Los Reyes Magos “nos enseñan a no acontentarnos con una vida mediocre, sino a dejarnos fascinar por lo que es bueno, verdadero, bonito”. Lo ha dicho el Papa Francisco en la homilía de la misa de la Epifanía, invitando, tomando el ejemplo de los Reyes Magos “a no dejarnos engañar por las apariencias, de lo que para el mundo es grande, sabio, potente”, sino de ir más allá.
El Papa, que ha celebrado con los cardenales y obispos de la Curia romana la misa, ha explicado que el camino de los Magos de Oriente, los cuales siguiendo “una luz buscan la Luz”, “simboliza el destino de cada hombre: nuestra vida es un caminar, iluminados por las luces que iluminan el camino, para encontrar la plenitud de la verdad y del amor, que nosotros cristianos reconocemos en Jesús, Luz del mundo”. Cada hombre, como los Reyes Magos –ha añadido Bergoglio-- tiene a su disposición dos grandes “libros” de los que extraer “las señales para orientarse en el peregrinaje: el libro de la creación y el libro de las Sagradas Escrituras. Lo importante es estar atentos, vigilar, escuchar a Dios que nos habla”.
Francisco ha recordado que los Reyes, cuando llegaron a Jerusalén, perdieron de vista por un poco la estrella, cuya luz era ausente en el palacio del Rey Herodes: “Aquella demora es tenebrosa, reina la oscuridad, la desconfianza, el miedo. Herodes, de hecho, se muestra sospechoso y preocupado por el nacimiento del frágil Niño al que siente como un rival. En realidad –ha explicado el Papa-- Jesús no ha venido a derrocarle, miserable títere, ¡pero es el Príncipe de este mundo! Sin embargo, el rey y sus consejeros oyen crujir los andamios de su poder, temen que las reglas del juego cambien, una vez desenmascaradas las apariencias”.
Así, todo un mundo “edificado sobre el dominio, el éxito y el poseer, ¡ha entrado en crisis por un Niño! Y Herodes llega incluso a matar a los niños. Un padre de la Iglesia decía: “Matas a los niños de carne porque el miedo te mata en el corazón”. Y así, tenía miedo”. Los Reyes Magos supieron superar –ha añadido Francisco-- “aquel peligroso momento de oscuridad de Herodes, porque creyeron en las Escrituras, en la palabra de los profetas que indicaban Belén como el lugar del nacimiento del Mesías”.
El Papa ha recordado también otro aspecto de la luz que guía el camino de la fe: la “santa astucia, que es también una virtud”. Se trata, ha explicado, de “la sutileza espiritual que nos permite reconocer los peligros y evitarlos. Los Reyes Magos supieron utilizar esta luz de “astucia” cuando, en el camino de regreso, decidieron no pasar por el tenebroso palacio de Herodes, y recorrer otro camino. Estos sabios llegados desde Oriente nos enseñan como no caer en las trampas de la oscuridad y como defendernos de la oscuridad que intenta envolver nuestra vida. Con esta santa astucia han mantenido la fe. Y también nosotros debemos mantener la fe. A veces el demonio, como dice San Pablo, se viste de luz, y nosotros frento a las sirenas del mundo, debemos mantener la fe. Es necesario acoger en nuestro corazón la luz de Dios y, al mismo tiempo, cultivar la astucia espiritual que sabe conjugar semplicidad y astucia”.
El ejemplo de los Reyes Magos “nos ayuda –ha concluido Bergoglio-- ha alzar la mirada hacia la estrella y seguir los grandes deseos de nuestro corazón. Nos enseñan a no acontentarnos con una vida mediocre, de “pequeño cabotaje”, sino a dejarnos atraer siempre por lo que es bueno, verdadero, bello… por Dios, ¡que todo esto lo es de modo cada vez más grande! Y nos enseñan a no dejarnos engañar por las apariencias, por aquello que para el mundo es grande, sapiente, potente. No hay que detenerse allí. No hay que contentarse con la apariencia, la fachada. Es necesario custodiar la fe, en este tiempo es muy importante. Es necesario ir más allá de la oscuridad, más allá del canto de las sirenas, de la mundanidad, de tantas modernidades de hoy. Es necesario ir hacia Belén, allí donde, en la sencillez de una casa de periferia, entre una mamá y un papá llenos de amor y de fe, resplandece el Sol que ha nacido de lo alto, el Rey del universo”.
La llegada de los magos de Oriente a Belén para rendir homenaje al rey de los judíos es un tema que el Papa ha vuelto a tocar durante el Ángelus. “Es un episodio que el papa Benedicto ha comentado magníficamente en su libro sobre la infancia de Jesús. Ésta –ha dicho el papa Francisco durante el Ángelus-- fue la primera 'manifestación' de Cristo a la gente, por eso la Epifanía pone en evidencia la apertura universal traída por Jesús”. “Jesús –ha subrayado el Papa-- ha venido para todos los pueblos, para todos nosotros”.