El doctor Carlos Morín, investigado por posibles abortos ilegales y otros presuntos delitos en sus clínicas Ginemedex, CBM y TCB ha sido hoy viernes 25 de enero puesto en libertad con obligación de presentarse cada quince días. La justicia entiende que no hay riesgo de fuga o destrucción de pruebas. Su salida de la cárcel es fruto de un recurso de apelación tras su detención.
Con él salen las otras dos implicadas en el caso que también fueron detenidas el pasado 30 de noviembre: su esposa María Luisa D. S. y su colaboradora María Virtudes S. V. Siguen en prisión los dos psiquiatras Fernando Javier C. V. y Pascual Javier R. M. detenidos el 20 de diciembre por el mismo caso.
Morín y sus colaboradores han pasado las navidades encarcelados, mientras el debate del aborto subía a las portadas de los diarios durante 55 días y se ha mantenido ahí hasta hoy. El nombre de Morín es hoy popular en bares y charlas populares, asociado a Ginemedex, "los rompecocos" y las "trituradoras". Durante este tiempo, la policía se ha volcado en investigar miles de abortos y llamar a declarar a mujeres para confirmar o ampliar la información recibida por un testigo protegido.
No se conoce si el doctor (que antes de su detención podría haber cobrado unos 6 millones de pesetas mensuales en abortos no declarados, de confirmarse las investigaciones) ha recibido muchas visitas en la cárcel. De una visita sí se ha sabido: policías y jueces de Holanda que vinieron a preguntarle por el caso de una mujer de embarazo muy avanzado que habría abortado, supuestamente, en su clínica. Para la justicia holandesa sería un caso de homicidio.
El doctor Morín no pertenece a la asociación ACAI, la patronal del aborto que convocó una huelga que aplazó entre 1.500 y 2.000 abortos y que posteriormente se ha reunido con el ministro de Sanidad, Bernat Soria, que antes de ser ministro estaba especializado en realizar investigaciones biomédicas destruyendo embriones humanos.
Historias turbias de fetos en sobre clínica Isadora de Madrid
El Mundo y ABC publican nuevas historias acerca de la clínica abortista Isadora, uno de los buques insignia de la patronal ACAI en Madrid. Isadora está siendo investigada por irregularidades en el trato con los fetos abortados. El juzgado madrileño que lo investiga ha llamado a declarar a decenas de mujeres que abortaron allí, hecho que los abortistas han publicitado como "acoso a las mujeres y a las clíncias".
Ahora, el diario ABC publica que por Clínica Isadora ahora contrata a una funeraria para que se lleve los cadáveres de los fetos de madrugada, a escondidas, siguiendo una normativa autonómica:
http://www.abc.es/20080125/sociedad-sociedad/entierro-fetos-nocturnidad_200801250305.html
"En las proximidades de la Clínica Isadora, junto a la Dehesa de la Villa, asistimos a un traslado de cadáveres, de abortos, de restos humanos con entidad suficiente para ser reconocidos como tales. Embarazos interrumpidos de forma voluntaria tras dieciséis, veinte, veintidós semanas de gestación... Poco antes de la una de la mañana, un coche fúnebre de una empresa llega a la clínica abortiva. En menos de media hora, los operarios cumplieron con su cometido y se llevaron los fetos con destino a un crematorio. Minuto a minuto, todo sucedió entre las 00:52 y las 01:16", explica el artículo de ABC.
El diario recuerda que la Xunta de Galicia envía a abortar a Isadora a las gallegas de embarazos avanzados, lo que explicaría la pasión de la Xunta por obstaculizar con "autoinculpaciones" de abortos (reales o falsos) la investigación. La Xunta ha anunciado que financiará los abogados de los militantes abortistas que se autoinculpen.
En El Mundo hay una historia aún más macabra: un trabajador de una lavandería de Isadora ha encontrado trozos reconocibles de un feto tirados por los pasillos. Según este empleado, que se llama Julio, "se trataba de dos trozos pequeños de un feto, perfectamente formado, que estaban tirados en el pasillo, de cualquier manera".
Así lo cuenta El Mundo:
El trabajador acude todos los días a recoger la ropa sucia de la clínica, situada en el distrito madrileño de Moncloa, y cuando fue ayer por la mañana, halló los restos. Según él, los recogió y se los llevó a un médico de la clínica que, siempre según su versión, se echó a reír y no creyó que los hubiera encontrado allí. "Entonces decidí llamar a la Policía y denunciarlo, porque no se puede hacer eso con un bebé", decía el trabajador de la lavandería.
Marisa Castro, la portavoz y socia de Isadora dice que "no me creo que sea verdad lo que se ha encontrado" y añade que "esto forma parte de la estrategia de acoso y derribo que están sufriendo todas las clínicas". Por supuesto, clínica Isadora ha denunciado al empleado de lavandería en el Juzgado de Guardia.
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/01/24/madrid/1201166200.html