Alfa & Omega, 16/04/08 - El periodista italiano Giuliano Ferrara, director del Il Foglio, ante el eco suscitado por la aprobación por parte de la ONU, el pasado 18 de diciembre, de una moratoria para la pena de muerte, ha promovido una acción similar con relación al aborto. La iniciativa ha tenido amplia repercusión, y ha sido recibida con inusitada esperanza por un importante número de ciudadanos, que la han apoyado con su firma. No cabe duda de que la iniciativa parece, en principio, positiva, como cualquier acción en defensa de la vida humana, especialmente si surge de un mundo ajeno a lo religioso, como es el caso. Sin embargo, junto a los aspectos positivos que indudablemente tiene, existen otros que pueden no serlo tanto.
Al final del tercer párrafo del escrito de Ferrara se anota: «En 1984, la Comisión Warnock del Reino Unido determinó que, 14 días después de la concepción, un embrión es no solamente un ser humano, sino también titular del derecho a no ser utilizado para propósitos experimentales». Este párrafo abre la puerta al uso con fines experimentales de embriones humanos hasta el decimocuarto día; es decir, hasta la consolidación de su implantación.
A nuestro juicio, esta interpretación es acorde con lo defendido por una parte importante de la literatura científica anglosajona, que identifica el inicio de la vida humana con el del embarazo, y a éste con la consolidación de la implantación, de acuerdo con las propuestas de la baronesa Warnock, probablemente la más conspicua representante británica de la lucha antivida.
Este párrafo apoyaría la manipulación y destrucción de embriones humanos en su etapa más vulnerable y atacada. No hay que olvidar que, en ese momento, se llevan a cabo prácticas como la clonación, la obtención de células madre embrionarias, el diagnóstico genético preimplantacional, la creación de bebés-medicamento, junto a todas las técnicas de regulación artificial de la fertilidad humana, algunas de las cuales en un importante número de ocasiones actúan de forma antiimplantatoria, es decir, abortiva. A esto hay que añadir la también abortiva píldora del día después, la congelación y destrucción de embriones sobrantes de la reproducción asistida y, en general, todas las maniobras experimentales realizadas con embriones humanos.
Creo que conviene recordar que el aborto puede ser post-implantacional (el tradicional o quirúrgico, desde la consolidación de la implantación hasta el final del embarazo) y pre-implantacional (en los primeros 14 días de vida). Pues bien, en el documento de Ferrara se pide una moratoria para el aborto post-implantatorio (para el tradicional), pero, si fuera aprobado, se abriría la puerta al aborto pre-implantatorio, sin duda, mayor en cuanto al número de casos.
Un vendaval anti-vida :
Se podría argüir que, aunque el documento no sea perfecto, sí que puede servir para mejorar la situación actual, por lo que, en base a la teoría del mal menor, podría ser legítimamente apoyado. Sin embargo, creo que, en el caso que nos concierne, es éste un argumento falaz. Se podría aplicar este criterio si de lo que se tratara fuera de reducir un mal, aunque no se pudiera evitar totalmente. Podría ser el caso de un determinado país en el que el aborto fuera legal hasta la semana 24 y se propusiera reducir su legalidad hasta la semana 20 (caso, por ejemplo, del Reino Unido). Desde el punto de vista moral, se podría apoyar esta iniciativa, pues, aunque con ella no se prohibiera el aborto, sí podría dificultarse.
No creo que este juicio moral se pueda aplicar al documento de Ferrara, pues en él se pide la reducción del aborto de forma genérica -cosa indudablemente positiva- pero, de forma ineludiblemente unida a esta propuesta, se legitimaría el aborto pre-implantatorio. Creo que se puede aceptar un mal si es menor que el previamente existente, pero no se puede apoyar la eliminación de un mal si posibilita otro cuantitativamente mayor. Y esto es lo que se derivaría de la aprobación del texto de Ferrara.
Cualquier iniciativa en defensa de la vida humana me parece loable, pero este documento, al legitimar el aborto pre-implantacional, abriría la ventana a un vendaval anti-vida que, sin duda, eclipsaría los posibles efectos beneficiosos. Por ello, creo que hay que valorar esta propuesta muy cuidadosamente antes de apoyarla. Indudablemente, la solución sería que se suprimiera el párrafo que hace referencia al Informe Warnock, pero garantizando que dicho párrafo es eliminado del texto que se presente en las Naciones Unidas. Si esto se consigue, no habría ninguna dificultad para apoyar el escrito del periodista italiano; por el contrario, deberíamos felicitarnos por la puesta en marcha de dicha iniciativa.
Justo Aznar