recepción de su obra siempre fue muy viva en España y especialmente en Cataluña, tanto en los ámbitos eclesiales como en los políticos, no en vano es uno de los grandes referentes de la ideología democratacristiana. Recuerdo una exposición en Barcelona, el mes de noviembre de 2003, acompañada de una larga serie de actos que conmemoraron los treinta años de su muerte, y la reedición del libro escrito por su mujer Raïssa, con el título Les grans amistats (Las grandes amistades).
El pensamiento filosófico de Maritain presenta una complejidad que desborda con creces las pretensiones del presente artículo. Sólo quiero comentar algunas cuestiones de su pensamiento que mantienen, a mi juicio, una profunda actualidad en nuestro mundo actual, postmoderno, con una alta dosis de pluralismo social y pérdida de referencias comunes en la sociedad.
En el libro Humanismo integral (1936) nos habla del compromiso de los cristianos en la construcción de una comunidad de hombres y mujeres libres, saliendo del ámbito privado y contribuyendo sin complejos a una vida común más justa y más humana. El mensaje de Maritain muestra una profunda fe en el hombre, en su dignidad, en el respeto a toda persona humana por el hecho mismo de existir, como criatura creada por Dios, en una argumentación en la que ética y política son una continuación de la otra.
En la obra Cristianismo y democracia (1943) defiende una participación de los creyentes en la construcción democrática, frente a los peligros de los totalitarismos. En El hombre y el Estado (1950) plantea además la construcción de una sociedad justa en un mundo que ha superado la soberanía estatal clásica gracias a la existencia de un orden mundial, aspecto que actualmente viene replanteado por la globalización y sus efectos más económicos que otra cosa.
Estamos, en definitiva, ante una concepción de la política que nos puede dar muy buenas ideas para reorientar la vida política de las sociedades occidentales y también la española.
La concepción humanista nos pone de manifiesto que la democracia no es sólo una forma de gobierno sino que es también una forma de vida, en la que se necesitan ciudadanos y políticos demócratas, aspecto que quizás iría bien no suponer de entrada, sino que debería demostrarse.
Por otro lado, es un pensamiento que nos iría muy bien para superar la visión de la política ligada excesivamente a las dependencias económicas y consumistas que destruyen el ser humano, lo manipulan, convirtiéndolo en hombre-masa, y lo despersonalizan, en beneficio de poderosos de todo tipo.
La lectura atenta de los llibros de Maritain nos abre los ojos ante la dimensión humanizadora de la vida, para mejorar nuestras actitudes personales hacia los demás y mirar de construir una sociedad mejor, con fundamentación ética.
Es un pensamiento que nos puede hacer mucho bien, en definitiva, en el camino tortuoso que deberemos recorrer en la lucha por fundamentar los avances de nuestra sociedad en valores sólidos, inspirados en la tradición cristiana, ante la amenaza cada vez más orquestada por los partidos autoconsiderados progresistas de inocular valores anticristianos, cuantos más mejor, y romper de cuajo la misma antropología cristiana.
Por eso, siguiendo el dicho de que “no hay nada más práctico que una buena teoría” la obra de Maritain y otros pensadores católicos deben ser rescatados con urgencia para reaccionar con éxito ante los ataques “zapateriles”, “montillistas” y de sus acólitos.
Joan Lluís Pérez-Francesch