Judíos en oración maltratados y arrestados por la policía, el rollo de la Torá arrancado de las manos de uno de ellos. Lo que no debería suceder ni siquiera en el más antisemita de los países árabes sucede, en cambio, en Israel, en el Muro occidental, el así llamado Muro de las Lamentaciones, Kotel en hebreo, y por obra de la policía israelí. El hecho es que estos judíos son en realidad judías, que el judío al que arrancaron el rollo de la Torá es una mujer, Anat Hoffman, líder del movimiento Mujeres del Muro,Women of the Wall (Wow): un movimiento nacido en 1988, cuando un grupo de mujeres
comenzó a ir al Muro occidental, a la sección reservada a las mujeres, separada de la más amplia reservada a los hombres, vestidas con el taled, el manto para la oración, y llevando los tefilines (cajitas negras que contienen versículos de la Torá y que se atan a la frente) y los rollos de la Torá.
La reacción de los ultraortodoxos, que les negaban el derecho de leer ritualmente la Torá y llevar objetos para la oración, fue violentísima. Desde entonces, cada Rosh Jodesh (primer día del mes), las mujeres se reúnen ante el Muro de las Lamentaciones para rezar, no obstante los ataques de los ultraortodoxos, que las agreden e insultan, arrojándoles sillas y otros objetos, y las llaman nazis.
En 2002 las Mujeres del Muro interpelaron al Tribunal Supremo israelí sobre su derecho a rezar colectivamente ante el Muro leyendo la Torá. Una primera respuesta del Tribunal, que les permitía hacerlo en la explanada enfrente de la zona reservada a las mujeres, fue anulada inmediatamente a causa de las protestas de los ultraortodoxos. El Tribunal decidió entonces prohibirles rezar en la zona ante el Muro, relegándolas a una zona lateral. No obstante, sobre todo a partir de 2010, son agredidas cuando se dirigen a la zona destinada a ellas, arrestadas y maltratadas
tanto por la policía como por los ultraortodoxos, que consideran el Muro como una zona dominada y controlada totalmente por ellos.
A pesar del escándalo causado por esos hechos en el mundo judío estadounidense y en la diáspora, las mujeres no han encontrado hasta ahora gran apoyo en Israel. En realidad, a los laicos poco les interesan las modalidades de la oración, y estas mujeres son religiosas. Muchas de ellas pertenecen al judaísmo reformado o conservative, pero muchas también son ortodoxas moderadas, que piden igualdad con los hombres en la oración.
Las Mujeres del Muro no ponen en tela de juicio la separación entre la zona reservada a los hombres y la zona a la que son relegadas las mujeres, pero quieren rezar como los hombres, cubiertas con el taled, leyendo en voz alta el rollo de la Torá. Algo que hasta ahora en el mundo judío ortodoxo las mujeres no hacen, y que es prerrogativa del judaísmo así llamado «liberal». Para los ultraortodoxos, la cuestión sobre el tapete no es la promiscuidad entre hombres y mujeres, sobre la cual también han combatido muchas de sus batallas, entre estas, la segregación en los autobuses de Jerusalén que atraviesan el barrio ultraortodoxo de Mea Shearim, en nombre de la «modestia» femenina y por el hecho de no inducir en tentación a los piadosos alumnos de las escuelas rabínicas del barrio (como se sabe, mucho más propensos a caer en tentación).
Aquí se trata, en cambio, precisamente de la libertad religiosa de las mujeres. Los ultraortodoxos las acusan de ser feministas y de querer llevar por esa razón, no por espíritu religioso, el taled y los tefilines.La policía, que no puede arrestarlas por ponerse el taled o por ser feministas, las arresta porque eso perturba el orden público. Después las deja en libertad, prohibiéndoles el acceso al Muro durante cierto tiempo. Y, mientras tanto, la batalla se extiende, y los mismos laicos, en Israel, comienzan a darse cuenta de que la libertad religiosa es una cuestión que interesa a todos, también a quien no reza.