Forum Libertas, 21/12/07 -
Como excepción a la regla de la mayoría de mandatarios de la Unión Europea, de esa Europa débil incapaz de reconocer sus propios orígenes, Nicolas Sarkozy sí lo tiene claro: “La laicidad no debería ser la negación del pasado. No tiene el poder de desgajar a Francia de sus raíces cristianas”, dijo este jueves, 20 de diciembre, tras entrevistarse con Benedicto XVI.
Según informa la agencia ZENIT, el presidente francés presentó en Roma una visión de la “laicidad positiva” en el histórico discurso que pronunció tras tomar posesión oficialmente del título de ‘canónigo de honor’ de la Basílica de San Juan de Letrán, que fue atribuido por los Papas a los reyes de Francia desde tiempos de Enrique IV, en 1593.
En la Sala de la Conciliación del palacio contiguo a la catedral del Papa, Sarkozy explicó que “ya nadie contesta que el régimen francés de la laicidad es hoy una garantía de libertad: libertad de creer o de no creer, libertad de practicar una religión y libertad de cambiar, libertad de no ser herido en su conciencia por prácticas ostensibles, libertad para los padres de dar a los hijos una educación conforme a sus creencias, libertad de no ser discriminado por la administración en función de su creencia”.
“Francia ha cambiado mucho. Los franceses tienen convicciones más diferentes que antes. Ahora la laicidad se presenta como una necesidad y una oportunidad”, reconoció el jefe del Estado galo, quien ha escrito el libro La República, las religiones, la esperanza.
“Arrancar la raíz es perder el sentido” :
Sarkozy admitió también que la laicidad en Francia ha intentado borrar las raíces cristianas: “Ha tratado de hacerlo. No hubiera debido”, advirtió.
“Como Benedicto XVI, considero que una nación que ignora la herencia ética, espiritual, religiosa de su historia comete un crimen contra su cultura, contra el conjunto de su historia, de patrimonio, de arte y de tradiciones populares que impregna tan profunda manera de vivir y pensar”, .
El presidente francés añadió que “arrancar la raíz es perder el sentido, es debilitar el cimiento de la identidad nacional, y secar aún más las relaciones sociales que tanta necesidad tienen de símbolos de memoria”.
“Por este motivo, tenemos que tener juntos los dos extremos de la cadena: asumir las raíces cristianas de Francia, es más, valorarlas, defendiendo la laicidad finalmente llegada a madurez. Este es el paso que he querido dar esta tarde en San Juan de Letrán”.
Por este motivo, dijo, “hago un llamamiento a una laicidad positiva, es decir, una laicidad que velando por la libertad de pensamiento, de creer o no creer, no considera las religiones como un peligro, sino como una ventaja”.
Primer encuentro con el Papa :
Por otra parte, tanto Sarkozy como Benedicto XVI, en el que es su primer encuentro desde la llegada del primero a la presidencia de la República de Francia, subrayaron la importancia de la religión en el mundo contemporáneo.
La audiencia privada, de media hora de duración, sirvió para repasar las relaciones Iglesia y Estado, así como algunas de las cuestiones más candentes del panorama internacional.
Tras el encuentro con el Papa, que tuvo lugar en su biblioteca privada, Sarkozy se reunió con el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, que estaba acompañado por el arzobispo Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados.
Una nota emitida por la Oficina de Información de la Santa Sede revela que “los cordiales coloquios han permitido pasar revista a algunos temas de interés común concernientes a la actual situación del país, evocando las buenas relaciones existentes entre la Iglesia católica y la República francesa, además del papel de las religiones, en especial de la Iglesia católica, en el mundo”.
“Se ha dedicado una atención particular a la situación internacional, con referencia al futuro de Europa, a los conflictos en Oriente Medio, a los problemas sociales y políticos de algunos países africanos y al drama de las personas secuestradas”, añade la nota.
Al saludar al Papa, Sarkozy reconoció: “Santidad, habla verdaderamente un óptimo francés”. Al despedirse, ambos se felicitaron por la Navidad y el Año Nuevo.
El jefe del Eliseo regaló al Papa tres libros, entre ellos, una edición antigua de la obra La alegría (La joie) y una copia de su libro-entrevista La República, las religiones, la esperanza (La République, les religions, l'espérance). El Papa le entregó una medalla del pontificado.
Antes de dejar el Vaticano, Sarkozy bajó a las grutas que se encuentran debajo de la Basílica de San Pedro del Vaticano para rezar ante la tumba de Juan Pablo II.