Vida Nueva,30/10/09 - El Motu Proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI (2007) sobre el uso de la liturgia anterior a la reforma de 1970 ha levantado polvareda. “Pese a que hubo una carta aclaratoria del Papa a todos los obispos, sin embargo, tememos que lo que nació con un deseo de unidad e integración se convierta, como de hecho está sucediendo, en causa de división, y que lo que nació como una concesión pastoral, se vuelva norma”, indica un profesor de Liturgia de un destacado centro teológico español en declaraciones a Vida Nueva. El Papa pretendió aplacar los ánimos, pero a más de dos años de su publicación, cabe preguntarse si ello se ha conseguido; más aún: un problema real que ahora se plantea es la coexistencia de dos formas en el único rito romano.
El documento papal ha tenido una consecuencia ciertamente no buscada: el endurecimiento de las dos posturas enfrentadas. Ante ello cabe una pregunta: si no hay contradicción ni ruptura entre ambas ediciones del Misal, ¿no podía haberse evitado esta polémica? El cardenal Bertone anunció la publicación de una Instrucción destinada a clarificar algunos puntos, aquéllos precisamente por los que, mientras tanto, discuten con mayor o menor acaloramiento párrocos, obispos y “partidarios de la Tradición” en las Iglesias locales. Hasta la fecha no se ha publicado y hay quien duda de su posible publicación.
Una vez más, comenta el liturgista, “subrayo que el uso del antiguo rito era una concesión pastoral a las personas incapaces de adaptarse al nuevo rito, pero a condición expresa de que esta concesión no fuera interpretada como la desestimación del Vaticano II o de la validez de su reforma litúrgica. La utilización del antiguo rito jamás fue presentada en estos dos documentos como una ‘norma’”.
Con el Motu Proprio de Benedicto XVI, el Papa considera su deber ayudar a todos los fieles a vivir la Eucaristía de la manera “más digna y consciente –recalcaba el portavoz vaticano, el P. Federico Lombardi–, ya sea con la forma del rito romano renovado o –por motivos de formación, cultura o experiencia personal– para algunos más fácilmente con la forma más antigua del rito”. Según el religioso jesuita, con ese texto, el Pontífice “no pretende realizar revolución alguna respecto al actual uso litúrgico renovado por el Concilio, que continuará siguiendo la gran mayoría de los fieles; no impone ninguna marcha atrás”.
Responsabilidad del párroco
Es cierto que el problema afecta sólo a algunos grupos, y la mayor parte de los fieles que frecuentan las parroquias regularmente son totalmente ajenos a él. Lo que puede llegar a ser problemático es, precisamente, el modo de afrontar la cuestión con personas particulares o grupos determinados. Mientras que con el Indulto de Juan Pablo II de 1984 el único referente era el obispo, ahora la situación se ha desplazado hacia la responsabilidad del párroco, con unas consecuencias que no son del todo previsibles.
No se trata de un mero problema lingüístico –en latín o en lengua vernácula–; en realidad, de lo que se trata es de una cuestión pastoral, teológica, cultural, de relación con el mundo y el hombre de hoy. “Detrás del Misal de san Pío V subyace una teología según la cual el actor del culto divino es exclusivamente el sacerdote, subyace el antijudaísmo, una visión del mundo superada, una Iglesia que se considera única depositaria de la verdad… Sin embargo, en el trasfondo del Misal querido por el Concilio Vaticano II y promulgado por Pablo VI se encuentra el pueblo de Dios, que es el sujeto celebrante”, señala un delegado de Liturgia de una importante diócesis española.
Juan Rubio