El galardón se entregó durante la celebración del XXVI Encuentro de Antropología y Misión, celebrado en Madrid los días 1 y 2 de febrero, bajo el lema Refugiados. Voces para la esperanza.

La religiosa congoleña Hna. Angélique Namaika, agustina de la diócesis de Dungu-Doruma, recibió el pasado 30 de septiembre en Ginebra (Suiza) el prestigioso premio Nansen 2013. El Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) reconoció de esta manera su trabajo a favor de las mujeres víctimas de los grupos armados, especialmente del LRA (Ejército de Resistencia del Señor). Como directora del Centro para la Reintegración y el Desarrollo de Dungu, la Hna. Angélique ha ayudado y acogido a más de 2.000 mujeres y chicas jóvenes desde 2003.
¿Por qué se hizo religiosa?
Cuando tenía nueve años sentí la llamada a ser religiosa al ver a una hermana que cuidaba a los enfermos. Entonces me dije: “Yo quisiera hacer también lo que hace esa religiosa”. Ella no tenía tiempo de descansar ni de comer, y yo quería ser religiosa para ayudarla a encontrar un tiempo de descanso y para que pudiera alimentarse. Durante mi formación religiosa me encontré con dos pasajes del Evangelio que me inspiraron mucho. Uno es el que dice: “Jesús iba por todas partes haciendo el bien y no tenía tiempo para descansar”. Y el otro, recoge palabras de Jesús : “Todo lo que hacéis al más pequeño de entre vosotros es a mí a quien se lo hacéis”. En 1985 era una aspirante y estaba en la parroquia de Santa Teresa del Niño Jesús de Amadi, en el Bajo Uélé. Hoy llevo ya 20 años de vida religiosa.
¿Qué situación ha generado el LRA en Duru?
Terrible... Los niños soldado que son formados para matar a miembros de sus propias familias, las mutilaciones... Todo eso ha tenido como consecuencia el desplazamiento masivo de la población en los territorios de Dungu, Fradje, Niangara y Ango. Encontramos niñas que ya son madres, madres viudas, madres traumatizadas, madres que no podían asegurar la vida de sus familias... Y junto a ello, la inseguridad que persistía y que no permitía a nadie volver a sus pueblos de origen.
¿Cómo empezó a trabajar con las víctimas del LRA?
Empecé a ocuparme de los desplazados y de las víctimas del LRA al tiempo que continuaba el trabajo que realizaba con las mujeres vulnerables, los niños y las personas ancianas. Yo misma tuve la experiencia de ser desplazada y víctima de las atrocidades del LRA en 2009. Ante los traumas que sufrían estas personas quería aportar mi humilde apoyo para mitigar, aunque fuese solo un poco, su sufrimiento y ayudarles a ser autónomos a través del aprendizaje de oficios como corte y confección, arte culinario, alfabetización, u ocuparse de los niños huérfanos. El valor de esas mujeres y niños que sufren, cuando son capaces de ponerse en pie, me da valor para seguir ayudándoles.
¿Cómo se organiza la Iglesia para responder a esta emergencia?
Desde la Iglesia se desarrollan diversas acciones. En primer lugar, las peticiones o intervenciones ante los que tienen poder político de decisión y ante los organismos que nos ayudan para poder ayudar a las víctimas; en segundo lugar la asistencia humanitaria a través de Cáritas; en tercer lugar, la Comisión diocesana de Justicia y Paz, que se ocupa –a través del centro Elikya– de los niños que han dejado la guerrilla del LRA y, por último, los sacerdotes que atienden espiritualmente a las personas en las capillas y en los campos de desplazados.
¿Qué soluciones tienen previstas para esta situación de inseguridad?
Mi deseo es encontrar una solución pacífica a este conflicto que dura demasiado y que ha causado tantas víctimas inocentes. Me gustaría ver a los niños secuestrados por el LRA regresar a sus familias, porque sus padres siguen esperándoles, día y noche, con mucho dolor y angustia. Invito a las autoridades políticas y administrativas a que hagan todo lo que puedan para que los territorios afectados por la barbarie del LRA recuperen la paz y que las personas de buena voluntad apoyen una formación profesional para las mujeres y los niños víctimas de estas atrocidades.
¿Qué ha significado para usted el Premio Nansen que le ha concedido el ACNUR por su trabajo con los refugiados?
Recibir el Premio Nansen supone para mí una fuerza y un ánimo mayor para poder asistir mejor a las víctimas de las atrocidades del LRA. Ha sido para mí una gran sorpresa. La dotación del premio nos permitirá construir una panadería semindustrial para las mujeres e invertir en la agricultura para que puedan ser autónomas, encuentren soluciones a los problemas alimentarios en sus hogares y sientan alivio en las heridas que llevan en su interior. Por este motivo, quiero dar mi más sincero agradecimiento a todas las personas, cercanas y lejanas, que han contribuido a este premio.
La Hna. Angélique Namaika, de 46 años, nació en Kembisa, en el sur de la provincia Oriental, en una ferviente familia católica, en la que creció con otros cinco hermanos. Su deseo de consagrarse surgió al conocer a una religiosa alemana agustina que trabajaba especialmente con los enfermos. Es enviada a formarse a Doruma, donde permanece durante doce años. En 2003, después de un año y medio en Bangado, es destinada a Dungu, donde se vuelca en el trabajo con las mujeres desplazadas a causa de la violencia que sufre la zona, muy rica en recursos minerales –especialmente oro y diamantes– y afectada por la presencia de numerosos grupos armados que acosaban severamente a la población. Entre estos, destacaba el LRA de Joseph Kony. En el año 2009, la propia Hna. Angélique Namaika tuvo que huir de la zona durante varios meses.
La revista Mundo Negro ha concedido el Premio a la Fraternidad 2013 a esta religiosa, por ser un símbolo del trabajo que la Iglesia desarrolla en uno de los rincones más conflictivos del continente africano, y junto a uno de los colectivos –el de los refugiados– que con más facilidad pasa al olvido de la opinión pública.