Radio Vaticana ha coleccionado en una misma entrada varios textos del Jesuita Guillermo Ortiz en relación al Cura Brochero. Extraemos tres viñetas que lo retratan singulamente bien:
A finales del 800 un sacerdote católico recorrió a lomo de mula los 200 Km. cuadrados de su parroquia, para visitar a cada uno de sus feligreses. Se cuentan por miles los hombres y mujeres que hicieron los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola en la casa de ejercicios que construyó en Argentina. Pero su testimonio de discípulo misionero trascendió su espacio en Córdoba y hoy atraviesa también el tiempo. El 14 de setiembre de 2013, doscientos diez mil devotos llegaron de todo el país y el extranjero a Villa Cura Brochero, a celebrar la beatificación del Cura Brochero.
El pueblo pequeño se llenó de devotos, gente sencilla y pobre que se hizo presente con lo menos indispensable, con su carrito con el mate, una sillita, una frazada o una bolsa de dormir. Gente que recibió la devoción al Cura Brochero de sus abuelos o tatarabuelos que conocieron al cura. A nuestros padres ellos les enseñaron que había que ser como Brochero, que era un hombre sacrificado, como dijo doña Matilde. Se hicieron presente con la alegría del “santo propio”, de la zona, de la familia. Alguien que ha conocido nuestra tierra, nuestra gente; que conoció nuestras dificultades como propias porque se hizo uno más de los nuestros como hizo Jesús en su tierra. Y como Brochero le dijo que sí a Dios, todos estos devotos vinieron a decirle que sí a Brochero. Se emocionaron mucho cuando sintieron que uno de afuera, de Roma, el cardenal Amato, dijo que el Papa lo declaraba beato y ponderó a Brochero como una persona importante. El devoto se sintió él mismo reconocido en su dignidad, en su sacrificio, al ver reconocido al Cura Brochero, nuestro cura Beato, que intercede por nosotros.
Cuando recorremos los caminos del Valle de Traslasierra en la Provincia de Córdoba, nos imaginamos al cura Brochero andando por estas soledades sobre su mula malacara, con soles fuertes y también con mucho frío. Si todavía hoy hay que andar mucho entre una casa y otra, mucho más en aquel tiempo, para llegar a todos, para que nadie se quedara sin cura.
Sin embargo el cura Brochero no andaba solo. Andaba con las cosas para la Misa, donde trataba mano a mano con Jesús, y andaba también con el rosario, que le permitía tratar con la Santísima Virgen María a la que él llamaba cariñosamente “mi Purísima”.
Para estos ojos de la carne solamente va un cura en mula por los caminos soledosos de polvo y churquis... pero para los ojos del alma marcha una verdadera procesión. Un cura que lleva sobre las andas; sobre las andas de su corazón a Cristo Crucificado y a la Virgen Purísima, la Santísima Madre de Dios.
José Gabriel Brochero, dejame imaginarte así, tan solo y tan desamparado por afuera, en el paisaje agreste de estas tierras inmensas, y tan acompañado y a la sombra del amor de Cristo y de su Madre por adentro. Permitinos asomarnos al altar de tu corazón para rezar allí y comprender el misterio del cura que es amigo de todos.
Como sacerdote, como cristiano “espero en Dios y en la Virgen Purísima” dice el cura Brochero.
Escribe el cura Brochero a su amigo obispo Yaniz Martín: Recordarás que yo sabía decir... que iba a ser tan enérgico siempre, como el caballo chesche que se murió galopando; pero Dios Nuestro Señor es quien vivifica y mortifica, quien da las energías físicas y morales y quien las quita: pues bien, yo estoy ciego casi al remate, apenas distingo la luz del día, y no puedo verme ni mis manos, a más estoy casi sin tacto desde los codos hasta la punta de los dedos y de las rodillas hasta los pies, y así otra persona me tiene que vestir o prenderme la ropa; la Misa la digo de memoria, y es aquella de la Virgen... Me cuesta mucho hincarme y muchísimo más levantarme, a pesar de tomarme de la mesa del altar. Ya ves el estado a que ha llegado reducido el chesche, el enérgico, el brioso.
Pero es un grandísimo favor el que me hecho Dios Señor... Dios me da la ocupación de buscar mi último fin y de orar por los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo.
Me ha movido a escribirte tal cual ésta porque tres veces he soñado que he estado en funciones religiosas junto contigo, y también porque el 4 del entrante enteramos 47 años a quienes eligió Dios para príncipes de su corte, de lo cual le doy siempre gracias a Dios, a fin de que nos veamos juntos en el grupo de apóstoles en la metrópoli celestial. J. Gabriel Brochero.