(Vida Nueva) Cada vez se producen más incineraciones en España. ¿Cuáles son realmente sus causas? ¿Qué dice la Iglesia ante esta creciente opción? El profesor de Derecho litúrgico, José A. Fuentes Alonso, aunque entiende que muchas familias cristianas tengan que optar por la cremación –una práctica aceptada por la Iglesia siempre que no sea elegida para oponerse a la fe–, principalmente por causas económicas, considera que quienes siguen apostando por los enterramientos “muestran así un trato con los cuerpos lleno de caridad, fe y esperanza en la resurrección“. Por su parte, el sacerdote Fernando Rubio, tras explicar que “es tan cristiano quemar como enterrar”, opina que “la incineración es más cómoda para los familiares del difunto, más higiénica y hasta más barata“.
Para el profesor José Antonio Fuentes, la clave de este cambio de tendencia a la hora tratar los restos de nuestros difuntos está en que “los muertos y los enterramientos son un negocio”, por ello reivindica que “los ayuntamientos tienen que ofrecer un servicio público. Y no será ni servicio ni público si los precios de las sepulturas son sólo para los ricos, quedando los nichos para familias que los consiguen sólo por medio de grandes esfuerzos”. Ante esto, lo que hace la Iglesia es procurar “ayudar para que los pobres tengan unos enterramientos dignos“, y si los fieles se ven en la necesidad de acudir a la cremación, “la Iglesia ayudará para que se dé un destino digno a las cenizas de los seres queridos”. Lo que no tiene sentido, en opinión de Fuentes Alonso, es “que las cenizas acaben encima del televisor, encima de la nevera o junto al bote de Cola Cao o el cesto de la fruta. Esto, además de no ser cristiano, es antihigiénico, e indica falta de respeto a los difuntos. (…) Los restos de los difuntos se deben tratar con respeto, y también se debe respetar a los vivos que nos rodean”.
En éste último argumento coincide también el párroco de San Juan el Real de Oviedo, Fernando Rubio: “Pienso que no es cristiano ni humano, sino ‘pura moda’ el esparcirlas [las cenizas] por cualquier lugar o convertirlas en cruces o anillos“. El sacerdote, que defiende que Dios “nos resucitará con los mismos cuerpos, hayamos sido enterrados, depositados en un nicho, quemados o tragados por el mar”, aporta un argumento más a los ya señalados de “más cómoda”, “más higiénica” y “más barata” para defender la práctica de la incineración: “La experiencia diaria dice que los fieles que han incinerado a sus difuntos y depositado sus cenizas en una urna cineraria en un templo, cuando asisten a la Eucaristía, siempre ofrecen a la persona cuyas cenizas están en la urna, una oración. En cambio, ¿qué pasa con los cementerios? Los días 1 y 2 de noviembre son visitados por infinidad de personas que atiborran de flores las tumbas de sus seres queridos, pero que, después, no vuelven ni a retirar las flores“.