
«Hay que volver a abrir las escuelas, ¡la educación es la base de todo!». Monseñor Georges Fonghoro, obispo de Mopti, no tiene ninguna duda: es tiempo de volver a poner en marcha las actividades en el norte de Malí, apostando, antes que nada, por las nuevas generaciones. Su diócesis es la más grande del país y se extiende por un territorio inmenso (que equivale a dos veces el territorio de Italia), hasta la frontera del sur, que se pierde entre las arenas del Sahara.
El 18 de junio, en Ouagadougou, capital de Burkina Faso, se firmó el acuerdo de paz entre el gobierno de Malí y dos grupos de rebeldes del Tuareg que tenían el control de la ciudad de Kidal, en el norte del país. El acuerdo garantiza la unidad, la laicidad del país, el cese al fuego y prevé el regreso del ejército maliense, que en estos días está retomando el control de la situación incluso en la zona de Kidal. A dines de julio, en Malí, habrá, si todo va bien, elecciones presidenciales.
En Timbuctú y Gao, dos de las ciudades más importantes del norte, el ejército se instaló desde que comenzó el año. Los pocos cristianos que vivían en las regiones septenrionales, en cambio, todavía no han vuelto. Ni siquiera el obispo ha visitado la zona, aunque forma parte de su diócesis: «No existen las condiciones de seguridad». Los únicos cristianos presentes al norte de Mopti, por ahora, solo son los militares franceses y malienses. «Si queda algún cristiano, no debe hacerse notar, porque la tensión sigue siendo muy elevada», añadió monseñor Fonghoro.
Para no correr demasiados riesgos, la misión estuvo solo dos días en Gao, solo para verificar los daños que sufrieron los edificios. Adentro no quedaba casi nada: sillas, pizarras, armarios, puertas, ventanas, nada... Para reconstruir la escuela servirían 120 millones de francos Cfa, alrededor de 180 mil euros.Sin embargo, el obispo envió a algunos de sus colaboradores en misión a Gao en abril, para verificar las condiciones de la escuela diocesana, en la que había 18 clases, desde la guardería hasta el liceo. Fue abandonada en marzo de 2012, después de que los fundamentalistas invadieran la ciudad.
Las escuelas en Malí cerrarán dentro de una semana, por las vacaciones de verano. En octubre, cuando vuelvan a empezar los cursos, ¿qué pasará con los estudiantes de Gao? «Nosotros esperamos que abra –responde mons. Fonghoro–; sería un gran signo de esperanza para el país. Pero tenemos que encontrar a alguien que nos ayude a reconstruir todo lo que fue destruido y saqueado».