Gaceta, 01/07/08 - AL tercer intento, la Comisión de Medio Ambiente del Congreso aprobó una moción, presentada por el portavoz de ICV-Les Verds, Joan Herrera, a favor de adherirse al Proyecto Gran Simio (PGS), una propuesta de extender nuestra “comunidad de iguales” a chimpancés, orangutanes y gorilas. Como, según los promotores, esos animales poseen unas “facultades mentales” semejantes a las humanas, así como una “vida social y emocional rica y variada”, merecen que se les reconozcan unos “derechos morales fundamentales” y hacerlos valer ante la ley”.
En la anterior legislatura, dos mociones similares no salieron adelante, porque —dicen los partidarios del PGS— se tergiversó la iniciativa presentándola como si fuera una pretensión paradójica de otorgar “derechos humanos” a los animales, y se hizo burla de ello. Esta vez, los proponentes pusieron cuidado en subrayar que en absoluto se trata de eso, sino de “hacer todo lo posible por conservar una especie”. Pero la moción no se limita a eso. Ante todo insta a “adecuar la legislación española a los principios del Proyecto Gran Simio”. En consecuencia pide prohibir la “experimentación o investigación cuando pueda producir daño a los simios y no redunde en su beneficio”, así como “la tenencia con fines comerciales o en cualquier tipo de espectáculo”.
También propone definir “un tipo penal agravado para los casos de comercio, tenencia ilegal o maltrato de simios”. Y demanda que el gobierno promueva ante los organismos internacionales medidas para proteger a los grandes simios del “maltrato, la esclavitud, la tortura, la muerte y la extinción”. Cuando se toman en serio los principios del PGS, se cae en el ridículo, según lo explica Leopoldo Prieto López en su libro El hombre y el animal.
El PGS es idea del filósofo australiano Peter Singer, quien lo expuso en una obra programática del mismo nombre, que contiene la Declaración sobre los grandes simios donde señala: “El objetivo de toda nuestra empresa es establecer de nuevo el estatuto moral de los chimpancés, los gorilas y los orangutanes, y la aceptación en calidad de persona de animales no humanos”. El PGS exige que se reconozcan para los simios tres “principios o derechos morales fundamentales”: a la vida, a la libertad y a no sufrir tortura.
Pero, como señala López, si se admite que los simios forman con los humanos una “comunidad de iguales”, se ha de llevar a las últimas consecuencias. La defensa jurídica del derecho a la vida supondría no sólo, como pide la iniciativa parlamentaria, castigar más duramente al humano que mate a un simio, sino además juzgar y condenar a los simios que maten a otra persona, humana o simiesca. ¿Pero, en serio creen los del PGS que se pueden exigir responsabilidades penales a un animal?
Abogados especializados
Uno se imagina despachos de abogados especializados en defender a simios. Pero no los habrá, porque nuestros iguales tendrán que recurrir al turno de oficio. El tercer derecho fundamental, la prohibición de la tortura, conduce a aporías semejantes. “Se considera tortura, y por lo tanto es moralmente condenable, infligir dolor grave, de manera deliberada, a un miembro de la comunidad de los iguales”. ¿Qué condena moral impondremos a los simios que hacen daño a otros? ¿Cómo les notificaremos la prohibición legal de torturar?
Cosa que siempre ha sido generalmente reconocida y no ha impedido exigir (a los humanos) el deber moral y aun legal de tratar bien a los animales. Resulta aún más claro para quien los considera, juntamente con los humanos mismos, criaturas de Dios. “La crueldad con los animales no es una violación de un derecho subjetivo de ellos, pero supone un desprecio que degrada al hombre que la comete y ofende al Creador (Catecismo de la Iglesia católica)”.
Peter Singer no lo comparte. Su llamada en favor de los grandes simios se basa en que les atribuye un grado de conciencia. Y niega expresamente el derecho a la vida al bebé de pocos días, porque lo considera sin conciencia, a diferencia de un animal superior más crecido.