De los hermanos franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, que se quedaron para cuidar a la población, llegan noticias muy graves todos los días. «Ayer por la noche cayeron bombas de mortero en el convento y provocaron muhchísimos daños –indican los religiosos de Knayeh, cerca de Líbano–, las ventanas ya no tienen vidrios, los techos están dañados, el agua se cuela por todas partes, se vive en el terror de las bombas que siguen cayendo». Las noticias llegan a Jerusalén con confusión cuando no hay interferencias en las comunicaciones.
Pero últimamente no sucede muy a menudo. Los ataques son cada vez más frecuentes y sin criterio. Están poniendo de rodillas las zonas periféricas del país. «El gobierno, con el pretexto de los rebeldes esparcidos por doquier –indican los frailes–, bombardean a ciegas, sin hacer distinciones. Así muere muchísima gente».
La gravedad de la situación impulsó al Custodio de la Tierra Santa a intervenir de nuevo ante los micrófonos del Franciscan Media Center: «En las aldeas cristianas del Orontes –dijo el padre Pizzaballa– hay muy pocas cosas que quedan; en la población de Ghassanieh el párroco cuenta que ya no hay nadie de los 4 mil habitantes que había, hay tan solo unas decenas de personas y las casas vacías fueron ocupadas por las familias de los rebeldes que avanzan con ellos».
Desde la Ciudad Santa, el Custodio sigue periódicamente y con mucha preocupación la evolución de los eventos según lo que narran los cristianos sirios: «El cuadro que emerge es desolador: todos disparan contra todos y no se salva nadie; es difícil decir si las Iglesias son objetivos o no... Lo que sabemos es que se dispara y que las bombas caen un poco por todos lados». Y, como si no fuera suficiente, la enorme presencia de los rebeldes en todas las poblaciones cristianos del Orontes aumenta el peligro. «Estas destrucciones fueron llevadas a cabo, sin duda, por agentes gubernamentales, que no tienen ningún criterio y, con tal de exterminar a los rebeldes, bombardean por todas partes. En Aleppo, en cambio, el caos es total; nadie sabe qué sucede, es difícil obtener materias primas, comida, gasolina para la calefacción; ya no hay nada, todo está paralizado».
En el sitio de la Asociacióne Pro Terra Sancta se puede ayudar enviando comida y también para que continúa la presencia de todos los frailes y religiosos en la región, que son símbolo de esperanza para toda Siria.