Benedicto XVI había apostado mucho por esta Asamblea inédita. El Sínodo de los Obispos para Oriente Medio se había preparado a grandes velocidades, y nadie podía imaginar qué pasaría en el aula sinodal cuando se sentaran a debatir los Patriarcas y pastores de siete Iglesias de distintos ritos de la única Iglesia católica, que representaban una variopinta área geográfica, que se extiende desde África del Norte hasta Turquía, desde Irán hasta Arabia Saudí, sin olvidar Tierra Santa.
Su Beatitud Naguib, quien será creado cardenal el 20 de noviembre próximo, ha explicado a Alfa y Omega que los 165 padres sinodales han respondido a las cuestiones fundamentales que planteaba el Sínodo, en especial, a la pregunta de las preguntas: el futuro y la presencia de las comunidades católicas en Oriente Medio. «Lo primero que se planteó fue la necesidad de detener la hemorragia de cristianos de esa tierra, asegurando para todos el respeto de los derechos fundamentales, la justicia y la posibilidad de vivir con plena dignidad. Antes de entrar en el aula, muchos de nosotros se preguntaban cómo deberíamos ver el futuro, el futuro de nuestras Iglesias. Ahora, al regresar, estamos convencidos de, al menos, un punto: hay que desterrar los temores ante el futuro, para abrazar la esperanza».
En el documento de trabajo (Instrumentum laboris), que ha servido de base para la discusión, con frecuencia aparecían los términos miedo, temor, desesperación para describir la situación de los cristianos en esta tierra. En las 44 propuestas que los padres sinodales han aprobado como fruto de este Sínodo, para que Benedicto XVI redacte el documento conclusivo, estos términos no aparecen en ningún momento.
«Tras las primeras intervenciones en el aula, en las que con frecuencia se centró la atención precisamente en los miedos, los temores, la desesperación, que hasta ahora han caracterizado la existencia diaria de la vida de los cristianos en estas regiones, decidimos eliminar estas palabras. No sólo para desterrar una mentalidad que se estaba infiltrando cada vez más en nuestro contexto, sino más bien para comenzar a enseñar a nuestros fieles a vivir a la luz del Espíritu, que no nos abandona nunca. Los padres sinodales pidieron expresamente que no se hiciera mención de los miedos y temores en los documentos, comenzando por las propuestas. La voluntad de todos es que esta Asamblea pueda dar un fuerte impulso hacia la esperanza».
Comunión y testimonio
Alfa y Omega pidió a monseñor Béchara Rai, obispo de Jbeil de los Maronitas, un prelado sumamente carismático en el Líbano, particularmente comprometido en el mundo de los medios de comunicación, que resumiera en dos palabras el resultado del Sínodo. Lo tiene muy claro: comunión y testimonio, que forman parte del lema sobre el que han reflexionado en estos días.
«Comunión -aclara-, pues los católicos y los cristianos en general, si no están unidos, no son creíbles. En este sentido, ha sido histórico este Sínodo, pues ha congregado a todos los Patriarcas de Oriente Medio y a los máximos representantes de la Iglesia latina, comenzando por el Papa». Con frecuencia, los católicos de esas tierras, separados por la riqueza de ritos milenarios, «en la práctica no logran coordinarse, o quedan bloqueados por históricos celos».
«Y testimonio -añade-, porque los cristianos estamos llamados a ser anunciadores de Cristo en el difícil contexto que vive en estos momentos Oriente Medio».
En su homilía de la misa de clausura, Benedicto XVI no dudó en destacar que, «desde hace demasiado tiempo, en Oriente Medio perduran los conflictos, las guerras, la violencia, el terrorismo». Y añadió: «La paz, que es don de Dios, también es el resultado de los esfuerzos de los hombres de buena voluntad, de las instituciones nacionales e internacionales, y en particular de los Estados más implicados en la búsqueda de la solución de los conflictos. Nunca debemos resignarnos a la falta de paz. La paz es posible. La paz es urgente. La paz es la condición indispensable para una vida digna de la persona humana y de la sociedad. Es también -subrayó el Papa- el mejor remedio para evitar la emigración de Oriente Medio».
Martirio, ecumenismo, Islam...
La esperanza, en el análisis de los padres sinodales, no ha significado cerrar los ojos ante la realidad. En las propuestas presentadas al Papa, votadas por los participantes, se dedica una a la necesidad de llamar la atención del mundo «sobre la dramática situación de ciertas comunidades cristianas en Oriente Medio, que sufren todo tipo de dificultades, llegando en ocasiones hasta el martirio. Es necesario pedir a las instancias nacionales e internacionales todo esfuerzo para acabar con esta situación de tensión, restableciendo la justicia y la paz».
El resto de las propuestas del Sínodo tienen un impacto decisivo en la región a las que van destinadas. Por ejemplo, una de ellas está dedicada a la necesidad de «alentar y reforzar el respeto, la dignidad, el papel y los derechos de la mujer», en una cultura en la que, con frecuencia, se convive con la poligamia, o en la que niñas y mujeres ven sus derechos fundamentales negados.
El Sínodo ha dado un fuerte impulso a la unidad con los cristianos de otras confesiones, representadas con delegados fraternos, en particular con las ortodoxas, numéricamente las más importantes en la región. Y como símbolo de esta unidad, el Sínodo ha propuesto que se escoja una fecha común para católicos y ortodoxos en la celebración de la Pascua (separada hoy por calendarios distintos: Juliano y Gregoriano).
En las propuestas del Sínodo se puede leer, asimismo, un claro impulso al diálogo interreligioso, basado en «la purificación de la memoria» de una región que ha derramado la sangre de hijos de religiones diferentes, con el «perdón recíproco del pasado». En este contexto, los padres sinodales, siguiendo las indicaciones del Concilio Vaticano II, han promovido «iniciativas de diálogo y cooperación con los judíos», la profundización en el Antiguo Testamento y sus tradiciones, y han declarado: «Rechazamos el antisemitismo y el antijudaísmo, distinguiendo entre religión y política».
Por lo que se refiere al diálogo con los musulmanes, que constituyen la mayoría de los ciudadanos de Oriente Medio, el Sínodo ha dejado claro que «es importante promover la noción de ciudadanía, de la dignidad de la persona humana, de la igualdad de los derechos y deberes y la libertad religiosa, que incluye la libertad de culto y la libertad de conciencia». La propuesta sinodal afirma: «Los cristianos de Oriente Medio están llamados a continuar el fecundo diálogo de vida con los musulmanes. Éstos se preocuparán por dirigirles una mirada de aprecio y de amor, dejando a un lado todo prejuicio negativo. Juntos están invitados a descubrir los respectivos valores religiosos. De este modo, ofrecerán al mundo la imagen de un encuentro positivo y de una colaboración fecunda entre los creyentes de estas religiones, oponiéndose juntos a todo tipo de fundamentalismo y violencia en nombre de la religión».
Éstos son los frutos oficiales de este Sínodo. Pero el más importante, sin duda, han sido los numerosos encuentros, cafés, intercambios que durante quince días han podido tener el Papa y los representantes de la Curia romana, junto a los líderes católicos de Oriente Medio. Si es verdad que los problemas pueden resolverse con comunicación, está claro que los problemas del cristianismo en Oriente Medio, a partir de ahora, tendrán una solución más fácil.
Jesús Colina. Roma
Imágen : Un momento de la misa de clausura del Sínodo,
en la basílica vaticana