El informe que redactó la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) indica una alarmante realidad en cuando a la “fe negada”. La situación del respeto de la libertad religiosa en el mundo no ha mejorado y, a pesar de que la opinión puública se haya sensibilizado un poco más, no ha habido novedades importantes o positivas al respecto.
Es más, en algunos países la situación empeora sensiblemente. En China, por ejemplo. En cambio, en Malí, la «inestabilidad política ha aumentado con consecuencias sobre la libertad religiosa». También suscitan mucha preocupación las actividades de grupos extremistas en el norte de Nigeria, en algunas zonas de Kenya y en Chad. Además hay muchos países con leyes “anti-conversión y los abusos del poder que derivan de ellas», como en India o Paquistán, en donde «las leyes anti-blasfemia y la hostilidad hacia los cristianos en la sociedad siguen provocando enormes daños». Hay también algunos países europeos en los que «persisten los intentos de imponer la secularización, sobre todo en contra de las mayorías cristianas».
Los investigadores de AIN monitorearon la situación de la libertad religiosa desde enero de 2011 hasta abril de 1012 en 196 países del mundo. Un resumen de este informe fue presentado en Estambul por Peter Sefton-Williams, presidente del comité editorial del Informe, durante el seminario “La libertad religiosa hoy: el edicto de Milán del emperador Constantino 1700 años después”, promovido por el Patriarcado ecuménico de Constantinopla y el consejo de las Conferencias Episcopales Europeas.
Participaron en el encuentro, que se llevó a cabo a puertas cerradas, dos grandes delegaciones en representación de las Iglesias ortodoxas y la Iglesia católica del continente europeo. «Signo de que el argumento es particularmente importante para las Iglesias, incluso porque de la investigación emerge que los cristianos de las diferentes denominaciones son el grupo más expuesto a las persecuciones», comentó el Sir. El Papa Francisco envió un mensaje a los que participaron en el seminario de Estambul y en el lanzó un fuerte llamado a las autoridades civiles europeas y a la población en egeneral.
A los primeros pidió que respeten «donde sea, a la luz del histórico decreto de Constantino, el derecho de los creyentes a vivir libremente el propio culto y a expresar públicamente su fe». A los ciudadanos europeos, en cambio, los invitó a «reconocer el papel que el cristianismo ha tenido en la formación de nuestra cultura, y a permanecer abiertos al aporte constante que los creyentes cristianos pueden ofrecer en este sentido». El cardenal Péter Erdo", presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas (Ccee), evocó en el seminario la situación de los cristianos en el viejo continente: «Un primer elemento de la cultura actual, tan presente en Europa, es el rechazo práctico de Dios, considerado a menudo como algo abstracto y lejano. En este contexto es casi natural entender la religión y la relación con Dios como opiniones subjetivas, aspectos que no pueden tener un carácter social, sino que deben ser relegados a la esfera privada del individuo. Así, también los poderes del Estado (o poderes supranacionales) se conciben como autoridades supremas y rechazan la obligación de la consciencia (privada y comunitaria) de referirse en sus acciones a lo Absoluto».
Los cristianos árabes son los que sufren mayores peligros: una población de 20 millones de personas, que pertenecen a un gran mosaico de Iglesias. Monseñor Maroun Elias Lahham, obispo auxiliar y vicario del Patriarcado latino de Jerusalén para Jordania, indicó que los cristianos del Medio Oriente están haciendo las cuentas con el viento de la “primavera árabe”. En su saludo a los participantes, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo I, pronunció un mensaje de esperanza. Tras un intenso periodo de oración y de encuentro en Milán, el Patriarca dijo: la Iglesia «vive», «no ha desaparecido» de la vida pública; es más, permea con «el Evangleio de Jesús y con la sangre de los mártires» a las sociedades e instituciones incluso cuando «vive, existe y duramente sufre en cautiverio, incluso cuando la Iglesia es perseguida». Los creyentes, pues, no se rinden ante el extremismo y la secularización del tercer milenio globalizado.
por Giacomo Galeazzi