Alfa & Omega,19/10/09 - El 4 de octubre, en que la familia franciscana celebraba a San Francisco de Asís, el cardenal Rouco presidió la celebración de la Eucaristía en el monasterio de Las Descalzas Reales, monjas Clarisas, de Madrid, con ocasión de los 450 años de la fundación del monasterio. El arzobispo de Madrid destacó el significado, a mitad del siglo XVI, de la fundación de este monasterio, con aquella generación de santos del tiempo: san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Jesús, y precisamente san Francisco de Borja, por cuya mediación, ante la princesa Juana de Austria, hija de Carlos V y hermana de Felipe II, vinieron a él las primeras clarisas desde Gandía. Además, se refirió a san Francisco y santa Clara de Asís, con cuya espiritualidad viven el Evangelio en la vida contemplativa las Descalzas Reales.
Doña Juana de Austria, que fue regente de España a petición de su padre, mientras el príncipe Felipe estaba en Inglaterra, al quedar viuda de don Juan, heredero de la corona de Portugal, compró la casa donde ella misma había nacido, que había pertenecido al contador de Carlos V, Alfonso Gutiérrez, con la intención de fundar un monasterio, para la oración de las monjas, residencia real, hospital de misericordia y colegio de niñas huérfanas. En conversación con quien había sido duque de Gandía, y ya era Superior General de la Compañía de Jesús, Francisco de Borja, la última decisión fue la de traer siete hermanas desde el monasterio de Santa Clara de Gandía. Encargó al arquitecto Antonio Sillero las obras de acomodación del edificio en 1555 y, antes de concluirlas, llegaron las clarisas el 15 de agosto de 1559.
En 1564, entraba solemnemente el Santísimo en el templo recién terminado por el arquitecto Juan Bautista de Toledo. Originalmente, el retablo era de Gaspar Becerra, pero en 1862 fue destruido por un incendio y se trajo entonces el del antiguo Noviciado de los jesuitas, de Madrid, en el que figura el Éxtasis de san Francisco de Regis. También delante del retablo está la famosa Virgen del Milagro, cuadro entregado por un ermitaño venido de Roma que regaló a doña Leonor de Borja, y ésta a una hermana suya, clarisa en Gandía. Fue traída por las primeras monjas que vinieron desde aquél a este monasterio, que hoy es, además, un auténtico tesoro de patrimonio religioso, artístico e histórico.
Todo el recinto manifiesta la vida conventual desde el siglo XVI a nuestros días, que los visitantes pueden admirar en horas habituales de museo. En el recorrido, además de la regia escalera principal, decorada con relieves y frescos, pueden ser contempladas obras de fray Juan de la Miseria, Bartolomé Román, Domingo Truchado, Juan Pascual de Mena, Luis de Madrazo, Tiziano, Juan de Bolonia, Tomás Yepes, Pedro de Mena, Juan Bautista Crescenzi, Sánchez Coello, Sebastián Herrera, Melchor Caffa, Luisa Roldán, Bernardino Luini, Antonio Rizzi, Angelo Nardi, Cristóbal de Morales, Gregorio Fernández, Antonio Moro, José Risueño, Manuel Pereira, Juan Pantoja de la Cruz, Carreño de Miranda, Lucas Jordán, Alberto Durero, y otros pintores y escultores, de los siglos XVII y XVIII, de escuela italiana, madrileña y andaluza, así como unos magníficos tapices realizados en Bruselas sobre cartones de Rubens.
Joaquín Martín Abad
Imágen : Vista del Claustro bajo