( Efe).-Un grupo de sastres ha comenzado a confeccionar los hábitos de medio centenar de voluntarios que confían en convertirse en sacerdotes del Tercer Templo de Jerusalén, cuya construcción es uno de los más viejos anhelos del judaísmo.
Los destinatarios de las prendas son los 'cohanim', casta descendiente de Aarón -sumo sacerdote en la época de Moisés- y responsable de los oficios en el Primer y Segundo Templo, destruidos hace 2.500 y 2.000 años, respectivamente.
Los sastres trabajan en el Instituto del Templo, ubicado cerca del único vestigio del segundo de los santuarios -el Muro de las Lamentaciones-, y que tiene como objetivo concienciar a los judíos de todo el mundo de que el Tercero está al caer.
'Por esta razón -dice a Efe Yehuda Glick, su director- hay que prepararse y conocer bien toda la obra que se hacía hace dos mil años, así como los instrumentos necesarios para las labores sagradas'.
La confección de estos hábitos es una labor titánica, porque la gama de los colores púrpura, blanco y celeste de estos ropajes, según los describe la Biblia, es arcaica.
El rojo púrpura para los cinturones de 16 metros, por ejemplo, proviene del llamado 'gusano carmesí', en realidad un insecto, y que finalmente han encontrado en Turquía.
La investigación ha requerido la participación de cientos de expertos en textiles y colores alrededor del globo, lo que, sin embargo, no disipa la ambición de completar estas prendas sacerdotales, ni las decenas de instrumentos que se exhiben en el museo, todas ellas en el metal y con el diseño exigido.
Y es que Glick está convencido de que, tras la 'milagrosa' creación del estado de Israel en 1948, la reconstrucción del santuario está en el horizonte.
'No sé cuando, sé que Dios lo facilitará, El encontrará el momento', defiende el director de una entidad que existe desde hace dos décadas y que ha gastado más de 25 millones de dólares en esta misión.
Tradiciones ortodoxas, algunas más inspiradas en la Cábala que en documentos litúrgicos, hablan de que el Tercer Templo será 'obra divina' y que mientras tanto el hombre no debe interceder más que volviendo al camino de la fe para ganarse el favor de Dios, que después enviará a su mesías... y con él el templo.
Además, ningún ultraortodoxo osaría subir al lugar donde se hallaba el santuario, considerado 'lugar prohibido' por no conocerse los límites exactos del Sancta Sanctorum, y únicamente está autorizado para ello el Gran Sacerdote y, sólo, en el Día del Perdón (Yom Kipur).
Hoy, en esa explanada se alzan las mezquitas del Domo de la Roca y de Al-Aksa, y cualquier tentativa de expropiación conduciría a un conflicto religioso que traspasaría los límites de la región.
La segunda Intifada, o de 'Al-Aksa', estalló en 2000 a raíz de una visita a ese lugar del entonces líder de la oposición israelí, Ariel Sharón, y originó una ola de protestas por todo el mundo musulmán.
Conocida por éstos como Haram Al-Sharif -El Noble Santuario-, es para el Islam su tercer lugar más sagrado después de La Meca y Medina, y para los palestinos el corazón espiritual de sus reivindicaciones políticas de un estado independiente.
Aunque ortodoxo en sus creencias, Glick desestima la pasividad de sus correligionarios.
'Los que creen que el Templo descenderá de los cielos, por arte de magia o elemento cósmico, eluden el precepto bíblico de prepararse y participar en la construcción', asegura.
El pertenece a una moderna corriente 'mesianista' identificada políticamente con la ultraderecha israelí, la misma que cada día 9 del mes hebreo de Av (entre julio y agosto) -fecha en la que judíos lloran la destrucción de sus templos- trata de subir a la explanada.
Para estos mesianistas, visitar lo que el judaísmo denomina el 'Monte del Templo' y considera su lugar más sagrado, es una forma de reivindicar una potestad histórica y política para los judíos sobre ese lugar, en particular ahora que se decide el futuro de Jerusalén en las negociaciones de paz.
Y lo que no parece menos importante para ellos, una forma de comunicarle a Dios que ellos están preparados y esperando la señal del Redentor.